12
Esta vez, Hermione tenía miedo real de bajar y encontrarse con Malfoy, por lo que salió de la sala mucho antes que otros días, cuando el rubio aún no se había despertado. Fue al Gran Comedor, que para su sorpresa estaba abierto, y se sentó en el punto más alejado de su mesa respecto a la de las serpientes. Cómo si supiera que estaba allí sola y aburrida, una lechuza entró volando y le lanzó "El Profeta", que la chica agradeció con una sonrisa. No ponía nada interesante, ya que eran las mismas noticias desde que murió Voldemort (aumento de condenas, absoluciones a mortífagos supuestamente hechizados, reformas en la seguridad…). Mientras leía la página de sucesos, en la que, aparte de un par de robos en Ipswich, se relataba la desaparición de una anciana que vivía sola a las afueras de Hogsmeade, la pesada puerta del Comedor chirrió al abrirse y entró por ella la persona que Hermione menos se esperaba: Malfoy. Al parecer había tenido la misma idea que ella. Se miraron incrédulos un momento, pero finalmente se ignoraron mutuamente y el Slytherin se fue a su mesa.
"¿Por qué, por qué diablos abren tan pronto el comedor? Si no hubiera estado abierto me habría ido a la biblioteca y no me lo habría encontrado. Me he levantado una hora antes para nada". La chica se torturaba mientras fingía que leía. Mientras pasaba páginas sin fijarse en ellas, miraba de reojo al rubio, que estaba observando su tenedor como si fuera algo totalmente fascinante. Hermione se volvió a concentrar en el periódico, y cuando iba a saltarse la sección "Deportes", desde cuya primera página saludaba alegremente Gwenog Jones, el muchacho dio un golpe en la mesa y dijo:
-¡Esto es absurdo!- Se levantó y se sentó frente a la chica, que lo miró con aprehensión.- Nos hemos levantado una hora antes que el resto para no encontrarnos, y míranos.- En realidad, él también tenía un conflicto interno. No se le daba bien pedir perdón. Nunca lo hacía, ni iba a empezar con ella, pero se sentía mal por haberla vuelto a insultar de aquella manera. También se sentía frustrado porque Nott se hubiese fijado en que la castaña era una chica y la hubiera invitado al baile. Un Slytherin nunca llevaría a una Gryffindor, y menos impura, pero Theodore siempre había ido a su bola. Y eso le jodía, le jodía no poder hacer lo mismo que él, le jodía tener que evitar a la castaña porque no podía permitirse pensar en lo bien que le quedaba ese camisón cuando estaban de noche en la Sala Común… Ella habló, mirando hacia abajo:
-Perdona por…
-Sí, ya. Yo no…quise…- Joder, le costaba horrores. Por suerte, ella le ayudó. Mierda, no más motivos para sentirse agradecido, por favor.
-Sí, ya.
Miraron a su alrededor, evitando mirarse. Hasta que a ella se le vino una idea a la cabeza:
-¿A qué venía lo de Nott?
Él puso mala cara. Lo que le faltaba, que se lo recordase.
-Vais juntos al baile, Patil anda diciendo por todo el colegio que estáis al borde del matrimonio, sólo fue un comentario.- Mantente frío, mantente frío…- A ver si él consigue quitarte el terror a los besos.- Guiñó un ojo y sonrió con sorna, aunque en realidad no paraba de pensar en que si alguien podría quitarle el miedo a los besos para siempre a la sabelotodo, era él. Luego ese pensamiento le daba náuseas. Al segundo quería lanzarse a su boca. Y, como no dejase de morderse el labio inferior así, lo iba a matar.
-Pero es que no es…
Entonces aparecieron por la puerta McGonagall y la mayoría de profesores, que los miraron con extrañeza. La directora se acercó a ellos, mientras los profesores iban a su mesa y les saludaban al pasar.
-¿Qué hacen aquí? ¿Cómo han entrado?
-Estaba abierto.- Contestó la chica con un hilo de voz.
-Esto es cosa de Peeves.- La mujer resopló, y se escuchó la risa estruendosa del poltergeist que no salía de ninguna parte. –Bueno, quédense aquí hasta que empiecen a llegar los alumnos. Cuando se sirva la comida, cada uno a su mesa. Buenos días.- Hizo una floritura con la varita y se escuchó como se cerraba la puerta con llave, después se marchó con la frente alta al fondo de la sala.
-¿Por qué ha cerrado?- El rubio miró a la puerta, como temiendo que no se fuera a abrir nunca más.
-Para retener a todo el mundo en el recibidor hasta que sea la hora, supongo.- Se descubrió a sí misma observando al rubio, que se había tumbado en el banco con las rodillas flexionadas y los brazos detrás de la cabeza. Empezó a sentir un cosquilleo en la boca del estómago.
-Me parece muy raro que no nos haya echado.- Dijo él mientras se incorporaba, haciéndola mirar bruscamente hacia la mesa de profesores. Se fijó en el periódico que la chica tenía al lado, y se lo pidió con un gesto de cabeza. Ella asintió. Malfoy lo abrió, aparentemente muy serio, por la mitad, y mantuvo el semblante preocupado hasta que soltó una repentina carcajada, que sonó muy falsa. La chica lo miró confundida y él le señaló algo del periódico.
En la página que leía el chico aparecían noticias referentes a los mortífagos que estaban encerrados, y en un pequeño apartado había una foto de Lucius Malfoy, bastante desmejorado y con pinta de no estar acostumbrado a la luz, con unas pocas declaraciones. La que señalaba el muchacho era una en la que ponía: "echo mucho de menos a mi familia, y confío en que la Justicia reconozca que soy inocente para poder reunirme de nuevo con ellos".
-Yo es que me descojono, de verdad.- Lo dijo con una voz amarga y áspera.- ¿"Soy inocente"? ¿"Echo de menos a mi familia"? No se puede ser más falso.- Entonces puso la típica expresión Malfoy, con la cara de asco y el ceño fruncido. Pero esta vez había algo más, había un dolor que a Hermione le dio miedo.
-Malfoy…
-No me compadezcas, Granger. Me queda el consuelo de que está donde se merece. Al fin y al cabo, por él tengo ...- Se calló abruptamente. Hermione supo que se refería a la Marca, y sintió una pena infinita. De repente le apeteció abrazarle. Sin pensar le levantó parte de la manga y mostró su antebrazo, donde pudo ver una serpiente y una calvera negruzcas y desdibujadas. No pudo evitar ahogar un grito. La cabeza del profesor Flitwick se giró un poco para mirarles unos segundos, y retomó su conversación con la profesora Sprout, pero ellos no se dieron cuenta. La chica no podía apartar la vista del dorso de la muñeca de Malfoy, donde los ojos de la calavera, aunque poco nítidos, la hacían sentir insegura y desprotegida. El rubio alternaba la vista entre esta y la cara de la chica. No sabía por qué se estaba dejando escrutar así por ella, ni por qué ella no parecía asqueada, como el resto de la gente. Supuso que era porque ella ya había aceptado que él era así. No supo si ese pensamiento le desagradó o le gustó.
Hermione alargó los dedos, sin saber muy bien por qué, y rozó el tatuaje. De lo que no se dio cuenta es que esa figura estaba dibujada en piel, y que esa piel era de Draco Malfoy, que se estremeció y la miró con los ojos oscurecidos y muy abiertos, al igual que ella cuando se dio cuenta de la situación. Se separaron bruscamente y, antes de poder reaccionar, McGonagall hizo un gesto con la mano, que los chicos no vieron, y las puertas se abrieron, dando paso a la mitad de los estudiantes de Hogwarts, que entraron en masa. Las primeras filas que esperaban para entrar les miraron con extrañeza mientras se encaminaban a sus asientos, entre ellas Luna Lovegood y Ginny Weasley.
Como movido por un resorte, Malfoy se levantó sin decir nada y prácticamente voló a su sitio, pero no pudo evitar las caras de sorpresa de quienes le vieron levantarse de la mesa de los leones.
- Buenos días.- La pelirroja tenía una expresión que Hermione no supo descifrar, pero sonreía.
- Buenos días.
- Esto, Hermione… ¿Te pasa algo conmigo?
De repente lo acaecido el día anterior golpeó a la chica como una losa. Una mezcla de rabia e inseguridad volvió a rugir en su estómago. Casi ni se dio cuenta de que el desayuno acababa de aparecer ante ella.
-… no, claro que no.
-Ah, vale.- Se miraron un momento, y las dos supieron que ahí no se había acabado, pero decidieron no sacar el tema a colación. Ron desplazó a la castaña medio metro en el banco cuando se sentó a su lado (más bien se lanzó) tras una carrera que al parecer disputaba con Harry, que estaba al otro lado de la mesa y llegó un poco después que su amigo.
-¡Sí!- El pelirrojo hizo un gesto de victoria mientras se servía un par de tostadas y sonreía, con la cara roja.
-Au, Ronald.
-Perdona, Hermione.
-¿Por qué …?
- No le busques explicación, no la tiene.- Harry se sentó al lado de Ginny y le dio un beso. A Hermione volvió a hervirle la sangre, y no pudo evitar una mirada furtiva a la mesa de Slytherin, donde Malfoy hablaba con una muchacha rubia de sexto. No, hablaba no, le susurraba cosas al oído y ella reía como una pánfila. De nuevo el nudo en el estómago. La castaña decidió pensar en otra cosa, y cogió una manzana del frutero.
"A ver, tranquilízate. Lo primero que tienes que hacer es hablar con Ginny, porque si Malfoy está hablando así con esa, no puede ser que tenga algo con ella, ¿no? Aunque conociéndole… igual está jugando a darle celos para que corte con Harry. Pero Ginny no le haría algo así a Harry, ella…"
-¡Ey!
Hermione salió de su burbuja y vio a la pelirroja chasqueando los dedos y llamándola.
-Perdona, estaba en otra cosa. Dime.
-Te he preguntado, - bajó la voz para que Harry y Ron no las oyeran, aunque estaban muy entretenidos lanzándose cosas con Dean y Neville como para prestarlas atención.- que qué hacías con Malfoy antes del desayuno. ¿Os habéis vuelto a pelear?
-¿Eh?- "¿A qué vendrá ese interés? Bueno, Hermione, tranquila." Decidió contestar de forma breve.- No, no nos estábamos peleando.- Rememoró el cosquilleo que había sentido en los dedos al tocar al rubio, y sintió ganas de sonreír. Se estaba volviendo loca definitivamente.
-Y, ¿qué hacíais aquí tan pronto?
- McGonagall. Nos ha llamado para venir a… supervisar el Comedor, porque Peeves anda revoltoso.
-Ah, claro. ¿Vienes esta tarde a ver a Hagrid? Me dijo Harry que te lo dijera.
-Sí, claro.
