Hola… Como leyeron por ahí, estoy como medio embolatada, espero que no cambie mucho el orden de lo que habían leído… ah… yo sé que no.
Pero obviamente les pido disculpas eso fue mi culpa, esto me pasa por adelantada (Es que a veces escribo y me quedo pegada a la PC y adelanto algunos capítulos y cosas como estas pasan) xD… Lo siento pero espero que puedan volver a ubicarse. Aquí les dejo el 17… Luego sería el 18 (Lo del accidente) y luego el 19 (El nuevo) ok?
Cáp. 17: Salir del caparazón
- Vamos Kagome, arriba ese ánimo, ¿No querías un empleo? – Le preguntó Sango.
- Claro que no quería, pero esta no era exactamente mi idea
- Te van a dar facilidades en los horarios, podrás trabajar en la casa, eso te ayudará para seguir al pendiente de Yasha, además vas a ganar un asombroso sueldo; bueno sé que…
- Es la compañía de Inuyasha, eso era lo que no quería, yo deseaba conseguir el empleo por mis propios meritos y también conocer nuevas personas, hacer mas amistades, pero Inuyasha no me dejara tomar ningún otro empleo - Suspiró acongojada, revolviendo su café – Tal vez sea lo mejor, tampoco quería dejar a Yasha mucho tiempo sólo
- Tranquila Kagome, todo a su debido tiempo, además hay otras maneras de conseguir amistades, podemos ir a fiestas y todas esas cosas, solo da un paso a la vez
- Señorita Kagome, ¿Quería saber que haríamos con las cosas que sacó de su armario? – Preguntó una mujer por el teléfono.
- Llamen a una fundación y dónenlo – Pidió Kagome a lo que la mujer acató.
Ahora que organizaba la ropa en el armario, no le pareció tan buena idea comprar tanta ropa, había comprado, varios jeans, faldas, blusas, suéteres, pijamas, lencería, nuevos zapatos y algo nuevo que nunca había usado mucho, vestidos de noche, aun no sabía en qué ocasiones los usaría pero ya llegaría la ocasión.
- ¿Si? – Presionó el botón de altavoz, para no interrumpir su labor.
- Kagome, ¿Cómo estás?
- Eh… bien – Dejó lo que hacía para esperar las palabras de él - ¿Sucede algo?
- Bueno pues, hoy hay una celebración en el Palacio Imperial y quiero que vengas conmigo, ¿Puedes? – Le preguntó Inuyasha.
- Eh… - ¿Una reunión?, él la estaba invitando y… ¿No se suponía que eso era lo que ella estaba buscando, tener una vida social?, bueno este sería un paso – Claro que sí…
- Bien entonces, arréglate para las 8:00 p.m.
- Está bien
Bien esto era en definitiva lo que ella quería, aunque no podía decir que estaba relajada por ello, ahora que lo cavilaba, estaba muy nerviosa, por asistir a una de sus reuniones, en su vida había ido a algo así y no sabía que se debía o no hacer.
- No te acuestes muy tarde, mañana debes ir al jardín y Myoga te traerá tu leche antes de dormir… ¿Vas estar bien? – Le preguntó al pequeño que coloreaba un libro.
- Claro mami, ya estoy grande y no te preocupes cuidaré la casa – Asintió el pequeño haciendo sonreír a Kagome.
- Bien… Ahora dime ¿Cómo me veo?
- Muy linda
- Demasiado…
- ¡Papá! – Corrió hasta el hombre lanzándose a sus brazos, le gustaba que su papá lo levantara, todo se veía desde esa altura - ¿Verdad que mamá se ve muy bien?
Bien no era la palabras, es mas no estaba seguro de que existiera una para describirla a ella, Kagome siempre había sido hermosa, pero enfundada en ese vestido se veía aun más bella; el traje era de color negro, de fina tela y con algunos brillos, completamente entallado desde el pecho hasta la cintura y caía con delicadeza hasta los tobillos, una abertura se marcaba en un costado, revelando una de sus piernas sutilmente con su caminar; sus cabellos estaban sueltos, con algunos bucles recogidos en una peineta de brillantes en forma de flor, su maquillaje era leve, un poco de sombras, rímel y un delicado brillo para sus labios, estaba más que perfecta.
- Claro que sí… ¿Nos vamos? – Dejó al pequeño en el suelo y le revolvió los cabellos; ella asintió y luego de recibir un beso del pequeño en la mejilla salió delante de Inuyasha – Buenas noches Yasha…
- Yasha está en su habitación, si algo sucede no dudes en llamarme – Le dijo a Myoga.
- No se preocupe señorita, todo va estar bien, vaya sin cuidado y diviértase
- El auto nos espera Kagome - Con algo de nervios salió de la casa e ingresó a la limosina que los esperaba fuera – Tranquila Kagome, no es nada serio, esta ceremonia se celebra cada año para conmemorar a los mejores empresarios
- Estoy bien – Aseguró la joven mujer, pero para que mentía, nunca fue muy buena en eso.
- Me alegra mucho, porque ya llegamos – El auto se detuvo e Inuyasha bajó para luego ayudar a Kagome a hacer lo mismo.
La entrada al palacio estaba perfectamente iluminada, ambos caminaron las escaleras que llevaban hacia la puerta, donde una mujer vestida de etiqueta, corroboraba los nombres de los invitados. Una vez dentro, recorrió el salón con la mirada, el lugar era deslumbrante, las grandes lámparas en el techo, las mesas correctamente dispuestas en el centro; el resto del salón estaba lleno de personas, todos los hombres vestidos de traje y las mujeres usando elegantes vestidos, y a pesar de ir acorde para la ocasión no pudo sentirse más fuera de contexto.
- Inuyasha, señorita Kagome, que bueno que ya han llegado – Llegó Miroku al lado de Sango, finalmente alguien conocido por Kagome – Hace algunos momentos me encontré con el señor Smith de Londres, me pidió que le avisara cuando te viera
- Bien, vamos Kagome – Comenzó a caminar con entre las personas deteniéndose a hablar con algunas.
La ceremonia había transcurrido con normalidad, aunque para ella era aburrido estar parada al lado de Inuyasha mientras él hablaba miles de cosas con varias personas, luego de una hora de estar en las mismas, todos fueron conducidos a las mesas, las luces bajaron y un hombre subió al podio, dando un extenuante discurso, después el hombre comenzó a llamar a algunos empresarios que recibieron galardones, era algo así como unos premios cinematográficos o musicales, solo que más aburrido.
- Recibamos al señor Kouga Miyamoto – Todos aplaudieron al joven hombre que subió al podio; por lo que saltaba a la vista el hombre tenía la misma edad que Inuyasha y también que no le caía en gracia al ojidorado.
- ¿Quién es él? – Preguntó a Sango al notar la incomodidad de Inuyasha.
- Es la competencia de "Taisho Company", nuevo empresario – Explicó Sango – A Inuyasha no le cae muy bien que digamos
- Es solo un presumido – Habló Inuyasha al lado de Kagome – Entró en el negocio hace un par de años y aparentemente le va bien…
- También tiene negocios con la compañía – Agregó Miroku
- Si tienen negocios juntos, ¿Por qué se llevan mal? – Preguntó Kagome aun sin entender.
- Es que más que un problema comercial, es algo sobre personalidades que chocan, ese par no se llevan bien, no se toleran, pero aparentan todo lo contrario – En el momento en que dijo eso, Kouga pasó al lado de la mesa de Inuyasha y extendió su mano para estrecharla con él, Inuyasha se levantó aceptando el gesto con una sonrisa que Kagome identificó como falsa, hasta un "fraternal" abrazo hubo; en ese momento ella pensó que Inuyasha hubiera sido un gran actor.
- Ha llegado la hora de homenajear al empresario del año, por sus excelentes logros, conseguidos en tan poco tiempo y a tan poca edad, recibamos al empresario, el señor Inuyasha Taisho – Sorprendida miró al hombre a su lado que se levantó recibiendo un abrazo de Miroku y Sango, con algo de torpeza se levantó y le sonrió con suavidad, no podía negar que se sentía muy orgullosa de él.
- Felicitaciones – Susurró en su oído para luego depositar un beso en su mejilla y permitirle ir al podio.
- Gran noche… - Dijo Miroku mientras caminaban hacia la salida del Palacio Imperial – Felicitaciones de nuevo Inuyasha, Sango y yo nos vamos… - Al momento las mujeres regresaron con sus gabanes para cubrirse del frío de la noche – Hasta luego señorita… - Se despidió y subió al auto que lo esperaba afuera.
- Me hubieras podido decir, que serías el homenajeado
- Solo se me pasó – Entraron a la limosina que les fue abierta por el ballet, luego comenzaron a moverse.
- Esas cosas, no se pasan – Imitó Kagome su tono de voz – En todo caso, felicitaciones señor empresario del año… Ya conseguiste esto… ¿Qué es lo siguiente?
- Lograr que la bella mujer que me acompaña hoy, acepte mi invitación a cenar… ¿Qué me dices?
- Creo que te lo mereces – Bromeó Kagome, logrando que él riera y que ella se le uniera al momento.
Después de una media hora, la limosina se detuvo en una de las zonas más exclusivas de la ciudad y frente a unos de los restaurantes más lujosos. Una vez allí, Inuyasha la ayudó a bajar como todo un caballero y le ofreció su brazo de apoyo.
- Señor Taisho, ¿La mesa de siempre? – Preguntó el hombre que los recibió en la entrada.
- Esta vez quiero algo más privado – Respondió, el hombre los guió hasta una de las mesas más apartadas con una de las más espectaculares vistas, antes de marcharse les dejó la carta y se llevó consigo una orden del mejor vino.
- ¿Vienes mucho aquí? – Le preguntó Kagome.
- Hay buena comida y generalmente cierro los contratos en este restaurante – Dijo sin apartar su mirada de la carta; un silencio incomodo se formó entre ambos, siendo interrumpido con el regreso del camarero con la botella de vino y un par copas; ambos ordenaron y quedaron nuevamente en el incomodo silencio – Gracias por acompañarme
- No fue nada, gracias a ti por invitarme – Le dedico una sonrisa con algo de incomodidad.
- Lo hice porque...
- Inuyasha…que grata coincidencia – El hombre se detuvo en su mesa, dejando a su acompañante para saludar – Veo que ambos tenemos los mismos gustos – Sonrió mirando a la mujer frente a Inuyasha – Es un gusto señorita…
- Kagome…Higurashi – Dejó que el hombre de profundos ojos azules tomara su mano con delicadeza y depositara un beso en ella.
- Kouga Miyamoto a sus órdenes – Inuyasha se revolvió en su silla y el otro soltó la mano de la joven mujer – Es una muy hermosa dama, tal vez logre que Inuyasha siente cabeza – Bromeó mirando al aludido que sonrió incomodo – Digo ya va llegando a la edad de que tenga hijos y esposa…
- Kouga… - Habló por primera vez la mujer a su lado.
- Ha sido un verdadero placer conocerla señorita, tal vez algún día tengamos el placer de encontrarnos… Inuyasha, nos vemos luego – Sonrió y volvió a enlazar su mano con la de la mujer para retomar su camino.
- Kagome…
- No te preocupes, esto me deja en claro qué lugar ocupa…
- No es eso, Yasha y tu son lo más importante en mi vida – Se inclinó sobre la mesa, posando una mano sobre la de ella – Es solo que no mezclo mi vida personal con los negocios
- Sí ya me doy cuenta, al parecer no solo soy yo la que vive en las sombras si no también tu propio hijo, me pregunto cuantas veces habrás ocultado nuestra existencia
- No lo he hecho, Kagome tu misma viste cuan vació es el circulo social que me rodea, lo único que importa es la cantidad de dinero que tengas, los hombres solo piensan en negocios; sus esposas piensan en gastar el dinero y en formar lazos maritales, todo con el fin de conseguir dinero, el dinero es lo único que importa en este mundo; si nunca hablo de mi familia es porque no los quiero rodeado de todo esto, ni a Yasha ni mucho menos a ti, es por eso que soy alguien cuando dejo la casa para ir al trabajo, pero una vez que llego a casa una paz me envuelve, te veo a ti y a mi hijo y me desconecto de todo
Ni siquiera pudo contestar algo pues sus platillos llegaron y ambos se volcaron de nuevo en un silencio, aunque no tan incomodo como el anterior. Hubieran logrado iniciar una nueva conversación sino fuera que cada vez que daban un paso para hacerlo alguien tenía que llegar para interrumpirlos y eso había sido, sin exagerar, cada cuarto de hora o menos, era algo absolutamente insoportable.
- Señorita, le envían este cóctel de la mesa de allá – Habló el mesero, apuntando la mesa en la esquina opuesta a la de ellos; Kagome confundida miró al lugar, topándose con la mirada azulada de Kouga, ¿Qué demonios sucedía ahí?, tan desentendida estaba con el acto que no se atrevía a recibir el trago.
- Devuélvalo – Habló Inuyasha por ella – Dígale que gracias por el gesto pero que al acompañante no le gustó – El camarero dudó un instante pero cuando la dorada mirada de Inuyasha se clavó en él, simplemente obedeció.
- No iba a aceptarlo – Dijo Kagome, una vez que volvieron a estar solos - ¿Podemos irnos? – Optó por no mentar más el tema y regresar a casa.
- Claro – Sacó su billetera de cuero y dejó unos cuantos billetes dentro de la cubierta que contenía la cuenta, dejando paga la comida y un generoso excedente de propina – Vamos…
- ¿Estas enfadado? – Preguntó una vez que pasó su mano por el de él – Por lo de…
- Pero que grata coincidencia Inuyasha, me enteré que eres el empresario del año, no pude ir a la recepción pero ahora que te veo aprovecho para… Oh disculpa… ¿Tu quién…, no espera yo te conozco – La miró con fijeza – Eres la que…
- Kagome - Dijo ella evitando las divagaciones de ella.
- Claro que sí, eres la niña que…bueno…
- Kikyo, quédate con tus palabras, si nos disculpas nos tenemos que ir – Intervino Inuyasha por primera vez.
- No se te olvide Inuyasha, tu y yo aun tenemos cosas pendientes – Habló antes de que la pareja lograra avanzar un milímetro.
- Tu y no tenemos nada pendiente
- Pues no sé si le has comentado a ella acerca del grandioso congreso que…
- Ni se te ocurra amenazarme con eso – La tomó del brazo con rudeza, él tenía limites y ella los estaba pasando – Yo no estoy enfadado, pero al parecer tu sí – Comentó una vez que estuvieron solos en la limosina.
- No lo estoy, solo estoy cansada – Mintió, él tenía razón, el volver a escuchar de los labios de Kikyo el tema de la infidelidad de Inuyasha la hacía enojar inevitablemente – Gracias por la invitación.
- No fue nada espero la hayas pasado bien – Suspiró y se recostó de lleno en el asiento.
¿Disfrutado?, no iba a decir que no le alegraba lo del reconocimiento a Inuyasha, pero aparte de eso todo había salido de mal en peor; se aburrió indiscutiblemente durante esa recepción, en el restaurante no tuvo un minuto de paz durante la cena, eso sin contar los incidentes con Kouga y Kikyo, la verdad no había sido la mejor ni más divertida noche; hubiera preferido un cumpleaños de su hijo o una salida a Wc'donalds; cualquier cosa menos eso. Aun así hubo algo que había valido la pena, eso había sido la revelación de Inuyasha en el restaurante, no sabía si creerle o simplemente ignorarla, pero había sonado tan sincero…
- Ya llegamos señor – Anunció el chofer al ver que ninguno de los dos se bajaba.
- Kagome… - Se inclinó hacia ella que lo miraba fijamente, al ver que la mujer no se alejó con su acercamiento, se inclinó aun mas hasta sus labios se abrieron sobre los de ella, atrapándolos en un beso. Sus manos se perdieron en la estrecha cintura y con algo de dificultad y desespero, logró salir del auto con ella entre sus brazos – Las llaves… - Acorraló a Kagome contra puerta mientras buscaba las llaves que la abriera, una vez que las halló, abrió con rapidez, mientras de nuevo besaba a Kagome que se mantenía abrazada a su cuello. Sus manos bajaron por las piernas de ella, colándose por la abertura del vestido en la pierna de derecha, subiendo el vestido a la misma vez que la alzaba a ella dejándola presionada contra sus caderas. Sin mediar más palabras subió las largas escaleras con marcada torpeza, pero sin importarle ni un poco.
- Cuidado Inuyasha – Se rió cuando estuvieron a punto de caer en un tramo de las escalas, él le devolvió una pequeña sonrisa y la asió más fuerte; Kagome desenlazó sus manos del cuello de él para comenzar a quitarle el saco del traje.
- Acuérdame de instalar un ascensor – Le dijo una vez que entraron en la habitación.
- Eso no es un lindo halago – Dijo Kagome mientras él la recostaba en la cama.
- Lo decía porque necesitó mejorar mi tiempo para subir – Con algo de urgencia se quitó el saco del traje con el que ella había estado jugueteando mientras subían, y luego con suavidad se posó sobre ella; acarició su rostro con ternura mientras depositaba un beso en su frente, no podía creer que las cosas se estuvieran dando luego de tantas cosas, Kagome era tan necesaria para él, que hubiera jurado que moriría si jamás volvía a tenerla entre sus brazos o no volvía a darle un beso.
Depositó un beso en su frente y luego siguió un caminó hasta sus labios, los cuales lo recibieron con urgencia, ella lo atrapo del cuello y se reclinó para besarlo más cómoda y abiertamente. Las manos de Inuyasha subieron por la espalda de ella hasta encontrar el cierre del vestido, perfectamente escondido entre la tela del vestido, deslizándolo con suavidad hasta que pudo comenzar a desprenderla de él.
La luna aun se perfilaba en el cielo, iluminando en todo lo que su magnificencia daba, colándose por los rincones permitidos, iluminando el suelo de la habitación, entrando por entre las persianas y reflejándose en el piso, asomando con perfecta delicadeza, la fina madera, cubierta con la perfecta alfombra estilo persa y a su vez, unas cuantas prendas desperdigadas en la misma; la luz lunar entraba a la habitación, mostrando con sensualidad el lecho, las sabanas desechas y una pareja unida, en el acto más puro, más fiel. La joven enredaba sus piernas tras la cintura de él, sentada sobre sus caderas, siendo presionada de la cintura, ambos acoplándose a los movimientos, siguiendo una perfecta danza; los gemidos y suspiros reinaban en el lugar, ni una palabra, solo exhalaciones ahogadas por la pasión y expulsadas por la misma; caricias precisas, en el lugar indicado, estimulando al otro, hablando por medio de ellas, un lenguaje de gestos, del amor, del alma…; y besos, cortos, largos, profundos y leves, con desesperación o calma, con ansias de sentir más cerca al otro, como sello de la consumación.
Ambos cuerpos cayeron sobre la cama, él sobre ella, cuidando de no lastimarla, sus manos estaban entrelazadas, como único resto de su pasada unión; los dos respiraban con algo de dificultad, y con un poco de la misma Inuyasha se movió a un lado, recostándose en almohada y atrayéndola a ella a su pecho, todo parecía más que perfecto, era como un sueño, del cual no quería despertar, deseaba estar con Kagome para toda la vida, unidos de la manera más pura, de la misma que ambos compartían con alma, vida y corazón.
- Gracias…por…
- Shhh – Posó un dedo en sus labios, seguido de un suave beso – Olvidemos todo, solo quiero que me abraces y me beses y…
- Creo que eso podemos arreglarlo – Sonrió con picardía, dando un giro sobre la cama dejándola una vez más bajo él.
No le permitió ninguna palabra mas, con ímpetu se reclinó hacia él atrapando sus labios; no sabía muy bien como había llegado hasta allá, pero tampoco estaba para colocarse a pensar en eso, no ahora cuando sentía que todo podía estar bien entre ambos, que nada arruinaría algo tan mágico como lo que sucedía ahora.
- ¿Crees que se Yasha se enoja si no vamos al zoológico? – Preguntó Inuyasha.
- ¿Qué hora es? – Miró el pequeño reloj sobre la mesa de noche y pronto amanecería – Wow…creo que si queremos ir a ver animales, debemos dormir ya – Pasó sus manos por el cuello de él.
- Si por mí fuera no te dejaría dormir ni una sola noche…
- Si fuera así tendríamos muchos problemas – Aseguró la mujer, mientras se acomodaba mejor bajo el cuerpo de él.
- Me gustaría meterme en problemas, contigo claro – Besó con el cuello de ella comenzando a marcar un inexistente camino, quería apoderarse de hasta el más intimo rincón del cuerpo de ella y brindarse de igual manera.
- Pervertido – Sonrió entre sus besos, para luego dejarse llevar una vez más. Y mientras ambos giraban entre las sábanas, con el sol comenzando a despuntar, un luz mas se hacía presente.
Abrió sus ojos con lentitud, y los posó sobre el reloj en la mesa de noche, eran pasadas las ocho de la mañana, estaba temprano, eso ya lo sabía, podía quedarse un poco más en la cama, no había dormido mucho y estaba algo cansada, el recordar la causa de eso, la hizo sonreír y decidida a dormir un poco más, se giró entre los brazos que la apresaban de la cintura, para descansar más cómodamente, enterró su rostro en el pecho de Inuyasha, sintiendo a la vez como inconscientemente el abrazaba aun mas, antes de lograr volver a dormir un poco, el insistente bip de un celular la llevó a buscarlo, inclinada hacia el suelo, aun sobre la cama revolvió las prendas sobre el suelo hasta dar con el pequeño aparato de color negro, era el celular de Inuyasha, en la pantalla daba el aviso de dos mensajes, uno a horas tempranas de la mañana y el otro era más reciente; miró al hombre a su lado y pensó en despertarlo, podría ser algo urgente o tal vez solo una tontería que podría comunicarle luego; más decidida oprimió leer.
Se revolvió entre las sabanas, tratando de hallar un buen espacio para escaparse del sol, se movió por toda la cama, no encontrando una buena posición, como tampoco el menudo pero perfecto cuerpo de la mujer que estuvo con él un par horas atrás; con algo de incertidumbre y porque no, pánico se sentó de inmediato.
- Kagome… - La llamó, esperando verla salir del baño, con sus cabellos húmedos y envuelta en una toalla, mas esa visión no llegó a él - ¡Kagome! – Habló un poco más fuerte; con algo de preocupación se levantó rápidamente de la cama y fue completamente desnudo hasta la cajonera, para sacar un par de prendas para colocarse; no sabía porque se preocupaba tanto de seguro ella se había levantado para organizar a Yasha, hoy era su salida al zoológico y era casi mediodía, de seguro era solo eso; pero el estar consciente de eso no funcionaba, iba a estar en calma cuando la viera y pudiera besarla, antes de lograr dar un paso fuera de la habitación ella ingresó – Kagome… - Fue hasta donde ella y la abrazó con fuerza, su corazón volvía a latir tranquilo – Creo que dormí demasiado, vamos al zoológico con Yasha, déjame me doy una ducha y estoy con ustedes en quince minutos – Por alguna extraña razón no la dejaba hablar nada, no quería, ¿Por qué?.
- Iremos a visitar a mi madre – Dijo Kagome mientras echaba un par de cosas en su cartera, ella ya estaba vestida, con una blusa de color negro un jean sencillo y un par de botines negros de tacón medianamente alto, sus cabellos estaban peinados en una coleta y no usaba maquillaje.
- Bien entonces no tardo, voy a…
- Yasha y yo visitaremos a mi madre – Le interrumpió Kagome – Tu tienes un compromiso.
- ¿Compromiso?, no tengo nada en mi agenda hoy – Dijo Inuyasha sin entender nada.
- Algo surgió, revisa tu teléfono – Concluyó para salir de la habitación.
Hubiera ido donde ella por una explicación, pero aparentemente esta estaba en su celular, dio un barrido visual a la habitación, hasta localizar el aparato sobre el buró, fue hasta él y comenzó a revisarlo, hasta dar con el par de mensajes, remitente desconocido…
"Te espero en mi departamento…
Kikyo"
"¿Por qué no viniste?, me debes una explicación Inuyasha, nos vemos a las dos de la tarde en el café de la última vez
Kikyo"
- ¡Demonios! – Masculló enfadado, así que era por eso que Kagome estaba con esa actitud, todo por la maldita culpa de Kikyo.
- ¿Papá no viene con nosotros? – Preguntó el pequeño mientras se subía al auto.
- Papá tiene algunos compromisos que cumplir, pero no te preocupes, iremos por la abuela y el tío y luego al zoológico… ¿Qué te parece?
- Pero mi papá… - Insistió el pequeño, quería a su abuela y a su tío, pero quería ir con su padre.
- ¿Listo para el zoológico campeón? – Preguntó el hombre, mientras bajaba las escaleras hasta el auto.
De nuevo sorry… Bueno espero que se hayan logrado ubicar obviamente en cuanto descubrí mi tonto error (Quien sabe en que estaba pensando). En fin espero les haya gustado. Un abrazo… Nos vemos en el 19 Jajaja.
