Hola, espero estén muy, así como yo que estoy de maravillas. Por aquí también decidí pasar y actualizar pues ando de excelentes ánimos y llena de inspiración por mi parejita favorita, ahora no quiero extenderme mucho, así que simplemente me queda más que agradecerles por el apoyo y por la paciencia, y sin más les dejo actualización.

Cáp. 10: Enredos

- Tus amigas llamaron toda el fin de semana, tuve que decirles que habías ido donde tus primas – Comentó su mamá mientras le ayudaba a desempacar.

- Tienes que aprender a mentir mejor mamá – Bromeó la joven – Ellas saben que no me llevo con mis "adoradas" primas

- Son buenas, no entiendo porque no te caen bien – Eso era simple sus primas la odiaban – Pero ahora dime… si te fue bien, te alimentaste bien, dormis…

- Claro que sí mamá, me fue muy bien, necesitaba un buen descanso para antes de comenzar con mis estudios.

- Sí tu lo dices, te creo – Tomó la cesta de la ropa sucia acomodándosela a un costado – Voy a revisar la cena, tu hermano empieza a rugir del hambre…

Sonrió ante las palabras de su madre, era verdad su hermano podía ser algo raro. Se tendió en la cama completamente, no iba negar que no había extrañado su cómoda y pequeña cama, pero tampoco podía negar que el haber estado durmiendo en los brazos de Inuyasha, no tenía comparación con nada. Estaba absolutamente abstraída del mundo, recordando algunos hechos que la hacían sonrojar, eso hasta que su teléfono celular la interrumpió; buscó el aparato por toda la habitación hasta encontrarlo aun dentro de la pequeña valija que había usado.

- ¿Sí? – Contestó, no miró con quien era, pues no quería perder la llamada.

- Hola pequeña…

- Hola… - Sus mejillas de arrebolaron aun mas y su corazón brincó en su pecho.

- ¿Ya estás en tu casa? – Le preguntó, aunque eso era más que obvio, antes había llamado a su casa esperando que Myoga le dijera que aun estaba ahí.

- Sí, mucho espacio para mi sola – Se recostó en la cama, tomando una almohada entre sus brazos.

- Creo que debo contratar mejor seguridad – Dijo él

- ¿Por qué?

- Tal vez a la próxima no te dejen salir de mi casa – Bromeó él, aunque que eso era lo que más deseaba – Sé que suena descabellado, pero no es tan alejado de la realidad, no llevo ni medio día lejos de ti y ya te extraño

- También yo – Confesó la joven

- Te amo Kagome…Paso por ti en la tarde…Nos vemos… - Suspiró mientras dejaba el teléfono en la base – Es definitivo, el amor te vuelve idiota – Se dijo a sí mismo; no podía haber frase más cierta, porque así se sentía como un idiota, un muy feliz idiota.

- Señor Taisho – Se escuchó la voz de su secretaria por el intercomunicador.

- ¿Qué pasa Seiko?

- La señorita Kikyo está aquí afuera y alega verlo de inmediato – Informó la mujer – Dice que la reciba o sino entrara de todos modos – El joven hombre suspiró cansado y con algo de molestia y le permitió entrar a la mujer.

- ¡¿Cómo es que te vas de vacaciones y no me dices? – Le reclamó mientras atravesaba la puerta - ¿Con cuál de tus amantes te fuiste esta vez?

- No me fui de viaje, estuve en mi casa el fin de semana – No se inmutó ni en subir la voz, estaba demasiado feliz como para arruinar su día por los berrinches de Kikyo.

- Yo estuve en tu casa y no me permitieron entrar porque estabas de viaje… ¡No me mientas Inuyasha!

- No miento, solo pedí mentir a mis hombres para que te dijeran que no estaba; ahora si eso era todo, ya conoces la salida – Abrió su laptop decidido a trabajar.

- ¿Con quién estabas?, ¡Ah no me digas con la colegiala! – Vociferó la mujer exasperada.

- Si estaba o no con ella eso no tiene porque importarte, porque te recuerdo que tú y yo no somos nada, ahora lárgate antes de que se me agote la paciencia – Finalmente se levantó de su asiento, caminó hasta la puerta abriéndola de par en par.

Con todo el orgullo que poseía, caminó haciendo resonar sus tacos, Inuyasha la humillaba una vez más, pero él y esa mocosa se las pagarían, eso lo juraba.

- Aun no entendemos cómo es que te quedaste todo un fin de semana con tus primas…

- Sí Kagome, según tu no existían personas más molestas – Intervino la otra joven.

- Eh pues… en realidad… ellas no estaban en casa, se habían ido de vacaciones con sus amigos, yo estuve todo el fin de semana con mis tíos – Mintió, era eso o decir una verdad que seguramente sus amigas no entenderían muy bien que digamos.

- Eso lo explica mejor… Pero aun así deberías haberte quedado, estuvimos en una fiesta estupenda, no sabes lo que te perdiste – Aseguró Ayumi con entusiasmo.

- Será a la próxima…

- Kagome…afuera te está esperando In…

- ¡Souta!, ya te ayudo, chicas voy a ver qué pasa… - Salió corriendo de la habitación y no paró hasta que llegó a la entrada de la casa - ¿Qué haces aquí? – Lo empujó fuera de la casa cerrando la puerta tras ambos.

- Te dije que vendría hoy, ¿Y porque susurras? – Le preguntó.

- Mis amigas están arriba – Le explicó aun susurrando – Hagamos algo, me despido de ellas y tú me esperas un par de cuadras más adelante…

- Esta bien – Sonrió ante la actitud de ella pero para que contradecirla.

- Souta, Kagome, chicas bajen a cenar – Las llamó desde la planta baja.

- Las chicas se fueron, Kagome dijo algo de un teléfono celular y corrió tras ellas, dijo que no se tardaba – Explicó el pequeño mientras se acomodaba en la mesa.

- Bien creo que será solo cena para dos – Suspiró la mujer mientras servía al pequeño.

- Pensé que me dejarías esperándote – Le dijo mientras salía del auto.

- Mis amigas por fin se fueron, pero no me puedo tardar, inventé algo muy estúpido para venir – Habló la joven atropelladamente.

- Pero eso es una lástima, yo tenía tantas cosas planeadas – Pasó sus manos por la cintura de la joven.

- Eh…pues creo que mi mamá se preocupa si me tardo - Sus mejillas se sonrojaron ante la insinuación de él.

- ¿Qué tal si te secuestro?, así tu mamá no enfada – Ofreció él.

- Muy gracioso Inuyasha, pero que tal si mañana nos vemos más temprano – Propuso ella con una sonrisa.

- Es mejor mi idea, pero está bien, mañana paso por ti…

- ¿Qué tal si yo voy por ti?, así nos evitas algunos asuntos

- Bien Kagome… como quieras – Cansado de hablar se inclinó hacia ella para besarla, si por él fuera se perdía en los grandiosos labios de ella. Los besos de Kagome eran algo nuevo para él, los besos de ella nunca lo satisfacían.

- Sabes has refutado todas las teorías que tenia sobre ti – Le dijo mientras revisaba algunas carpetas – Siempre pensé que solo te gustaban las mujeres maduras, pero ahora sales con una colegiala; creí que nunca te enamorarías, pero aparentemente lo estas; también…

- Miroku podrías concentrarte en esto – Le pidió sin levantar la vista de los papeles – El conseguir esta asociación con la compañía del señor Himura, es lo más rentable para el crecimiento de la compañía

- Claro, el viejo nos vende la materia prima para varias de nuestras fabricaciones – Complementó el joven – Pero volviendo a lo otro, ¿Qué tal te llevas con tu suegra?, es un diablo o por el contrario todo un…

- ¿Sabes que estás haciendo? – Le interrumpió las divagaciones.

- Sí estoy buscando la manera que el señor Himura haga la asociación con nosotros - Respondió

- Ve a tu oficina Miroku – Le ordenó, odiaba que ese idiota siempre saliera tan glorioso cuando se disponía a darle un sermón.

- Tengo que hablar contigo Inuyasha – Irrumpió en la oficina con total tranquilidad.

- Le dije que estaba ocupado pero no me atendió – Se excusó la mujer desde la puerta.

- Tranquila Seiko, vuelve a tu puesto

- Voy a mi oficina – Dijo Miroku saliendo detrás de Seiko.

- ¿Qué demonios quieres ahora Kikyo? – Preguntó levantándose de su silla - ¿De qué manera debo decirte "déjame en paz"?

- No vengo por eso querido – Abrió su bolso sacando del interior una carpeta – Mi padre manda las condiciones para la asociación de ambas compañías – Le extendió el documento al que Inuyasha le dio un vistazo – Mi padre aun no acepta, son solo un par de condiciones…

- Voy a pedir a mis abogados que lo revisen, luego enviaré mis condiciones – Dejó la carpeta sobre el escritorio - ¿Algo más?

- Ahora que lo dices, ya casi es hora del almuerzo, ¿Qué te parece si tu y yo vamos a comer juntos? – Se acercó a él deslizando sus manos por el pecho de él, sobre el elegante traje – Luego podemos ir por el postre – Le habló mientras depositaba pequeños besos en su mejilla, aparentemente él no se inmutaba – Sé que me deseas Inuyasha, sé que esa niña, no puede ofrecerte ni la mitad de lo que yo te ofrezco… deja de ser tan terco y…

- ¿Me estás proponiendo que nos acostemos? – La alejó un poco de él pasando sus manos por la cintura de la mujer.

- No la pasamos muy bien… ¿O me lo vas a negar?

- No, no lo haré, eres buena en la cama – Dio una vuelta con ella dejándola sentada sobre su escritorio - ¿Quieres que tengamos sexo? – Susurró en su oído, ella jadeó excitada mientras aferraba el cuerpo de él al suyo, con ayuda de sus piernas – Entonces desnúdate

- ¿Se te olvidó desvestir a una mujer? – Bromeó ella desde su posición.

- No, pero simplemente sería perder demasiado tiempo – Musitó en el oído de ella.

Lo miró dolida, él nuevamente la humillaba pero esta era una oportunidad que no podía perder. Encerró el rostro de él entre sus brazos y lo besó con inusitada pasión, un beso que él no le correspondió, pero aun así era lo que menos le interesaba ahora, en un par de segundos alejó sus labios de los de él.

- Tenemos visitas cariño – Se bajó del escritorio acomodándose sus ropas.

- Kagome… - Musitó en cuanto se giró, ella estaba ahí de pie en el umbral de la puerta, con los brillosos y tristes – Kagome… no es lo que…

- Cariño… Inuyasha no es de una sola, eso debiste saberlo hace tiempo – Soltó con sarcasmos, pasó por un lado de la joven y se marchó de la oficina.

- Kagome…pequeña… - Se acercó a la joven que mantenía la cabeza ahora gacha – No es lo que parece…

- No me toques… - Le dijo antes de que una mano de él se posara en su hombro – Y no expliques nada, las cosas más claras no pueden estar – Las lágrimas aun las soportaban estoicamente, y con las pocas fuerzas que le quedaban arrancó corriendo del lugar.

- Kagome… - Ni siquiera tenía cara para ir hasta donde ella - ¡Maldita sea! – Y todo era su maldita culpa, lo único que quería era humillar a Kikyo, hacerle entender que no la quería en su vida, no pensó que las cosas llegarían hasta esos extremos.

- Inuyasha…puedes firmar – Llegó Miroku hasta la entrada de la oficina, donde su jefe se mantenía de pie.

- Muévete… me tengo que ir – Lo empujó a un lado para salir corriendo, debía hablar con ella.

- Ya llegué – Dijo con voz calmada, caminó escaleras arriba, cuando estuvo en la tranquilidad de su habitación se dejó caer en su cama.

No quería llorar, pero sus ojos ya amenazaban con desbordar el acuoso líquido.

- Soy una tonta – Se regañó a ella misma, se acostó en la cama enterrando su rostro en una almohada, las lagrimas salieron de sus ojos sin piedad – Tonta…

El amor no solo era bello sino también doloroso y de apenas y se daba cuenta de eso; en su pecho se alojaba un gran nudo, tanto que la ahogaba, jamás había sentido un dolor tan grande, sentía que su corazón se había roto y miles de astillabas se clavaban en esa zona.

- Kagome…hija – Entró su madre a la habitación sentándose al lado de ella - ¿Qué te sucede?

- Mamá… - Levantó su rostro en la almohada y se aferró al torso de su madre, tratando de alejar ese dolor.

- Ay Kagome… - Suspiró la mujer, sabía bien que la tristeza de su hija tenía nombre propio, no era pesimista, pero algo como esto ya lo veía venir.

- No digas "te lo dije", no lo digas – Pidió entre sus sollozos – Soy una tonta, creí cuando me dijo que me amaba, pero solo quería jugar conmigo

- Solo te enamoraste hija, pero vas a estar bien – Le aseguró mientras acariciaba los cabellos de la joven.

- Hermana, abajo esta Inuyasha – Informó el pequeño con suavidad, asomándose por la puerta.

- No quiero verlo mamá

- ¿Qué es lo que quiere? – Preguntó la mujer saliendo al encuentro de él.

- Necesitó hablar con Kagome señora – Pidió el joven hombre con algo de desesperación.

- Mire no se que le hizo a mi hija para que llegara así, pero no le voy a permitir que la siga lastimando así que le pido que se vaya – Agregó la mujer, era una persona amable, pero no por eso iba a permitir que lastimaran a sus hijos.

- Usted no entiende, fue un error, yo lo menos que quiero es lastimarla – Aseguró él

- El error aquí es que mi hija se haya acercado a usted y una vez más le pido que se marche señor Taisho

- ¿Estás segura que te sientes bien?

- Sí, Kagome déjanos tus papeles nosotros le explicamos al decano – Ofreció Eri.

- Estoy bien chicas, no estoy enferma – Aseguró con una fingida sonrisa.

Había mentido y eso para sus amigas era más que claro, no estaban muy seguras de que le sucedía pero hace un par de semanas que estaba así, con una sombra de tristeza en sus ojos; ¿Pero como mas podía estar?, el dolor aun era tan tangible para ella, tanto que algunas ocasiones no creía soportarlo, su madre ya no sabía qué hacer para levantarle el ánimo, incluso su hermanito se esmeraba en ello, al igual que sus amigas que a pesar de no conocer su situación la apoyaban; las cosas no serían tan sencillas, a pesar de que Inuyasha la buscaba prácticamente todos los días, su madre nunca le permitía verla, y así era mejor, ella no se sentía lista para enfrentarlo.

- Los abogados del señor Himura, informaron que todas las condiciones son aceptadas – Le dijo al joven hombre – Lo único que queda es firmar el contrato… ¿Si me escuchaste Inuyasha?... ¡Inuyasha!

- ¿Qué?... – Habló sin siquiera inmutarse.

- En definitiva andas en la luna amigo, ¿Aun no puedes hablar con Kagome? - Le preguntó.

- Cada vez que voy a su casa, su madre me echa, creo que le falta poco para pedir una orden de restricción – No bromeaba, no le extrañaría que le llegara un orden – No sé qué hacer, pero todo es por mi maldita culpa…

- Entiéndela Inuyasha, es joven, no se le va a pasar pronto, solo dale tiempo

- Quisiera, pero no puedo, tengo que verla o si no voy enloquecer…

- Te dio bastante duro – Estaba sorprendido, su amigo de verdad estaba enamorado de esa joven – Sabes que… Voy a ayudarte… No te lo había dicho pero Sango y ella se han vuelto amigas así que…

- Trae a Sango – Le interrumpió antes de que terminara de hablar.

- Lo lamento mucho señor Taisho, pero no me puede obligar a hacer eso, ya que esa situación es fuera del trabajo y fuera de todo esto usted no es mi jefe – Contestó la mujer.

- Sanguito, entiende que hubo un malentendido e Inuyasha necesita verse con Kagome – Trató de conciliar Miroku.

- Usted lastimó a Kagome, ella no quiere verlo y yo la apoyó – No cedió la mujer – Ahora si me disculpa tengo trabajo que hacer.

- Muchas gracias Sango – Dijo a la joven.

- No me agradezcas Kagome, además tarde que temprano tendrás que enfrentarlo.

- Lo sé, pero no va hacer ahora, las clases ya comienzan el lunes esperó que distrayéndome con los deberes pueda olvidarme un poco de todo esto

- Eso esperó Kagome – Se sentía mal por la situación en que se encontraba Kagome, se notaba a leguas que estaba mal, estaba un poco mas pálida, sus ojos no poseían el brillo característico en ella, además estaba un poco más delgada – ¿Eso vas a comer? – Le preguntó atónita al ver lo poco que llevaba en la bandeja.

- No tengo mucha hambre – Últimamente no la tenía, su madre estaba preocupada por ello, pero era cierto, el apetito no llegaba sino a ratos.

- Ay claro que no Kagome, espérame aquí voy a buscarte algo mas – Se levantó de la mesa y fue a buscarle algo para complementarle la comida; aunque avanzaba a Kagome en edad, la quería como si fuera una hermana – Y te lo comes todo

- Pareces mi madre – Bromeó Kagome.

- Me alegra mucho que finalmente cerremos esta sociedad señor Taisho – Dijo el hombre mientras firmaba los papeles sobre la mesa.

- A mi también señor Himura – Comentó por simple formalidad; su mirada se perdió en el paisaje citadino que se dejaba asomar por entre los ventanales del reconocido restaurante, hoy finalmente se cerraba el trato con la otra compañía; las palabras del señor Himura llegaban a sus oídos sin ser escuchas y mucho menos cuando topó su mirada con la delicada figura de la joven.

- ¿Qué le parece si celebramos con champaña? – Ofreció el hombre.

- Discúlpeme un momento señor Himura – Se excusó atropelladamente para salir corriendo del lugar.

- Eh, él no tardara – No sabía cómo excusar la actitud de Inuyasha, así que simplemente enfrascó al señor Himura en una absurda conversación.

Cruzó la calle con rapidez, deteniendo a algunos autos que pararon para no atropellarlo, pero ni siquiera eso lo detuvo, su mirada estaba fija, y su meta era llegar con la joven que caminaba despreocupadamente al lado de otra.

- Kagome – Tomó el brazo de la joven deteniéndola.

- Inuyasha… - Musitó sorprendida al verlo frente a ella.

- ¿Podemos hablar? – Prácticamente le rogó.

- No…no, no podemos – Trató de soltarse de él, no estaba lista para hablar con él, no aún – Déjame Inuyasha…

- Kagome por favor, no tardaré – Estaba desesperado por hablar con ella y aclarar las cosas.

- Inuyasha… Tienes que regresar ahora – Dijo Miroku tras él, había dejado una importante reunión, aunque ahora entendía el por qué.

- Señor Taisho déjela – Intervino Sango logrando soltar a la joven del agarre del hombre y llevándosela con ella.

- Kag… - Trató de seguirla y lo hubiera hecho, pero Miroku lo detuvo.

- El señor Himura está esperando, atiende esto y luego lo buscas – Insistió; finalmente y luego de darle una última mirada a la joven que iba un par de metros más adelante, asintió y regresó a la dichosa reunión.

- De nuevo gracias Sango – Dijo la joven aun con los nervios a flor de piel; su corazón había brincado en su pecho desde el instante en que él había puesto una mano en su brazo y eso solo le demostraba que lo amaba demasiado.

- ¿Estás bien? – Le preguntó a la joven, la notaba aun más pálida que antes.

- Sí, es solo que…creo que lo mejor es que me vaya a casa

Que conste que la culpa no fue mía si no toda y enteramente de Inu, quien lo manda a darle una lección a Kikyo en lugar de ponerla en su sitio y sacarla como se merece por… Bueno… Tal vez yo tenga una parte de la culpa…jajajajaja

En fin espero que les haya gustado el capitulo o que al menos tengan ganas de ver que pasara en el próximo (Pues no creo que les haya gustado ver como terminan las cosas entre ellos). Sin más espero que dejen sus mensajes, un abrazo y un beso. Una última cosita… Sirena8118 tienes toda la razón (Ahí deje una pista)…Bye…