16
Corrió sin saber muy bien a dónde, intentando eliminar la opresión que sentía en el estómago. Sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos y abrió la primera puerta que encontró, la de la terraza. Cerró con fuerza y se apoyó contra la pared contigua a la puerta, echando la cabeza hacia atrás para contener los ríos que amenazaban con formarse en su cara. Respiró hondo un par de veces y se acercó a la barandilla, observando el lago y los jardines. Había alguna pareja ahí abajo, en la zona del jardín que habían iluminado, buscando intimidad. Se preguntó si Ron estaría también.
Se sentía fatal por lo que le había dicho Malfoy. Pero no exclusivamente por él, sino por Thomas. Llevaba la gargantilla que él le había regalado, se la había puesto en un impulso de superación, pero el rubio la había destrozado del todo. Se quitó el collar, que era negro y tenía una gota plateada en el centro. Entonces dejó escapar una lágrima. Asió la gargantilla con la mano, con todas sus fuerzas, hasta hacerse daño. Invadida por la furia provocada por la impotencia, la lanzó lejos. Dio una vuelta, dos, tres… y cayó al lago, donde dio un pequeño chapuzón que agitó la superficie negra del agua.
La castaña se quedó un momento asombrada. Primero, por haberla tirado. Segundo, porque su puntería era pésima y probablemente no habría logrado meterla en el agua si hubiera querido. Aun así, se sintió un poco mejor, pero no quería volver al baile. Se quedó ahí, disfrutando de la brisa y la tranquilidad…
Tranquilidad que duró bien poco, ya que fue interrumpida por una mano helada en su hombro que la hizo ahogar un grito y pegar un respingo.
-Perdona.
Vio a Malfoy apoyarse en la barandilla mirando también al lago, después de haber pronunciado esa palabra. Y ella sabía que no se refería a que le perdonara por el susto. A pesar de todo, decidió molestarle:
-¿"Perdona" por qué, Malfoy? ¿Por arruinarme la noche o por arruinarme la tranquilidad?
- Por ambas cosas. Por lo que te he dicho antes. No tengo un buen día.- Seguía sin mirarla, y le hablaba como si estuviera comentando que se había encontrado un papel pegado al zapato. La chica suspiró y se apoyó de nuevo en la barandilla:
- Querrás decir una mala década.
Él se giró para mirarla con expresión molesta.
- Este año no ha sido tan malo.
- Digamos que este año te has pasado menos conmigo, pero lo poco que me dices me duele más.- Al instante se arrepintió de haber dicho eso. ¿Por qué tenía que saber Malfoy que le importaba lo que pensara? Se mordió la lengua.
- No me irás a decir que ahora te importa lo que piense de ti.- Él estaba disfrutando con eso, se le notaba. Le miró ceñuda.
- Siempre me ha importado que se metan conmigo, Malfoy. Supongo que este año más porque… Qué más da.- Resopló. ¿Para qué dar explicaciones? Sí, ella tenía la esperanza de que el chico hubiera cambiado, y éste no lo había hecho. Fin de la historia.
El rubio la miró con expresión interrogante, pero se notaba que se lo estaba pasando genial, porque una sonrisa amenazaba con asomarse a sus labios. Se acercó a ella mientras seguía con su voz burlona:
- Sé que es muy fácil considerarme una persona fascinante, porque lo soy, pero pensé que la gran Hermione Granger estaba por encima de eso.
Ella se encendió.
- Mira, engreído, no sé que te piensas que eres. ¡De verdad, no lo entiendo! ¡Y jamás me creería esa falsa máscara de amabilidad y simpatía que pones, porque sé que en el fondo sigues siendo el mismo déspota inmaduro de siempre!
Y, como consecuencia de esa repentina liberación de furia, ocurrió lo que hasta el momento había conseguido evitar: las lágrimas empezaron a bajar velozmente por su cara, y ella tuvo el tiempo justo para darle la espalda al chico.
-Vete, por favor, no quiero soportarte más.- Sabía que su voz sonaba entrecortada, pero no le importó. Escuchó unos pasos detrás de ella. ¿El Slytherin le había hecho caso? ¿Se había ido?
Se giró para comprobarlo, y vio como el muchacho estaba a punto de entrar al castillo de nuevo. Pero se paró en seco y la miró con cara de haberse dado cuenta de algo. Cuando habló, lo hizo en voz muy baja:
-¿De verdad me odias tanto?- Le molestaba pensar eso. Le jodía mucho pensar eso. Porque él, a pesar de no soportarla, no había sido capaz de no desearla. Y que ella le odiase rompía sus esquemas, dado que él siempre conseguía lo que quería. Y el hecho de que lo que quería se considerase prohibido le estaba dando demasiados dolores de cabeza. Precisamente al tocar a Greengrass en el baile y que ella le mordiese la oreja lascivamente se había dado cuenta de que estaba más interesado en la torpe y mojigata Gryffindor con la que compartía Sala. Y eso no le había gustado. O sí
Esa pregunta la descolocó tanto que dejó de ocultar el rostro por lo que Malfoy pudo ver los surcos de agua que recorrían sus mejillas.
Mientras ella aún pensaba en como contestarle, el se puso a rebuscar en sus bolsillos y le entregó un pañuelo verde con las iniciales "D. L. M." bordadas en color plata. La chica se secó bajo los ojos con él mientras miraba la inscripción.
-¿"D. L. M."? ¿Qué quiere decir?
- Draco Lucius Malfoy.
-¿Te llamas como tu padre?- Por un momento, perdieron el hilo de la conversación.
-Sí.
Hermione le devolvió el pañuelo con timidez, y el rubio se acercó para cogerlo. La chica se dio la vuelta, esperando a que el muchacho se fuera para llorar a gusto y desahogarse, pero no pareció que él se moviera del sitio.
- Si vas a seguir llorando, va a ser mejor que te lo quedes. Total, ya lo has ensuciado.- La voz del chico sonó muy cerca de ella, y al mirarle le vio ofreciéndole el pañuelo. Lo rechazó negando gentilmente con la cabeza.
Se quedaron unos segundos mirándose sin saber que hacer. La castaña abrió la boca para decirle "Buenas noches", a la vez que él. Sonrieron con nerviosismo. Entonces, él cerró los ojos y se puso muy serio consigo mismo, como si le doliera lo que pensaba.
-¿Qué te pasa?- Sin saber muy bien por qué, se preocupó por él. Parecía que se encontrase mal.
La miró con una extraña determinación en los ojos, casi parecía enfadado. Sólo dijo tres palabras, a nadie en particular.
-A la mierda.
Ninguno de los dos comprendió lo que pasó después: Malfoy la agarró muy fuerte por los hombros y atrapó los labios de la castaña entre los suyos con brusquedad. Hermione se quedó petrificada, y cerró los ojos con fuerza, más por vergüenza que por placer. Pero, de repente, su lógica se vio aplastada por sus sensaciones, y se vio a sí misma respondiendo al beso del Slytherin.
Los labios de él eran suaves, con un intenso sabor a menta. Tras el primer contacto, el chico se había relajado y había bajado las manos de los hombros de ella hacia la cintura, por su espalda, pero seguía atrayéndola hacia sí de forma posesiva. Ella se dio cuenta de que tenía las manos torpemente colocadas en el pecho del muchacho, así que las subió hasta rodear el cuello marmóreo de él. Sintió un escalofrío cuando Malfoy avanzó hasta dar con la espalda de ella en la barandilla y se pegó a su cuerpo aún más. Capturó el labio inferior de ella suavemente con los dientes, lo que les hizo sonreír sin conocer el motivo, pero no abrieron los ojos. Parecía como si todo a su alrededor estuviera dando vueltas.
Cuando ella abrió la boca ante los labios demandantes de él y sus lenguas entraron en contacto, Hermione sintió una breve vibración que se extendió desde la boca de su estómago hasta los dedos de sus pies. Era como una danza, explorando su boca, hurgando en los contornos, descargando sensaciones… Notaba la respiración agitada del chico, y pensó que probablemente a ella también le faltaba el aire, pero le dio igual. Acarició con una mano el cabello del rubio, que había hecho lo propio. Notaban sus respiraciones agitadas, y los labios de ambos clamando por un contacto mayor, lo cual era imposible.
Entonces descubrió lo que le pasaba: era deseo. Un deseo que la estaba haciendo volverse loca y que no sabía cómo apaciguar, pero que su cuerpo le decía que él si sabría. Nunca había besado ni sido besada de esa manera, siempre había sentido demasiada vergüenza, incluso Thomas se había enfadado en alguna ocasión porque ella le había apartado. Pero ahora no podía. Sin saber qué estaba haciendo ni preocuparse de quién era él o de quién era ella, se impulsó hacia arriba y enlazó las piernas en la cadera de Malfoy, en un intento de fundirse con él, e inconscientemente gimió contra sus labios.
Vale, Granger lo iba a matar. Era lo que intentaba, se estaba vengando por todas las veces que él la había maltratado. No entendía cómo estaba siendo capaz de controlar el impulso de tocarla por todas partes mientras se besaban de aquella manera, pero cuando ella se encaramó a él como un koala supo que ese autocontrol se había ido a la mierda. Aún más cuando escuchó y sintió su gemido. Joder.
La agarró fuertemente del trasero y la sentó en la barandilla, aunque bien le habría gustado tener una cama cerca. Siguieron besándose como si quisieran absorberse las almas, y el rubio apretaba a la chica contra él de la nuca mientras Hermione hacia lo propio con él aumentando la fuerza con la que sus piernas lo tenía enlazado. De lo que ella no se daba cuenta, Draco supuso que por inocencia –y sí, eso le encantaba- era de que esa presión estaba provocando un roce muy íntimo entre ambos, y que la sangre de él estaba huyendo toda hacia el sur de su cuerpo. Al fin y al cabo, era de carne y hueso.
Hermione lo notó. Notó la respiración agitada del chico, la suya propia y lo placentero del roce contra el chico. Pero también notó lo que ese roce estaba provocando en él, y eso la devolvió a la realidad. Con mucho esfuerzo, bajó de nuevo las piernas al suelo y apartó al muchacho, que la miró con cara de desconcierto y de agitación. Merlín, parecía que quería comérsela en ese mismo momento. Probablemente así era. Probablemente a ella no le hubiera importado. Pero no era adecuado. Se miraron durante un momento eterno, pudiendo comprobar los enrojecidos labios del otro. Intentó decir algo, aunque sentía que no era capaz de hilar con coherencia dos palabras.
Un estruendo y una cegadora luz que traspasó el cielo con fuerza les hizo separarse bruscamente y alzar la vista al cielo, de donde provenía el ruido. Hermione ahogó un grito y se apartó de la barandilla.
Allí, contrastando con el oscuro manto estrellado y reflejándose en la superficie del lago, estaba la Marca Tenebrosa, blanca, con haces de luz verdosa, enorme y terrorífica. Oyó chillar a la gente que había en los jardines, y sus pisadas de vuelta al castillo. Entonces se le ocurrió que tal vez tenían que entrar.
Al parecer a Malfoy se le ocurrió lo mismo, puesto que la agarró de la mano y tiró de ella hacia la puerta, buscando ponerse a salvo. Justo en el momento en que la castaña pudo vislumbrar un sinfín de sombras que volaban describiendo movimientos sinuosos por el cielo. Mortífagos.
Ni siquiera se dio cuenta de que corría por los pasillos del colegio agarrada de la mano de Draco Malfoy, con el que poco antes había compartido algo más que palabras. Sabía que era un momento de tensión, pero aun sentía las mariposas en el estómago que le encendían una luz de "alerta roja" en la cabeza. Corrieron automáticamente hacia el Gran Comedor, sin haber meditado su destino... Las puertas estaban cerradas, como siempre que había una canción lenta. Podía oír los chillidos de la gente que entraba desde los jardines, y que todavía no había llegado al salón. Se soltaron por inercia al darse cuenta de que había alumnos en las proximidades, y la chica notaba un cosquilleo allí donde la mano del rubio había tocado la suya. También notaba aún el cosquilleo en los labios. Y en la parte baja del vientre.
Entraron los primeros, abriendo las puertas con brusquedad y haciendo mucho ruido. La orquesta redujo el sonido de los instrumentos y el cantante dejó de cantar, sorprendidos de esa fortuita interrupción. Todo el mundo les miró con mala cara, y la directora se levantó dispuesta a echar una gran reprimenda contra los dos Premios Anuales. Hasta que empezaron a llegar el resto de alumnos desde fuera, muy agitados y algunos aún chillando. Ron llegó corriendo al lado de Hermione, seguido por Karen.
-¡¿Qué está pasando aquí?!- McGonagall se puso blanca. Ahora les miraba todo el mundo, pero con caras de preocupación.
Hermione no entendía por qué, pero se había quedado muda. Miró a Malfoy, que al parecer estaba igual que ella. Parecía como si al contar lo ocurrido tuvieran que confesar que habían estado juntos en algún momento. Entonces, una chica de tercero, que estaba muy alterada, se abalanzó dentro de la estancia y gritó, señalando hacia la ventana. Hermione reaccionó y descorrió las cortinas con un movimiento de varita, y todo el Gran Comedor se sumió en un mutismo extremo, contemplando el símbolo de Lord Voldemort que se proyectaba en el cielo. Eso fue solo un par de segundos antes de que empezaran los gritos descontrolados.
