Los personajes son de la magnífica Stephenie Meyer y la histora es completamente mía.


Capítulo Veintiocho.

-No es un alta completa, señor Cullen. Le recuerdo que aún es peligroso. Aún así, su esposa debería asistir cada día a rehabilitación, cumplir con los medicamentos y chequeos sin alterar ninguno. Si esto no se cumple, jugará en su contra. ¿He sido clara?

-Por supuesto, ninguna duda.

Bella terminó de ponerse la chaqueta.

-Será así, doctora.

La médica cabecera de Bella asintió no muy segura, pero ya no había más nada que pudiera hacer en el hospital que lo pudiera hacer desde su propia casa.

-Nada de esfuerzos forzados o lo que sea…

Habló muy despacio al tiempo que enarcaba una ceja mirándolo a ambos. Edward carraspeó y Bella abrió la boca sin poder decir nada.

-De acuerdo, nos vemos esta tarde.

Se despidió y los dejó a solas. Sufriendo un incómodo silencio.

-¿Podemos irnos?

Edward acomodó la silla frente a ella.

-¿Es realmente necesario?

Murmuró sin dejar de mirarla. Edward suspiró y se sentó a su lado.

-Bella, si fuera por mi, te llevaría en brazos todo el día sin despegarte de mí. Pero creo que esto va a darte más libertades y puedes manejarla por ti misma. Solo es una ayuda ¿de acuerdo? No eres una lisiada y no lo vas a necesitar por mucho tiempo.

Le ayudó a acomodarse en la silla de ruedas, algo provisorio, hasta que pudiera realmente poder manejarse ella misma. Realmente estaba molesta con eso, pero el esfuerzo que hizo de ponerse de pie, haber tres pasos, girar y volverse a sentar en la silla. Fueron agotadores y agradeció la hospitalidad de ese mecanismo con ruedas.

Mientras conducía, ella no dejó de girar el anillo en su dedo con nerviosismo.

-¿Con quién está Anthony?

-Con mi madre.

-¿Cómo tomaron la noticia? Yo… nunca hablé con tu familia. Supongo que seré una extraña.

-Todo lo contrario, hablan de ti como si te conocieran de toda la vida.

Edward le echó una mirada y regresó la vista a la carretera.

-Bella, eres parte de mí ahora, junto al bebé. Ellos ya te adoran, lejos de ser una extraña ansían verte. Todo estará bien, lo prometo.

Asintió sin convicciones. Trataba de imaginarse la reacción de la familia de Edward, se iba por unos días y regresaba luego de un accidente con una mujer y un niño. Algo que no siquiera entraba en el mismo círculo por que no había conexiones. La mujer debería de estar enloquecida o demasiado sorprendida. Jamás la había ido a visitar pero sabía que se hacía cargo de su pequeño y se lo agradecía horrores. Debería recordarlo y agradecerlo personalmente. Pero eso era tiempo pasado.

Ahora estaba a punto de enfrentar a la familia de Edward y eso la aterraba.

Se sentía como cuando era una adolescente y debía decirle a sus padres que tenía un novio, presentarlo y rogar que su padre no le disparara.

De todas formas, jamás llegó a eso.

Su padre era un forastero y fue parte de su vida hasta los ocho años.

-¿En qué piensas?

-En todo y en nada.

-¿Quieres hablar de algo?

Tal vez debería de contarle a Edward la otra mitad de su historia, pero aún no se sentía preparada y menos ver estacionar frente a una casa enormemente prominente.

-Ahora no.

Con solo ver el frente, se sintió pequeña. Más de lo que ya se sentía en esa silla móvil. Antes de que siguiera avanzando, ella lo detuvo.

-No quiero entrar en esto.

-Bella, ya te lo dije, no importa cómo te veas esto es solo provisorio…

-No se trata de lo que lo demás piensen, Edward. Se trata de lo que yo siento y no quiero entrar de esta forma. Puedo hacerlo.

Era un argumento irrefutable. Bella se puso de pie lentamente con su ayuda y dejó la silla a un lado en la galería interna.

-¿Lista?

-Ni en un millón de años.

Soltó una carcajada mientras abría la puerta, le sostuvo la cintura y la ayudó a caminar hacia dentro. Estaba todo oscuro y no podía ver nada con claridad.

-¿Puedes esperar aquí? Voy a encender las luces.

-Eso creo.

Susurró. No se sentía muy segura. No de quedarse parada allí, sino de lo que seguiría a continuación.

-¡SORPRESA!

Frente a ella había ocho personas y un gran cartel que decía "Bienvenida a casa" Ahogó un grito y se cubrió la boca con una mano. Sus ojos se inundaron en lágrimas y buscó la mirada de Edward que se acercaba a su lado para sostenerla.

-Bienvenida a casa, Bella.

Susurró a su oído y besó su mejilla. Nunca hubiera imaginado esto, nunca. Toda una familia. Su concepto de familia era bastante reducido y chocar con la enorme cantidad de personas que le sonreían abiertamente le producía cierta sorpresa. Una emoción inigualable.

Ahora era capaz de ver cuánto apoyo había tenido durante esas duras semanas.

Rosalie se acercó con el bebé y Edward lo tomó, ella agradeció por eso y se giró hacia su hermana. Se envolvieron en un fuerte abrazo.

-¿Lo has visto? Las cosas están cambiando…

Rosalie asintió mientras no podía dejar de llorar. Se apartó de ella y Emmet sin previo aviso la tomó de la cintura para girarla por el aire, ahogó un grito al tiempo que todos reían. La dejó en el suelo con cuidado y le besó la mejilla.

-Ya eres de la familia.

Ella retrocedió.

-Por Dios, Rosalie ¿Qué has hecho?

-En realidad no lo sé.

Rió mientras lo alejaba de ella.

-¡Alice!

Abrazó a su mejor amiga y sintió que hacía siglos que no la veía. Extrañaba a esa persona que había conocido en un campamento de verano cuando tenía unos diez años. Desde entonces se había vuelto inseparables, a pesar de la diferencia de dos años que se llevaban. Lo cual no le impidió a Alice que en su adolescencia se enamorara del hermano de su mejor amiga. Bella no veía la más mínima objeción, había conocido novias de Jasper anteriormente y eran una peor que otra, como Marie. Esa detestable rubia. Pero su amiga era distinta y la conocía demasiado bien. Sabía que de eso saldría algo bueno. Y lo fue, llevaban cinco años juntos.

-¡Cómo te extrañé! ¿Cómo estás? Déjame decirte algo, tu bebé es hermoso. Es un buen nombre.

-Gracias.

Susurró mientras la abrazaba, Alice solía ser de esas que comienza a hablar y no hay quién la detenga, y menos, cuando hace demasiado tiempo que no veía a alguien.

-Jazz.

Los brazos de su hermano la envolvieron de manera protectora.

-Me alegro de verte, Bells.

-Gracias.

Susurró sin poder soltarlo. La hermandad que tenía con él escapaba de la que tenía con Rosalie. Jasper era más reservado y compartía casi todo con su gemela, pero le había sido difícil hacerlo con su hermana menor. Hasta que fueron madurando y entendió que ella era tan hermana como Rose. Desde entonces se habían vuelto más unidos. Fue entonces cuando le presentó a su amiga, Alice. Jasper jamás olvidaría ese acto.

-Bella…

Un escalofrío recorrió su columna cuando una pareja se presentó frente a ella.

-… estos son mis padres, Esme y Carlisle Cullen. Padres, les presento a mi prometida, Isabella Swan.

-Es un placer conocerlo.

Esme fue la primera en acercarse y sonreírle.

-Oh, querida, el placer es nuestro. Siéntete como en casa.

-Bienvenida, Bella.

-Gracias.

Le dedicó una mirada significativa a Edward y él la acercó más a su cuerpo en un suave abrazo. Las personas comenzaron a dispersarse hacia el patio, dónde Esme había preparado un almuerzo de recibimiento. Rosalie volvió a llevarse al bebé, dándoles un poco de espacio. Tiempo para asimilar la situación.

Edward la tomó de la cintura y la acercó a él. Ella envolvió sus brazos a su cuello.

-¿No quieres sentarte?

Ella negó con la cabeza a medida que se acercaba a su rostro.

-¿Quieres algo para beber?

Volvió a negar. Acarició lentamente la punta de la nariz con la suya.

-Así que… ¿Quieres besarme?

Una sonrisa se dibujó en su rostro y asintió lentamente.

Sus labios se unieron lentamente en un delicado beso. Tan delicado como la brisa que corría por el salón a solas. Ella entreabrió los labios y delineó con al punta de su lengua el labio inferior de Edward, pidiéndole permiso para entrar. Como si necesitara algún tipo de pregunta. Él entreabrió los labios y dejó que Bella invadiera su boca, su vida, su alma y su corazón.

Edward deslizó sus manos por la cintura y la acercó más. Bella colocó las manos detrás de su cuello, evitando que se alejara. Profundizó el beso con necesidad. Sobraba el deseo. Pero lo que quería, era demostrarle que apreciaba todo lo que él había hecho por ella.

Se separó de sus labios y tomó un profundo respiro.

-Te amo, Edward Cullen. Nunca he sido más feliz en mi vida que en este momento. No sé como decírtelo, por que nunca he… nunca se me es fácil decir lo que siento. Pero necesito decírtelo.

Edward sonrió y acarició su mejilla. Tranquilizarla podría ser un peligro, pero lo intentó y surtió efecto.

-Nunca será suficiente decirte cuánto te amo para demostrarte lo que realmente siento. Esto… se que ha sido una segunda oportunidad y la tomé, solo por que eras tú y ese hermoso pequeño niño. Quiero pasar el resto de mis días contigo y me siento demasiado cursi diciéndolo, pero es verdad. Te amo tanto que no se qué hacer, me pones nerviosa como si tuviera diez años menos y… quiero eso. Te quiero a ti y todo lo que viene con eso.

Bella sonrió tontamente y se mordió el labio inferior.

-Para siempre, Bella.

Subió su mirada hacia la de él y encontró eso que tanto había buscado.

Amor.