Holas… Por aquí también me di una pasada para actualizar y como loro rallado vuelvo a decirles, que siento mucho el no haber podido actualizar el viernes pero tenia tareas impostergables y también les digo muchas gracias por el apoyo brindado. Ahora sin extenderme mucho mas les dejo la actualización de la historia.

Cáp. 14: Tiempo

- Muchas gracias por quedarte – Dijo la joven mientras se quitaba los molestos zapatos, odiaba usar tacos altos.

- No fue nada, ¿Todo bien? – Preguntó la mujer mientras se colocaba su abrigo.

- Todo, según el doctor solo era stress, la deje en casa con mi hermano; muchas gracias Sango – Agradeció nuevamente.

- No es nada – Repitió con una sonrisa – Lo mejor es que me vaya ya esta muy tarde, nos vemos mañana Kagome – Dio un besó en la mejilla de la chica y se marchó.

Suspiró una vez que estuvo sola en la habitación, con algo de desgano, caminó hasta la puerta continua para ingresar al cuarto de baño, fue hasta una de las gavetas del elegante baño y saco un par de toallitas húmedas y una crema que espació por su rostro para limpiarlo, esto era algo que hacia hace tiempo, desde que habia entrada a la etapa de la adolescencia su madre la habia acostumbrado a eso. Una vez que terminó su tarea, regresó a la habitación, deshizo la amplia cama y sacó una de sus pijamas de su cajón; luego de cambiarse se enredó en las sábanas tratando de dormir. En unos minutos el ruido de la puerta abriéndose la alerto, pero no tuvo que levantarse para saber quien era, luego de unos minutos la cama se hundió con el peso de alguien más…

- ¿Te desperté? – Susurró en el oído de ella mientras la abrazaba desde atrás.

- No, hace poco llegué, mi madre estaba enferma y la llevé al hospital – Explicó girándose dentro del abrazo.

- Me hubieras llamado y…

- No podrías haberte escapado de esa reunión, y no era nada serio, ¿Cómo te fue a ti?

- Ahhh, tengo que hacer un viaje, un par semanas en Munich – Suspiró él – Salgo pasado mañana

- Al menos me avisaste con tiempo – Se acercó instintivamente a él escondiendo su rostro en su pecho desnudo, odiaba cuando el debía viajar – Te voy a extrañar Inuyasha

- También yo pequeña - Una sonrisita se escapó de los labios de ella - ¿Qué pasa?

- Aun me dices pequeña, siempre me pregunto cuando me llamaras de otro modo – Él le llamaba de muchas maneras cariñosas, aunque eso no cambiaba que siempre usara ese – No soy tan pequeña ¿Sabes?, Ya tengo 21 años y un niño de cuatro, no soy pequeña Inuyasha

- Sé que eres toda una mujer, eso lo sé de sobra – Le dedico una traviesa sonrisa – Pero siempre serás mi pequeña, mi amor – Se acercó hacia ella, atrapando finalmente sus labios.

Sonrió entre el beso de él, amaba cada vez que él dejaba su imagen de hombre de negocios para cambiar a uno dulce, tierno y hasta cursi podría decir.

Sus manos viajaron con avidez bajo la delgada blusa del pijama de ella, perdiéndose en la suave piel y en las bien definidas curvas, Kagome se habia vuelto aun mas mujer después del nacimiento de su pequeño. Un camino de besos fue trazado desde sus labios hasta el cuello arrancando pequeños gemidos en el trayecto, la despojó de la blusa con prontitud para luego hacerlo con los pequeños shorts que acompañaban el atuendo de color rosa, había cosas que el tiempo no cambiaba mucho.

Inuyasha era el único hombre que la habia tocado tan íntimamente y no tenia intención alguna de alterar esto, por que el tacto de él era tan extremadamente embriagante, adictivo, absolutamente placentero; pero el no era el único que sabia como enloquecerla, los años le habían dado a ella la manera de hacerlo con él, habia aprendido que lugares tocar, cuales rozar, para conseguir tenerlo a su merced. Sus piernas se enredaron con las de él a medida que terminaban de desnudarse, de acoplarse. Pasó sus manos por el pecho de él y con agilidad lo empujó a un lado para posarse sobre él; las manos de él acariciaron la espalda desnuda de Kagome, bajó por sus costados hasta las caderas de ellas alzándola levemente para luego sentarla sobre su virilidad que clamaba la unión, una exhalación profunda se escapó de sus labios a medida que el calor y la humedad de la mujer abrazaban su miembro, a medida que se perdía en la entrega con ella.

Sus manos se apoyaron en bien formado vientre de él, buscando el perfecto apoyo; las manos de él presionaron su cintura con fuerza, dándole así inicio a una serie de contoneos y gemidos por parte de ambos. Inuyasha se reclinó hacia ella buscando sus labios a la vez que apartaba sus cabellos del rostro, apoyó su frente sobre la de Kagome dándola pequeñas miradas con sus ojos entrecerrados y un par de besos cuando la respiración no se les dificultaba; las manos de ella viajaron por la espalda de él, sintiendo bajo su tacto los músculos de él tensionándose ante cada embestida, ante cada arremetida que tomaba cada vez mayor fuerza y un mayor ritmo. Antes de culminar, Inuyasha se giró en la cama dejando a la joven mujer bajo él, tomó las perfectas piernas de ella enrollándolas tras su espalda, buscando una mejor posición; embistió con fuerza, sintiendo el mismo ánimo por parte de ella; en un par de segundos mas explotó dentro de ella, sintiendo de igual manera el liquido tibio emanando de su interior; dando un gran suspiro se dejo caer al lado de ella, para luego atraerla a su lado.

No habia mas que decir, con las acciones era más que suficiente, así que simplemente se abrazó al torso desnudo de él, para dejarse llevar al mundo de los sueños, en los brazos de Inuyasha.

- ¿Vas a tardar mucho? – Preguntó el pequeño, con una manita agarrado a su papá y con la otra la correa del cachorro que caminaba frente a ambos.

- Claro que no, trataré de regresar pronto, lo prometo; ahora vamos a poner a correr a Elvis – Soltó la correa al cachorro que de inmediato corrió con su hijo riendo tras él - ¡No vayas muy lejos Yasha! – Se sentó en el césped bajo la sombra de un árbol mientras se deleitaba mirando al pequeño jugar con el perro, era algo que hacían todos los domingos, salidas en familia o padre e hijo, iban al parque y luego por un helado, algo sencillo pero ya muy necesario para él.

- ¡Papá quiero subir! – El niño apuntó al pasamanos a un costado de él; con una sonrisa se levantó y fue hasta donde su hijo, lo tomó el brazos y lo elevó para que se aferrara a las barras, ayudándolo en el trayecto del juego.

Siempre era divertido, salir a un parque, a una feria y pasar tiempo en familia, disfrutando de cosas tan sencillas pero que eran tan absolutamente placenteras para él, el solo escuchar la palabra "papá" de los labios de su pequeño lo hacia sentirse pleno, era la sensación mas maravillosa.

- ¿Estas segura que no necesitas nada mas? – Preguntó Kagome.

- Estoy bien hija, no es nada más que stress, el doctor lo dijo – Le recordó la mujer.

- Ayer te desmayaste, mira descansa y si necesitas algo no dudes en llamarme – Dijo la joven mujer – Tengo que irme, seguro ese par ya deben estar en casa, Inuyasha tiene un viaje mañana así que vendré a quedarme un par de días acá

- ¿De nuevo un viaje?, últimamente tiene muchos

- Cosas de la compañía mamá – Explicó ella; podía pasar mucho tiempo pero su madre aun así no le caía muy en gracia Inuyasha, pero hacia lo posible por tolerarlo – Descansa y mañana vengó con Yasha…

- Aun así es un tonto congreso que dura demasiado, ¿Para que queremos dos semanas aquí?

- Ya relájate Inuyasha, es algo muy importante para la economía mundial, eso sin mencionar que también lo es para tu compañía – Le recordó él mientras ambos recibían las tarjetas de entrada para sus suites – Ahora ve a descansar un poco, no se te olvide el cóctel a las 9:00 p.m.

- Aja – Respondió con simplicidad, ambos caminaron hasta el elevador.

Finalmente estaban en Munich, todo por un estupido congreso de empresarios, bueno la verdad no era tan estupido, pues era muy importante para el crecimiento económico de cada una de las compañías que participaban, pero aun así era molesto asistir a ella.

- Esta es mi suite, no se te olvide, a las nueve

- Sí, sí, ya piérdete y déjame descansar – Siguió su caminó por el pasillo, esperando toparse con su habitación, pero no fue exactamente eso con lo que se topó… - Lo siento – Se disculpó al sentir el choque con alguien frente a él, eso sucede por andar distraído.

- ¡Inuyasha!, No sabia que asistieras a este congreso – Exclamó con fingida sorpresa, muy notable para él.

- Hola Kikyo – Trató de no arruinar mas su humor – Ahora si me permites, voy a mi suite

- Nos vemos hoy en la noche – Dijo la mujer con un tono de complicidad.

¿Qué hacia ella alli?, bueno era claro que venía en representación de la compañía de su padre, pero lo extraño es que siempre habia asistido el señor Himura no ella; que mas daba ahora, ya estaba en ese infierno, un problema mas podría soportarlo.

- Deja esa cara, así en ves de cerrar tratos romperás unos cuantos – Le dijo Miroku mientras bebía de su copa de champaña.

- No tengo mas caras, además estoy aburrido que quieres que haga

- Tal vez yo pueda ayudarte con tu humor Inuyasha – Habló, tras ambos estaba Kikyo usando un vestido de color ocre, con un generoso escote y una gran abertura que revelaba su pierna derecha cuando caminaba.

- No lo creo – Suspiró él, mientras se marchaba del lugar por un poco de aire.

- No creo que sea coincidencia que estés aquí Kikyo, Inuyasha no esta de ánimos para ti así que déjalo tranquilo, no le alteres mas los nervios – No se lo estaba pidiendo, mas bien era una orden, él tenía razones de poder para mantener a Kikyo alejada de Inuyasha.

- No eres nadie para darme órdenes, así que puedes omitir tus comentarios – Se alejó de él tomando el camino opuesto a Inuyasha, aun tenía toda la noche por delante, es mas tenia un par de semanas.

- Ahh, este semestre no es tan difícil pero el anterior ya nos absorbió todo – Suspiró la joven – No se como le hiciste para graduarte un año antes

- Pues, en esta mansión no es mucho el trabajo que tenia que hacer, por lo que pude adelantar materias – Explicó Kagome – Pero les falta poco

- Sabes como es Ayumi, se ahoga en un vaso de agua – Dijo Eri, la verdad no exageraba

- Ay como sea, mejor dinos porque te estas quedando aquí

- Inuyasha esta de viaje, y todavía tardará un par de días, así que prefiero quedarme aquí con mi madre y mi hermano que estar sola en casa, Yasha esta yendo al jardín así que bueno, la soledad me agobia – Se burló ella

- ¿Y Yasha?, aun no he visto a esa hermosura andante – Dijo Ayumi.

- Pues esta en el jardín, y creo que me voy yendo por él, ya se hace tarde – Se levantó de su asiento acompañada de sus amigas y salió de la casa luego de avisarle a su madre que saldría por Yasha.

- ¿Estas seguro que estas bien? – Preguntó Miroku mientras el auto avanzaba por la carretera.

- Estoy bien Miroku, voy a descansar este resto de semana así que tendrás que encargarte sólo de la compañía – Su voz sonaba cansada, mas que enferma, la cual era la excusa que él le estaba dando.

- No te preocupes por eso – Ese fue el final de la conversación, luego de unos minutos la limosina ingreso a la mansión para dejar al dueño de esta en ella, Miroku continuo el viaje hasta su casa, no muy convencido de que le sucedía a Inuyasha; él simplemente habia decidido que se marcharían un par de días antes de que el congreso de empresarios terminara.

- Señor Inuyasha, no lo esperábamos para hoy – Dijo el anciano Myoga quien lo recibió a la entrada-

- Ya no tenía nada que esperar allá, ¿Kagome y Yasha? – Preguntó.

- Ellos han estado en casa de la señora Higurashi este tiempo, ¿Desea que les informe de su llegada?

- Avísales de mi llegada mañana en la mañana – Pidió él perdiéndose

escaleras arriba, hoy por este resto de día, quería un poco de soledad.

- ¡Yasha, nos vamos! – Llamó a al pequeño que salió corriendo una vez que se despidió de su abuela y tío – Gracias por todo mamá, nos vemos luego – Se despidió de la mujer para alcanzar a su hijo que subía al auto – Vaya que estas emocionado – Le dijo mientras le colocaba el cinturón de seguridad.

- ¡Papá ya llegamos! – Anunció el pequeño dejando su morral en el suelo, y esperaba que apareciera.

- ¡Hey, hola campeón! – Salió por el pasillo que conducía al patio trasero con una toalla descansando tras su cuello, al parecer venía del gimnasio; el niño sonrió feliz y corrió hasta que estuvo entre los brazos de su padre – ¿Creciste mas mientras me fui? – Lo elevó en brazos haciendo reír al pequeño.

- ¿Mami?

- Claro cariño, creciste mucho – Aseguró Kagome acercándose a sus dos hombres - ¿Cómo te fue? – Le preguntó a Inuyasha que dejaba al pequeño en el suelo, quien salió disparado clamando por Myoga.

- Aburrido, como siempre, pero todo salió…bien – Dijo con simplicidad, se acercó a ella y la abrazó, necesitaba también eso – Los extrañe, te extrañe

- También yo Inuyasha – Aseguró encerrándolo en el mismo abrazo - ¿Seguro que todo esta bien? – El tiempo no pasaba en balde, conocía a Inuyasha y era claro que no todo iba muy bien

- Todo bien – Afirmó él – Solo estoy cansado, necesito mas descanso

- Bien, entonces porque no te preparo un baño y te ayudo en eso del descanso

- Quédate a descansar, no tardare nada en llevar a Yasha al jardín

- Mamá estoy listo – Dijo Yasha entrando a la habitación de sus padres, usando el uniforme de su jardín, un pequeño pantalón de color azul oscuro, con una camisa blanca que tenía el logo del jardín en un bolsillo en el pecho.

- Ya bajo, espérame en el auto

- Adiós papi – Se despidió el niño dándole un abrazo.

- Que te vaya muy bien campeón

- Descansa, no me tardo – Le dio un beso en los labios y salió dispuesta a alcanzar al pequeño.

- ¿Si? – Contestó el teléfono sobre la mesa de noche.

- Señor Taisho, hablan de la compañía del señor Himura, dicen que es importante – Explicó el anciano Myoga al otro lado del teléfono.

- Pásala – En definitiva no podía descansar tranquilo, pero si lo llamaban a su casa tenía que ser importante.

- Buenos días querido…

- Pensé que te tomarías el resto de la semana, hoy ya es viernes, podrías regresar al trabajo el lunes – Dijo Kagome.

- Hay cosas que hacer, además me siento bien, voy a llevar a Yasha y luego voy a la compañía – Acomodó la corbata de su traje para luego tomar su maletín – Nos vemos en la noche – Le dio un beso en la frente y luego salió de la habitación.

Vaya que estaba extraño, primero se veía decidido a descansar ese par de días en casa, alejarse un poco de la oficina, pero ayer habia cambiado de opinión decidiendo que iría a trabajar el último día de esa semana. Seguro debía hacer cosas importantes y ella también tenía que buscar que hacer.

Era cierto que se habia graduado un año antes de lo normal, tenia titulo de diseño grafico, pero aun no ejercía la profesión, y eso era porque no quería descuidar a su familia, pero ya encontraría el empleo perfecto para ella.

Sin una pizca de sueño, se levantó de la cama y luego de darse un baño, bajó a la cocina para buscar algo de comer, aun era temprano pero sabia que en la mansión ya habia actividad pero al parecer la cocina estaba desierta; fue hasta el refrigerador buscando algo para beber, pero el ruido del teléfono le impidió hacerlo.

- Bueno – Contestó, era ella o esperar que alguien del personal lo hiciera y el sonido era molesto; buscó un vaso en la alacena para servirse jugo de naranja.

- ¿Habló a la casa de Inuyasha? – Preguntó algo contrariada.

- Sí, ¿Quién lo busca? – Presionó el teléfono con su hombro mientras servía el jugo de naranja.

- Mira no se quien seas, pero podrías decirle que no permitiré que juegue conmigo como lo hace con todas, no soy la clase de mujer que el lleva a la cama y luego no vuelve a llamar nunca, dile que Kikyo Hi… ¿Hola?... ¿Bueno?

El vaso y la jarra con el jugo cayeron de sus manos creando un desorden a sus pies, pero ni siquiera el cristal rompiéndose la inmutó, el tiempo se detuvo para ella.

Bueno… No todo debe ser color de rosas, esa es la gracia de estas historias, como ven aquí hay un gato encerrado y creo que eso se nota en la actitud de Inu pero ahora las cosas no se solucionaran, digamos que los problemas empiezan a salir. Espero les haya gustado les mando un abrazo…un beso… Nos vemos a la próxima.

P. D. No se olviden de los comentarios… XD