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Tras la liberación que había supuesto para ella darse cuenta de que Malfoy no le importaba en absoluto, cosa que no había sido muy difícil de descubrir en cuanto le vio burlarse de ella como lo había hecho, se despidió fervientemente de Nott a la entrada del castillo y subió a su habitación, dispuesta a hacer algo con su vestido. Si en la Cenicienta podían hacerlo unos ratones, ella podía. Se encerró en su habitación, aprovechando así para no tener una discusión con el rubio, y no salió hasta el día siguiente.
Cuando se levantó por la mañana le pareció que había dormido durante tres días enteros, pero el poner los pies descalzos en el frío suelo de piedra la devolvió a la realidad. Se puso lo primero que encontró en el armario y se deslizó fuera de su cuarto.
Al bajar a la sala lo primero que vio fue a Malfoy tirado de cualquier manera en el sofá, dormido, aun con el uniforme. Tenía el ceño fruncido. "Le va a salir una arruga" pensó la castaña mientras salía por la puerta.
Recorrió los pasillos bastante relajada. A parte de la típica decoración navideña de Hogwarts, habían añadido guirnaldas plateadas aquí y allá, había un pequeño árbol de navidad en cada esquina y se oían suaves villancicos que hacían eco por los pasillos. Llegó a la Sala Común de Gryffindor en el momento en que la Señora Gorda se ponía un gorrito de Papá Noel.
-Buenos días.
-Feliz Navidad, querida. Pasa.
Se hizo a un lado, mostrándole a Hermione una habitación que ya era como su casa, que olía maravillosamente a galletas de jengibre y estaba cálida, gracias a la chimenea que probablemente aun estaba encendida. Sin embargo, lo que más llamó la atención de la chica al poner un pie dentro, fue el apasionado beso que compartían dos estudiantes al fondo de la estancia. No parecían haber notado su presencia, así que se sentó de espaldas a ellos, oculta tras el respaldo del sofá, esperando a sus amigos. Sacó un libro de bolsillo ("Cien demonios acuáticos marinos", una ganga de un pequeño puesto en el Callejón Diagon) y disfrutó acariciando la cubierta, que era de terciopelo. Detrás de ella oía a la pareja, y, con cuidado y dejándose vencer por la curiosidad, miró por encima de su hombro.
No supo que le causó más impresión, si la pasión del beso, o que el besado fuera Ron. Karen estaba prácticamente encima de él, y estaban bastante despeinados. Se encogió rápidamente en su asiento. "Que no me vean, que no me vean…" No quería cortarles el rollo. Aunque no hizo falta.
-¡Pero bueno! Que desfachatez, hermanito.
Cuando Hermione miró de nuevo, Ron y Karen estaban separados y avergonzados, y Ginny y Harry les miraban con expresión divertida al pie de la escalera. De repente Harry reparó en ella. Karen la saludó con la mano, le dio un beso en la mejilla al pelirrojo, que no sabía donde meterse, y subió a su habitación.
-Muy bien, Ron, pensé que te iba a tener que hacer un imperius para que la besaras- Su hermana se lo estaba pasando genial. Al ver la expresión de Ron, abrió los ojos y dijo:- ¿No me digas que te ha besado ella?
El chico asintió, y los otros tres soltaron una carcajada. ¡Qué tímido podía llegar a ser!
Estaba harto. Extremadamente harto. Llevaba algo así como diez minutos recorriendo Hogwarts con una cotorra agarrada a su brazo. Astoria Greengrass, imponente con su vestido corto celeste palabra de honor, le estaba poniendo la cabeza patas arriba. Llevaba hablando desde que la fue a recoger, sobre la decoración, la música, la decoración, su vestido, la decoración otra vez, la túnica negra de él, los vestidos de otras chicas…
Cuando al fin vislumbró el Gran Comedor a lo lejos, apretó el paso. Entre la multitud y las voces dejaría de oírla.
Saludó a Zabini con un gesto de cabeza al llegar a las puertas, que estaban abiertas de par en par. Casi todos los estudiantes estaban ya allí, entremezclados en una nube de colorido bañada por un fondo plateado, blanco y azulado. McGonagall pasó por su lado muy deprisa, con un vestido color salmón de cuello alto y el sombrero un poco ladeado, dispuesta a reñir a alguien. Astoria pegó un gritito que le taladró el tímpano y entró corriendo al Comedor, Malfoy suponía que a buscar a sus amigas y criticar a la primera persona que se les pusiera por delante. Qué más daba. Se apoyó en el marco de la gran puerta y se dedicó a observar a los alumnos que entraban y salían, emocionados.
Cuando pasaron Potter y compañía, instintivamente buscó a la chica. Obviamente iría con Potter. Pero no. Allí solo estaban éste, Ron Weasley, Seamus Finnigan y una muchacha de Gryffindor que no conocía y que iba al lado del último. Se reprendió a sí mismo por querer verla, pero no podía evitarlo. Tendría que intentar hablar con Ginny.
Entró en la sala y se sentó al lado de su pareja en la enorme mesa circular que habían dispuesto en el centro de la estancia. Siguió llegando gente durante un rato. En algún momento, cuando faltaban todavía unos minutos para el banquete y seguía entrando y saliendo gente, llegaron Nott, Ginny y Granger. De hecho al principio no se dio cuenta de que era Granger, si no hubiera sido porque iba del brazo de Theo y se reía con esa típica expresión suya de felicidad ante algún comentario de la pelirroja. Llevaba el pelo recogido, como en cuarto, pero se había hecho algo. Parecían reflejos.
Él la había oído maldecir su "feo vestido naranja" por lo bajo un montón de veces, pero ahora no veía el naranja por ninguna parte. Llevaba un vestido azul oscuro, largo, con un solo tirante ancho. Se ajustaba hasta la cintura y luego se abría y caía en una gran falda con un vuelo sutil. Se había puesto una gargantilla negra y estaba claro que llevaba tacones, porque estaba más alta. Casi a la altura de la boca de Nott. Frunció el ceño.
No sabía por qué la estaba mirando tanto, cuando llevaba semanas ignorándola precisamente para no tener que fijarse en ella. No había sido buena idea intentar entablar una relación cordial. Y mucho menos había sido buena idea verla en el momento en que sacudió a Greengrass, puesto que esa demostración de temperamento le había hecho volver a pensar en ella de forma indebida. Podía ser una verdadera leona cuando se lo proponía, y eso le gustaba y asustaba a partes iguales. Se giró hacia delante con fastidio y se acercó mucho a Astoria, que aprovechó para apoyarse en él. Esa chica era muy guapa, la verdad, y estaba claro que se moría por él, no había más que ver como se colgaba a su cuello en cuanto podía. Tal vez merecía la pena probar, y así dejaría de verle algo bueno a la sabelotodo.
Tras la cena, la orquesta empezó a tocar canciones bastante marchosas, lo que hizo un daño horrible a los castigados pies de Hermione, que se tuvo que ir a sentar a la quinta canción. Las sandalias negras eran muy bonitas, pero tenían más tacón del que podía soportar. Dejó que la cerveza de mantequilla le refrescara la garganta mientras observaba a Luna bailar con Seamus, que se reía a más no poder con las imitaciones de la chica de la profesora Sprout. La verdad es que la mujer no tenía mucha idea de baile, estaba apartada de la pista hablando con la profesora McGonagall, pero movía la cabeza al ritmo de la música, de una forma que la hacía parecer una tortuga con un sombrero demasiado grande.
Siguió mirando a su alrededor. Nott había ido a bailar con Parkinson, después de que Hermione le insistiera un montón. Se fijó en ellos, y la verdad es que el chico parecía muy contento. Al lado de la pareja estaba Zabini, bailando con Greengrass. ¿Pero ella no estaba con Malfoy? Se fijó en la zona y vio al rubio sentado en una mesa, solo, contemplando su vaso, como si fuera el día más aburrido de su vida. El chico levantó la vista un momento, miró a la pista y volvió a fijarse en su bebida.
Hermione dejó de mirarle. ¿Qué más le daba a ella lo que le pasase a Malfoy?
Comenzaron a tocar una canción lenta. Eso era lo malo de no tener una pareja (real) en el baile, las canciones lentas. Se levantó y se fue a donde estaban las bebidas. Pensó en bailar con Nott, por aburrimiento, hasta que vio que este estaba agarrado a Pansy y se balanceaban con la música. No sabía si alegrarse por él o sentirse ofendida porque su pareja la había abandonado. Optó por alegrarse.
Vio una sombra cercana a ellos que se dirigía a la salida hecha una furia, y vio a la pareja de Zabini, la chica de rizos, salir por la puerta pisando fuerte. La verdad es que era normal que estuviera tan enfadada: el chico y Greengrass bailaban pegados, muy pegados. ¿Cómo le sentaría eso a Malfoy? Volvió a mirar donde estaba el rubio, solo que ya no estaba. ¿También se había enfadado?
-¿Te ha abandonado tu pareja, Granger? Qué raro. - Escuchó una voz silbante y burlona a su lado. Al girarse vio al Premio Anual sirviéndose ponche, con una media sonrisa sarcástica y sin mirarla.
-No. ¿Y a ti?- Le respondió con el mismo tono.
-Por supuesto que no, he sido yo quien la ha mandado a paseo. En cambio a Nott se le ve muy feliz sin ti.
- Déjame en paz, como llevas haciendo el último mes. He estado muy a gusto, la verdad.
Se miraron con odio unos segundos. Ella se giró y sirvió ponche en otro vaso. A lo mejor en un escenario así, de fiesta, relajados, podrían mantener una conversación normal y entonces podría descubrir si realmente existía un Draco Malfoy diferente al que se mostraba en la superficie…
- ¿Te vas a llevar dos vasos? Granger, ni emborrachando a un chico conseguirás que se fije en ti, asúmelo.
Se quedó espantada. A la mierda sus cavilaciones, era gilipollas. Le miró con una rabia incontenible, le tiró el vaso a la cara y salió zumbando de allí. El chico se limitó a secarse con un hechizo mientras se cuidaba de que nadie le hubiera visto en esa situación lamentable. Volvió a la pista con despreocupación y le pidió permiso a Greengrass para bailar con ella, que aceptó encantada.
