¡Hola a todas!... ¡VOLVÍ!, nunca había estado más feliz en mi vida de cómo lo estoy hoy, definitivamente me siento flotando en una bella nube rosa… Ahh se siente bien poder volver. Como sabían (Espero) me había ausentado por varios días debido a que tuve problemas con mi PC y hasta ahora finalmente lo recupere (De las gloriosas manos de un técnico) En fin me lo trajeron hace como 15 minutos y no pude esperar para ponerme a trabajar así que manos a la obra. Espero que no se hayan olvidado del pequeño problema que estaba empezando en el capitulo anterior, pues en este vamos a ver qué fue lo sucedido. No escribo mas y les permito leer el capitulo numero 15…

Cáp. 15: ¿Engaño?

- No había necesidad que vinieras, todo está de maravillas por aquí – Dijo Miroku.

- Me sentía mejor, y bueno pues decidí venir a trabajar un poco

- Señor Taisho acaban de llamar del jardín de niños, al parecer no han ido a recoger a su hijo – Informó su secretaria ingresando a la oficina.

- ¿Hace cuanto llamaron? – Preguntó Inuyasha colocándose de pie de inmediato.

- Acabaron de hacerlo, su hijo les dio el número de la compañía – Explicó la mujer.

- ¿Quieres que te acompañe? – Ofreció Miroku.

- No es necesario yo me encargo – Salió disparado de la oficina, sacó el teléfono celular de su casa y llamó a la mansión – Myoga… ¿Algo le sucedió a Kagome?... ¿No avisó a donde?... Está bien gracias – Ni siquiera espero el elevador bajó corriendo las escaleras, para llegar rápido al estacionamiento; nuevamente hizo una llamada – Vamos Kagome… contesta… - ¿Qué demonios le había pasado?

- ¡Papi!... – El niño corrió hacia él en cuanto lo vio - ¿Y mi mamá?

- Ella tuvo cosas que hacer, lamento llegar tarde - Se disculpó con el pequeño y luego lo llevó al auto para llevarlo a la casa.

- No vi cuando salió de la casa señor, tampoco dejó nada avisado – Dijo el anciano.

- Llama a donde sus amigas también a la casa de su madre – Pidió Inuyasha desesperado, ya pronto anochecería y nadie sabía nada acerca de Kagome, era como si se hubiera desaparecido – Voy a salir a buscarla, si viene me llamas de inmediato, y pon a alguien a cargo de Yasha, que no se dé cuenta de la ausencia de Kagome…

- Como diga señor

La noche estaba helada, eran los primeros meses del año y estos siempre venían acompañados de frío, pero eso era lo que menos le preocupaba en esos momentos, es más el frío ni siquiera lo sentía, estaba sumida en una especie de trance del que le sería difícil salir. Una fina lluvia comenzó a caer, regresándola a la realidad, no sabía qué hora era, pero debía ser muy tarde, lo mejor era salir de ahí e ir… ¿A dónde?, ¿A dónde podría ir?, no quería regresar a esa gran casa, no quería ir con su madre, en ambas situaciones tendría que hacer frente a una situación para la cual no estaba lista, tal vez podría ir con Sango, pero era viernes y ella siempre estaba con Miroku esos días, y los más probable es que sus amigas estuvieran en alguna fiesta universitaria, en conclusión no había nadie con quien ir, tal vez solo quedaba la opción de ir a casa, estar con su hijo.

- ¿Myoga? – Contestó rápidamente el teléfono celular sin siquiera mirar quien era.

- No… - Habló ella con coquetería - …Mejor…

- ¡¿Qué quieres ahora? – Preguntó exasperado, la última persona con la que quería hablar era ella.

- Hasta que me contestas – La mujer omitió el comentario anterior – Estoy algo aburrida y pensé que tal vez podrías…

- ¡No, no podría! – Interrumpió las palabras de ella.

- Estás demasiado enfadado… ¿Problemas?...

- Nada que te interesa Kikyo, estoy esperando una llamada muy importante así que…

- Pues yo dejé mi recado primero así que…

- ¡¿De qué demonios hablas? – Estaba comenzando a perder la paciencia, estuvo a punto de colgar el teléfono si no fuera por las palabras de ella…

- Pedí a una mujer de tu personal que te diera mi recado, y así como se lo dije a ella te lo digo a ti, no soy como tus otras amiguitas con las que te acuestas y jamás llamas otra vez así que…

- ¡¿Qué hiciste qué? – No dio tiempo a que ella respondiera, una pequeña figura sentada en la banca de un parque lo hizo frenar desesperado, dejando el teléfono dentro del auto, no tenía tiempo para las cosas de esa mujer; hubiera corrido hasta ella sino estuviera al tanto de la situación, por primera vez en su vida tenía miedo de enfrentar lo que se vendría – Kagome – Susurró una vez que estuvo tras ella.

Se levanto automáticamente al escuchar la primera silaba de su nombre, se asustó mas no por las razones comunes, era más bien porque no esperó que él la buscara.

- ¿Qué haces aquí?

- No fuiste por Yasha al jardín, no dijiste adonde ibas, vine a buscarte, estaba preocupado…

- El tiempo se me pasó, además no creí que estuvieras demasiado ocupado para buscar a tu hijo – Soltó con bastante agresividad.

- No lo decía por eso, lo digo porque me asuste al pensar que algo había sucedido contigo

- Ahora resulta que pensaste en mí, vaya, ¿Necesitas a alguien que te caliente la cama?, porque esta mañana alguien muy dispuesta llamó

- Kagome… - Sin siquiera pensarlo se acercó hacia ella, tratando de buscar la manera de explicarle – No… Lo siento

- ¿Lo siento?... ¡Lo siento! ¿Es todo lo que dirás? – Un trueno resonó en el cielo trayendo junto con él, el comienzo de una gran lluvia – Niégalo, al menos has eso, ¡Maldita sea Inuyasha!, miénteme – Las manos de él se cerraron sobre su cintura y ella sin fuerzas para alejarlo escondió su rostro en su pecho; ningún dolor se comparaba con éste, su alma y corazón se desgarraban, un nudo se alojaba en su pecho buscando liberarse entre sus lagrimas.

- Por fin llegaron… ¿Se encuentra bien la señorita? – Preguntó el anciano preocupado, cuando vio a la joven mujer desmayada en los brazos de su amo.

- Sí… ¿Yasha…donde esta?

- Se encuentra dormido señor – El hombre asintió y continuó su camino escaleras arriba – Señor… - Lo llamó antes de que se fuera – La madre de la señorita ha llamado muy preocupada y también la señorita Sango y…

- Llama y diles que Kagome está bien, pero no le pases ninguna llamada… ¿Entendido? – El anciano asintió.

- Señor… - Llamó una última vez.

- ¿Qué pasa Myoga? – Preguntó aguantando estoicamente el mal genio que recorría su cuerpo.

- También llamó… la señorita Himura – Comunicó con algo de duda.

- No permitas las llamadas de cualquiera que sean los números de los que llame… ¿Entendido? – Preguntó.

- Claro que sí señor…

Una vez en su habitación, fue hasta la cama depositando a la mujer en ella con toda la suavidad posible, buscó entre los cajones hasta que encontró una camisa de él y con toda la delicadeza y ternura desvistió a la chica para secarla y colocarle el camisón, luego sacó una manta y la cubrió con ella. Se quedó unos momentos admirando su rostro, recorriéndolo con una suave caricia, atormentándose inconscientemente con los últimos sucesos; las lágrimas de ella aun le calaban en lo más hondo de su pecho, ella había llorado hasta que sin más se había desmayado, aferrada a su pecho, acorralada entre sus brazos, matándolo con cada una de las gotas salinas.

La cabeza la dolía y la luz que se filtraba por entre las persianas no ayudaba a disminuirlo, sus ojos finalmente se abrieron acostumbrándose a la molesta luz del sol; su mirada se enfocó en el cielo raso y de golpe todos los recuerdos vinieron a su mente, no recordaba haber llegado hasta ahí, ni mucho menos haberse cambiado, pero tampoco era algo de lo que se preocupara demasiado, su cabeza estaba doliéndole y todo por el mismo pensamiento, Inuyasha la había engañado, eso intuyó en las palabras de Kikyo y él tampoco lo había desmentido cuando lo enfrentó en el parque.

- ¡Buenos días! – Entró el niño corriendo a la habitación y lanzándose sobre ella.

- Buenos días cariño – Sonrió al pequeño con un poco de esfuerzo - ¿Qué haces aquí no tenias algo en el jardín hoy?

- Entró más tarde, pero no te preocupes, papá me va a llevar – Informó el pequeño sentándose en el regazo de su madre.

- ¿Papá está aquí? – Preguntó con incomodidad, no notada por el niño.

- Sí, está abajo leyendo y tomando su café – Comentó.

- Yasha se hace tarde, ¿Vamos? – Se asomó por la puerta sorprendiendo a ambas personas en la habitación.

- Claro, nos vemos mami – Le dio un beso en la mejilla y salió disparado de la habitación.

- ¿Cómo te sientes? – Preguntó una vez que el pequeño se marchó.

- ¿Cómo crees tú? – Rebatió con algo de rudeza pero sin siquiera mirarlo.

- Kagome…

- No me digas nada Inuyasha, mejor ve con Yasha antes de que vuelva – Se levantó de la cama sin importarle que solo llevara el camisón, por cierto de él; y se encerró en el baño.

- ¡¿Hiciste qué Inuyasha? – Se escandalizó Miroku ante la noticia.

- Anda Miroku, saca un artículo en la prensa – Le regañó por el escándalo hecho.

- Ya, ya, lo siento, pero es que… ¿Cómo?, yo creí que Kagome te importaba demasiado como para hacer semejante…

- ¡Claro que me importa Miroku!, ella es la mujer de mi vida, la madre de mi hijo y tu sabes mejor que nadie que la amo

- Pero entonces explícame como hiciste eso

- La noche antes de que regresáramos del estúpido congreso de empresarios, ¿Recuerdas que te pedí que te quedaras el resto de la noche en la ceremonia de clausura? – Su amigo asintió y el continuó – Pues en el lobby del hotel me encontré con Kikyo, me invitó a una copa y acepté por simple cortesía, estoy casi seguro de que no bebí demasiado, pero en la mañana desperté en el cuarto de ella, estaba bueno…en las condiciones en que…

- Claro, te entiendo – Intervino Miroku - ¿Y Kagome como lo supo?

- Según sé, llamó ayer en la mañana buscando hablar conmigo, Kagome fue quien contestó y creo que ahí fue que se enteró

- Me gustaría darte un consejo o algo pero la verdad no se me ocurre nada Inuyasha, es que te acostaste con Kikyo y…

- ¡Lo sé!, bueno no recuerdo haberlo hecho, pero es que las cosas eran claras cuando… ¡Demonios! – Bramó encolerizado, como era que no se acordaba de absolutamente nada es que no podía haber bebido tanto.

- Kagome… No sé qué decirte, pero Inuyasha es un… ¡Argg!... Sabes que en lo que necesites yo te ayudo

- No te preocupes, con que me hayas escuchado es más que suficiente – Se limpió su rostro tratando de borrar el rastro de las lágrimas, cada vez que lo hacía pensaba que no le quedaban mas, pero recordaba lo sucedido y hasta aparecían una vez más en ella.

- ¿Pero que van a hacer o mejor dicho, vas a hacer?

- Aun no lo sé, he pensado en irme pero no quiero que Yasha quede en medio de esto; no sé Sango ya se me ocurrirá algo – Aseguró la joven mujer.

- Bueno, yo me tengo que ir, mi hora de almuerzo terminó, pero si necesitas algo no dudes en llamarme

- Claro…adiós.

- Hicimos estos dibujos hoy – Le enseñó el niño – Mira esta eres tú, mi papá, yo y Elvis – Explicó el pequeño apuntando a cada una de las personas del dibujo.

- Te quedó precioso cariño, pero ya es tarde y es hora de que duermas – Arropó una vez más al pequeño y le dio un beso en la frente, dejó la puerta entre abierta y salió de la habitación.

- Señorita, ¿Desea algo de cenar? – Le preguntó Myoga cuando la vio ingresar en la cocina.

- Eh pues, te aceptaré un té – Se sentó en la barra mientras Myoga preparaba la bebida.

- Debe alimentarse bien señorita, no sea que se enferme, el amo se preocuparía mucho

- No creo Myoga, no creo ser tan importante – Musitó con nostalgia.

- Usted es lo más importante para el amo Inuyasha, usted y el niño Yasha, créame cuando se lo digo, yo conozco al amo desde que nació, puede que cometa errores pero eso no desmiente el hecho de que la quiera – Aseguró el anciano dejando el té frente a la chica – Confíe en él

Confió en él una vez y la traicionó frente a sus narices y con la misma mujer, ¿Cómo iba a confiar en él ahora?, lo amaba y eso no podía negarlo, pero confiar una vez mas era demasiado difícil, era arriesgarse a quedar devastada una vez más, era entregar su corazón remendado para tener, tal vez, que recoger los pedazos.

- ¿Por qué tenías que hacerlo? - Recostó su cabeza sobre la barra de la cocina - ¿Por qué?

- Por idiota – Se sentó al lado de ella sorprendiéndola – Porque Kikyo siempre encuentra la manera de destrozarme la vida, siempre aparece cuando todo va bien para mí, además esa vez…

- No quiero saber – Se levantó de inmediato con intenciones de salir de la cocina.

- ¿Por qué no me dejas hablarte? ¿Decirte como pasaron las cosas? – La agarró de un brazo no permitiéndole irse.

- No me interesan saber los detalles de tu noche de infidelidad, guárdatelos para ti y… - Se atragantó con sus palabras, solo quería irse, estar sola – Solo déjame ir Inuyasha, estoy cansada – Con desgano la dejó ir, no quería sumar una pelea al último suceso.

- ¡¿Por qué? ¡Maldita sea! – Bramó airado dándole un golpe al mesón, logrando resentir un poco su puño, pero eso ni siquiera lo afectó.

Caminó hasta su habitación esperando descansar un poco; una vez frente al cuarto, se detuvo, haría bien en ir dormir en la misma habitación que ella, bueno la noche pasada lo había hecho pero había sido un acto sin pensar, aparte de que ella no había notado cuando entró en la cama, ahora sería distinto; dándose un poco de valor finalmente ingresó en la habitación, y como pensó Kagome estaba allí, pero en lugar de estar en la cama tenía una almohada en una mano y un pijama en la otra.

- ¿A dónde vas? – Preguntó.

- A otra habitación – Contestó con simplicidad, aunque no podía negar que se asustó cuando lo vio entrar, se suponía que saldría antes de que el llegara – A la de Yasha… - Agregó, la verdad desde hace varios años odiaba dormir sola – Buenas noches… - Pasó a un lado de él y antes de poder salir él la retuvo.

- Será la única noche que te permitiré dormir en otro lado.

- No eres nadie para ordenarme nada – Trató de soltarse de él pero le fue prácticamente imposible.

- Yasha empezará a hacer preguntas si nos ve durmiendo en cuartos separados, esto es nuestro asunto así que no lo envolveremos en eso, y eres mi mujer por lo tanto…

- El que vivamos juntos y tengamos un hijo no te da derechos sobre mí, además te recuerdo que tu y yo no estamos casados – Se soltó de él y salió de la habitación con rapidez.

- ¿Iremos con mi abuela y el tío Souta hoy? – Preguntó el pequeño mientras comía de su cereal de colores.

- No, hoy llevaremos a Elvis al veterinario – Intervino Inuyasha con parquedad, el niño no discutió la decisión de su padre – Puedes visitar a tu abuela y a Souta otro día

- Bien… ¿Mami vienes con nosotros?

- No puedo cariño, tengo que hacer algunas cosas, pero te prometo que haremos algo tu y yo mas… - Antes de concluir su oración el teléfono los interrumpió, dispuesta a contestar se levantó.

- Alguien más puede contestar, nosotros estamos desayunando – Habló Inuyasha antes de que ella cogiera el auricular del aparato, tenían un teléfono en la mayoría de las habitaciones.

- Puedo hacerlo – Tomó el teléfono y contestó - ¿Sí?...Claro…un momento… Yasha sube a cepillarte los dientes – El niño dejó el tazón y fue a cumplir la orden de su madre – Es para ti… - Le entregó el teléfono y fue con su hijo.

- ¿Bueno? – Contestó siguiendo con la mirada a la mujer - ¿Qué demonios quieres Kikyo?... Está bien…

- En serio te digo Kagome, no sé cuál de los dos es más cínico, ella por llamar o él por atender la llamada – Dijo Sango.

- No lo sé, yo solo necesito un respiro, necesito sobreponerme a esta situación, debo hacerlo por Yasha… - Ambas mujeres caminaban por los pasillos de un centro comercial, un simple paseo, todo con el fin de distraerla a ella.

- Y por ti Kagome… Yo de verdad creí que lo tuyo con Inuyasha sería para siempre pero… Bueno tampoco puedes decir que vas a dejar todo así por una gol… mujer como esa

- Es difícil decirlo ahora Sango, tengo la cabeza hecha un lío y… No quiero pensar en eso

- Tienes razón, porque no vamos a algunas tiendas, a cine o algo así – Ofreció la castaña.

- Me pare… - Su habla se cortó de inmediato.

- ¿Qué pasa? – Miró contrariada a Kagome y luego enfocó su mirada en el mismo punto que ella – Kagome… ¡Espera!

Kagome caminó por entre las personas, chocándose con algunas personas, con las cuales Sango se disculpó por su amiga, pues ella iba con una meta fija y esa era llegar a la cafetería del pasillo contiguo al que ellas estaban. Caminó con paso firme y entró en el establecimiento haciendo sonar la campanilla, aun así nadie se inmutó con su llegada.

- ¿Dónde está mi hijo? – Preguntó Kagome frente a ambos.

- Kagome… - Se levantó rápidamente del asiento con la vista fija en la joven mujer – No es lo que tu…

- No me importa lo que estés haciendo, solo dime… ¿Dónde metiste a mi hijo? – Estaba enfadada o más que eso, sí le dolía que Inuyasha se encontrara con esa mujer a escondidas, pero más le molestaba que su hijo posiblemente estuviera ahí – No me toques – Se movió antes de que el siquiera la rozara – Solo dime donde esta mi hijo Inuyasha…

- ¡¿Hijo? – Se levantó la mujer del asiento - ¿Tienes un hijo? – Exclamó llamando la atención de las personas en el local.

- ¿Dónde metiste a Yasha? – Insistió Kagome tratando de no perder la compostura.

- Esta en la zona de juegos – Reveló con algo de esfuerzo – Kagome espera… - Caminó tras la mujer que era precedida por Sango, la cual trataba de calmarla.

- Tranquila no ganas nada…

- No me pidas que me calme Sango, ve por el auto y me esperas afuera – Le entregó las llaves y continuó su camino, la castaña simplemente asintió.

- ¿Podrías dejarme hablar? – La tomó del brazo deteniéndola.

- ¡No me toques! – Espetó, soltándose con brusquedad – Esto no te lo perdono Inuyasha, puedes hacer lo que quieras con esa mujer, no me importa, pero no abandonar a Yasha para encontrarte con tu amante

- Ella no es mí…

- ¡No me importa! – Interrumpió de nuevo – No me importa, pero no involucres a Yasha en esto – Se giró para continuar su camino; una traviesa lagrima se le escapó cuando llegó a la zona de juegos – Buscó a Yasha…

- ¡Mami! – Exclamó el niño corriendo hacia ella, que sin esperar lo tomó en brazos y continuó su camino hacia la salida - ¿Por qué lloras?

- No es nada cariño – Le dedicó una sonrisa fingida; subió a las escaleras eléctricas bajando por entre las personas con Inuyasha aun pisándole los talones, eso lo sabía porque le escuchaba hablarle – Ve con la tía Sango – Lo puso en el suelo y el niño fue con la mujer al pie de la camioneta.

- Kagome, debemos hablar – Insistió Inuyasha.

- No tenemos nada de qué hablar, con esto me queda más que comprobado que lugar ocupamos Yasha y yo en tu vida, así que no intentes buscar una explicación – Un nudo se formaba en su garganta a medida que las palabras salían, no quería llorar y tampoco lo haría frente a él – Estaremos en casa de mi madre

- No… No te vas a ir allá, ni tu ni Yasha – Sentenció Inuyasha – Si me toca sacarte a la fuerza de allá, sabes bien que lo haré

- No me vengas con tus amenazas y mejor dedícate a inventar una excusa para tu querida Kikyo – Miró tras el hombro de él e Inuyasha no tuvo que voltear para saber que allí estaba Kikyo, pero ella no era quien le interesaba, Kagome y su hijo eran lo importante.

- No son amenazas Kagome, pero no dejare que me abandones ni que te lleves a mi hijo

- No lo haré, tranquilo, pero aléjala a ella de su vida, no lo engañes como lo hiciste conmigo – Concluyó, dando media vuelta, para subir al auto y marcharse.

Bueno y yo como estaba de contenta porque había regresado e Inuyasha mete la pata hasta el fondo… Así que quede muy claro que nada de esto es mi culpa jajajaja. Creo que regresé medio malvada… En fin espero que les haya gustado, antes de despedirme permítanme que les agradezca por la paciencia que me tuvieron y por los mensajes que me dejaron, les mando un abrazo un beso y nos vemos pronto.