10

Hermione salió de la última clase de la mañana con ganas de tirarse en la cama hasta el día siguiente, ya que habían tenido doble clase de Pociones, Herbología y una hora de Runas Antiguas, pero todavía tenía que acabar un trabajo para Encantamientos. Se despidió de Ron, que iba a salir a dar una vuelta a los jardines (cosa bastante extraña en él) y tomó un atajo por un cuadro para ir a la biblioteca, pero justo cuando estaba en el pasadizo se dio cuenta de que se había equivocado de retrato. Suspiró, se dijo mentalmente que era estúpida y siguió hacia delante. Apareció en uno de los pasillos del último piso, que casi siempre estaban vacíos. Mientras andaba por este, intentando encontrar las escaleras, escuchó la voz de Ginny, a la vuelta de la esquina, muy irritada:

-Siempre igual, siempre intentando hacerte el machito. ¿Qué demonios crees que hacías? ¿Salir tú sólo a luchar contra unos mortífagos enfurecidos te parece muy normal?

Hermione contuvo la respiración, ya que la pelirroja estaría riñendo a Harry. ¿Qué había pasado ahora? Agudizó el oído:

-¿Y qué querías que hiciera, pelirroja? ¿Que dejara que siguieran insultando a mi familia?

La castaña soltó todo el aire de golpe al reconocer la voz.

-¡Pues sí! ¡Podían haberte matado, inútil! Si no llega a ser por Hermione…

-Sí, pero tengo un orgullo que defender.

-¿Es más importante defender tu orgullo que tu vida? Aclara un poco esa cabeza oxigenada que tienes, Draco. Por Dios…- Se escuchó un sonido sordo de piedra, como si la chica se hubiera sentado de golpe en el suelo.- No me hagáis más esto. El año pasado con todo lo que hubo… y ahora sigue… Te juro que pensé que ya estaba todo solucionado, que no tendría que volver a sentir miedo por nadie, pero siguen pasando cosas y…

Hermione se asomó por la esquina del pasillo, y vio a Ginny sentada en el suelo, apoyada contra la pared, y al rubio a su lado, de pie. El chico se dejó caer hasta sentarse también.

-Ginny, no puedes preocuparte por todo lo que pasa en el mundo… Ya sabes, para la mayoría de la gente sólo soy Malfoy. Creo que hay algunos que piensan que hasta me lo merecía.- Soltó una risa amarga.

-Para mí no, y lo sabes. Eres la persona que ha conseguido que sea feliz de una vez, aunque no quieras que se sepa. Y no quiero que te pase nada, así que, por favor, ten un poco más de sentido común.

La castaña se quedó helada, y reculó hasta volver al cuadro, por el que huyó sin saber por qué. Cuando regresó al tercer piso se quedó sentada en un escalón, asimilando lo que había oído, pero no era capaz de poner en orden sus pensamientos. ¿Ginny y Malfoy eran amigos? ¿Amantes? ¿Y Harry? ¿Cómo había ocurrido? ¿Y por qué sentía esa opresión en la boca del estómago?

Decidió ir a donde tenía que ir, la biblioteca, y dejar de pensar un rato. Pero mientras caminaba por los pasillos escuchó un gemido detrás del hueco de las escaleras, y al asomarse vio a Nott con cara de dolor agarrándose el puño derecho con la mano izquierda.

-¿Nott?- El chico la miró, soltó un gruñido y le dio la espalda. Ella pensó en irse, pero su sentido de la responsabilidad pudo más.- ¿Qué te pasa?

-Nada.

-Theo…

La chica tuvo suerte ya que Nott era bastante pacífico y amigable. Suspiró mientras se giraba hacia ella, y le mostró los nudillos: los tenía pelados y llenos de sangre, además de la mano roja e hinchada. Puso cara de vergüenza. Ella dio un grito ahogado y sacó la varita:

-¿Qué te ha pasado?- Preguntó, mientras le curaba las heridas.

-Le he dado un… un puñetazo a la pared.

Ella le miró con cara de sorpresa.

-¿Qué has hecho qué? ¿Por qué?

-… estaba cabreado.

-Eso se llama descontrol, y es grave. ¿Se lo cuento a McGonagall?- Puso cara de madre amenazando a su hijo.

-¡No! No, vale. Te lo cuento.- Hermione puso cara de satisfacción y él suspiró de nuevo.- Estaba cabreado por… una chica. Ya está.

La castaña se quedó parada un momento, y luego sonrió.

-¿Y por eso le das un puñetazo a la pared?

-Ha sido una reacción estúpida que aún no entiendo.

-Muy estúpida.- Nott agachó la cabeza.- Y, ¿por qué esa reacción? ¿Te ha… dejado, o algo así?- ¿Qué hacía metiéndose en la vida de Theo? Al fin y al cabo, ella no le había querido contar la suya cuando él le preguntó. La verdad es que ese chico la fascinaba.

-Si ni siquiera sabe que existo.- Al ver la cara de desconcierto de la chica, la agarró de la mano y la sentó junto a él en el suelo, ocultos tras las escaleras.- A ver… no se lo digas a nadie, por favor, pero es que esa chica va a ir al baile de Navidad con un amigo mío, y además sé que le gusta otro.- Se le ensombreció la cara.

-Vaya…- A parte de sentir pena por Nott, Hermione en ese momento sentía preocupación, ya que había vuelto a su cabeza la conversación de Ginny y Malfoy, y se había añadido una pregunta espeluznante: ¿Con quién voy a ir al baile?. Ni siquiera se había acordado, y quedaba menos de un mes.

-Sí, sé que es algo estúpido como para enfadarse con la pobre pared, pero…

-No, no me parece estúpido. Hombre, quizás ahora la pared tampoco quiere ir contigo al baile- Él rió.- pero no es estúpido. De hecho, es bastante bonito. ¿Puedo saber quién es la afortunada?- La miró como evaluándola, y al final dijo:

-Parkinson.

-¿Parkinson? ¿Pansy Parkinson?- Ella abrió mucho los ojos. ¿Qué les pasaba a todos con esa muchacha? No podía entenderlo. Se imaginó a Malfoy bailando con ella. Entonces, la imagen de Ginny sustituyó a la de Parkinson. Se sintió mareada.

-Sí, venga, ríete. El eterno amor de Draco… bueno, de medio Slytherin. Y yo llevo detrás de ella como tres años sin que lo sepa nadie.

-Vaya… Parkinson…

-¿Y tú?

Hermione se perdió por un momento.

-¿Yo qué?

-¿Con quien vas a ir al baile?

-… con la pared. Supongo que ahora que la has rechazado tengo posibilidades.

Se sonrieron con complicidad. De repente, él se incorporó un poco y dijo:

-¡Ven conmigo!- Al ver la cara de pánico de la chica, se acobardó.- En fin… tú no tienes pareja, yo tampoco… nada romántico, claro… Si tienes alguna proposición mejor durante este mes lo entenderé.

-Lo dudo, a menos que alguna ventana quiera ir conmigo, en cuyo caso te dejaré tirado… Vale, iré.- Ambos se miraron un momento y luego echaron a reír. Él la cogió de la mano y la levantó, al tiempo que hincaba una rodilla en el suelo.- ¿Qué haces?

-Quiero hacerlo bien…- Carraspeó.- Hermione Granger, ¿quieres venir conmigo al baile?

-Sí, quiero.

En ese momento no aguantaron más: soltaron una carcajada y rieron hasta que se quedaron sin aire.

-Bueno, me voy a entrenar. Nos vemos.

-Adiós.

La chica cogió su mochila y se fue, por fin, a la biblioteca. En la última hora le habían pasado cosas rarísimas, necesitaba relajarse. Se sentó en una de las mesas del fondo, oculta tras una estantería, porque allí casi nunca iba nadie; pero cuando sólo había sacado la pluma, Parvati Patil y Karen se materializaron a su lado, como si se hubieran aparecido. Empezaba a sospechar que las cotillas se unían por fuerzas físicas universales.

-¿Qué hacías con Theodore Nott ahí fuera?

Lo habían coreado como si lo hubieran estado ensayando, y la miraban expectantes. La castaña maldijo su suerte: ¿por qué, de entre todos los alumnos de Hogwarts, tenían que haberles visto interpretar una pedida de mano ellas?

-Nada, el tonto.

Las chicas se sentaron a ambos lados de ella, que se sintió abrumada.

-No, el tonto no, te hemos oído decir "sí, quiero". ¿Sí quieres, qué?

-… nada, ir al baile con él.- Antes de que ambas se pusieran histéricas, dijo: -cómo amigos. Lo que habéis visto fuera era una broma.

-Ya, como amigos. Cómo con Krum, ¿no?

-Nunca dije que…

-¡Qué alivio! Pensé que te gustaba Ron.- Karen la miraba sonriente.

-¿Ron?

-Claro, están saliendo.

-¡Parvati!- La rubia se sonrojó y miró a la otra con los ojos entrecerrados.

-¿Qué estás saliendo con Ron?

-Muchas gracias, cotilla.- La rubia resopló.

-La información está para compartirla.- Parvati se sacudió la coleta. Karen se acercó al oído de Hermione.

-No estamos saliendo, ¡pero hace un rato me pidió ir al baile con él!

-Vaya.- Al ver a la chica tan sonriente, sólo atinó a decir:- enhorabuena.

-Sí, sí, sí, todo muy bonito, pero cuéntanos lo de Nott.- La morena se impacientó.

-No hay nada que contar.- Recogió sus cosas.- No haré declaraciones a no ser que sea en presencia de mi abogado. – Dicho esto, hizo un gesto con la cabeza y se marchó a paso ligero.