Holas…Espero que el día de hoy se encuentren muy bien, así como yo lo estoy; me robado tiempo de mis obligaciones en la Universidad para ponerme a actualizar mis bellos bebés (fics)… Antes que nada quiero agradecerles por el apoyo en esta historia, gracias por todos los comentarios y también a los que la siguen. Sé que esta historia anda un poquito complicada con lo de Kagome e Inu pero yo también estoy de acuerdo en que Inu sufra, y así yo lo consuelo…xD. Ahora si en serio les dejo la actualización.

Cáp. 18: Complicaciones

- ¿Si vas a venir? – El niño se bajo del auto y corrió con premura hasta donde su papá.

- Claro que sí, además ningún compromiso es más importante que tu o que tu mamá – Recalcó mirando a la mujer.

- Si oyes mami, papá va a venir con nosotros – Dijo el pequeño en brazos de su padre.

- Ve y dile a Myoga que mande a sacar mi auto, iremos en el mío – El niño obedeció y salió hacia la casa llamando por Myoga.

- Quedé de ver a mi madre, así que lleva a Yasha – Iba a dar la vuelta para entrar en su auto pero él le agarró el brazo y la estrelló con el carro para luego presionarse contra ella.

- ¿Por qué le das el gusto a Kikyo de alejarme de ti? – Le preguntó – Tan poco te importa lo que tenemos, la familia que formamos

- Es a ti a quien no le importó, fuiste tú quien se acostó con ella y quien dejó a su propio hijo tirado para encontrarse con ella… - Le recordó la vez del centro comercial.

- ¿Por qué no confías en mi?, crees mas en ella que en mí, anoche pensé que las cosas habían quedado atrás y…

- También yo, pensé que el fantasma de Kikyo nos dejaría en paz, pero me levanto y me encuentro con que aun tienen encuentros

- Esta bien… - Se alejó varios pasos de ella, dándole de nuevo espacio – No te puedo obligar a que confíes en mí, pero si a que vengas con nosotros, Yasha preguntará por qué no viniste y…

- Ya le dije papá… ¿ahora si nos vamos? – Preguntó el niño entusiasmado.

- Claro que sí…

- Mira papá, los leones – El niño brincó entusiasmado y tomó la mano de su padre para acercarse más a ellos.

Inuyasha era buen padre, y eso era algo que no podía simplemente negar, porque a pesar de cómo estaban las cosas entre ambos, él no descuidaba a Yasha, pasaba días con él, se preocupaba por su educación y porque estuviera bien; en parte esa era una de las razones por las cuales no se alejaba de él.

- ¿Te divertiste? – Habló al pequeño que se deleitaba con el granizado, por lo que solo asintió – Tengo hambre, busquemos un lugar donde comer algo – Miró a todos lados esperando encontrar un buen sitio, finalmente se detuvo en un establecimiento, nada del otro mundo.

Agradeció mentalmente que la opción de Inuyasha hubiera sido esa, aunque por un momento creyó que él los llevaría a esos restaurantes de las zonas exclusivas de la ciudad, pero así era mejor, una cena sencilla y sin interrupciones.

El día no había estado mal, hasta había llegado a olvidarse del problema con Inuyasha y había pasado momentos demasiado agradables con su hijo y él, pero una vez en la casa, las cosas volvieron a su mente y mucho más con el recado de Myoga.

- Señor Inuyasha, lo llamó la señorita Kikyo Himura, dice que es urgente que mañana se encuentren – Avisó Myoga una vez que todos ingresaban a la mansión.

- Vamos Yasha – Ella tomó la mano del pequeño y se marchó escaleras.

- ¿Por qué no confía en mí? – Suspiró Inuyasha.

- Porque usted tampoco confía en ella – Habló Myoga dejándolo contrariado – La ha mantenido alejada de su vida profesional, ella no conoce más que el usted que regresa a casa luego de una jornada de trabajo y ambos sabemos señor que las cosas son así

No iba considerar las palabras de Myoga como un atrevimiento, pues él era lo más cercano que tenía a un padre, además tenía razón, él la había alejado de una gran parte de su vida, sin pensar que más adelante podría traer complicaciones. Ahora cómo lograr que ella confiara en él, ¿Cómo después de todo esto?

- Yo hubiera podido ir a este viaje – Dijo Miroku mientras terminaba de pasarle algunas carpetas a Inuyasha.

- Lo sé, solo que creo que es mejor, por varios asuntos…

- ¿Uno de ellos es Kagome? – Se atrevió a preguntar, aunque sin necesidad de hacerlo sabía que era así; habían pasado cerca de dos meses desde la tormenta que se había desatado entre Kagome y su amigo, y las cosas no daban un asomo de mejorar, por el contrario sabia que cada día empeoraba la relación entre ambos – Insisto en que yo hubiera podido ir, tú en cambio podrías haberte quedado, tal vez las cosas se pondrían me…

- Señor Taisho, su chofer lo espera abajo – Avisó la secretaria desde la puerta.

- Dile que ya bajo – Pidió Inuyasha – Vuelvo en cuatro semanas, si surge algo en la compañía no dudes en avisarme y si algo pasa con…

- No te preocupes, trataré de que Sango me mantenga bien informado, si algo sucede con alguno de los dos, te aviso – Aseguró Miroku, caminando fuera de la oficina con él.

- Señor Taisho, ya vamos a despegar – Le dijo el piloto de su jet privado; con un asentimiento de cabeza, se aseguró al asiento del avión.

Esto debería de ser lo mejor, el estaría dos semanas en los Estados Unidos arreglando todo para la construcción de una nueva planta en ese país, y aprovecharía para el cierre de un par contratos, eran cuatro largas semanas, lejos de su hijo y también de Kagome, solo esperaba que este tiempo alejados sirviera de algo; aunque antes de marcharse habían tenido una discusión aun tenía esperanzas en que las cosas iban a solucionarse.

"Me iré cuatro semanas, espero que durante este tiempo, pensemos las cosas con cabeza fría y podamos hablar"

Esas habían sido las palabras de él, para interrumpirla y para marcharse de la casa, el estaría fuera cuatro semanas, y hasta ella creía que era lo mejor para ambos, un tiempo alejados, para pensar las cosas, para ella tomar una decisión.

- ¿Quieres que te haga compañía o algo así? – Preguntó Sango, sentada frente a ella en la cafetería.

- Serán solo cuatro semanas, además me llegó trabajo de la compañía, estaba pensando en ir a las oficinas

- Eso sería genial, puedes venir luego de dejar a Yasha en el jardín y luego salir cuando debas ir por él, así no estarás tan sola en…

- Siempre lo he estado Sango es solo que…

- Nunca te quedaste tanto tiempo sola, sé que Yasha está contigo pero también sé que necesitas a alguien, bueno a…

- Dejemos las cosas así Sango, si tengo problemas te llamo o me quedo en casa de mi madre – La verdad la primera opción le parecía mejor, en su casa seguro tendría reproches de su madre.

- Bien ya me callo… ¿Qué vas a comer? – Preguntó la mujer volviendo la atención a la carta.

- Estoy bien así – Le dio un sorbo a su café, sin apetito para mirar si quiera el menú.

- Cada vez que salimos a comer te niegas a probar bocado, debes alimentarte Kagome – Aseveró Sango.

- Es que no tengo mucho apetito últimamente – Explicó ella.

- Desde hace casi un mes, no me digas que estas así por la situación con…

- ¡No!, no estoy así por así por Inuyasha, es simplemente que no me provoca nada Sango, la comida me da nau… - Se detuvo ante las cosas que comenzaba a cavilar su cabeza.

- Nauseas, ¿Eso era lo que ibas a decir?

- No…es que no puede… no ahora – La respiración se le dificultó ante el pensamiento, no podía imaginarse que haría si las cosas resultaban ciertas.

- Tranquila, no estás segura, solo… ¡Un vaso de agua por favor! – Pidió alarmada al ver que su amiga se ponía pálida, se iba a desmayar, de eso estaba segura.

- La acompañante de Kagome Higurashi – Salió la enfermera de una habitación, la mujer con prontitud acudió.

- ¿Cómo esta? – Preguntó Sango preocupada, como había adivinado, Kagome terminó desmayándose.

- Esta estable, no podemos precisar que causó el desmayo, tal vez es por el descuido en la alimentación como usted nos comunicó, aun así extraeremos un poco de sangre para hacer algunos análisis; si quiere puede ingresar a verla

- Claro – Siguió a la doctora hasta la habitación, donde la única persona allí era su amiga - ¿Cómo te sientes?

- ¿Qué hora es? – Rebatió ella en cambio.

- Van a ser las siete de la noche

- ¿Qué?... ¿Y Yasha? – Se levantó alarmada, estando a punto de quitarse de un jalón la jeringa que inyectaba el suero en su cuerpo.

- Tranquila, llamé a Myoga y él me dijo que se encargaría

- Dios…Myoga hablará a Inuyasha y…

- No le dije que estabas en hospital, solo le dije que tenías algunas cosas en la compañía

- Gracias… ¿A qué horas me puedo ir? – Preguntó en cuanto la enfermera regresó a la habitación.

- Ya, mañana puede pasar por los resultados de los exámenes, le recomiendo comprar estas vitaminas y alimentarse mejor señorita – Le dijo la mujer de mediana edad.

- ¡Mami!... ¿Dónde estabas? – Preguntó el pequeño – Papá llamó me dijo que estaba muy bien

- ¿Algo más?

- Mmmm… así me dijo que preguntó por la escuela y…ya – Concluyó el pequeño.

- Bien… - Suspiró con algo de decepción, ¿Acaso esperaba que él preguntara por ella? - ¿Ya comiste?

Esa noche durmió con su pequeño, en la habitación de ella, el niño no preguntó por nada, simplemente estaba emocionado de dormir en la habitación de sus padres.

- Lo mejor es mover esto de aquí o mejor remuévelo del todo, mándame los demás archivos para revisarlos mañana – Pidió Kagome a la joven frente a la computadora, para luego despedirse y marcharse por Yasha, fue hasta el ascensor y presionó el botón para que se detuviera por su piso.

- Pero sí que tengo suerte – Dijo una vez que vio a la persona que había detenido al ascensor por un piso mas.

- Buenas tardes – Ingresó al ascensor casi por educación, prefería esperar el siguiente que esperar en el mismo de él.

- No me imaginé que trabajaras en la misma compañía que Inuyasha, pues él no es del tipo que sale con sus empleadas – Dijo el hombre a su lado – Pero contigo hasta yo hago una excepción – Susurró en el oído de la mujer que se movió incomoda ante la acción – Lo lamento Kagome… ¿No te molesta que te hable por tu nombre?

- No se preocupe – Aceptó mas por educación que por gusto, la verdad las amplias coqueterías de él la molestaban; porque esta no era la única vez que se lo encontraba por los pasillos de la compañía; llevaba casi tres semanas asistiendo a las oficinas para trabajar, las mismas que Inuyasha estaba por fuera del país.

- Has hablado con Inuyasha me imagino – Continuó él y ella le dio una mirada a la pantallita en el elevador esperando a que llegara al primer piso.

- Sí… - Esa era una mentira, Inuyasha llamaba pero solo hablaba con Yasha, en ningún momento preguntaba por ella, y en parte agradecía por ello y mas basándose en los últimos acontecimientos – Hasta luego señor Miyamoto – Salió del elevador para irse con rapidez.

- Espera – Le tomó el brazo con agilidad – Espera un momento, me gustaría invitarte a…

- Tengo cosas que hacer – Se soltó de él con rapidez y salió del edificio donde el chofer de la casa la esperaba, no quería usar el auto por el momento, sin esperar indicaciones el chofer tomó rumbo.

El auto transitaba por la calle principal, ella iba en el asiento del copiloto, la verdad odiaba las informalidades, además iba con alguien de confianza al volante.

- No estoy segura de que mañana pueda pasar por Yasha, ¿Irías por él Hachi? – Le pidió.

- Claro que sí señorita

El camino de la compañía al jardín de Yasha era largo, pues quedaba al otro lado de la ciudad, aun así tenían tiempo de sobra para llegar; el hombre de mediana edad conducía a velocidad normal, sin apresurarse y concentrado en la vía, tan concentrado estaba que ni siquiera vio el auto tras él hasta que sintió que este lo golpeaba en la parte trasera, por poco y pierde el control del volante.

- ¿Se encuentra bien señorita? – Preguntó a la chica que simplemente asintió un poco preocupada.

- ¿Qué pasó?

- Creo que la persona en el auto de atrás perdió el control – Explicó no muy seguro – No se preocu… - Antes de concluir la frase un nuevo golpe fue propinado por el auto de atrás para luego posarse lado a lado.

No pronunció palabra alguna, con la esperanza de que el chofer lograra perder al auto que ahora corría lado a lado con ellos, como si de una carrera se tratara. Estaba asustada y no entendía que estaba sucediendo; el auto hizo una maniobra y los golpeo en el costado, provocando que Kagome casi se golpeara con la ventana, mas alarmada que antes buscó su teléfono celular en su bolsa y llamó con premura, antes de que si quiera le contestaran, un nuevo golpe logró que Hachi perdiera el control del auto.

- Todo listo señor – Informó el hombre a través del teléfono para continuar por el mismo camino a velocidad normal.

- ¿Algún problema señor Taisho? – Preguntó el hombre frente a él.

- No, solo me daría un segundo – De nuevo hizo una llamada esperando que esta vez le contestaran, pero simplemente nadie contestó – En que íbamos – Retomó el tema, aunque por alguna extraña razón su corazón latía con premura.

- Siempre es un placer hacer negocios con usted señor Taisho – Estrechó la mano del hombre con total cordialidad – Me honraría mucho si mañana me acompaña a mi hacienda en las afueras de la ciudad, tendremos una pequeña reunión con varios socios, así encuentra nuevas relaciones

- Me encantaría – Aceptó con cordialidad – Entonces nos vemos mañana señor Hitcher – Su auto se detuvo fuera del restaurante y sin perder más tiempo subió – Al hotel – Dijo al chofer que emprendió camino de inmediato; una vez más recordó la llamada a su teléfono y de nuevo devolvió la llamada, sabía que algo no estaba muy bien, solo esperaba que no fuera nada grave - ¡Demonios!, me quedé sin batería.

Suspiró cansado y se dedico a distraerse a mirar el paisaje, pero aparentemente no era su día de suerte, el tráfico era demasiado a esa hora de la noche y aun mas en esa ciudad; cerró sus ojos y se masajeo las sienes su cabeza le estaba comenzando a doler y aun tenía una extraña sensación alojada en el pecho y el maldito trafico avanzaba muy lento; luego de más de una hora las vías se descongestionaron y pudo llegar al hotel en que se estaba quedando.

- Buenas noches Señor Taisho – Saludó la recepcionista con las mejillas sonrosadas.

- Buenas noches, ¿Algún recado para mí? – Preguntó cómo lo hacía siempre, en espera de algún mensaje de Miroku o alguien más.

- Eh sí, una llamada de su país, un señor Miroku llamó hace unos minutos, dice que lo llame urgente, no dio detalles

- Gracias, puede mandar algo de cenar a mi suite – Pidió con cordialidad a lo que la mujer asintió con rapidez.

Fue hasta el elevador y espero hasta llegar a su cuarto, una vez allí dejó su maletín sobre un sofá, se quitó el saco y aflojó la corbata del traje, buscó el cargador de su teléfono y lo dejó sobre una mesa, una vez en la habitación, sacó su otro teléfono de uno de los cajones y se dispuso a llamar a Miroku.

- Hola Miroku, ¿Qué…

- Gracias a Dios contestas, tienes que venir ahora Kagome tuvo un accidente…

- ¿Cómo que un accidente? – Se levantó rápidamente de la cama y corrió fuera de la habitación, tenía que llegar rápido a Japón – Ya voy para allá

Ni siquiera usó el elevador, bajó las escaleras de emergencia y una vez fuera del hotel detuvo un taxi con premura.

- Al aeropuerto – Tomó un poco de aire y miró impaciente al chofer que conducía lo más rápido que podía ante la impaciencia de él. Ese fue el viaje más largo del mundo, pero una vez estuvo allí le dio dinero al taxista y corrió adentro hasta toparse con la primera aerolínea, no tenía tiempo de esperar su jet – Deme un tiquete para el próximo vuelo Express a Tokio

- El próximo sale en cinco minutos y solo me queda un asiento en…

- ¡Le parece que me importa!, deme el maldito tiquete ahora – Sacó más dinero de su billetera y lo tendió sobre el muro de la cabina.

- No alcanzara a llegar señor, los pasajeros ya están

- ¡Démelo ahora! – Bramó enfadado, una objeción más y golpearía a ese idiota, el joven asustado le entregó el boleto

Con pasaje en mano corrió para alcanzar el abordaje al otro lado del aeropuerto, ya ni sentía sus pies pero eso no le impediría llegar; cuando estuvo en el lugar correcto, ya se cerraba la puerta.

- Espere, tome – Dijo entregando sus papeles.

- El avión ya va a des…

- No me entiende tengo que subir a ese avión es de vida o muerte – Dijo con la respiración dificultosa.

- No puedo…

- Mi mujer esta a punto de morir, así que no me diga que no puede, reciba los malditos papeles – Tomó al hombre de la solapa de su camisa y este ante la amenaza le permitió entrar.

- ¿Llamaste a Inuyasha? – Preguntó Sango al lado de él.

- Sí, el ya viene para acá, se demorara un poco pero vendrá – Aseguró el joven hombre.

- Señores – Se acercó un hombre hasta ambos – Me temo que estamos teniendo demasiado problemas, los restos del auto sumado al pequeño deslizamiento nos impiden llegar a las personas en el interior.

- Escúcheme bien, haga lo que sea necesario, traiga a quien sea, pero saque a las personas que están adentro

- Nada nos asegura que estén con…

- Más le vale que lo estén – Le interrumpió Miroku, el hombre asintió y regresó a la zona – ¿Avisaste a la madre de Kagome?

- Souta la tiene en casa, está muy alterada – Explicó Sango dando una mirada al lugar en que estaban las patrullas y ambulancias - ¿Aun no sabes que sucedió?

- Lo principal es sacarlos de allí Sango, luego lo demás

- Lo sé, es que estoy tan nerviosa – Dijo la mujer a punto de sollozar una vez más; el tiempo pasaba demasiado lento, comenzó a ser así, en el momento en que Miroku recibió la llamada que reportaba el accidente de uno de los autos de Inuyasha, de inmediato se imaginó quien iba en él, eso había sido casi a las diez de la noche y en cuanto llegó al lugar y comprobó que efectivamente Kagome estaba en el auto llamó a Inuyasha, ahora eran pasadas de la medianoche y aun no podían sacar a nadie del auto, aparentemente el auto había derrapado al no lograr girar en una curva y había caído por el desfiladero, dando múltiples vueltas hasta enredarse en el follaje.

- Logramos acercarnos al auto, estamos tratando de pasar un equipo médico, para comprobar signos vitales con los pasajeros – Explicó un paramédico a ambos – De esa manera se sabrá en que enfocar las tareas – Ambos comprendían lo que quería decir, pues todo se limitaría a sacar el auto o sacar a los pasajeros – Voy a serles realistas, el auto estuvo mucho tiempo ahí antes de que alguien se enterara, el rescatarlos es complicado por lo que no les puedo dar muchas esperanzas – Aseveró el hombre con franqueza.

- ¿Por qué no vas a descansar Sango?, yo me quedaré aquí a esperar a Inuyasha, si algo sucede te llamo – Le dijo a la mujer, ya era tarde o más bien temprano y todos estaban cansados – Inuyasha… - Contestó el teléfono – Aun estamos aquí…claro… Ya llegó – Suspiró algo aliviado, aunque sabía que lo peor ya venía.

Bueno… parece que las cosas no van muy bien con Inu y Kag, cuando no es lo uno es lo otro, pero esos son los designios del destino. Ahora quedaron varias cositas por ahí volando. ¡A Inu lo regaño Myoga!... Bien hecho! (Esto es el desquite del anciano). Ahora si espero que les haya gustado, no se pierdan el próximo capítulo si quieren saber que sucederá con Kag, con Inu y con… Bueno, no se lo pierdan que los problemas apenas comienzan. Les mando un abrazo, dejen sus mensajes, Bye…