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-¿Qué te pasa?
Theo Nott parecía realmente interesado en su vida. Estaban a mitad de la mañana del lunes, soportando a Snape y sus gritos ensordecedores sobre lo inútiles que eran todos. Ella había pasado la noche entre pesadillas y malos despertares, y tenía la sensación de que su cabeza se hinchaba a cada minuto que pasaba. Temía acabar como un zeppelín y echar a volar. Miró a su compañero de pupitre con la mejor sonrisa que pudo.
-Nada.
-¿Seguro?
-Más o menos.
-Lo dejaremos en que Snape te aturde, ¿vale?- Ella le sonrió de nuevo, agradecida por no tener que dar explicaciones del por qué de sus extraños sueños, en los cuales Thomas se casaba con Bellatrix Lestrange mientras Malfoy y Dobby se reían de ella.
-Gracias.- Miró al frente de nuevo, y se topó con los ojos grises del rubio que la miraban de reojo. Ambos apartaron la vista y Hermione soltó un improperio en voz baja.
-Muy bien, tienen la siguiente hora para planificar el trabajo con su compañero.
La voz siseante de Snape sacudió la clase, y acto seguido se escuchó el estruendo de sillas arrastrándose por el suelo y de conversaciones animadas que hablaban de cualquier cosa menos de las propiedades de la piel de moke. La castaña miró con aprehensión a Malfoy, que se había desplomado sobre su silla y la miraba esperando a que ella se levantara para ir con él. Claro, ¿cómo se va a mover el gran Draco Malfoy? La chica suspiró, le hizo un gesto a Nott con la cabeza y se fue al lado del rubio arrastrando los pies.
-Granger.
-Malfoy.
-¿De qué era el trabajo?
-…- Le miró con ganas de decirle un par de cosas, pero se contuvo.- El trabajo trata sobre el lethifold y su progresiva extinción.
-Vale.- El chico se giró hacia atrás y se puso a hablar con Goyle. Hermione quiso echarle la bronca por no esforzarse, pero luego se resignó y sacó sus apuntes para hacer las observaciones. Media hora más tarde, tenía cuarenta centímetros nuevos de redacción.
-¡Eh!
Se giró sorprendida ante el grito de indignación que lanzó Malfoy, que la miraba como si ella acabara de matar a un cachorro.
-¿Qué pasa?
-¡Lo has hecho tú sola!
-… ¿Y?
-EL trabajo también es mío. ¿Qué pasa, quieres la nota para ti o no puedes evitar ser tan listilla?
-¡Oye, tú estabas hablando sin atender! Sólo he pensado que en vez de discutir contigo era mejor ignorarte. Como llevo haciendo todo el curso.
-Sabes que no llevas todo el curso ignorándome. Ahora déjame leerlo, a ver si eres tan lista como tú crees.- Y le arrebató el pergamino. La chica frunció los labios y miró hacia delante, donde Ron y Harry discutían acaloradamente. Agudizó el oído:
-¡No me vengas como Ginny!- Decía el pelirrojo:- Si la alineación de los Chudley Cannons…
En ese momento Hermione dejó de escuchar. Miró hacia un lado y vio a Pansy Parkinson y a su amiga con las cabezas muy juntas, mirando a un chico moreno que tenían delante. El chico moreno se giró hacia ellas intrigado, y después sus ojos se posaron en ella. Le sonrió. Le resultaba familiar. La castaña sacudió la cabeza, roja, y recorrió la clase con la mirada. Teo estaba bastante concentrado buscando algo en un libro, mientras Goyle intentaba (sin éxito) abrir un bote de tinta. Tenía una cara muy extraña, como si intentara hacer explotar el bote sólo con mirarlo, y sus regordetes puños tenían los nudillos blancos cerrados en torno a la tapa.
Entonces, la chica lo vio todo a cámara lenta: la tapa se desenroscó y salió volando, Goyle abrió mucho los ojos y apartó el bote todo lo que pudo de sí, y la tinta empezó a salir en todas direcciones. Era increíble que cupiese tanta tinta en un bote tan pequeño. Hermione hizo lo único que se le ocurrió para salvar el trabajo: placó a Malfoy y cayeron con el trabajo al suelo. Ella quedó encima de él. Se miraron a los ojos un momento, y luego se echó hacia un lado, muerta de vergüenza. Miró a su alrededor, y vio a Snape gritando algo y avanzando hacia ellos, y a toda la clase mirando. Desvió la vista un poco y vio su pergamino en el suelo a un metro, pero sano y salvo. Luego se incorporó sobre los codos y miró de reojo a Malfoy, que la miraba con una cara muy rara y que no había dicho aún ni una palabra. Se agarró a la mesa para levantarse, se colocó la falda, cogió el pergamino y se acercó a la puerta de la clase, alejada, mientras observaba como Snape arremetía contra Goyle, lo que no era muy habitual. Ya nadie la miraba, que era lo que quería, porque todo el mundo estaba pendiente del profesor. Malfoy se levantó con gracia, siendo también ignorado por todos, y, contra todo pronóstico, se acercó a ella, que le miró como si acabara de descubrir que era un dragón camuflado.
-¿Se ha manchado?
-¿Eh? ¡Ah! No.- Le tendió la hoja mientras le observaba con cautela. Él observó la página garabateada y asintió con la cabeza. Le devolvió el trabajo.
-Guárdalo tú.- Después se fue a su mesa, cogió la mochila y el resto de sus cosas y salió por la puerta, justo en el momento en que sonaba el timbre.
-¿Habéis visto la cara de Goyle?- Neville parecía muy animado. La comida transcurría sin incidentes, y el mejor tema de conversación parecía ser la clase de Defensa. Hermione miraba su plato de cordero sin ganas.
-Me encanta que Snape le haya quitado puntos por una vez.- Ron sonreía, con la corbata llena de salsa.
-Sólo han sido cinco.- Dijo Karen, que mordisqueaba una manzana. Cinco minutos después de acabar la clase, Karen había ido corriendo hacia Hermione para comentarlo. Nadie sabía como se había enterado tan rápido. Sospechaban que era la nueva Lavender.
-Es igual. Déjame saborearlo.- Ella le sonrió exageradamente y él hizo lo mismo, solo que un poco cortado, pero feliz. Cogió un puñado de patatas y le ofreció unas cuantas a la chica.
Mientras Ron llevaba a cabo su ritual de apareamiento y Harry y Ginny se ocupaban del suyo (hacia mucho tiempo que no comían de forma continuada), la castaña se llevó el tenedor a la boca y masticó desanimada la carne. Entonces se hartó, se despidió de la gente y se fue a los jardines. Se sentó a la orilla del lago con intención de leer, pero entonces vio una piedra pequeña, plana y perfectamente pulida a sus pies, e hizo lo primero que se le ocurrió: hacerla rebotar en el agua. La piedrecita dio cinco saltos largos hacia lo lejos, y después se hundió con un pequeño chapuzón. La chica miró a su alrededor, en busca de más piedras, y se entretuvo haciéndolas saltar. Justo cuando una piedra azul muy redonda acababa de hundirse en el agua, Hermione escuchó un "¡chof!" y vio como un pedrusco del tamaño de su puño se hundía en el lago, salpicando por todas partes. Miró hacia atrás buscando al culpable.
-Claro, cómo no, tenías que ser tú. – Miró fastidiada a Malfoy, aun con unas cuantas piedras en la mano.
-Soy omnipresente, como Dios.
-¿Qué haces aquí? ¿No tienes suficiente orilla ni suficientes niños a los que molestar que tienes que martirizarme a mi?
-Mmm… no. Además, esos niños no me han atacado, tú si.
-¿Qué yo te he atacado?
-Hoy, en Defensa contra las Artes Oscuras. Durante el incidente de la tinta.- El chico se sentó a unos cuatro metros de ella, mirándola con sorna.
-¡Ha sido para que no se manchara el trabajo! Idiota. Lo sabes perfectamente. ¿De verdad crees que yo… que cualquiera en su sano juicio se lanzaría encima de ti por voluntad propia?
-Golpe bajo. Así es imposible tener una relación cordial.- Se hizo el ofendido.
-Corta el rollo.
-Qué crueldad, Granger. ¿Potter no te ha enseñado a ser un ejemplo a seguir por todos?
-Pero, a ver, ¿cómo quieres tener una relación cordial conmigo si no dejas de meterte con mis amigos?
-Es algo natural, como respirar. Considérate afortunada de que ya casi no me meta contigo.
-¡Já! Esa sí que es buena.
-Lo que pasa es que te lo tomas todo a la tremenda, cerebrito. En realidad- se levantó y se sacudió los pantalones sin mirarla.- solo he venido a decirte que esta noche acabaremos el trabajo en la Sala Común. A las once. Y deja de apretar tanto los puños, vas a convertir las piedras en gravilla- Dijo, mirándole la mano- Sé puntual.
Cuando Malfoy se alejaba, ella respiró hondo, tiró todas las piedras a la vez al agua, cogió la mochila y se fue al castillo dando un rodeo.
