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Ya lo sabía todo el mundo. Eran las nueve de la noche, y la noticia de que Hermione Granger y Theodore Nott iban a ir juntos al baile se había expandido como la pólvora. Eso sí, que Karen y Ron iban a ir juntos no lo sabía nadie. Maldita prensa rosa selectiva.

Hermione estaba en la sala común de Gryffindor mirando el tablón de anuncios, que a parte de un curso rápido de pociones por correspondencia y un anuncio sobre un juego de pelotas de quidditch no tenía nada. Entonces entró Harry, con aspecto de zombie.

-¿Qué te pasa?

-Estoy exhausto.- Se dejó caer en el sofá. La castaña le acompañó.- Llevo dos horas haciendo el trabajo de Herbología, se me ha dislocado la muñeca. ¿Tú qué tal?

-Bien.

-Me han dicho que vas al baile con Nott.- Ella suspiró.- Ten cuidado.

-¿Cuidado?

-Ya sabes, su padre…

-Ya estamos. Deja de tener tantos prejuicios, la gente cambia. Además, su padre está cumpliendo condena, ya tiene bastante.- Se dio cuenta de que no hablaba solo de Nott y eso la hizo sentirse mal. Y volvió a su cabeza la imagen de Malfoy y Ginny.

-Tú… ¿tú vas con Ginny, no?

-¿Con quién quieres que vaya?- La miró divertido.

-Ya, bueno… ¿estáis bien ahora?

-Claro.

-Pero, ¿cómo en sexto?

-No, mejor. ¿A qué viene este interés? Nunca has sido cotilla.- El chico sonreía. Ella lo intentó también, pero por la cara que puso Harry se dio cuenta de que más que una sonrisa había sido una extraña mueca torcida.

-Nada, curiosidad.- Era difícil fingir cuando las palabras de Ginny resonaban en su cabeza: "Eres la persona que ha conseguido que sea feliz de una vez…". Y en ese momento Ginny hizo acto de presencia y se lanzó hacia su novio como si no hubiera mañana. Hermione no sabía si alegrarse o pegarle un puñetazo. Lo que si sabía era que estaba confusa, muy confusa.

-¡Hola, Hermione!- Saludó la pelirroja cuando se separaron. La aludida solo supo hacer un gesto seco con la cabeza. –Ya me he enterado de…

-Sí, voy con Nott, estamos muy felices y vamos a tener quince hijos y tres perros, gracias por preguntar.- Se levantó, atolondrada. -Me voy, es tarde.- Salió por el retrato, arrollando a una niña de primero que entraba a la sala.

-¿Qué le pasa?- Ginny miró a Harry, extrañada.

-Ni idea.

Anduvo sin rumbo un rato, pensando, hasta que se vio frente al retrato de la señora Gorda y se dio cuenta de que había dado una vuelta al castillo. Entonces el retrato se abrió y el "niño que vivió" se dirigió hacia su amiga.

-¿Llevas aquí desde que te fuiste? ¿Qué te pasa?

No sabía que decir, hasta que de repente tuvo una revelación.

-Estoy preocupada. Verás, estuve hablando con Malfoy, y me dijo que cree que hay algunos mortífagos que están vivos.

-Claro, en Azkaban no suelen matar a nadie, Hermione.

-¡No, no me refiero a eso!- Respiró hondo.- A ver… ¿recuerdas este verano, cuando vimos en "El Profeta" que había mortífagos desaparecidos?

-Sí.

-Y recuerdas también que luego se encontraron sus cuerpos, ¿no?

-Sí…

-Pues Malfoy dice que podría ser mentira.

-Ya lo pensamos, ¿no te acuerdas? Y al final decidimos que daba igual porque estaban sin varita. Además, se comprobaron los cuerpos.

-Un hechizo de metamorfosis potente puede durar meses. Y teniendo en cuenta que en las investigaciones mágicas no se usa la prueba del carbono 14 ni nada parecido…

-¿La qué?

-No importa. Sólo digo que si Malfoy, que estuvo metido en eso, lo piensa, tenemos razones para sospechar.

-¿Y no has pensado que es posible que te lo haya dicho para asustarte?

-No.

-¿Cómo estás tan segura?

-No sé, ha cambiado. De verdad.

-Hermione…- El chico la miró con una cara muy rara.

-¿Qué?

-… ¿te gusta Malfoy?

-¡¿Qué?! ¿Estás de coña? ¿Malfoy? ¡No! No, no, no, no, no, no, no… no.- Empezó a pensar que se le había ido la olla. Al mundo, no solo a Harry. Incluso a ella misma, porque también había tenido que plantearse eso mismo cuando se dio cuenta de que lo de Ginny le molestaba sobremanera. Y lo de Parkinson.

-¿Nueve? ¿Nueve veces? ¿En serio?- Se echó a reír.- Ahora sí que pienso que te gusta.

-Harry,- la chica puso su mirada severa, y el moreno la miró con cara de circunstancias.- deja de decir payasadas. Estábamos hablando de algo serio.

-Vale, perdón. Pues no sé que decirte… ¿qué hacemos?

-¿Cómo que qué hacemos?

-Habrá que investigarlo. ¿Por dónde empezamos?

-¡Te lo he dicho para que estés alerta, no para que hagas de Rambo! Ya has salvado el mundo una vez…

-Hemos.

-… no sigas comiéndote la cabeza. Ay, no sé por qué te he dicho nada. No vamos a hacer nada, ¿vale? Además estamos en las semanas de exámenes. Todo lo que me hagas buscar que no sea un hechizo o poción no me interesa, ni a ti tampoco, ¿estamos?

-Estamos, estamos.

-Pues eso. Buenas noches.

-Buenas noches. Y relájate un poco, que te va a explotar una arteria.- Gritó el chico desde la entrada a su sala.

Hermione se alejó a paso ligero de ese pasillo, y se encaminó escaleras abajo, donde encontró a Malfoy apoyado en la barandilla de las escaleras.

-Ya era hora.

-Tú siempre llegas tarde, no tengas la cara de echarme la bronca. Vamos.

Comenzaron la ronda en silencio, pero no en el silencio que solían mantener, sino uno tenso, empalagoso. El muchacho iba pegado a la pared, mirando al suelo, y ella iba dos metros por delante, haciendo como que vigilaba los pasillos, pero en realidad solo podía pensar en lo enfadada que estaba con el mundo, con Malfoy, con Ginny, con Parvati y Karen y consigo misma. Tanto que casi se choca contra una armadura que alguien (probablemente Peeves) había dejado en medio del pasillo. Tras esquivarla por un pelo, escuchó una risa ahogada detrás, y vio al rubio tapándose la boca con la mano.

-No-te-rías.

-Vamos, Granger, un poco de sentido del humor.

-¡Al cuerno tú y tu sentido del humor!

-¡Eh! No te pases. Ser novia de Nott no te da derecho a hablarme así.- Estaba furioso. Pero no tenía por qué pagarlo con ella. Entonces se dio cuenta de que le parecía extrañamente atractivo cuando le veía así, conteniéndose. Se desesperó consigo misma. Solo le había hecho falta sentir lástima una vez por él para empezar a verlo con otros ojos. Joder. Pero su insinuación también terminó de enfurecerla a ella, todos los alumnos de ese colegio eran unos malditos cotillas.

-¿Cómo?

-Haz como que no me has entendido.- Echó a andar, sacó la varita cuando pasó por su lado y devolvió la armadura a su sitio sin mirarla a la cara, encaminándose hacia el pasillo perpendicular. Ella fue detrás.

-¡Eh! ¡No puedes hablarme así e irte!

-¿Cómo que no? Mira como me voy. Disfruta de mi espalda empequeñeciendo.

-¡Eres un idiota!.- Malfoy se paró, se dio la vuelta y la miró con los ojos grises echando chispas. La chica no se dejó amedrentar y también se encaró. Tras unos segundos de mirarse fijamente, varitas en mano, el chico alzó una ceja, se dio la vuelta y se alejó, mientras sentenciaba:

-No merece la pena.

Eso fue la gota que colmó la paciencia de Hermione aquel día. Mientras notaba como la sangre subía a sus mejillas, coloreándolas de rabia, sacó del todo la varita, la agitó y la armadura se lanzó contra el rubio, quien, a pesar de estar de espaldas a esta, la escuchó llegar y se apartó en el último momento. La armadura se estrelló contra una pared, provocando mucho estruendo y desmontándose. Ambos se quedaron petrificados un momento, y luego él la miró con la cara desencajada.

-¿Qué cojones haces, Granger? ¿Estás loca? ¿Como no me mataron la otra noche pretendes hacerlo tú?

-Yo… yo no…

-Vete al Infierno, sangre sucia.

Se miraron durante un rato interminable. Ella estaba espantada, de sí misma y de lo que había dicho el chico, que ahora que llevaba tanto tiempo sin oírlo dolía más, y este se sentía mal por haberlo dicho, pero no iba a admitirlo, y por otro lado, ella se lo merecía, se merecía sentirse mal. Al final la castaña no pudo contener las lágrimas y, cuando la primera cayó por su mejilla, se dio la vuelta y se fue hacia la sala de los Premios Anuales, mientras murmuraba un "perdón" sincero y muy bajito, pero que Malfoy logró oír.