¡Hola por aquí también!...voy a ser breve así que simplemente les voy a pedir disculpas por tardarme para actualizar, aunque yo sé que ustedes me comprenden y entienden, así que como segunda cosa les voy a agradecer por el apoyo en la historia y como tercera cosa voy a invitarlas a la feria de… jajaja…Ya es broma aunque no tanto… Mejor me callo y les dejo lo que nos compete…
Cáp. 9: Amarte
- ¡Eres un tramposo! – Se quejó Kagome dejando el aparato a un lado.
- No puedes hacer trampa en un videojuego – Le dijo.
- Pues tu hiciste, ya no quiero jugar mas…
- Bien… Hay muchas otras cosas que podemos hacer – Se acercó a los labios de Kagome atrapándolos entre los suyos - ¿Tienes hambre?
- Aun no es hora de cenar – Pasó sus manos por el cuello de él jugando con el cuello de su camiseta roja.
- Me imagino que tienes alguna otra idea – Sonrió con picardía y rozó sus labios contra la mejilla de ella - ¿Es en serio?
- ¿Qué?, cuando vi este piano en esta habitación, me dije que tenía que verte tocándolo, ¿Cuál pensaste que era mi idea? – Le preguntó Kagome.
- Ninguna… - Mintió; es que miles de cosas pasaron por su cabeza, cualquier cosa se imaginó menos que ella lo llevaría al estudio para que tocará el piano, él no quería tocar eso exactamente.
- ¿Y que esperas?, toca algo – Le pidió apoyándose en el piano, era un instrumento que la emocionaba mucho.
- ¿Eh?... a si el piano – Extrañamente se ruborizó ante sus pensamientos – No toco hace años, es esto se volvió mas decoración que algo que usara – Le contó mientras tomaba asiento en la butaca y la invitaba a ella a sentarse a su lado, con total delicadeza, destapo las teclas del instrumento y pasó sus dedos por ellas – Creo que nadie lo usa desde la muerte de mi madre, ella era la que mas disfrutaba con esta cosa – Sonrió ante el recuerdo – La casa siempre se inundaba de hermosos acordes cuando ella tocaba – Una suave y lenta melodía inundo la habitación; una sonrisa se dibujó en los labios de Kagome al escuchar la música, miró a Inuyasha que estaba concentrado en las teclas, tratando de no errar en la tonada aprendida de memoria, era simplemente mágico y sonido que te abarcaba por completo, llenaba tu corazón de una inmensa calma – No soy tan bueno como ella – Dijo una vez que terminó la corta melodía.
- ¿Cómo que no?, eres excelente – Le felicitó Kagome – Siempre he creído que este instrumento es asombroso, mágico, nunca he podido aprender a tocarlo.
- No es tan complicado, te puedo enseñar – Ofreció el joven hombre.
- No creo que aprenda en menos de un día, mañana tú tienes trabajo y yo debo regresar a mi casa – Le recordó.
- Ahhh, desearía alargar mas este tiempo – La encerró en un abrazo, depositando un beso entre sus azabaches cabellos – Creo que podría secuestrarte – Bromeó.
- No sería secuestro…
- Me las vas a pagar
- Fue sin querer y lo sabes – Rezongó mientras giraba alrededor de la silla de playa.
- No me importa pequeña, mira como me dejaste – Estaba escurriendo hasta los zapatos, ¿Y por qué?, habían salido a caminar un poco y cuando pasaron por la piscina Kagome habia visto una abeja y lo habia lanzado a la piscina en su intento por no ser picada por el insecto.
- Ya es de noche y me voy a resfriar – Trató de conciliar con él.
- Pues seremos dos los resfriados – Le dio la vuelta a la silla tratando de atraparla pero ella de igual manera rodeaba el objeto; tomándola desprevenida salto sobre la silla y antes de que pudiera correr la encerró entre sus brazos y la elevó del suelo para caminar con ella hasta el borde la piscina.
- Déjame Inuyasha, por favor – Pidió la joven mirándolo a los ojos.
- Lo siento pequeña pero no me harás cambiar de opinión, quiero igualdad de condiciones – La dejó suspendida sobre la piscina.
La balanceó un poco y en el momento en que la soltó ella se abrazó a su cuello llevándoselo en el trayecto.
- Eres una tramposa – La ayudó a salir de la piscina y luego la siguió, ahora ambos estaban empapados.
- Admítelo eso fue divertido – Rió mientras se estrujaba el cabello para sacar el exceso de agua.
- Vamos adentro o nos enfermaremos de verdad – Cargó a la joven en forma nupcial para entrar en la casa.
- ¿Sabes que puedo caminar?
- Lo sé, pero no pesas nada pequeña – Le aseguró subiendo las escaleras de la parte trasera de la casa; una vez en la comodidad de su habitación la dejó sobre la cama para recostarse al lado de ella.
- Vamos a mojar las sabanas – Se incorporó con intenciones de bajarse de la cama pero él la detuvo rápidamente.
- Alguien las cambiara, tranquila pequeña – Depositó un beso en su frente y la recostó de nuevo en la cama.
Hoy era la última noche de sus cortas pero mas maravillosas vacaciones, habían sido solo tres días, pero no habían sido los mejores, el compartir al lado de Kagome era simplemente asombroso, cada minuto y segundo con ella había sido incomparable. Por eso el hecho de saber que ya mañana todo acabaría lo tenía un poco triste, la seguiría viendo pero no sabia cuando una experiencia como esta se podría repetir.
- Sabes algo pequeña, nunca pensé que podría querer tanto a alguien como tu – Confesó Inuyasha mientras delineaba el rostro de ella, con la mas infinita ternura.
- ¿Cómo yo?
- Siempre salí con mujeres mayores que yo, no mucho, pero si eran mayores que yo, creo que era por la experiencia, pero te veo a ti…
- Yo no tengo nada de experiencia en las relaciones de pareja, aun me falta mucho por aprender – Aceptó Kagome, ella lo sabía por eso sentía que algunas veces era demasiado inmadura o eso creía.
- Eso me gusta de ti, la inocencia que posees, la ternura y me gustaría ser yo quien te enseñara todo lo que desees aprender – Se inclinó aun mas hacia ella hasta que atrapó sus labios en un apasionado beso.
Cerró sus ojos ante la acción de Inuyasha, su corazón latía apresurado no solo por lo el beso, sino de igual manera por sus palabras. Sus manos se enredaron tras el cuello de él, buscando una mayor cercanía; por alguna extraña razón la buscaba hace un tiempo, no solo perdía en sus besos, si no que también en el calor abrasador que se formaba en su vientre cada vez que él la besaba, era como si su cuerpo pidiera por algo que ella no establecía que podía ser.
- Kagome… - Jadeó alejándose de sus labios para seguir un caminó de besos por su cuello; buscando una mejor posición se posó sobre ella, cuidando de no aplastarla con su peso, pero sin cortar las besos que descendían cada vez mas; un gemido por parte de ella lo hizo notar que estaba demasiado cerca de sus pechos que se movían con exaltación ante las bocanadas de aire que ella tomaba.
Abrió sus ojos en cuanto sintió que las abrasadoras sensaciones comenzaban a disiparse, al hacerlo se encontró con la dorada mirada de él, la miraba expectante, como esperando por algo y ella solo quería sentir un poco mas las placenteras sensaciones que el provocaba en ella.
- No quiero presionarte pequeña – Presionó su frente con la de ella y luego continuó – Pero te deseo como a ninguna mujer…no solo eso Kagome, te a…
Subió su rostro hasta que pudo atrapar los masculinos labios entre los suyos, sabía las palabras que él le diría y no era necesario que se lo dijera pues ella lo sabía, pues sus sentimientos eran indiscutiblemente correspondidos.
Sonrió entre el beso de ella, Kagome podía ser inocente pero otras veces muy atrevida, eso le encantaba de ella, el hecho de que estaba llena de sorpresas, una de ellas esta, ella sabía a que se refería él y estaba aceptando. Las tímidas manos de ella bajaron por sus costados hasta detenerse en los bordes de la húmeda camisa, al percibir su indecisión el mismo se privó de ella.
Inuyasha en definitiva era el hombre de los sueños de cualquier jovencita como ella, él no tenía comparación con ningún chico de su edad, él era simplemente guapo, varonil; admiró su torso desnudo, bien formado y se dio la libertad, con algo de vergüenza de pasar sus manos por el pecho y deslizarlas hasta el vientre. Un profundo gemido se escapó de los labios de él, ante el tímido contacto de las suaves manos de ella con su piel; nuevamente se inclinó hacía ella para pasar sus labios por su cuello, bajó por su cuello hasta detenerse en el inicio de sus pechos, que se marcaban perfectamente por sobre la húmeda tela, sus manos subieron de su cintura hasta la blusa de la joven y comenzó a subirla con inusitada lentitud, marcando un camino de besos en el trayecto, escuchando a la misma vez los suaves gemidos de Kagome.
- Déjame admirarte pequeña – Susurró en su oído.
Pasó su mano por la espalda de ella y la elevó, atrayéndola hacia él; la joven abrió sus ojos enfocándolos en los de él que la miraba embelesado, es que jamás habia visto a una mujer tan hermosa, aunque tampoco podía decir que era una mujer exactamente, pues ella solo contaba con 17 años, pero aun así la imagen de ella, con las mejillas arreboladas, los cabellos revueltos, la respiración entre cortada y los labios rojos producto de los roces, era algo casi irreal para él.
Las manos de Inuyasha subieron con lentitud por su espalda hasta dar con el broche del sujetador, con algo de nervios y expectación reposó su frente en el pecho de él, la presión de la prenda cedió y luego notó que ya no lo tenía, con algo de pudor se cubrió con sus brazos.
- Tranquila – Le susurró en el oído para luego dejarle un beso en el hombro; con la mas absoluta delicadeza tomó las manos de Kagome y las llevó a su cuello para apegarse con total libertad a ella; la recostó en la cama una vez mas sin dejar de mirar los brillosos ojos de la joven, le brindó una sonrisa tratando de calmarla un poco y luego deslizó sus labios por el cuello de ella, esta vez no hubo lugar de parada, continuó con sus besos hasta detenerse en los pechos de la joven que subían y bajaban al ritmo de su forzosa respiración.
Logró sentir la respiración calida de Inuyasha en sus pechos, sabia bien que era lo que se proponía y ante la expectación el calor en su vientre aumentó aun mas. Una de las manos de él subió hasta la misma zona y encerró uno de sus pechos abarcándolo en su totalidad posteriormente el calido aliento se apoderó del otro; a pesar de que trataba de que los gemidos no salieran de sus labios, varios de ellos brotaron ante la extraña pero placentera sensación; una de sus manos se aferró a la sabana bajo ella, mientras la otra se enredó en los cabellos de Inuyasha, descubriéndose en ese acto, atrayéndolo mas hacia ella.
- Inu…yasha – El se incorporó ante su llamado, volviendo a la altura de ella, dejando de torturarla.
- Te…necesito… tanto – Sus manos descorrieron los cabellos de ella, dejándolos esparcidos en la almohada.
- Tengo… miedo – Claro que lo tenía, lo que sentía jamás se imaginó que existiera, su cuerpo ardía, tanto que podría creer que se consumiría en brasas.
- No tienes por qué…no te haré daño – Depositó un beso en los labios de ella – Solo siénteme pequeña…
Sus manos bajaron por la ancha espalda de él, rozando en el camino los músculos tensionados, seguramente en el esfuerzo por no dejarse caer sobre ella; llegó hasta el inició del pantalón que él usaba, enfocó su mirada en el que le aun le brindaba una sonrisa y la instó a que continuara; con mas decisión que antes, fue hasta la parte delantera y desabrochó el botón de la prenda con algo de dificultad, mientras deslizaba la cremallera sus manos se toparon con algo que produjo que un ronco gemido se escapara de los labios de Inuyasha, asustada alejó sus manos de la zona. Una mano de él atrapó la suya llevándola a la misma parte instándola a continuar, con algo de nervios lo despojó del pantalón, de esa manera pudo notar que habia sido lo que tocó, al instante se ruborizó.
- Eso si es tu culpa pequeña – Atrapó los labios de Kagome y con rapidez bajó sus manos hasta el jean de ella despojándola de él con premura, su cuerpo la clamaba su corazón también, la necesitaba a ella en tantas cosas. La desnudó a ella al tiempo que lo hacia con él, cuando lo estuvieron se posó entre las piernas de ella, rozando su virilidad contra el sexo de ella.
Su rostro se escondió en el cuello de él, sabía lo que vendría, bueno, no exactamente, lo que sabia es que ahora dejaría de ser una niña, para convertirse en mujer entre los brazos de Inuyasha.
Se rozó contra ella, tratando de conseguir una mejor lubricación, quería evitarle al máximo cualquier tipo de dolor, sabía que era la primera vez de ella y quería que la recordara siempre; unos suaves gemidos salieron de los labios de ella, producto del contacto de sus sexos, pero aun faltaba. Tomó una de las piernas de ella enredándola tras su cintura, buscando una mejor posición, no quería que hubiera dolor, quería cuidarla…protegerla…
- Demonios – Masculló con algo de enfado – Kagome… - Ella solo lo miró – No podemos pequeña…
- ¿Qué?... Pero…
- No tenemos protección y no puedo arriesgarme a que suceda algo más – El nunca llevaba mujeres a su casa, por lo tanto cuando tenía relaciones de ese tipo, era en la casa de la mujer o en hotel, en su casa no guardaba ningún tipo de protección, era un verdadero idiota.
- Inu… - Sus ojos se llenaron de lagrimas, al sensación que comenzaba a embargar era horrible, se sentía llena de turbación y frustración.
- No pequeña, no llores, sé como te sientes, pero no puedo pequeña, estaríamos corriendo un gran riesgo, tú más que yo.
- Pero es la primera vez… mis amigas dicen que nada sucede – Él también lo sabia, pero sería tomar mucho riesgo.
- ¿Estas segura? – Le preguntó y ella simplemente asintió.
Le dio un profundo beso, en definitiva Kagome era la mujer perfecta para él. Nuevamente se acomodó, antes de cualquier acto, pasó dos de sus dedos por la intimidad de ella, estaba lista y él ni siquiera tenía que preguntarse eso.
- Será algo molesto pequeña… - Le susurró en el oído – Pero tan placentero como quieras…solo siénteme…
Sus uñas se presionaron en la espalda de él, al momento en que sintió que algo la atravesaba, fue solo como un acto reflejo, la verdad pensó que sería mas doloroso, pero como él le dijo, se sintió como una pequeña molestia, nada que no pudiera soportar.
- ¿Estás bien? – Le preguntó antes de hacer algún otro movimiento.
Levantó sus caderas apegándolas a las de él, no podía hablar ahora pero quería sentir aun más. Ante el acto de ella, comenzó a moverse dentro de ella, controlándose para no embestirla con demasiada fuerza, tratando que Kagome se acostumbrara a los movimientos.
- Pequeña… - Jadeó en la misma medida que los gemidos de Kagome llegaban a sus oídos, los mismos que los instaban a aumentar el ritmo y la fuerza de su embiste
No existían palabras para explicar lo que sentía en este momento, pero si podía decir que jamás se sentiría más unida a alguien, sus movimientos eran acompasados, a pesar de que ella no conocía mucho acerca de este tipo de relaciones, algo que llamó instinto, la hacia elevar sus caderas hacia él, consiguiendo un mayor contacto. Estaba abstraída del mundo, se sentía flotando en el aire, bajo sus pupilas miles de colores danzaban, sabia que algo pronto llegaría, solo que no podía especificar que era; presionó las uñas en la espalda de él casi a apunto de enterrarlas, algo emanó de ella de igual manera que Inuyasha.
Ambos alcanzaron el clímax en el mismo instante, con la respiración entrecortada desenlazó las piernas de la joven que estaban enredadas en sus caderas; salió de ella recostándose a un lado, pasó sus manos por la cintura de la joven y la atrajo a su lado recostándola en su pecho. La joven respiraba entrecortadamente un poco mas que él, entendía que era la primera vez de ella y que debía estar exhausta, deslizó su mano por la espalda desnuda de la joven, jugueteando con las puntas rizadas de los cabellos azabaches.
- ¿Estas bien pequeña? – Le preguntó depositando un beso entre sus cabellos.
- Mmmjmmm – Se abrazó a él buscando descansar, estaba verdaderamente agotada.
- Sabes algo… - Al parecer aun no se dormía pues ella sacudió su cabeza en una negativa – Te amo…
- ¿Qué? – Se despertó del todo y alzó su cabeza para enfocar su mirada en él.
- Te amo - Le repitió con lentitud, tomó una mano de la joven enlazándola entre la suya, la acercó hacia él y le dio un beso en sus labios – Te amo Kagome…mi Kagome…
Sonrió ante la declaración de él, Inuyasha la amaba, no podía haber nada más perfecto ahora.
- También yo – Susurró en un oído del joven hombre – Te amo…
- Ven aquí, lo mejor es que descanses – Descorrió las sabanas arrojándolas al suelo, estaban mojadas debido a la humedad de sus ropas, tomó las cobijas y cubrió ambos con ellas.
- Estoy cansada, ¿Siempre es así? – Le preguntó.
- Con el tiempo te acostumbras, además es solo la primera vez – Sonrió con picardía – Kagome… - La llamó, el respirar acompasado de la joven le reveló que se encontraba ahora dormida, una sonrisa se marcó en sus labios mientras cerraba sus ojos para acompañarla al mundo de los sueños.
Se revolvió entre las sabanas de la cama tratando de evitar el luminoso sol de esa mañana, tomó una almohada y enterró su rostro en ella; amaba las mañanas y mas ahora que el invierno terminaba, pero no le gustaba para nada ser despertada por la luz solar y mucho menos cuando se sentía tan agotada, era como si se hubiera ejercitado por horas, algunos músculos le dolían y eso descartando el dolor en la parte baja de su cuerpo; fue en ese instante que las imágenes de la noche pasada llegaron a su cabeza. Abrió sus ojos acomodándose a la luz de día, revisó la cama y se encontraba sola en ella.
- Inuyasha… - Lo llamó esperando que saliera del baño o algo así, pero luego de llamarlo dos veces, no apareció; se sentó en la cama, cubriéndose con la sabana, su corazón latió vertiginoso… ¿Dónde estaba él?, puso sus pies en el suelo para levantarse y al mirar sobre la mesa de noche pudo ver una rosa con una hoja bajo ella.
Tomó la rosa entre sus dedos y no pudo evitar aspirar el fresco aroma de esta; cogió la hoja y la desdobló encontrándose con la fina y ya conocida caligrafía de Inuyasha.
Buenos días pequeña…
Lamento el haber tenido que irme, me hubiera gustado verte despertar y así completar lo maravilloso de haber despertado a tu lado. No soy muy bueno escribiendo este tipo de cartas, pero solo quería decirte que Te amo, como jamás lo hice. Sé que tienes que volver a casa pero no sabes cuanto me gustaría que te quedaras para siempre a mi lado…
Te amo Kagome… Mi pequeña…
Inuyasha.
- Necesitó que firmes estos papeles para la exportación del producto – Le dijo Miroku mientras dejaba los papeles sobre el escritorio - ¿Si me escuchaste?... Inuyasha… ¡Inuyasha!, ¿Qué cochinadas estas viendo en esa laptop? – Su jefe lo único que hacia era mirar el monitor del aparato con una suave sonrisa en su rostro, ¿Habia fumado o algo?
- ¿Qué te pasa? – Alzó su mirada a su amigo y le preguntó con total calma.
- A mi nada a ti por el contrario… ¿Qué demonios ves tanto? – Dio la vuelta al escritorio y cuando miró la pantalla del aparato solo se encontró con un documento en blanco - ¿Estás consumiendo o qué?
- No seas idiota – Cerró la computadora y se levantó de su asiento para divisar un poco por su ventana.
- A pesar del insulto, te noto con muy buen humor – Le dijo Miroku – Creo que el descanso te sentó muy bien Inuyasha… ¿Por qué sería?
Inuyasha sonrió ante la pregunta de su amigo, no tenía que responder a ella, conocía a Miroku, él sabia la respuesta.
- Nos vemos luego, firma esos papeles – Le repitió una vez mas antes de salir de la oficina.
- Creo que debí quedarme en casa – Suspiró y volvió a su asiento.
Solo el sabía cuan difícil habia sido salir de casa, y como decía la corta carta que le habia dejado, hubiera deseado quedarse con ella. Kagome se habia convertido en alguien demasiado necesaria para él, casi no podía concentrarse cuando no la tenia con él y cuando estaba con ella no podía concentrarse mas que en ella. Era por eso que sabia que la amaba, porque ella era necesaria para él, tanto como el aire que respiraba, pensaba en ella en cualquier instante y cuando lo hacia su corazón brincaba dentro de su pecho. ¿Eso era el amor?, eso era a lo que le huyó tantas veces y ahora no podía mas que dejarse atrapar entre esas redes. Ese pequeño descanso al lado de Kagome, le habia ayudado a entender lo grandes que eran sus sentimientos hacia ella y aun mucho mejor, que ella le correspondía en ellos, como le habia dicho la noche anterior, como se habían amado esa misma noche.
Bien…vamos avanzando a paso de gigante en este fic, las cosas van a empezar a cambiar desde este capitulo, pero no les voy a decir como así que ténganse duro el próximo capitulo…Jajajaja. Sin mucho mas que decir, espero les haya gustado, dejen sus mensajes y sugerencias, nos vemos a la próxima. Besos y abrazos…
¡MEDELLÍN FERIA DE FLORES 2010! Jajaja tenia que decirlo…
