Los personajes son de la magnífica Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.


Capítulo veintitrés.

Lentamente iba despertando. Las luces ya no le molestaban en el rostro y poco a poco creía ir saldando el entumecimiento de su cuerpo entero. Aunque, primero que nada, sentía el dolor de su cuerpo, pero sentirlo le daba un indicio de que estaba despierta. La satisfacción opacó cualquier dolor.

-Edward, el abogado está aquí.

Edward frunció el ceño y le entregó al bebé a su madre. La mención de que se trataba de un hombre, lo dejó intrigado, desde luego que esperaba a la abogada que su primo se había encargado de contactar. Caminó hacia el despacho de su padre donde lo esperaban y encontró a un hombre alto, de tez morena y cabellos cortos oscuros, de intensa mirada color miel. Podía jurar que los había visto antes. Era casi de su altura, de contextura más pequeña y una seriedad impecable.

Se acercó y le tendió la mano.

-Buenos días, soy Seth Clearwater, el abogado. He venido en representación del caso de Isabella Marie Swan, su esposa, como tengo entendido.

Edward estrechó su mano y tomó asiento frente a él.

-¿Quién lo envía? No es usted con quién hablé.

Sin rodeos. Fue directo al grano.

-No, me envía el señor Swan, el padre de la damnificada.

-¿Cómo es que sabe mi dirección?

-El Estado me proporcionó la información, puede estar tranquilo acerca de eso.

-¿Qué hay acerca de la abogada que yo pedí? ¿Cómo se relaciona usted en esto?

-La anterior abogada, ha tenido otro asunto más personal, estoy a cargo ahora. Si bien me envía el Señor Swan, el Estado ha estado de acuerdo en asignarme el caso.

Era oficial, el joven frente a él era su representante y además, lo enviaba su… algo así como suegro. Edward estaba entre la espada y la pared. Por cuenta propia no había podido encontrar alguien capaz que se atreviera a hacerle un juicio a una mujer anónima, para lo cual Estado se tomaba como referente, y su primo había solicitado que lo ayudara una mujer que era ex novia y una muy buena abogada en casos familiares. Ahora, era el Estado quién le mandaba a este representante que, a juzgar por su sonrisa, estaba tan contento de representarlo como de ayudarlo a salir adelante con el caso.

Lo bueno, tenía un extraño presentimiento positivo acerca del hombre.

Lo malo, lo enviaba Charlie Swan, y desconocía toda relación de él con su hija.

-Haremos un trato ¿De acuerdo?

Si el señor Clearwater no decía nada acerca de cómo había contactado con Edward, nada malo podría salir.

Edward se quedó a solas luego de haber tenido la corta entrevista con el abogado. El abogado estaba dispuesto a pelear por una causa justa. Su convicción le dio un extraño presentimiento acerca de que podrían ganar el caso. Estaban presionados, el Estado reprendía y quería sacarle al niño.

Por el momento estaban luchando por la tenencia. Servicios sociales no había aparecido pero sí había mandado un ultimátum. Estaban bajo presión. El estrés estaba haciendo mella en él.

Cerró los ojos y se frotó el rostro. Tenía a la mujer que hacía de su mundo algo más hermoso tendida en la cama, casi inmóvil y esperando a que hiciera lo correcto por ambos. A un pequeño bebé que nadie podía controlar, solo él. Señal de que era a él quien reconocía. Sonrió.

Nadie podía juzgarlo por la manera de encontrar una familia. ¿Quién hubiera dicho que se había ganado la lotería con aquellas dos personas en un viaje al que se había visto obligado a ir?

-Vamos, Edward… es hora de luchar por lo que realmente quieres.

Se animó y salió casi volando hacia el hospital.

Necesitaba ver a Bella.

Apenas podía reaccionar. El entumecimiento de su cuerpo estaba ocasionado por pasar tres semanas enteras sin moverse. Agradecía poder parpadear, pero el cuerpo no quería reaccionar. Incluso sus cuerdas vocales parecían afectadas y la verdad, no sentía profundas ganas de hablar. Le afectaba no podía mover el cuerpo como lo deseaba.

Una mujer de cabello rubio y coleta, se acercó a un lado de la cama para controlar las máquinas. Se giró hacia ella y se sorprendió de haberla encontrado despierta. Luego, frunció el ceño mientras sacaba la linterna de su bolsillo rápidamente.

-Buenos días, ¿Te encuentras bien?

Bella asintió pero intentó moverse, pero no hubo respuesta. Se dejó caer en las almohadas, totalmente exhausta y la doctora chasqueó la lengua.

-De acuerdo…

La doctora Lauren Taylor, había supuesto esto. En los casos de accidentes cerebrovascular podían contarse con los dedos de las manos cuantos salían bien. Éste era uno de los que no había salido bien. En caso contrario, la paciente podría haberse movido o avisado que había despertado. Sin embargo, allí estaba, entumecida de pies a cabeza sin poder siquiera mover un meñique.

La situación la preocupaba.

El asistente de traumatología había llegado de inmediato junto al fisioterapeuta. Lauren Taylor había estado estudiando demasiado tiempo como para saber de antemano lo que pasaba frente a ella. Pero necesitaba saberlo por boca de un profesional.

-Paresia, tercer grado.

Ella asintió. Bella parpadeó incesantemente y su ritmo cardíaco se aceleró de inmediato. Intentó incorporarse y movió los pies sin sentido. La doctora tomó sus tobillos y la miró a los ojos de manera intensa.

-Tranquila… solo tienes que calmarte.

Bella respiraba dificultosamente.

-Lo que tienes suele ocurrir pocas veces, lo reconozco. Pero no significa que no tenga solución. Necesitas de semanas de prácticas con profesionales para volver a poner tu cuerpo en funcionamiento. Será difícil pero no necesito una debilucha o una remilgada. Necesito a alguien fuerte, valiente y que luche sin cansancio. ¿Serías capaz de lograrlo? ¿Por tu familia? ¿Por ese pequeño niño y su padre?

La primera imagen mental que tuvo fue la de Edward el primer día en la cabaña, mientras ella preparaba la leche caliente para el pequeño, él lo mecía con sumo cuidado alrededor de toda la habitación. Era una imagen enternecedora que cada vez que lo recordaba lograba fortalecer su alma y querer luchar por volver a estar a su lado.

-Estoy dispuesta…

Su voz ronca no sobresaltó la mirada potente de la doctora que seguía tan inmune como había comenzado el discurso. Muchas veces sabía que era dura con los pacientes, pero Bella encestaba ese empujón para que sus esfuerzos valieran la pena. Se enderezó y se acercó a ella.

-Perfecto, empiezas esta tarde. El rehabilitador Dimitri Vulturi vendrá a buscarte bajo mis órdenes ¿De acuerdo?

-Seguro.

Bella llevaba como mínimo, una hora mirando su almuerzo. Un puré de patatas con un filete con arvejas, el hambre había desaparecido cuando intentó mover sus brazos en un intento frustrado. Apenas reaccionaban, no lograban dar de lleno en la orden que su cerebro emitía. Comenzaba a pensar que algo andaba demasiado mal.

Suspiró abatida y dejó que su espalda cayera obre las almohadas, la posición de sentada era más cómoda que estar acostada mirando el techo descolorido. Al menos asé podía mirar la ventana, que solo era un pedazo cielo azul. Sin pensarlo se vino a su mente el recuerdo de las risas de Anthony y de Edward. Sonrió casi sin poder analizarlo.

-¿Interrumpo?

El timbre de su voz siempre lograba ese efecto en ella. Se giró sabiendo a quién encontrarse, incluso mucho antes de verlo sabía que era Edward.

Una sonrisa invadía su rostro cansado.

Aún no sabía cómo reaccionar frente a él cuando ya le había declarado su amor, mientras que ella seguía dándole vueltas al asunto. Soltó un suspiro cuando se sentó frente a ella y acarició su mano con ternura. Ella sin saberlo, podía sentir que él había luchado por los dos. Había estado pendiente de cada progreso aún así fuera mínimo, de atender a un bebé que la necesitaba y de aclamar sus propios demonios interiores. Por que había notado que él jamás se perdonaría por lo que le sucedió, el accidente había sido eso, solo un accidente.

Costosamente entrelazó los dedos a los suyos y levantó el rostro con cuidado.

-No has comido nada…

-No tengo hambre.

Edward presionó dulcemente su mano.

-¿Cómo estás?

-Creo que bien…

Susurró en respuesta. Sus cuerdas vocales ardían como el mismísimo fuego.

-Detesto que estés aquí.

Soltó sin pensarlo, era un pensamiento que reprimía desde que ella había despertado, pero esperaba ansiosamente su recuperación. La necesitaba.

-Quiero ir a casa.

Él no apartó la vista de sus ojos.

-Estuve pensando…

Mientras él se tomaba un tiempo para medir lo que trataba de decirle, Bella pensó que no estaba siendo totalmente honesta con él.

-… se que es algo apresurado, pero no me arrepiento de nada.

Sus verdes ojos brillaban con una fuerza indescriptible mientras que ella se echaba a temblar.

-De nada de lo que pasó en la última semana, excepto el accidente. Se que pude haberte hecho caso y hacerme a un lado, de verdad lo siento. Más allá de eso, te quiero en mi vida, Bella. Estas tres semanas solo fueron sufrimiento para mí. Esto es mi culpa, Anthony te necesita más que nunca y no puedo dejar de pensar que no podremos ganar el juicio si no estamos juntos en esto…

Ella captó la esencia de su comentario. Edward estaba tratando de darle pie al siguiente paso, de estar juntos en serio, más allá de lo que él estuviera pensado. Pero ella también lo había pensado de esa forma. Uno de los alegatos para poder ganar un juicio en el que estaban involucrados los niños era una pareja estable ya fuera materialmente como espiritualmente.

Bella, miró las manos entrelazadas.

-Yo quiero lo mismo.

Edward asintió pero su dicha era inexplicable. Con el poco tiempo que llevaba conociéndola había dado con todas sus características. A pesar de lo que a él le pasara individualmente, había notado muchas veces la conexión entre ambos. Realmente la amaba, no podía explicar cómo se dio pero simplemente salió de esa forma y lo único que podía asegurar es que no quería perderla bajo ningún concepto. Y ahora, tampoco al bebé.

Tomaba esa respuesta como una forma de afecto muy al estilo Bella.

-Saldremos de esto ¿De acuerdo?

Ella asintió mientras continuaba el contacto con sus dulces ojos.

-¿Deseas ver a Anthony?

Ella había temido esa pregunta, apartó su vista de inmediato acorde fueron aparecieron las lágrimas en sus ojos.

-No.

Edward no esperaba esa respuesta y mucho menos esa reacción de su parte, menos cuando segundos atrás habían estado tratando de reordenar lo que querían para sus vidas.

-¿Por qué no?

-Por que no puedo mover ningún músculo de mi cuerpo.