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-¿Gente desparecida? A todos los desaparecidos se les dio por muertos.
-Sí, y eso es bastante conveniente para ellos. No puedo decir que algunos no estén muertos realmente, pero puedo decir casi con total seguridad que el terrateniente del Señor Oscuro, su mano derecha, que perdió a su cónyuge en la batalla y debe estar que arde, tiene formas de hacerse invisible…
-Lestrange.- Hermione tembló.
-Mira, ya estás más despierta.
-O sea, que…- respiró hondo para asimilarlo todo.- Según tú… ¿Bellatrix Lestrange está por ahí deseando instaurar su reino del terror y tú lo sospechas y no le dices nada a nadie?
-¿Qué crees que pasaría si se lo dijera a McGonagall? Las armas de todos los mortífagos fueron encontradas. Imagínatelo: "Profesora, como ex-mortífago que soy opino que se está formando una revolución integrada por presos, gente muerta y desaparecidos, para acabar con usted, Potter y el Ministerio de Magia, los cuales están sumamente bien protegidos, pero que personas sin varita conseguirían eliminar"- Se aclaró la voz y la cambió:- "Señor Malfoy, esa es una acusación muy grave. ¿Tiene pruebas? De todas formas, creo que sabemos defendernos de posibles ataques".
Hermione rió por lo bajo, el chico imitaba muy bien a la directora.
-¿Ves? Ella no es el viejo chiflado, Granger. Solo actúa si ve hechos, y esto son cosas de un adolescente, al que encima le han golpeado la cabeza. De todas formas, esa gente no puede andar por la calle sin varita y sin que se les reconozca.
-Pueden conseguir otra varita, ¿no dices que tienen gente que les apoya?
-La varita escoge al mago, y los vendedores de varitas saben a que mago escoge cada varita. ¿Crees que Ollivander no se daría cuenta?
Ella se quedó pensativa. El chico se incorporó para levantarse, pero gimió de dolor y se desplomó sobre el sofá. Ella se sobresaltó y fue a socorrerle.
-¡Malfoy!
Él la miró con sorna.
-Wow, cuánta atención, Granger.- Hermione se puso roja y se apartó.- Sólo me he torcido un poco la muñeca, pero si quieres traerme tú el agua te espero aquí.- Soltó una carcajada.
-Vete al cuerno. Me has asustado.- Se levantó y subió a su cuarto.
El chico seguía riéndose, hasta que oyó el sonido del grifo abrirse y el agua corriendo, cayendo en un recipiente. Eso le desconcertó, y le desconcertó del todo ver a la castaña con un vaso de agua lleno de la mano andando hacia él. Se arrodilló a su lado en el sofá y, cuando el rubio estiró la mano para coger el vaso, se lo vació encima.
-¡Joder, Granger!
-Toma, tu agua y tu atención. Para que vayas pidiendo favores.- La muchacha se levantó sonriente mientras el chico intentaba secarse. Entonces, cuando ella subía de nuevo a su cuarto, escuchó una palabra débil que venía del chico, que tenía cara de haber comprendido súbitamente algo.
-¿Qué has dicho?
-…- Suspiró.- Que gracias, Granger. Gracias. No me hagas repetirlo.
Era la primera vez que Hermione oía ese tono tan sincero de boca de Malfoy. Y supo que no lo decía por lo del agua.
-… de nada.- Sonrió, subió las escaleras y cerró la puerta con cuidado.
Hermione estaba muy tranquila en su habitación, tumbada en la cama, cuando escuchó un murmullo, unos pasos que se acercaban y de repente un grito ensordecedor:
-¡Draco!
La castaña se asomó por la puerta de su cuarto justo a tiempo para ver a Pansy Parkinson lanzándose encima de Malfoy y abrazándole como si se fuera a desaparecer. Sentados en el sillón estaban Zabini y Nott, este último en el apoyabrazos. Hermione cerró la puerta con cuidado y decidió dejarles. Se tumbó en la cama, con intención de no hacer nada. Cerró los ojos para relajarse, pensando en lo que le había dicho Malfoy. Avisaría a Harry… Desde fuera le llegó la risa estridente de Parkinson. Qué nerviosa le ponía esa muchacha. Recordó lo que había dicho Malfoy sobre lo que hacía con Parkinson en la intimidad de su dormitorio y se preguntó si la invitaría a dormir. Entonces se preguntó cuántas veces a lo largo de ese curso tendría que aguantar a Parkinson en la habitación del Slytherin. Y no le gustó nada pensar en eso.
Sacudió la cabeza, desconcertada, y cerró los ojos de nuevo. Intentó ordenar sus pensamientos, las ideas, lo que había pasado en los últimos días…
-Granger. Granger.
Abrió los ojos de golpe, asustada. Llevaba un día horrible. Se sintió desconcertada un momento, porque era de noche y se sentía extrañamente cansada. Malfoy estaba frente a ella, apoyado contra la mesilla, con cara de esfuerzo.
-¿Qué…? ¿Me he dormido?
-Bastante. La cena está abajo.
-Ah, voy.- Se frotó los ojos. Se fijó en que el chico aún la miraba.- ¿Qué pasa?- Entonces se dio cuenta de algo y le salió su vena mandona.-¿Qué leches haces levantado? ¡Venga, al sofá!
-Encima de que vengo a llamarte…
-¡Venga!
Le fue dando empujoncitos hasta el sofá. Cenaron en silencio, y, cuando acabaron, se quedaron sentados mirando a la nada.
-Por cierto,- el rubio la miró.- vinieron a verte la comadreja mayor y Gin… la Weasley.
-¡No le llames así!- Estaba enfadada, pero no le pasó desapercibido que el chico casi había dicho el nombre de Ginny. Se quedó pensativa.
-Bueno, vinieron a verte, Weasley me amenazó para que no te hiciera nada este curso,- soltó una risotada.- y me dieron esto.- Sacó una carta del bolsillo.
-¿Por qué no me ha llegado a mí por lechuza?
-Ha llegado en correo ordinario y lo han entregado en la sala de Gryffindor.
-¿En correo ordinario?- Hermione miró el remitente de la carta y se quedó helada: era Thomas. La abrió sin poder contenerse. Había cuatro líneas. Cuatro estúpidas líneas en las que decía que sentía mucho haberla dejado de forma tan brusca y le pedía seguir siendo amigos.
Ella cogió la carta y el sobre y, con mucha tranquilidad, los arrojó a la chimenea. Se sentó de nuevo, bajo la atenta mirada de Malfoy. Al rato, cuando él ya estaba pensando en otra cosa, repentinamente ella tuvo un espasmo y empezó a llorar. El chico se quedó sin saber que hacer y, en un impulso, se acercó a ella y le dio una palmadita en el hombro. Maldito fuera él y ese sentimiento de estar en deuda con Granger por lo de la noche anterior.
-Hey… tranquila…- ¿Qué coño se suponía que tenía que decir?
En ninguno de los años siguientes Hermione pudo explicar lo que hizo en ese momento: se agarró a Malfoy y lloró en su hombro. Él solo acertó a darle unas cuantas palmaditas más en la espalda, petrificado. En algún momento del llanto, ella se quedó dormida medio apoyada en el muchacho, que la miraba con desconcierto.
-Granger… Hey, Granger…
-¿Sí?- Le miró con cara de muerta.
-Deberías irte a la cama.
-Sí…- Se levantó arrastrando los pies y, sin mediar una palabra más, subió a su cuarto.
A la mañana siguiente Hermione no quería bajar. Se moriría si miraba a Malfoy a los ojos después del numerito que había montado. Cuando le pareció que no había ruidos, salió sigilosamente y se precipitó a la entrada, pero no tuvo en cuenta el factor alfombra unido a su patosidad de recién levantada: se resbaló y se cayó de bruces al suelo. Por suerte pudo poner las manos. Tras soltar una maldición, escuchó una carcajada y, al levantar la cabeza, vio al rubio apoyado en las escaleras doblado por la cintura, sin parar de reír.
-Oh, te parece gracioso, ¿no?- Ella se levantó e intentó ponerse dura, pero estaba colorada.
Malfoy dejó de reír y la miró muy serio, sin pestañear. La chica hizo lo mismo. Tras unos segundos, ambos estallaron en carcajadas. Cuando se calmaron, aún convulsionando un poco, decidieron bajar a desayunar. El chico le hizo un gesto para que pasara ella antes.
Se miraron un segundo con incredulidad: él no sabía por qué había sido así de simpático, y ella no sabía como reaccionar. Bueno, él sí lo sabía, qué demonios: se estaba volviendo un blando desde que ayudó a la jodida Orden. Y el haberse dado cuenta de lo buena que era la chica y esa sensación de protección que sintió cuando ella le ayudó a pesar de lo que él la había hecho los años pasados no ayudaban a mostrarse duro con ella. Pero tenía que hacerlo. La chica optó por sonreírle tímidamente y salir de la sala, mientras se daba cuenta de la pequeña felicidad que había experimentado al darse cuenta de que tal vez Draco Malfoy no era tan Malfoy como mostraba. Fueron juntos hasta el Gran Comedor, a dos metros de distancia y en completo silencio. Por tácito acuerdo ella entró un poco antes que él, de forma que nadie les vio juntos. Llegó a donde estaban Harry y Ron.
-Buenos días, chicos.
-Buenos días. Oye, ¿cómo está Malfoy?- Preguntó Harry.
-Mejor, ya está bien, a parte de que le duele un poco al andar…
-¿Ya expulsaron a los culpables no?- A Hermione le extrañó que Ron se interesara por el Slytherin.
-Sí.
-¿Os han dicho quienes fueron?
-No.
-Deberías habernos avisado cuando bajaste a ayudarle. Te podían haber hecho daño a ti.- El moreno puso la típica voz de padre regañando a su hija.
-No había tiempo…
En ese momento apareció Ginny, con el pelo recogido en una coleta. Se estiró por encima de la mesa para darle un beso a Harry y se sentó al lado de la castaña, a la que cogió por el brazo con urgencia:
-¿Cómo está Malfoy?
-Bien, bien. Hoy ya va a clase.
-Menos mal. Malditos hijos de…
-¡Gin!
-¿Qué? ¡Como si no se lo merecieran!
