La historia es de la genial Stephenie Meyer y la historia es completamente mía.


Capítulo veinticinco.

-¿Así que tendremos fiesta?

Rosalie le propinó un buen codazo, mientras Edward sonreía. El resultado había sido más que obvio, no le dejarían conservar el bebé a menos que no estuvieran casados y pudieran ofrecerle al niño un hogar como familia.

Ese, era el menor de sus problemas.

Sentía que una carga se aliviaba a sus espaldas.

-¿Vamos, al menos podemos festejar esto?

Esme sonrió a su hijo y se acercó a él para darle al niño.

-Llamaron del hospital, Bella despertó y dijo que quería seguir durmiendo. Te llamarán en caso de que vuelva a despertar.

-Gracias.

Casi sin poder creerlo miró la alborotada mesa de sus padres. Alice y Jasper eran los más tranquilos, mientras que Rosalie y Emmet parecían dos niños alborotados, reían escandalosamente y sus padres se unían a ellos.

-Bella estará pronto con nosotros.

Susurró su madre cuando le entregó el plato de comida.

Edward sonrió y meció al pequeño que se había dormido en sus brazos.

Si, pronto Bella estaría con ellos. Pero cuando lo hiciera lo haría, caminando y con un anillo dorado en su dedo anular de la mano izquierda.

Suspiró cansada y cerró los ojos mientras volvía a reunir fuerzas.

-Vamos, es la última serie y podrás irte a descansar. Lo estás haciendo de maravillas.

-¿De maravillas, en serio? Si casi parece que una demoledora pasó por mi maldita pierna.

Dimitri soltó una carcajada. Llevaban dos horas haciendo ejercicios con su pierna sana, las articulaciones estaban algo secas y debía volver a engranarlas. Faltaba práctica y junto a eso, venía la paciencia.

Justo lo que Isabella no tenía a estas alturas.

-No es gracioso, aunque para ti debe serlo. Disfrutas del dolor ajeno.

-Claramente, de mi propio dolor no me río.

Eso sonaba sensato, mientras que Isabella le dedicó una mirada justificatoria.

-Mírame ¿Estoy riéndome? Solo deseo verte en mi lugar para poder reírme de esto un poco.

-Hazlo ¿Por qué tiene que ser tan trágico?

-Claro… olvidaba que la que casi termina en un barranco fui yo. Idiota, termina con eso y déjame irme.

-Por decirme idiota vas a quedarme media hora más.

Sentenció mientras movía su pierna, doblaba la rodilla, la sostenía y luego la soltaba.

-Tus deseos por querer mi compañía me halagan, pero creo que podría tirarte las bayas para matarte en este mismo momento.

El joven soltó una risa maléfica y burlona, presionó su rodilla fuertemente y la miró a los ojos.

-Si tan solo pudieras mover los brazos como una persona normal…

Bella lo fulminó con la mirada, peligrosa y asesina.

-Si quieres hazme quedar una hora más.

-¿Por qué iba a hacerlo?

Frunció el ceño desconcertado.

-Por que eso fue un golpe bajo, maldita mierda.

Pero tenía razón. Llevaba la mitad del tiempo soltando improperios como nunca los había dicho. Se había puesto hasta imaginativa y Dimitri no había hecho más que reír. Claro, estaba acostumbrado. Pero tenía presiones desde la médica de cabecera de Bella. Tenía que presionarla casi obligarla a responder como debía.

Pero para ella estaba resultando más difícil de lo que se había imaginado. Creía que todo el dolor había terminado hasta que Dimitri había comenzado con sus ejercicios. Primero sus brazos, los que respondían dolorosamente al igual que sus piernas.

Estaba totalmente agotada.

Le había permitido tomar un baño con ayuda de una enfermera, le habían secado el cabello y la habían dejado dormir. Pero no podía conciliar el sueño. Necesitaba a Edward.

Eso, necesitaba a Edward.

¿Cómo podría conciliar al sueño si a cada segundo aparecía él en sus recuerdos con una sonrisa que la dejaba sin aliento y sin fuerzas? ¿Cómo podía dejar de luchar si Edward estaba haciéndolo por ambos mientras trataba de obtener la tenencia de Anthony? ¿Cómo bajar los brazos si el pequeño niño del cual no podía dejar de pensar no la veía desde hacía cuatro semanas? ¿Cómo podía ser tan injusta, tan hipócrita y tan egoísta?

-Esto es un desastre…

Susurró cerrando los ojos.

No sabía lo que quería o mejor dicho, sabía lo que quería pero no podía decirlo. Algo le impedía soltarlo libremente.

Suspiró y analizó el techo de la habitación con detalle. Como necesitaba hacerlo con su vida.

Heidi estaba haciéndose cargo de los negocios. Todas las juntas directivas y todas las directrices se postergaban hasta su regreso, solo se trabajaba con lo esencial que necesitaba una rápida solución, después de eso… todo estaba en espera.

Como su misma vida emocional.

¿Qué demonios esperaba? ¡Ah, si tuviera esa respuesta! ¿Por qué no podía decidirse de una vez? ¿Por qué no podía expresarle sus sentimientos a Edward? Presionó sus párpados y soltó la respuesta desde lo más hondo de su alma.

Tenía miedo.

Desconfiaba y temía que Edward algún día pudiera cansarse de ella, la abandonara y se fuera con otra. Tal y como lo hizo Jacob. Tal y como lo había hecho su padre. Sabía que eran totalmente diferentes pero estaba en la esencia de los hombres. Tomar lo que más les gusta en el momento y luego apartar lo que ya no les queda. El terror a darle su corazón servido en bandeja de plata y que luego lo desechara como si no fuera nada, estaba desesperándola.

Se movió de lado dolorosamente y abrió los ojos para ver por la ventana.

El que no arriesga no gana, susurró su mente.

Tal vez se hubiera dormido y estaba soñando. Podía sentir claramente cómo sus brazos la envolvían con cuidado y acariciaba la piel de sus brazos con delicadeza. Todo parecía una alucinación hasta que un beso se depositó en su cuello.

Lo cual fue muy real.

En parte era el beso, pero también lo era la forma en la que su cuerpo reaccionaba a sus labios.

Abrió los ojos y se encontró con un par de brazos amarrados a su cintura, sin presionarla, sin aplastarla, solo abrazándola. El cuerpo detrás de ella se acomodó detrás de ella, amoldándose a su figura y su respiración daba detrás de su cuello desnudo.

-No podía pasar otra noche sin ti…

Cerró los ojos y por más que trató de evitarlo, sonrió despacio.

Se mordió el labio inferior y finalmente lo soltó.

-No quería pasar otra noche sola…

-Que bueno, no pensaba irme.

-No quiero que lo hagas.

Susurró mientras dificultosamente movía su brazo para enlazar su mano con la suya. Edward presionó su mano y la acercó más a su cuerpo. Así, era menos posible encontrar una forma de dormir como lo era en su cama al lado de Anthony. Rosalie había cedido a cuidarse por las noches mientras él le hacia compañía. Creía que todo era muy romántico, más allá de todo, Edward no quería dejar de demostrarle que estaba allí.

Presente.

Lo primero que vio fueron sus ojos y luego, su sonrisa de lado. Esa maldita particularidad suya que hacía que sus piernas temblaran como una gelatina y su respiración se agitara. Sonrió y volvió a cerrar los ojos. No tenía idea de cómo había terminado frente a ella, pero aprovechó para dejar su cabeza sobre su pecho. Su corazón también latía apresurado.

-Tu corazón va muy rápido…

Susurró mientras ponía una mano sobre él en cámara lenta.

-Sabe que eres tú…

-¿Para qué necesita saber que soy yo?

Susurró mientras levantaba el rostro para mirarlo.

-Sabe que eres su dueña.

Sus ojos no mentían, ni siquiera sus palabras.

Mucho menos lo hacían sus labios cuando la besaban con lentitud. Disfrutando el momento, acordando la distancia que separaba sus cuerpos acortaban la que separaba a sus corazones. Su mente parecía derretirse y su cuerpo deseaba fundirse con el suyo.

Y allí estaba todo lo que necesitaba saber.

No podía negarse a amar a Edward, su corazón le pertenecía a él.