Hola…Espero que la noche de hoy se encuentren muy bien, por estos lados también pase a actualizar, de antemano permítanme que les agradezca por todo el apoyo que me han brindado, gracias a lo que dejan sus mensajes y por supuesto que siguen la historia. Y sin alargarme mucho más les dejo la historia.

Cáp. 16: Realidad

- Mami… ¿Estás bien? – Preguntó el pequeño con algo de timidez.

- Claro que lo estoy cariño – Aseguró mientras le pasaba su vaso de superhéroe con leche en él.

- Pero entonces… ¿Por qué estabas llorando? – Insistió el pequeño dejando que su madre acomodara su cama.

- Es que mamá está un poco enferma, pero ya se me paso – Le brindó una sonrisa al niño y se sentó a su lado con un libro en manos para comenzar a leerlo - ¿Qué historia quieres escuchar hoy?

- ¿Te quedarás a dormir conmigo otra vez? – Preguntó Yasha por el contrario.

- ¿Acaso te molesta que mamá se quede contigo? – Rebatió con una sonrisa.

- No, es solo que tal vez papá se sienta solo, en cambio yo ya soy un niño grande – Dijo enorgullecido de él mismo.

- Está bien, te leeré el libro y me iré con papá – Una vez que el niño se durmió, se levantó de la cama y con algo de esfuerzo salió de la habitación, no quería dejar al pequeño solo o más bien no quería estar sola, porque era más que claro que no se quedaría en la habitación con Inuyasha, si es que éste ya había llegado, ya era algo tarde y él no daba ni señales.

Camino a la habitación, meditó acerca de donde dormiría esa noche, la casa tenía varias habitaciones disponibles, pero es que el dormir acompañada, o más bien acompañada de Inuyasha, se había convertido en algo demasiado necesario; pero quedarse sería en cierta manera aceptar y olvidar lo que él había hecho y no podía darse el lujo de que pensara eso. Decidida a ir una vez más a la habitación de Yasha, apresuró el paso hasta el cuarto en penumbras, con intenciones de tomar un pijama, una vez tomó la prenda del cajón sin necesidad de encender las luces, conocía de memoria la ubicación de sus pijamas.

- ¿Vas a dormir fuera de nuevo? – Dejó que su voz se escuchara por el silencio de la habitación.

- Me asustaste – Dio un pequeño respingo y se llevó una mano a su pecho, él estaba recostado en la cama, aun usaba parte del traje de la oficina, a excepción del saco y la corbata.

- ¿Vas a la habitación de Yasha otra vez? – Caminó hasta ella deteniéndose a una distancia prudente.

- No, aquí hay muchas habitaciones, ¿Por qué iría a la de Yasha? – Preguntó ella con altanería, sabía que últimamente le hablaba con un tono mordaz que nunca usó con nadie, pero no podía evitarlo, pues a su cabeza venían imágenes de él con Kikyo y eso la ponía airada.

-Te conozco Kagome y no te sientes cómoda durmiendo sola – Aseguró él.

- Muchas noches lo hice, mientras tú estabas en tus supuestas reuniones y viajes de negocios – Mintió, la verdad se quedaba a despierta mientras el llegaba y durante los viajes Yasha se quedaba con ella.

- Nunca mentí acerca de donde estaba

- No puedo asegurar de eso sea así, yo creía lo que tu decías, ahora no estoy muy segura de que sea así, porque, bueno tu siempre ibas solo y…

- ¡Tu nunca aceptabas…!, lo siento – Se disculpó ante su tono, no quería perder la cordura, pero las constantes acusaciones de ella lo enfadaban en sobre manera, para ser honestos ambos tenían un genio de los mil demonios – No quiero pelear contigo, pero es que tus comentarios me sacan de quicio Kagome, podríamos llevar las cosas por la paz, así sea solo por Yasha… por favor – Pidió acortando la distancia entre ambos.

- Está bien, nos llevaremos bien por Yasha – Aceptó, y una vez más decidida a irse pasó por un lado de él.

- Quédate esta noche - Enlazó una de sus manos en la cintura de ella atrayéndola a su pecho – Al menos esta noche…

Miró sus ojos dorados fijamente, fundiéndose con el dorado de su mirar; suspiró con suavidad y asintió, que mas daba, ella también estaba agotada de tantas peleas.

- ¡No vayas muy lejos Yasha! – Exclamó Kagome mientras el niño salía disparado con una pelotita en la mano y yendo tras el cachorro.

- Este es un buen lugar – Exhaló el aire retenido en sus pulmones y se sentó a la sombra del árbol, haciendo espacio para ella - ¿Quieres algo?

- No estoy bien – Negó ella.

- Yasha tiene mucha energía, hasta yo quedé agotado – Sonrió él mirando a su pequeño jugar con el cachorro; el día de hoy era domingo y sin alterar las cosas habían salido en familia, ya habían jugado un buen rato con su hijo, pero él tenía más energía que ambos, por eso ahora jugaba con el perro – Kagome… crees que podría…

- ¡Papi!, ¿Me compras un helado? – Pidió el niño llegando hasta donde ambos.

- Claro que sí, vamos por un gran helado de… ¡chocolate! – Cargó al pequeño en brazos para emprender marcha una vez que Kagome aseguró al cachorro con la correa.

- Mamá, ¿podemos ir donde la abuela hoy? – Pidió el pequeño mientras revolvía el helado en la copa.

- Claro, cuando lleguemos a casa y te cambies, podemos ir – Asintió Kagome.

- ¿Papá tu vienes? – Preguntó el pequeño.

- Voy a ver unas cosas con Miroku, pero en cuanto llegues voy a tener preparada una sesión de cine – Aseguró Inuyasha.

- ¡Abuela! – El niño atravesó el portón y la puerta abierta de la casa hasta toparse con la mujer que salía a su encuentro.

- Ay…pero que niño más grande tenemos aquí – Sonrió la mujer cargando al niño en brazos.

- ¿Cómo estas abuela? – Preguntó con absoluta educación, tierna a su edad.

- Muy bien – Contestó la mujer – Y esa caballerosidad se debe a…

- ¿Hacemos galletas?

-Ya veo porque el entusiasmo… ¿Cómo estas mamá? – Saludó Kagome que apenas atravesaba la puerta, luego de estacionar el auto.

- Muy bien… ¿Y tú?

- También – Una sonrisa se formó en su rostro mientras acariciaba los cabellos de Yasha.

- Abuela, vamos por las galletas y llamemos a Souta

- Yo voy al baño – Dijo Kagome.

- Usa el de tu antigua habitación, hubo un daño en la tubería del baño general – Avisó su madre desde la cocina.

Subió las escaleras con paso calmo, como si apenas estuviera conociendo el lugar, eso lo hacía porque hace tiempo no subía a esa parte de la casa, generalmente sus visitas se limitaban a la primera planta del lugar. Una vez frente a la habitación, la que fue su habitación, giró la manija con cuidado e ingresó con lentitud hasta cerrar tras ella. En cuanto estuvo dentro se sintió transportada al pasado, era como si nada hubiera cambiado, sus sábanas rosas favoritas cubrían la cama, el mismo escritorio con algunos libros y el recipiente en forma de calabaza con los mismos lápices de siempre; las mismas cortinas, el mismo espejo, en el que se reflejó el mismo rostro de la jovencita que habitó alguna vez ese cuarto; semejante revelación cayó sobre ella como un balde de agua fría, nada había cambiado en su vida, a pesar de que ahora tenía 21 años y un hijo, sentía que su vida se había detenido en la adolescencia, pues no mucho había cambiado desde que se marchó, su vida social y profesional se había estancado, durante esos cuatro años se había dedicado a su pequeño y a Inuyasha, ella simplemente…

- ¡Mami! Estamos haciendo galletas de animalitos, ¿vamos? – Preguntó el niño jalándola de la mano – El tío Souta también nos ayuda

- Claro vamos – Enlazó su mano con la del niño y salió de la habitación.

- Hola Myoga… ¿Yasha y Kagome ya llegaron? – Preguntó mientras cerraba la puerta de la casa tras él.

- Sí señor, también está la señorita Sango – Avisó Myoga.

- ¡Papi, llegaste! – Bajó el niño corriendo las escalas para luego lanzarse hacia él siendo atrapado en brazos – Hicimos galletas con la abuela, el tío Souta y mamá, te dejé algunas con Myoga ¿Verdad? – Preguntó al anciano quien asintió - ¿Vamos a ver películas?

- Claro que vamos a verlas, pero primero debemos ir a buscar algunos bocadillos y pensar en las películas…

- Comienzan a entrevistar el lunes – Dijo Kagome dejando el teléfono sobre la base.

- ¿En serio vas a buscar un empleo? – Preguntó Sango.

- Necesito hacerlo Sango, tengo un titulo que no he ejercido aun – Dijo Kagome comenzando a marcar otro número.

- ¿Y qué harás con Yasha y tus responsabilidades en la casa? – Preguntó la mujer.

- Muchas gracias – Sonrió y volvió a colgar, encerrando un nuevo anuncio en la prensa – Yasha está en el jardín, la casa es llevada prácticamente por Myoga, si analizas estoy perdiendo tiempo importante, además sería solo un trabajo de medio tiempo.

- Esta "Taisho Company" – Le recordó Sango.

- Sabes bien que me darían el trabajo aunque no hubiera estudiado, no quiero obtener las cosas así, Inuyasha me ha dado todo durante estos años, quiero conseguir algo por mi cuenta, ganar mi dinero y sentir la satisfacción de usarlo; sé que suena chiflado, pero es lo que quiero hacer – Se explicó.

- Bien, creo que te entiendo

- ¿Sabes que más quiero hacer?, quiero cambiar físicamente

- ¿Cirugías plásticas? – Dijo contrariada.

- No, claro que no, más bien algo así como mi look, he estado igual por estos años, así que quiero comprar nueva ropa, hacerme un nuevo corte… ¿Me entiendes?

- Claro que sí y sabes que cuentas con mi estupenda asesoría, ¿Y qué día?

- No sé, esta semana si puedes uno de los días, sino el fin de semana.

- Ya sacaré un espacio, y te dejó porque quedé de verme con Miroku, claro si Inuyasha ya lo dejó libre, andan en unos enredos – Sango se levantó de la cama y en compañía de Kagome fue hasta la puerta de la casa; una vez que Sango se fue, pensó en que podía hacer ahora, ese era un interrogante que nunca había salido a flote en su vida, siempre se vio llena de quehaceres, ahora que si analizaba no tenía mucho por hacer, casi nunca.

- ¡Mamá! – La llamó el pequeño desde la habitación disponible para ver películas – Estamos viendo películas de terror, ¿Vienes? – Invitó el pequeño, y ante su mirada destellante no se pudo negar – Estamos viendo toda la saga de "Saw" – El niño se sentó juntó a su padre y ella junto al pequeño que le paso una soda.

Genial…una película de terror y gore, tenía un estomago sensible para ese género, bueno no solo un estomago sensible sino que una mente susceptible también; al contrario de ella, su hijo adoraba esas películas y qué decir de Inuyasha, ella en cambio gritaba hasta por la mas ínfimo sonido de una mosca. Desvió su mirada de la amplia pantalla, en cuanto alguien se auto-mutilaba un pie, sus ojos se toparon con un par de lagunas doradas a unos centímetros de distancia, él le sonrió y pasó tras el niño hasta sentarse a su lado.

- ¿Asustada? – Susurró en su oído.

- Claro que no – Volvió su mirada al frente, enfocando su vista en una esquina.

- Te conozco Kagome y odias el cine de terror… ¡Oh mira! – Vociferó logrando que la mujer pegara un grito y escondiera su rostro en el pecho de él – Así está mejor – Pasó sus manos por la cintura de ella.

- Déjame Inuyasha – Se sonrojó ante su ingenuidad, caer en una broma tan tonta.

- Así estamos mejor… ¿No crees? – Le preguntó con una sonrisa en sus labios.

- No lo creo, ¿Me sueltas? – Le pidió en voz baja tratando de llamar mucho la atención del niño.

- No quiero – La apresó mas entre sus brazos, dejando sus rostros a una distancia demasiado corta – Te amo…y te extraño – Acarició su rostro con delicadeza, dándose un tiempo para admirarla, como hace un tiempo no lo hacía.

- Suéltame, por favor – Pidió cerrando sus ojos a la mirada de él, si continuaba mirándolo se rendiría en sus brazos.

- Tú me amas…lo sé, me amas tanto como yo a…

- Si me amas por qué me traicionas con esa mujer – Refutó ella.

- Kagome no prestes atención a los comentarios de Kikyo, ella solo buscará la manera de alejarnos, confía en mí, yo no te lastimaría, yo no te engañaría… Mírame – Tomó su rostro con delicadeza logrando que ella enfocara su mirada castaña en la de él – Kikyo solo busca separarnos, no lo permitas – Se inclinó con lentitud

Yasha buscó a su papá a su lado para que colocara la siguiente película, pero se sorprendió cuando encontró a sus padres fundidos en un beso, sonrió con picardía y volvió la vista a los créditos que aparecían en pantalla. Él no era tonto y sabia que sus padres estaban enojados por algo que no entendía del todo, no los quería separados, solo por eso no interrumpía.

No podía evitarlo, desde el momento en que él la tomó en brazos, sabia en que terminaría, los ojos de Inuyasha la habían hipnotizado y sus besos atrapado; no lucharía por salir de sus brazos, quería un momento así un momento para fantasear con que él era totalmente suyo, un instante para olvidar la realidad.

- Voy a…ya vuelvo – Suspiró una vez que pudo salir de la prisión de él y con las palabras trabadas y un poco de torpeza, logró salir de la habitación.

- Off, pensé que tardarían mucho – Dijo el pequeño acomodándose en el amplió sofá cama.

- ¿Estabas viendo? – Preguntó un sorprendido Inuyasha, la verdad creyó que su hijo estaría viendo la película.

- Se acabó hace un par de minutos… ¿Ponemos la otra?

- Claro…

- ¿Por qué no se lo has dicho?

- Kagome no me da oportunidad, pensé que con algo que había sucedido el fin de semana, las cosas se calmarían un poco y tendría oportunidad de explicarme, pero ella simplemente me repele, solo me habla lo necesario, odio esta situación

- Bueno pues apresu…

- Señor Taisho, tiene una llamada de su casa por la línea tres – Comunicó la secretaría por el teléfono.

- Gracias Seiko – Presionó el botón que comunicaba con la línea - ¿Si?

- Hola… - Saludó con algo de timidez.

- ¿Sucedió algo Kagome? – Preguntó con notoria preocupación.

- No, claro que no, solo me preguntaba si podías recoger hoy a Yasha en el jardín, tengo algunas cosas que hacer

- Por supuesto, segura de que no es nada grave

- Sí es solo que quedé de hacer algunas cosas, ¿No tienes problema verdad?

- Claro que no

- ¿No crees que te excediste en las compras? – Dijo Sango mirando el desfile de paquetes que entraban algunos empleados de la casa.

- Tal vez, no lo sé, el caso es que no es que sea materialista pero me siento bien sabiendo que seré una nueva persona

- Allá tu Kagome, yo solo te apoyó y te aconsejó en lo que decidas, ya es tarde y me tengo que ir hablamos mañana

Una vez que envió a Sango con un chofer, ingresó a la casa, encontrándose con la sala llena de paquetes, bueno tal vez se había excedido un poco o tal vez tenía demasiada prisa en dar un paso en su vida.

- ¿Y esos paquetes? – Preguntó bajando las escaleras.

- Eh, fui de compras

- No crees que te excediste un poco para ser un día de compras – Le dijo Inuyasha.

- Si me vas a reclamar por el dinero, no te preocupes te lo devolveré cuando…

- ¿Cuándo consigas un empleo? – La interrumpió – Llamaron para confirmar una entrevista, les dije que no irías.

- ¿Qué hiciste qué? – Preguntó con cierto enfado – No tenías derecho a…

- ¡Tengo todo el derecho, eres mi mujer y…

- ¡¿Tu mujer? ¡Te recuerdo Inuyasha que tu y no estamos casados!, y lo que sea que éramos, tú te encargaste de arruinarlo

- Aun así, vives en mi casa por lo tanto bajo mis órdenes – Soltó dolido.

- Esta bien aceptó que he vivido como quieres todo este tiempo, por lo mismo me cansé, quiero vivir por mí misma, quiero crecer, he estado durante este tiempo contigo y con Yasha y no voy a decir que me arrepiento, pero ambos han crecido, mientras yo sigo siendo la misma jovencita que se fue a vivir con su novio, no tengo vida social…todo este tiempo lo único que he hecho es ser mamá y ser tu pareja

- Así que a eso se deben estos arrebatos, Kagome no tengo problema con que trabajes, puedes hacerlo en mi compañía, siempre tendrás las puertas abiertas allí y lo digo profesionalmente hablando, no por otras razones, no entiendo por qué no me dijiste

- Quería hacer esto por mí misma, por lo mismo, porque he vivido bajo tu sombra todo este tiempo, todo lo que tengo hoy es comprado con tu dinero y yo, estoy cansada de todo esto; estoy cansada de Kikyo, de mí y de lo que se ha vuelto nuestra relación

- ¿En qué se ha convertido?

- Dímelo tú, con todo esto de Kikyo, muchas preguntas se vinieron a mi cabeza, porque bueno yo creía que me querías pero sucede todo esto y entonces me preguntó si eres la misma persona aquí que en tu trabajo, cada vez que entras en esta casa tu mirada cambia; el caso es que no sé nada de tu vida fuera de tu rol de padre y pareja

- Fuiste tú quien te quisiste alejar de este mundo, así que no puedes recriminarme por eso Kagome, no puedes decirme que no te hice participe de mi vida porque lo intenté y tu simplemente… ¡Argg, sabes que olvídalo!

Olvídalo, para él era así de sencillo, lo olvidaba, para ella no era tan sencillo, ojala solo pudiera ignorar los últimos acontecimientos, pero ignorar la realidad no era sencillo.

- Y tiene razón Inuyasha, ella se siente apartada de tu vida, y acepta que tú mismo eres el culpable de eso.

- ¿Qué yo soy el culpable? – Exclamó el ojidorado.

- La apartaste de una parte de tu mundo, la aislaste en esa casa para ti solo, es como si la hubieras encerrado en una fortaleza, ella ahora solo quiere salir de ahí

Podía aceptar eso, él no quería Kagome en ese mundo, aceptaba que desde que la conoció la apartó de ese mundo, ella era demasiado dulce para el círculo social que él frecuentaba. Y nuevamente el idiota de Miroku tenía razón, él la "encarceló" para él en la mansión, el guardó a Kagome en ese lugar sin permitirle avanzar y hasta ahora se daba cuenta de las cosas.

- ¿Qué harás? – Preguntó Miroku trayéndolo a la realidad.

- Trataré de enmendar las cosas

Tarea difícil, pero era una tarea que no solo le correspondía a él.

Bueno al parecer Kag despertó de su sueño y se dio cuenta que no todo era como había querido. Solo espero que las cosas entre ellos se solucionen… jajajaja… ¡Soy yo quien las soluciona!... Bueno ustedes entienden. Espero les haya gustado, estaré actualizando la próxima semana si nada sucede… dejen sus comentarios, sugerencias y demás. Les mando un abrazo… Un beso… Adios.