3
Ya era de noche cuando bajaron del tren, y tuvieron que ponerse las capas para resguardarse del frío en lo que llegaban a los carruajes. Se sentaron en uno con Luna, que estaba muy entretenida acariciando al thestral que les transportaría. Ahora, además de Harry, Neville y Luna, también los demás lo veían, como consecuencia de las muertes que tuvieron que presenciar en la Batalla final, y Harry tenía razón: no era agradable. A parte de por lo que implicaba ver al animal, porque este, como apreció Hermione solo para ella misma, era feo. Muy feo. Incluso le daba un poco de repelús.
El camino hasta el castillo se hizo muy corto, así como la cena en el Gran Comedor. Todo era lo mismo de siempre, excepto la ceremonia de selección, que fue caótica y concurrida, puesto que ese año había el doble de alumnos de primero, ya que todos los que habían estado escolarizados el curso anterior habían tenido que repetirlo. Cuando Hermione se despidió de sus amigos y subió a su cuarto (en la torre de Gryffindor, no debía dormir con Malfoy hasta el comienzo de las clases) le pareció que el tiempo había pasado sin ella. La verdad es que llevaba unas semanas algo ida.
Se tumbó en su cama con dosel acariciando a Crookshanks, pensando en el verano. Ya desharía la maleta al día siguiente. Nunca creyó que podría tener recuerdos tristes del verano después de la guerra. Incluso se sentía egoísta por entristecerse por banalidades cuando tanto ella como muchos otros habían vivido un infierno real… Tras deshechizar a sus padres y volver a Londres, había estado unas semanas en Brighton, en la playa, y allí se había reencontrado con Thomas, el que fuera su amor platónico durante toda su infancia, y durante algunos veranos cuando ya estaba en Hogwarts, antes de que le diera toda esa pataleta con Ronald en quinto y sexto.
Pero esta vez fue diferente, porque cuando él descubrió que aquella niña de pelo enmarañado ya no lo era para nada, la encontró muy deseable. Solo había necesitado estar con ella una tarde para atreverse a besarla. Entonces Hermione se dio cuenta de que sus sentimientos eran increíblemente fáciles de sacar a relucir por muy lejanos que fueran, y se encontró a sí misma encaprichada de nuevo de él como una tonta en cuestión de dos días. Habían sido, con diferencia, sus mejores vacaciones, porque sintió que él le había hecho olvidar gran parte de todo lo malo que había vivido unos meses antes, aunque el chico no pudiera saber nada de ello, y Merlín sabía que ella necesitaba alguien que la ayudase a levantarse. Olivia Newton-John y John Travolta tenían razón: ah, las noches de verano… Cuando se separaron, él prometió que la escribiría y llamaría, pero después de dos cartas sin mucho entusiasmo y ninguna llamada le dijo que había conocido a otra, que le había gustado volver a verla y que le avisase para tomar algo cuando volviera a Londres. Así, sin más, dejándola igual o peor de lo que estaba antes de verle. Desde entonces, Hermione se sentía un poco fuera de lugar, porque no podía estar feliz del todo; los inoportunos recuerdos del chico la acosaban continuamente en los momentos más insospechados. Estaba deseando que empezaran las clases el lunes, dos días después, para poder evadirse de esos pensamientos. Se durmió abrazada a la almohada.
A la mañana siguiente se levantó como si hubiera pasado la noche dentro de una lavadora. Se frotó los ojos, molesta por la luz, y miró el reloj. No se lo creyó hasta que parpadeó un par de veces mirándolo fijamente.
-¡¿Las once y media?!
Saltó alarmada de la cama, lanzando por los aires al pobre Crookshanks, que bufó asustado, y se vistió a toda velocidad. Hacía dos horas y media que la gente había desayunado, y seguramente ya no podría comer nada. Maldiciendo por lo bajo, bajó a la Sala Común, buscando a Harry, o a Ron, o a alguien a quien poder reñir por no haberla despertado antes. En la sala sólo había un par de niños de segundo y un grupito de niñas chillonas de quinto, que se reían nerviosas mientras miraban por la ventana, y soltaban grititos de vez en cuando. Perfecto, serían su forma de desahogarse. Se dirigió a la ventana, dispuesta a decirles que dejaran de armar jaleo si no querían empezar a perder puntos, hasta que vio el motivo de risas de las niñas. Fuera, en el campo de quidditch, había un grupo de chicos de séptimo, sin camiseta, entrenando. Distinguió la cabellera roja de Ron, que hablaba con Harry cerca de los aros. Le costó entender qué hacían todos sin ropa en la parte de arriba. ¿Era una apuesta? No le extrañaba que aquellas chicas estuviesen tan alteradas. La verdad es que no era la primera vez que se fijaba en el cuerpo de sus amigos, al fin y al cabo, era humana, pero sí la primera vez que les veía en ese contexto, como exhibiéndose. No supo por qué, pero pensó que eran unos imbéciles, tanto ellos como los demás que estaban jugando. Las niñas se hicieron un poco a un lado para dejarle sitio en la cornisa de la ventana, sonrientes. Ella se sentó, aún sin saber muy bien por qué. Siguieron observando el campo, y cómo Harry intentaba hacer el condenado amago de Roski, o como se llamase. Se fijó en que Ginny también estaba jugando, aunque afortunadamente ella era algo más recatada y llevaba toda la ropa puesta. Cuando su amigo casi se estampa contra el suelo, evitándolo por pocos metros, vio que ella lo miraba con una mezcla de admiración y preocupación. Bueno, al menos podía entender los motivos de que Harry se estuviera pavoneando.
-¿Tú conoces al pelirrojo, a Ronald Weasley, no?- Preguntó una niña rubia, tomándola por sorpresa. Tenía la cara redonda y la nariz respingona, y unos ojos miel grandes y redondos. Muy mona. ¿Ron Weasley? Algo se agitó en su interior, algo parecido a los celos que sintió de Lavender unos años antes, pero fue muy breve. Suspiró. Está claro que el que tuvo, retuvo, aunque sea mínimamente.
-¡Karen! No se lo preguntes a ella…- Le susurró otra, morena y de ojos verdes, a la primera.
-¿Por qué no habría de preguntármelo a mi?- Hermione se extrañó.
-Bueno…- La chica morena se puso roja.- Yo había oído que tú y él…
A la castaña le dieron ganas de reír. Ahora que esa chica lo había dicho en voz alta, le sonó sumamente ridículo, y eso la tranquilizó.
-¿Qué? ¡No! No, no, no, es mi amigo, nada más.
-¡Genial!- La tal Karen sonrió.- Me refiero… ¿podrías presentármelo?
La castaña la observó un momento. A pesar de ser de quinto, la chica aparentaba ser espabilada, y probablemente era el tipo de chica que le gustaba a Ron: risueña y rubia. Suspiró.
-Claro, cuando quieras.- Aunque no lo dijo muy convencida. Una cosa era una cosa, y otra hacer de celestina para una niña de quinto. Se sintió algo humillada. Iría emparejando a todos sus amigos y pronto ella acabaría sola con un montón de gatos, si es que Crookshanks aceptaba que le comprase amigos, claro…
Todas rieron otra vez, y Hermione se puso roja. Estaba pensando demasiadas tonterías juntas.
-¡Eh!- Una de ellas gritó, mirando al campo. Una bludger iba directa a la cabeza de Harry, que no se estaba enterando de nada porque estaba muy ocupado mirando a su querida pelirroja, que hacía piruetas con la quaffle para molestar a su hermano. Tras un momento de tensión, un muchacho guapísimo que no conocía apareció de la nada y desvió la bludger con un golpe de escoba. Todas suspiraron aliviadas, incluída Hermione, y miraron al muchacho. Era rubio, y, tal como estaba, de perfil, parecía un adonis.
-Por la gloria de Merlín, ¿quién es?- La chica morena estaba embobada. Y también era bastante dramática.
-¿Quién va a ser, Lis? Es Malfoy.
Todas suspiraron. Menos la castaña, que había perdido el color de la cara. ¿Cómo que Malfoy? Se fijó mejor. Mierda. Si, era Malfoy. Con su pelo platino despeinado y el cuerpo lleno de gotitas de sudor, volando por el campo como si fuera el rey del mundo y escoltado por Zabini y Goyle. ¿Qué hacía Gryffindor entrenando con Slytherin? Y, lo más raro de todo, ¿por qué Malfoy había salvado a Harry?
"Esto no tiene sentido", pensó Hermione. "¿Qué hacías mirando a Malfoy?". Entonces, su otro yo, esa parte no racional ni lógica que tenía dentro de sí, le contestó: "Alegrarte la vista, cariño". "No, es… Malfoy, por Dios". "¿Y qué? Hay que reconocer que tiene su encanto". "Sigue siendo Malfoy". "Sigue estando bueno". "¡Pero es Malfoy!". "Pero si medio colegio suspira por él, por algo será…".
-Hey, ¡hey!- Karen agitaba su mano delante de Hermione, que se maldijo interiormente y agradeció que la sacasen de esa absurda lucha interna que tenía.
-¿Qué?
-Estabas empanada… ¿Hermione, no?
-Sí.
-Te preguntaba que cuando me puedes presentar a Weasley.
-¿Eh?... ¡Ah! Sí. No sé… ¿cuándo vuelvan del entrenamiento?
-¡Vale!- Miró al campo.- Creo que les queda poco, me voy a adecentar.- Y salió disparada para arriba. Un par de chicas, una castaña y otra, también rubia, la siguieron.
-¿Y a Malfoy lo conoces?- Le preguntó Lis.
-Sí- Hermione resopló.
-¿Me lo puedes presentar a mi?- A la chica le brillaban los ojos mientras le miraba por la ventana. Vale, tampoco era para tanto. ¿Todas las chicas de quinto eran así? Ella no se recordaba tan superficial y bobalicona cuando tenía esa edad, aunque, como apuntó la parte maliciosa de su cerebro, ella nunca había sido considerada una chica.
-No. Le conozco, pero no nos llevamos bien.
Lis puso cara de decepción.
-¿Por qué?
-Porque…- ¿Por qué se llevaba mal con Malfoy? La insultaba. Se metía con ella sin motivo. De hecho, se llevaban mal porque él le había tratado mal siempre, ella solo se defendía.- No sé, es algo que viene de siempre, se mete conmigo, yo me meto con él.
-¿Por qué se mete contigo?
-Supongo que porque mis padres son muggles y porque soy amiga de Harry Potter.
-Ninguna de esas dos cosas me parece trágica. Además, Potter está bueno.- Dijo, como si eso zanjase la discusión. A Hermione le dieron ganas de reír.
-Que no te oiga la Weasley…- Dijo la otra que quedaba, una chica morena, de pelo rizado y con gafas.
-No creo que a Malfoy le importe que Harry esté bueno.- Dijo Hermione, sonriendo.- Y, además, para él ser hijo de muggles es algo horrible, y Harry siempre le ha caído mal. Y encima soy una rata de biblioteca y supongo que eso siempre es motivo de burla.
En ese momento bajó Karen, seguida de las otras dos, con los ojos pintados y el pelo totalmente liso y brillante. No se había quitado el uniforme, pero se lo había acortado. Estaba guapa, pero Hermione no estaba muy segura de que eso de modificar el uniforme no infringiera las normas del colegio.
-¿Qué tal?
-Rompedora- Dijo Lis.
-¿Te gusta?- Le preguntó a Hermione. Ella se atoró un poco.
-Sí, supongo que sí. Estás guapa.
Volvieron a mirar por la ventana, pero ya no quedaba casi nadie en el campo, a parte de los chicos a los que habían dejado encargados de atrapar las bludgers, que las estaban pasando canutas. Al rato, se oyó un barullo de risas y voces, acercándose a la Sala, y el retrato de la Dama Gorda se abrió, dejando paso a la mayoría de componentes del equipo de quidditch de Gryffindor. Ron, Harry y Ginnny iban en cabeza, los dos últimos abrazados por la cintura. Todos ellos sonreían y bromeaban. Por fortuna ya llevaban las camisetas. Se fueron a sentar a uno de los sofás, junto con Dean Thomas y Seamus Finnigan. Karen le lanzó una significativa mirada a Hermione, que se levantó y se reprendió por esa necesidad de ayudar siempre a todo el mundo cuando lo que en realidad le apetecía era estar arisca y descargarse por haber dormido mal y por todo lo relacionado con Thomas. El grupo de niñas de quinto la siguió a una distancia prudencial mientras se dirigía al sofá.
-¡Hermione! ¿Dónde estabas?- Preguntó Ginny.
-Durmiendo.
-¿Hasta tan tarde? ¿Quién te ha cambiado la personalidad?- El pelirrojo hizo un intento de broma que a nadie le hizo gracia. Y mucho menos a Hermione, que se estaba arrepintiendo de ir a hacerle un favor a nadie.
- Ronald, eres hilarante. ¿Puedes venir un momento?
El chico se levantó extrañado y Hermione lo llevó hasta donde estaban las chicas. Karen se puso muy roja. La castaña carraspeó dándose cuenta de lo tonta que era la situación.
-Te quería presentar a Karen…
-… y a sus amigas- Acabó la aludida. Señaló a Lis.- Ella es Elizabeth,- señaló a la otra chica morena, la de gafas.- ella es Sophie, - pasó a las que le habían acompañado arriba, la castaña y la rubia,- ellas son Clare y Robin, - sonrió, se acercó a Ron y, mucho mas decidida que antes, le plantó un beso en la mejilla.- y yo soy Karen.
Ron se quedó un poco aturullado, y balbuceó:- En-encantado… Ronald Weasley.
Karen, con una nueva confianza salida de no se sabe muy bien dónde, le agarró del brazo, se lo llevó a la ventana y se puso a contarle su vida, mientras él la seguía como un autómata sin saber muy bien qué hacer. Las chicas la miraron, sonrieron a Hermione y se sentaron en una de las mesas. Hermione se dio cuenta de que su cometido había acabado, salió, despidiéndose de Ginny y los demás, y se fue a la biblioteca.
"Genial, Hermione, refúgiate en la biblioteca, seguro que así se te quita esa fama de empollona que tienes…" , pensó. Pero no lo podía evitar; cuando no se sentía muy bien, iba a la biblioteca, su santuario de lectura. Los libros al menos no la juzgaban. Y en ese momento no se sentía bien. Le habría gustado ser como Karen, tan lanzada, a lo mejor Thomas no la habría dejado… Thomas, otra vez. Rememoró esas vacaciones de nuevo mientras entraba en la biblioteca, que, lógicamente, estaba vacía. Cogió el primer libro que estuvo a su alcance e hizo como que lo leía, aunque su cabeza estaba en otra parte. En ese momento oyó una risa despectiva, levantó la cabeza y se topó con unos ojos grises que le miraban con sorna. Genial. Bufó, aunque luego se dio cuenta de que a lo mejor había encontrado la forma de descargar su mal humor.
-Vaya, si es mi compañera de habitación. ¿Qué haces aquí, Granger? ¿Los profesores te han puesto exámenes extra solo para ti? ¿O te das clases particulares a ti misma?
-Piérdete, Malfoy. Vete a molestar a otro sangre sucia, seguro que hay más. Al fin y al cabo somos una plaga. –Vale, no, ni siquiera estaba de humor para discutir con Draco Malfoy. De hecho, temía que si no se largaba en ese instante, acabaría maldiciéndole. Sonrió un poco al pensar que no mucha gente la condenaría por eso. Alzó la cabeza hacia él, advirtiéndole con la mirada de que se largase, y comprobó que él había adoptado una expresión extraña ante sus palabras. Tenía el ceño fruncido y parecía contrariado. Entonces, relajó el rostro y volvió a intentarlo.
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-No, en serio, ¿qué interés tienes en estudiar, si es sábado y no han empezado las clases?
-¿A ti qué coño te importa?- La estaba quemando. Mucho. Aunque él siempre lo conseguía con más facilidad que el resto. El chico sonrió de medio lado.
-Uh, has aprendido a decir tacos. Que no te oiga Potter, o contratará a un exorcista.
Le hizo gracia, desafortunadamente. Hermione sonrió una milésima de segundo. Malfoy lo notó. Fue hasta la silla en la que estaba la chica y se sentó al lado. Ya llevaba el uniforme puesto, aunque su pelo seguía despeinado de ir en escoba. Entonces recordó que había salvado a Harry de la bludger y volvió a sentirse intrigada por Malfoy.
-Ajá, has sonreído. O sea, que has reconocido que soy gracioso. Era lo que me faltaba, ahora si que soy perfecto.- La chica rodó los ojos. Seguía siendo idiota.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
-Malfoy…- La agotaba. Y la señora Pince empezaba a mirarles mal.
-Reconócelo.
-Me estás cansando…
-El que calla otorga… Supongo que ahora sí deberías sentirte agradecida de compartir Sala conmigo, pero lo de que no te cruces en mi camino sigue en pie, Granger, no te hagas ilusiones…- Que conversación más estúpida, por favor.
-¿Si te digo que sí te callarás?
-Puede. Aunque… no necesito tu aprobación. –Siseó, mirándola con superioridad.- Pero me encantaría que te humillases un poco.
La estaba sacando de quicio, pero se esforzó en controlarse porque quería acabar con aquello. Mandó a la mierda su orgullo. Mejor eso que acabar vetada para siempre de la biblioteca por asesinar a un alumno indefenso.
-Vale, sí, eres gracioso. Lárgate.
-Primero: quiero que digas que soy perfecto. Segundo: no me has dicho que me tuviera que largar, solo que me callara.- Joder, cómo le odiaba.
-¡Vete al cuerno!
Hermione cogió el libro y se levantó, dejó el pesado volumen en la estantería y se dispuso a irse. ¿Quién se creía que era ese? Ella solo quería pensar, y a ser posible, llorar de rabia sin que nadie la molestara. Que asco de tipo…
-Cobarde.
Hermione frenó en seco un metro pasada la puerta de la biblioteca. La había seguido. Aún de espaldas al chico, habló:
-¿Qué has dicho, hurón?
-Cobarde, Granger. Cobarde.
Ella se giró. Tenía la cara desencajada, los ojos brillantes y los puños apretados. Caminó hacia el chico, que se amedrantó un poco, aunque jamás lo reconocería.
-Ni se te ocurra llamarme cobarde, y menos tú, niño de papá. No llames cobarde a nadie cuando te uniste a Voldemort por miedo, en vez de defender lo que era justo. No llames cobarde a nadie cuando siempre has necesitado tener detrás a alguien que te proteja. Y no se te ocurra llamar cobarde a nadie cuando tú eres de las personas más rastreras y miedicas que conozco.
En ese punto, sus frentes casi se tocaban. Costaba decir quien tenía más odio en la mirada. Malfoy solo se había acercado a molestarla porque se aburría, dado que la gente de su casa no tenía demasiado interés en acercarse a él, pero ahora le había tocado las narices. Mucho. Jodida niñata.
-Cállate, Granger, no tienes ni puta idea de nada. No me conoces. No me juzgues si quieres salir de una sola pieza de este pasillo.- Siseó amenazadoramente.
-¿Qué pasa, que tú me conoces mucho?- Al cuerno con la contención, ahora sí iba a descargarse.- Me has insultado toda mi vida sin tener ni idea de quien soy, igual que a mis amigos o a cualquier persona que demostrara superarte un poquito en algo. ¿Esa es tu gran defensa, príncipe de Slytherin? ¿Reírte de los que son mejores que tú para sentirte menos mal? Das pena.
El chico quiso abofetearla. O estrangularla. O estamparle uno de sus queridos libros en la cabeza. Estaba demasiado harto de oír que era un cobarde…
-¿Yo doy pena? ¿Qué me dices de ti? Cada vez que algo no te sale bien, vienes aquí, a sepultarte entre libros, a esconder la cabeza como las avestruces, como cuando Weasley se enrolló con Brown. ¿No eras tú de la casa de los valientes? Pues resulta que sí, Granger, eres una cobarde, aunque no lo quieras reconocer ante mí, pero tú lo sabes.
Malfoy se giró y se fue hecho un basilisco antes de hacerle daño de verdad a la cría protegida de Hogwarts. Cuando iba a girar el recodo del pasillo, Hermione, roja de ira, le gritó:
-¡Y tú también sabes que vas a acabar solo!- Con esto se ganó una mirada de reprobación de la bibliotecaria, que estaba a pocos metros de ella.
Se sentó en el suelo, apoyada contra la pared, temblando de rabia y frustración, pensando en Thomas, en Malfoy, y en lo que ambos le habían dicho. Y lo peor era que Malfoy tenía parte de razón…
En el pasillo contiguo al de la biblioteca, Draco Malfoy se apoyó en la pared y cerró los ojos con furia, con el rostro serio, intentando controlarse. Maldita sang… No. Maldita Granger. Había prometido que la sangre no sería más un problema. Pensó en lo que le había dicho la chica. Que iba a acabar solo. Y se dio cuenta de que Granger tal vez tenía razón.
