6
Eran las doce de la noche y ella seguía sentada en el sofá de la sala común, mirando el fuego que crepitaba sin parar. Era increíble que por la mañana se hubieran ido a bañar al lago y por la noche hiciera tanto frío. Se acurrucó en la esquina del sofá y se abrazó las piernas. Entonces oyó el extraño sonido acuoso, levantó la vista por encima del respaldo del sofá y vio entrar a Malfoy. Suspiró enojada y miró al frente de nuevo.
-¿Por qué te enfadas Granger? ¿A quién esperabas ver?
La verdad es que tenía razón, ¿quién más podía ser? El rubio caminó hacia ella y se sentó en uno de los sillones. La chica no entendía por qué no le molestaba estar cerca de ella.
-¿Te sientas, Malfoy? ¿No te voy a contagiar algo?- La verdad es que llevaba bastante tiempo preguntándoselo.
-Wow, estamos picajosas, ¿eh? Pero no te preocupes, estoy vacunado de todo.
-Pues lamentablemente yo no estoy vacunada contra la estupidez humana, así que, por favor, déjame en paz.
-Tú has sido la que me has hablado. Dejada estás.
-Me refiero a que te largues.
-¿Por qué? Tengo el mismo derecho que tu a estar aquí.
-Pero yo estaba antes y ni yo quiero estar contigo ni tu conmigo, el que tiene que irse eres tú.
-Tú no quieres estar conmigo. Vete tú.- El chico empezaba a molestarse. Hermione también.
-¡Tú tampoco quieres estar conmigo!
-No me molesta tu presencia en absoluto.
-… ¿no?
-No.
-¿Por qué?
Él la miró entre curioso y sarcástico.
-Porque no.
-¿Desde cuándo?-Necesitaba preguntarlo. Él suspiró como si fuese a hacer una confesión horrible.
-No sé, desde que me uní al Señor Tenebroso.- Suspiró otra vez y se frotó los ojos.- Me di cuenta de lo estúpido que era sentirse superior a nadie…- Pensó un par de segundos, y añadió:- Bueno, sé que soy superior a Longbottom y a la comadreja, y a más gente, pero lo de la sangre era una bobada.- Hermione frunció el ceño, pero él continuó.- Llegar al extremo de matar por una convicción tan absurda, que ni siquiera tenía realmente, me daba náuseas.- El chico estaba tan pensativo que parecía haberse olvidado de dónde estaba.- Por eso se me ocurrió ayudar al "Team Dumbledore", o el "Ejército del Barbas", o como sea que os llaméis, y a la Orden, y a Potter cuando…- Miró a Hermione como si se acabara de dar cuenta de que estaba allí, carraspeó y se removió incómodo.
-Vaya. ¿Draco Malfoy tiene…? No, no es tan profundo como los sentimientos. Pero algo tienes ahí latiendo.- Le señaló el pecho.
-Necesito algo que reparta el alquitrán que tengo en las venas por mi cuerpo, ¿no?
Hermione rió. Él dejó escapar una pequeña risa, mostrando todos sus dientes blancos y perfectos. La chica se dio cuenta de que era la primera vez que le veía reír de verdad, y eso la hizo sonreír un poco. Él se fijó en las arruguitas que le salían a ella cuando sonreía, le daban un aspecto de niña pequeña bastante dulce. En ese momento sus miradas se cruzaron, madera y hielo, cobre y plata. Dejaron de reír de golpe y apartaron la vista de golpe. Porque ellos no podían compartir risas, no podían estar de acuerdo en algo el tiempo suficiente como para divertirse juntos. Porque eran ellos. Tras un incómodo silencio de unos minutos, en los que se dedicaron a mirar en círculo la sala, ella decidió decir algo.
-O sea que… ¿ya no te caigo mal?
-Eh, para el carro, Granger.- Rió entre dientes.- Solo he dicho que ya te soporto. Un poco. Como para poder estar en el mismo espacio que tú sin marearme y vomitar.
A la mierda el buen rollo. Estaba claro.
-Gilipollas- Ella se levantó para irse.
-Tampoco lo has intentado.
Hermione se giró y le miró entre enfadada y confundida.
-¿Qué? ¿Intentar el qué?
-Caerme bien.
Ella le miró esperando a que se riera. No lo hizo. Le dieron ganas de reír a ella misma.
-¿Estás de broma? ¿Qué demonios os pasa hoy a todos?
Malfoy la miró sin entender.
-Yo casi nunca hago bromas con la gente que me cae mal.
-¿Qué interés tienes en que te caiga bien?
-Ninguno, la verdad. Pero vamos a tener que estar todo el año juntos. Sería sensato tener una relación cordial al menos.- Nunca reconocería que últimamente le excitaba discutir con ella, verla acalorada. Tenía que quitarse eso de la cabeza ya. Después buscaría a Pansy.
La castaña lo sopesó un momento. Luego pareció indignarse:
-Espera… ¿Qué YO no he intentado caerte bien? Claro, porque tú conmigo has sido todo dulzura y amabilidad, ¿no?
-Te recuerdo que hasta este curso me dabas asco- La chica hizo una mueca de dolor.- Y que soy yo el que siempre intenta mantener una conversación.
-Si, hasta que hablas más de lo debido. Siempre hablas más de lo debido.- Ella se sentó de nuevo.
-No empecemos. Además, tú eres la que no se puede estar callada. Es como si tuvieras un resorte bajo la lengua que se activa solo.
-¡Eso es mentira!
-Vale, demuéstralo.
-¿Cómo?
-Ahora. Estate diez minutos callada.- Él la miró divertido.
-Menuda ridiculez…
-Ya has perdido.- El chico se pasó la mano por el pelo y rió por lo bajo.
-¡No me has dicho cuando empezar!
-Vale… Ahora.
-…- Ella se mordió el labio y lo miró con odio. ¿Quién se creía que era? Era perfectamente capaz de estar callada. Simplemente tenía la convicción de que si tenía boca era para usarla, y el silencio era algo muy incómodo, excepto cuando leía.
-Oye, Granger, el kappa es una especie de caballo, ¿no?- El chico habló de manera despreocupada, como quien comenta el día que hace. Ella estuvo a punto de exclamar "¡Es un demonio acuático japonés con forma de mono!", pero se fijó en la expresión de Malfoy: lo había dicho mal para hacerla corregirle. Sonreía de forma contenida y la miraba con falsa atención. Ella suspiró y le sacó la lengua.
-Bien, lo has esquivado.- El muchacho volvió a sonreír con suficiencia y puso cara de concentración. La miró intensamente con sus ojos grises y ella se sintió cohibida. ¿Qué hacía ahora? Buscar algo más que decirle para que hablara, seguro. Pero no iba a caer. Tenía que demostrar que era capaz de no decir nada, para que Malfoy dejara de meterse con ella por eso. Bueno, Malfoy, Ron y la mitad de su curso…
En ese momento el rubio se puso de pie, caminó con paso lento hasta donde estaba la chica y se sentó a su lado. Ella le miró con una expresión de pánico velado e incredulidad. Él seguía mirándola con una cara indescifrable, aunque los músculos de sus mejillas se contraían un poco. Se acercó más a la castaña, que retrocedió un poco. Se acercó otra vez, y ella se volvió a alejar, desorientada, pero topó con el final del sofá. El chico se acercó de nuevo y se inclinó un poco hacia ella, que estaba al borde de un colapso total. Se puso nerviosa y preguntó con voz queda:
-¿Qué… qué haces?
Él sonrió con cara victoriosa, se alejó de ella y rió entre dientes.
-Lo que yo decía, ni diez minutos.
La cara de la chica pasó del desconcierto a la comprensión, y luego a la ira:
-¡Eres rematadamente imbécil! ¿Cómo pretendías que no hablara?
-Por lógica, Granger. ¿De verdad has pensado que te iba a… besar?- El muchacho se estremeció. Aunque no supo si por considerarlo malo o bueno. Eso le desconcertó.
-…- Sí, lo había pensado. ¿Cómo no pensarlo? Aunque ahora estaba claro que era una idea descabellada y del todo absurda. Era un Malfoy, ¡un Malfoy! Vale, un Malfoy reformado, pero seguía siendo una serpiente.- Sé que nunca me besarías, Malfoy, pero me has asustado, ¿vale?
-Uh, ¿te asustan los besos? Pobre Weasley, tiene que estar a pan y agua.- Se carcajeó de su propio chiste sin gracia.
-Me asustan TUS besos.
Él dejó de reír y la miró ceñudo.
-Que te besara yo sería lo mejor que te podría pasar en la vida. Espera…- La miró divertido de nuevo.- ¿eso quiere decir que sí que te besas con Weasley?- Rió otra vez.
-¡Claro que no! Además, ¿a ti que mas te da?
-Es que así ganaría una apuesta.- La chica le miró con curiosidad y desconfianza.- Yo aposté con Blaise que te tirabas a la comadreja, y él que estabas con San Potter. Pero San Potter está con la comadreja menor, así que dime: ¿he ganado?
-No, no has ganado. Y dejad de hacer apuestas sobre mi vida. Para ser una sangre sucia, me dais demasiada importancia. Y me parece bastante mas deshonroso besarse con pavas como Pansy Parkinson que hacerlo con Ronald.
-Realmente, lo que hacemos no es solo besarnos, querida Granger.- Sonrió con suficiencia. – Pero aún así, solo somos amigos.
-Pues el otro día les quitó diez puntos a unas chicas de Ravenclaw porque decían que querían invitarte al Baile de Navidad.
-Es que me protege demasiado… Espera, ¿qué baile?
-Pero, ¿tú te lees las cartas que nos mandan a los prefectos?
-No.
Hermione suspiró.- Esta año habrá un baile.
-Genial.- Refunfuñó el chico.
-¿No te gustan los bailes? ¿No es una ocasión para pavonearse?
-Já, já, Granger. No, no me gustan. Es incómodo tener que elegir pareja, y bailar, y escuchar el estruendo de la música.
-Pareces un abuelo- Ella contuvo una risotada.- Pero la verdad es que a mí tampoco me entusiasman. Al menos tú irás con alguien…- En seguida se mordió la lengua. ¿Qué le importaba a Malfoy que nadie quisiera salir con ella nunca? Había metido la pata: ahora el chico podría meterse con ella hasta el día del juicio final.- Me voy a la cama.- Le miró pensativa. –Buenas… buenas noches.
-Buenas noches.
Subió rápidamente los escalones que daban a su habitación, procurando no trastabillar, intentando conservar la poca dignidad que le quedaba.
