Hola…espero que se encuentren con los ánimos arriba, pasándola super bien, listas para disfrutar de un lindo fin de semana. De antemano les agradezco por el apoyo en esta historia, obviamente estoy feliz de que les guste como se desarrolla todo. Y sin decir mas les dejo la actualización.

Cáp. 13: Nuevo integrante

- ¿Segura que vas a estar bien?, Miroku va a asistir, mi presencia podría no ser necesaria – Dijo mientras ella le acomodaba la corbata.

- Voy a estar bien, Myoga esta en la casa y no es como si fuera a suceder precisamente hoy – Terminó de acomodar la corbata y aliso una vez mas las imperceptibles arrugas del impecable traje.

- Pero el día esta cerca y algunas veces estas cosas se adelantan – Insistió él.

- Ya Inuyasha, voy a estar bien y lo mejor es que te vayas yendo o llegarás mas tarde

- Tendré el celular encendido, si algo sucede que me llamen de inmediato – Pidió Inuyasha, le preocupaba dejarla en ese estado – Y no hagas ningún esfuerzo, pediré a alguien que este al pendiente tuyo por si…

- Sí, sí, ya lárgate – Le abrió la puerta esperando que saliera – Que te vaya muy bien – Sonrió cuando el se detuvo a su lado antes de salir de la habitación.

- En serio cuídate pequeña – Se inclinó hacia ella depositando un tierno beso en sus labios, luego se agachó aun mas y dio otro en el ya abultado vientre, de casi nueve meses.

Casi nueve meses, ocho más o menos; el número exacto de meses en el cual las cosas habían tomado un nuevo giro, el tiempo en que descubrieron el lazo tan fuerte que los uniría por el resto de sus vidas, el tiempo que llevaban viviendo juntos, bajo un mismo techo, bajo las mismas sabanas.

- Señor llegamos – Anunció el chofer desde el asiento delantero.

Con toda la parsimonia del caso se bajo de su elegante auto e ingreso al distinguido hotel, en el cual una importante recepción lo esperaba. Ingreso al elegante salón donde varias personas ya se encontraban, en su mayoría pertenecían al gremio de empresarios; con toda la educación del caso paso entre las personas saludando a algunos pero sin detenerse en sus conversaciones.

- Hasta que llegaste – Exclamó Miroku – Ya pensé que no vendrías.

- Ya estoy aquí – Miroku se irritaba cuando tardaba, pero que le importaba, él podía darse el lujo de faltar.

- Como sea, hay algunos empresarios que están demasiado interesados en charlar contigo así que apresúrate – Le hizo caminar con rapidez por entre las personas – Creo que deberías pagarme mas, no solo soy tu vicepresidente sino también tu asistente personal…

- Ya tengo uno, así que no molestes

- Pues no lo veo por ningún lado

- No era necesario que vinieras Sango

- Ay por favor, estaba en mi casa como un hongo y tú estas sola y cerca de un parto, así que lo mejor es que nos hagamos compañía mutuamente – Concluyó la joven

- Estoy bien, me conozco y no es como si fuera a tener a mi bebe ahora – Aseguró la joven – Pero no te preocupes no eres la única paranoica, casi tuve que sacar a Inuyasha de esta casa para que fuera a esa recepción.

- Bien, mejor dime como vas con los estudios, la familia… no sé háblame de algo – Pidió Sango, no habia nada peor que estar aburrido.

- Pues sigo con mis estudios por plataforma, a pesar de que Inuyasha pegó el grito en el cielo cuando tomé esa decisión, mi mamá vino esta mañana con Souta a traerme algunos bocadillos y mis amigas me mandaron la semana pasada unos obsequios para el bebé – Comentó Kagome sin mucho revuelo – No ha pasado mucho, desde anoche que hablamos…

- Algo es algo… ¿No?

- Sí… ¿Qué te parece si vamos por algo de fresas con chocolate – Dijo Kagome con los ojos llenos de ilusión, se supone que los antojos del embarazo se reducían con el tiempo, pero al parecer ella no estaba satisfecha.

- Yo voy por ellas, para que no bajes…

- ¡Ay tu también!, Inuyasha nunca me deja bajar sola las tontas escalas siempre me lleva en brazos, la otra vez le reclamé y la solución para el problema fue que iba a colocar un elevador; no sabes lo tonto que puede ser si se lo propone – Se levantó de la cama sin importarle los pequeños reclamos de Sango.

- …Mi esposa la última vez me armó un alboroto porque el avión privado no estaba listo para el viaje de vacaciones… - La pequeña anécdota hizo aflorar algunas risas.

- Las esposas son complicadas…

- Pero son importantes… ¿O que me dice usted señor Taisho?, ¿Piensa casarse? – Le preguntó un señor de avanzada edad.

- No lo presiones es joven – Dijo otro – Me imaginó que debe tener una novia, nada de compromisos serios por ahora… ¿O no señor Taisho?

- Todo a su debido tiempo – Respondió con simplicidad mientras daba un pequeño sorbo a su bebida.

- Caballeros buenas noches – Se acercó un nuevo hombre al circulo de la conversación – Señor Taisho me permite un momento.

- Disculpen señores – Hizo un pequeña inclinación y se marchó con el hombre – Usted me dirá señor Himura… ¿Algún problema?

- Ninguno señor Taisho, solo quería comentarle un nuevo negocio, acabo de asociarme con un par de empresarios y ellos me comentaron que estaban interesados en tener una alianza con su compañía, así que solo quería comentarle – Explicó el hombre.

- Pues esta semana podríamos reunirnos para hablar de algunas cosas sobre eso

- ¿Qué le parece si yo le aviso cuando?, mi hija se encuentra ultimando algunas cosas con estos empresarios y ella podría explicarle mejor, esta fuera del país y le manda muchos saludos – Dijo el hombre con una sonrisa.

- Salúdela de mi parte - Claro que sabia que ella estaba fuera del país, ella se lo habia dicho la última vez que se le apareció en la oficina – Discúlpeme un momento – Se alejó del hombre y sacó el teléfono celular del saco de su traje - ¿Sí?

- ¿Señor Taisho?, habla con Sango es que Kagome esta en el hospital – Informó con algo de desespero.

- ¡Demonios!... Ya voy para allá

- ¿Todo bien señor Taisho? – Preguntó el hombre acercándose.

- Me tengo que ir… - Sin decir mas salió casi corriendo hacia la salida del dichoso hotel.

- Oye… el se…

- No molestes Miroku, Kagome esta en el hospital – Le explicó sin dejar de caminar.

- Te acompaño…

- No, mejor quédate, si algo sucede te llamo – Salió corriendo del hotel y no esperó por su auto, simplemente paró el primer taxi y dio indicaciones de que lo llevaran al hospital en el cual sabia que se encontraba Kagome.

Era cierto que se cayó mucho de niña y pasó por miles de dolores físicos en todas y cada una de sus caídas, pero ninguno de ellos se comparaba con el que sentía ahora; el dolor era absolutamente desgarrador, era como si algo tirara de su interior, como si le quisiera desprender hasta la ultima entraña de su cuerpo; es mas hasta comenzaba a sentir algunas punzadas en su cabeza.

- Kagome, Inuyasha ya viene y Myoga esta avisando en tu casa – Explicó mientras retenía la mano de la joven entre las suyas, no sabia cuan difícil era esto pero el común denominador era "Doloroso".

- No podemos esperar mas señorita – Ingresó la doctora a la habitación junto con dos enfermeras – Vamos a trasladar a la paciente a la sala de parto

No quería ir sola a la sala de parto, habia escuchado tantas cosas acerca de este momento y ahora que lo vivía estaba aterrada, el dolor era insoportable y no quería ni imaginar como sería luego; a pesar de esto no hizo ningún ruido de dolor a excepción de unos cuantos quejidos. Las enfermeras movieron la camilla en la que estaba para trasladarla a la sala de parto, para su suerte podía ver a Sango caminando al lado de ella, no estaría sola, pero a la persona que quería ver era a otra.

- Señorita ¿La sala de partos? – Preguntó agitado a la encargada del piso.

- A la izquierda en el fondo – Explicó la mujer.

Corrió por el pasillo hasta llegar a la parte indicada, sin pedir permiso ingresó al lugar donde vio a una Sango preocupada.

- ¿Dónde esta? – Le preguntó con rapidez.

- Señorita, ¿Va usted acompañar a la joven en el parto? – Salió una de las enfermeras.

- Él va a ir – Señaló a un agitado un Inuyasha, el doctor no le dio tiempo de hablar, simplemente lo llevó al interior de la sala y le paso una bata de color azul y un tapabocas, era el atuendo que usaban para proteger al paciente y al nuevo bebé de cualquier tipo de agente externo.

- Doctora ya esta lista – Habló una de las enfermeras.

- Bien, no te preocupes Kagome, todo va estar bien, solo respira y cuando te diga puja con fuerza.

Era el momento y estaba sola, estaba como no quería estar, aferró una de sus manos a la de la enfermera que estaba a su lado, la cual verificaba los signos vitales de ella y su bebé; buscó otra parte de la cual aferrarse y su mano se topó con otra mas grande y fuerte.

- Ya estoy aquí pequeña – Susurró a la joven mientras sostenía con fuerza su mano y depositaba un besó en su frente.

Su mano se aferró con incontable fuerza a Inuyasha, ahora no tenía tanto miedo, y todo porque el estaba a su lado, de la misma manera que lo habia estado todo este tiempo, durante los casi nueve meses estuvo al pendiente de lo que necesitaba, lo habia visto emocionado cada vez que compraba nuevas cosas para el bebé y hasta consiguió que volviera a creer en él, ambos habían olvidado el incidente de hace tiempo reemplazándolo por el amor que creció aun mas en ambos.

Cada vez que la doctora le pedía pujar, lo hacia con todas sus fuerzas, con la ayuda de Inuyasha y las palabras de aliento que este le brindaba; a su vez podía sentir como algo la abandonaba, algo salía de su cuerpo, hasta que todo acabó.

- Felicitaciones, es un hermoso bebé – Dijo la mujer con una sonrisa mientras en sus manos tenía al bebito que no hacia mas que llorar y acostumbrarse al nuevo ambiente - ¿Desea cortar el cordón?

Con algo de temor recibió el implemento que le extendía una de las enfermeras y con las indicaciones de la doctora corto el cordón; sin poder creer miró al pequeño que la mujer aun sostenía y que luego le pasó, casi obligándolo a sostenerlo. Era pequeñito, era tal vez la personita mas pequeñita e indefensa que jamás hubiera visto, pero lo mas importante es que era su bebé, su hijo. Con una sonrisa se acercó hasta una agotada Kagome que sonreía recostada en la almohada, depositó el bebito sobre los brazos ya extendidos de su pequeña.

- Llevaré al niño para limpiarlo – Dijo la enfermera, ninguno de los dos se opuso pero ambas ansiaban volver a tener al bebito en sus brazos.

- ¿Estas bien pequeña? – Preguntó acariciando delicadamente su rostro.

- Cansada, pero sí, estoy bien – Sus ojos se comenzaron a cerrar, estaba agotada.

- Descansa… - Depositó un beso en su frente.

- La llevaremos a una habitación, si lo desea puede cambiarse y limpiarse un poco en ese cuarto de allá – Indicó una de las enfermeras.

Caminó por los pasillos dispuesto a llegar al lado de su Kagome, solo si supiera donde estaba; un par de metros más allá distinguió la figura de Sango hablando por celular.

- Sí todo salió bien, ahí viene – Dijo la mujer – Es Miroku – Le extendió el teléfono a su jefe.

- Muy bien…gracias – Sonrió ante las felicitaciones de su amigo – Claro…aquí te espero – Devolvió el teléfono a Sango - ¿Y Kagome?

- Esta descansando, su madre esta con ella; la doctora dijo que la dejarían hasta mañana al mediodía, pero todo indica que esta muy bien – Explicó Sango.

- Muchas gracias por avisarme

- De nada… y felicitaciones señor Taisho – Sonrió ingresando a la habitación seguida del hombre, no es que no se llevará con él sino que bueno habia que mantener la relación, jefe-empleada.

- ¿Segura que estarás bien? – Preguntó una vez más la señora Higurashi, sentada al pie de la cama de su hija.

- Estoy bien mamá, Sango esta aquí y…

- También yo señora – Habló una vez que ingresó en la habitación – Kagome va estar bien, me quedaré toda la noche con ella.

- Que descanses, mañana en la mañana vendré con Souta – Depositó un besó en la frente de su hija y se levantó para marcharse – Cuídela mucho, cualquier cosa me llama – Pidió a Inuyasha, mucho tiempo habia pasado pero eso no quería decir que ahora se llevaran bien, se podría decir que ella lo toleraba y que él…bueno no le influía mucho.

- Claro que sí señora, buenas noches – La madre de Kagome salió de la habitación acompañada de Sango - ¿Cómo estas? – Preguntó con una sonrisa, ocupando la silla en la que minutos antes estaba la madre de la joven.

- Muy bien – Suspiró mirando al joven hombre - ¿Dónde esta?

- Lo tienen en la incubadora – Respondió.

- ¿Esta bien?

- Claro que lo esta, solo que están evaluándolo, lo mas probable es que lo dejen ahí hasta mañana, así que tu…

- Quiero verlo – Pidió la joven.

- Buenas noches – Saludó Miroku ingresando a la habitación en compañía de Sango – Felicitaciones a la feliz pareja – Sonrió acercándose hasta donde ambos - ¿Y donde esta el nuevo Taisho?

- Puedo caminar sola – Pasó sus manos por el cuello de él, podía, pero si le preguntaban no quería, se sentía demasiado bien estar entre los brazos de él.

- Lo sé, pero no pesas nada y ya llegamos – Se detuvieron fuera de una habitación, un gran ventanal les daba vista al interior donde habían varias incubadoras, solo una estaba ocupada.

- Pueden ingresar – Les dijo la encargada abriéndoles la puerta – Es un niño pequeño, pero esta fuerte y saludable

Caminó con la joven en sus brazos, dejándola de pie cuando estuvieron frente a la incubadora. Adentro se podía apreciar al pequeño bebito que dormía con su respirar acompasado.

- Es tan pequeñito – Dijo Kagome con las lagrimas apunto de salir de sus ojos.

- Como la mamá – Pasó sus manos por la cintura de la joven y le dio un beso en la mejilla – Gracias pequeña…

- ¿Por qué?

- Me has dado la familia que nunca creí tener

Sonrió por las palabras de él, se giro entre sus brazos y se empinó para besarlo en los labios, amaba hacerlo y lo amaba a él.

- Muchas gracias por traer las cosas Myoga – Recibió el par de maletas que le entregó el anciano.

- Yo regresó a la casa para tener todo listo para la llegada de la joven…Ah, y felicitaciones señor – Hizo una pequeña inclinación para luego irse.

- Siempre odie los hospitales, me quiero ir ya – Exclamó desde su posición en la cama.

- Al mediodía o antes nos podremos ir, Myoga me trajo la ropa para ti y para el bebé así que mejor tomas un baño – Quitó las cobijas del cuerpo de la joven y la tomó en brazos para llevarla al baño.

- ¿Tu me vas a bañar? – Preguntó sonrojada.

- Eso quisiera, pero no creo que la enfermera que ya viene me deje

- Me dijiste que todo estaba arreglado con Inuyasha, pero me acaban de llamar para decirme que canceló la reunión – Le reclamó la mujer al hombre tras el escritorio.

- También te dije que antes de que terminaras de organizar algo recibió una llamada y se marchó con rapidez – Agregó con la mayor de las paciencias – Ten calma hija, seguro tiene inconvenientes, ya luego podrás cerrar el trato con él

- ¿No sabes a que se debía la urgencia? – Preguntó Kikyo interesada.

- No, aparentemente nadie sabe nada, aparte de que se marchó sin siquiera despedirse de nadie, en fin deben ser asuntos familiares.

- No, hasta donde sé, la madre de Inuyasha esta muerta y el no tiene una muy buena relación con su padre

- Sea lo que sea que haya pasado, no es nuestro asunto, mejor encárgate de estos balances – La mujer recibió las carpetas que le extendían y sin poner mas objeción salió de la oficina de su padre, tenía cosas más importantes que averiguar, pero todo a su debido tiempo.

- No deberías llorar tanto, o al menos no tan tarde – Reprendió con una pequeña sonrisa en su rostro – Despiertas a todos en la casa, yo tengo que madrugar y tu mamita esta cansada – Habló al pequeñín entre sus brazos que simplemente miraba con sus ojos dorados la ya conocida figura de su padre – Ahora si vamos a la cama – Recostó al pequeño que balbuceó miles de cosas in entendibles; encendió el móvil sobre la cuna que empezó a despedir suaves luces y melodías, en conjunto con la danza de varios avioncitos – Descansa campeón – Depositó un beso en la frente del niño, se giró para salir de la habitación y en el umbral de la puerta se encontró con la delicada figura de Kagome – Todo bajo control.

- Me hubieras despertado – Le dijo cuanto él estuvo a su alcance y pudo abrazarse al cuerpo de él.

- Yasha y yo nos llevamos de maravilla, además no has descansado bien estos días – Salió con ella de la habitación de su pequeño para regresar a la de ambos, la que quedaba al frente – Ahora lo mejor es que descansemos un poco – Ambos se metieron bajo las sabanas de la amplia cama, abrazándose el uno al otro – Estaba pensando en llevar a Yasha al zoológico mañana

- Mañana es viernes, tu tienes que ir al trabajo y yo tengo que entregar un trabajo – Le recordó con una sonrisa – Dejémoslo para el sábado

- Esta bien mi amor – Depositó un beso en sus labios – Te amo…

- También yo

Había pasado un poco más de un mes desde el nacimiento de su hijo, y todo iba viento en popa, todo a excepción de los desbordantes ánimos de su hijo, pues aparentemente tenía el despertador averiado, o eso indicaban sus lloriqueos a tan tempranas horas; mas o menos sus noches se resumían en lo sucedido hace unos segundos, el bebé lloraba y uno de los dos se despertaba para atender a Yasha, así se llamaba el pequeño. Yasha Taisho Higurashi.

- Wow amigo – Exclamó Miroku ante el tremendo bostezo de él otro.

- Ahhh, no molestes, Yasha duerme horrores de día y por la noche llora por nada – Explicó Inuyasha dando un sorbo a su café.

- Señor Taisho, lo busca la señorita Himura, algo referente a un contrato

- Hazla pasar Seiko – Pidió a la secretaría por el intercomunicador.

- Me voy antes de morir – Bromeó Miroku colocándose de pie para marcharse de la oficina, topándose con la mujer a la entrada – Señorita – Hizo una inclinación y sonrió luego con ironía.

- Linda elección del personal – Habló con sarcasmo mientras tomaba asiento frente a él – Estuviste muy perdido, casi un mes entero… ¿Problemas?

- ¡Feliz cumpleaños! – Vociferaron todas las personas reunidas en la sala, entorno a un gran pastel, que tenía el dibujo de varios animales y un par de velitas encendidas.

El pequeño que estaba frente al pastel con una gran sonrisa plasmada en su rostro, obedeció a las palabras que le pedían soplar, así que botó un poco de aire de su boca, que increíblemente apagó las velas, luego de este sencillo acto miles de aplausos inundaron el lugar y el no podía sentirse mas feliz.

- Mami… - El jaló una de las manos tratando de llamar su atención, una vez que la tuvo concentrada en él, le extendió su carrito de juguete, cuando este no le estorbó salió corriendo hasta donde se encontraba hace unos minutos.

- Es demasiado adorable Kagome – Dijo una de las chicas – Aun no puedo creerlo, a lo que me refiero es que, parece que nada mas ayer nos estábamos graduando y ahora tienes a un adorable niño

- Ayumi tiene razón, cuando no lo dijiste ni siquiera podía creerlo y mucho menos quien es el padre, lo mantuviste bien oculto – Apoyó Eri.

- Quedó agotado – Dijo Kagome mientras cubría al pequeño con la cobija.

- Bueno se divirtió mucho y es lo importante – Pasó una de sus manos por la cintura de ella para salir de la colorida habitación del niño – Pero creo que a nosotros nos hace falta un poco de diversión

- Mañana es lunes y…

- Soy el dueño, creo que puedo llegar unos minutos tarde – Alzó en brazos a la joven una vez que estuvieron dentro de su habitación y la dejó con total delicadeza sobre la amplia cama.

- Creí que debías mostrar ejemplo a tus trabajadores – Pasó sus manos por el cuello de él.

- Puedo romper los esquemas, es mas me encanta hacerlo, pero únicamente contigo – Se inclinó y atrapó los labios de la joven con ansiedad; las cosas podrían cambiar, el tiempo podía pasar, pero habían cosas que no lo hacían y eso eran las embriagadoras sensaciones que lo inundaban cuando estaba con ella, al parecer lo suyo sería algo eterno. Deslizó sus manos por la estrecha cintura de ella hasta llegar al borde de la blusa para comenzar a subirla…

- Mami…papi – La puerta de la habitación se abrió separándolos de inmediato.

- ¿Qué pasa cariño? – Preguntó al pequeño mientras se sentaba en la cama y recibía al niño en ella.

- Soñé feo – Explicó el niño mientras se abrazaba al cuerpo de su mamá.

- Ahhh, creo que hoy iremos los tres a la cama – Sonrió Inuyasha mientras se recostaba al lado de su Kagome y su hijo, habían noches así, eso era algo que no cambiaría o al menos no en mucho tiempo – Buenas noches familia – Cubrió a la tres con la cobija, pasó una mano sobre el cuerpo de ella y aferró la manita que le ofrecía su hijo entre la suya.

- Buenas noches – Susurró el pequeño Taisho para dejarse ir por el mundo de los sueños.

¡Ya nació el mini Inu!... bueno ya no tan mini, pero se los dije en el capitulo pasado (Creo)… que el tiempo iba a correr y lo hizo ahora veremos que tal se ponen las cosas… dejen sus comentarios y sugerencias. Espero les haya gustado el capitulo, un abrazo… besos… Bye…