¡Hola! Confió que en el día de hoy se encuentren de maravilla, bueno más bien la tarde-noche de hoy. Yo me encuentro contentísima esperando al sábado con ansias. Bueno una vez más he pasado para dejarles el capitulo siguiente de esta historia. Les comento que en este capítulo entra el culpable de todo… Nos les adelanto mas simplemente lean por ustedes mismas.

Cáp. 20: Enemigo

- Ya déjame Inuyasha – Gateó hasta la cabecera de la cama tratando de escapar de él.

- Kagome… - Quedó extendido en la cama en un intento de atraparla.

- Tienes que irte a trabajar – Le recordó Kagome aun sin moverse.

- Voy a ir pero primero ven – Insistió él sentándose en la cama, tenía el pantalón del traje puesto y lo demás estaba sobre una silla completamente organizados.

- ¡No!...Yasha pronto vendrá para que lo lleve al jardín y tú tienes que irte a trabajar – Dijo Kagome bajándose de la cama y buscando sus zapatos bajo esta, estaba segura que por ahí habían caído.

- Mi amor… - Fue hasta donde ella abrazándose a su cintura – No te vayas…

- Pareces un niño Inuyasha, termina de vestirte y ve a lo oficina – Una vez con los zapatos puestos, tomó su cartera de la mesa de noche y estuvo a punto de irse, pero Inuyasha la jaló con suavidad de la cintura y la recostó en la cama posándose sobre ella con rapidez.

- Me falta menos para desvestirme – Susurró haciéndola sonrojar – ¿Te le mides?

- Inuyasha…es en serio, Yasha vendrá en…

- ¡Por mi ni se molesten ya le dije a Myoga que me llevara! – Gritó el niño desde afuera de la habitación - Ah y los "hombres de negro" van con nosotros –Agregó abriendo la puerta y volviéndola a cerrar; la situación dejó a ambos descolocados.

- ¿Ves lo que pasó? – Le reprendió Kagome.

- Claro que sí, tenemos un hijo muy solidario… ¿En qué íbamos?

- En que tú te ibas a vestir, pero que era mucho más fácil que yo te desvistiera – Sonrió con picardía y pasó sus manos por el pecho de él – Claro que tú tienes que quitar más cosas…

- Yo encantado – Se inclinó a atrapar los labios de la joven mujer - Te amo…te amo… - Le dio un beso en los labios por cada vez que repitió lo mismo.

- ¿Cuántas veces me lo vas a decir? – Preguntó ella mirándolo a los ojos.

- Ahh…nunca me cansó de decírtelo, reconocer que estoy enamorado es…se siente tanta paz, alegría y euforia que podría gritarlo a los cuatro vientos…pararme en la cima del mundo y gritar que te amo… Te amo… ¡Te…

- Shhh… - Sonrió ella tapándole la boca – No es necesario, con que me lo digas a mí, todo está perfecto…

- Pequeña, estuve pensando en algo…

- ¿En qué?

- Porque no nos vamos de vacaciones, podemos irnos por una semana o dos y descansar en la playa o ir a esquiar, Yasha la pasa muy bien cuando lo hacemos, ¿Qué te parece?

- Me parece que aun falta para las vacaciones de verano de Yasha y también que ya está muy tarde y se supone que deberías ir al trabajo – Se levantó de la cama trayendo consigo una de las sabanas para cubrir su desnudez.

- Por lo pronto vamos por un baño – La cargo de manera nupcial y entró con ella al cuarto de baño.

- Ya no me importa mucho como sean las cosas, soy feliz como vivimos, Inuyasha es un excelente padre y pareja; esta muy emocionado por el bebé que viene, está armando planes desde ya

- No sabes cómo me alegra que las cosas entre ustedes estén mejor, es bueno verte con ánimos y así de feliz, me alegro mucho por ti; y hablando de nuevo bebés, ¿Cómo lo tomó Yasha?

- Está contento por tener a alguien con quien jugar, además Inuyasha le está metiendo ideas de hermano sobre protector, ambos aseguran que es una niña y que no dejaran que ningún chico se les acerque hasta los cuarenta – Le comentó Kagome.

- Bueno al menos no tendrás que preocuparte por la seguridad de la niña – Bromeó Sango – Se me va a hacer tarde, si quieres puedo llevar el Cd con la información para que no tengas que ir luego

- Claro espera yo…lo expulso – Dio una serie de clics hasta que el Cd salió expulsado de la laptop, el cual luego le pasó a Sango – Toma…

- Bueno, yo me tengo que ir, nos vemos mañana…

- Adiós Sango – Se despidió el pequeño desde la puerta para luego ir con su mamá – Yo contestó…Hola…No está…Mi mamá… ¿Quién es?...Dice que necesita a…

- Bueno… - Tomó la bocina antes de que el niño hablara mas.

- Por fin un adulto… - Suspiró la persona al otro lado del teléfono – Podrías comunicarme con Inuyasha…

- No está… - Respondió con cierto enfado, sabía a quién pertenecía esa voz.

- Entonces dígale que no me están permitiendo la entrada en la mansión y es un milagro que me…

- Lo lamento pero su mensaje no podrá ser dado – La interrumpió – Digamos que yo no permito que le lleguen – Agregó para colgar con rapidez.

- ¿Quién era? – Preguntó el niño.

- Ahh…nadie importante… ¿Qué estabas haciendo? – Tomó al pequeño acurrucándolo entre los brazos.

- Aburrirme… - Suspiró el pequeño – Me canse de jugar…

- ¿Por qué no vamos por un helado al parque? – Ofreció ella con una sonrisa a lo que el niño asintió emocionado.

- No han reportado movimientos extraños alrededor de Kagome o Yasha – Le dijo Miroku sentándose frente a él.

- Estoy seguro que la persona que hizo el atentado contra Kagome, sabe que ella salió bien de lo sucedido y la única manera de enterarse es acercándose a ella

- Bueno si lo saben es lo de menos, lo importante es que no se acerquen a ella, lo bueno de esto es que no saben de Yasha, ni mucho menos que Kagome está esperando otro hijo tuyo

- Ahhh…estas cosas no me dejan dormir – Suspiró recostándose en la silla – Vivo con la paranoia encima, pensando que algo malo les va a suceder

- Por qué no se toman vacaciones – Opinó Miroku – Podríamos sacarlos del país sin que nadie se dé cuenta, con ustedes lejos podrían dar más fácil con la persona detrás de todo esto

- No sé que diga Kagome, sé lo propuse como una "broma" pero creo que prefiere esperar hasta las vacaciones de verano, aparte de eso están los estudios de Yasha, esa no es opción por el momento; ya se me ocurrirá algo, por el momento lo que más me interesa es saber quien anda detrás de todo esto

- ¿Qué conseguiste? – Preguntó mientras miraba fijamente como el puro comenzaba a consumirse con el fuego.

- La mujer está bien, es increíble que sobreviviera a ese accidente – Dijo el hombre dejando un sobre, encima del escritorio.

- ¿Y ese niño? – Preguntó mirando la serie de fotografías, la mayoría de ellas mostraban a una mujer haciendo diferentes cosas y algunas de ellas estaba un niño junto a ella, ambos reían o hablaban.

- Aun no lo sabemos señor, no logré acercarme lo suficiente – Se disculpó el hombre.

- Ya puedes largarte – Dio una calada al cigarro y con una seña llamó a un hombre que estaba a un costado de la sala – Averigua quien es ese niño, si es lo que estoy pensando…tengo una gran idea.

- Como diga señor…

- ¿Cuándo va a nacer? – Preguntó el niño mientras comía de su helado.

- Aun faltan por lo menos siete meses – Dijo Kagome.

- Eso es… - Con su mano libre trato de hacer cuentas - ¿Mucho?... ¿Por qué tanto?, ¿Las niñas se demoran más?

- No…todos los bebés tardan lo mismo

- Algunos animales se demoran más o menos…

- Sí, pero los humanos tardan generalmente nueve meses, aunque también hay bebés que nacen antes

- ¿Y no puede nacer antes?

- No soy yo quien lo decidido, ¿Alguna otra duda?

- ¿Cómo se va a llamar? – Preguntó con curiosidad.

- Eh…aun no lo sabemos, tal vez lo discutamos luego – Le contestó Kagome – Bueno ya es algo tarde lo mejor es que nos vayamos o tu papá se va a preocupar

- Ah… no hay nada como descansar en la casa, en la cama contigo – Dijo abrazándola mientras los cubría a ambos con la cobija - ¿Cómo estuvo el día?

- Bien…terminé un trabajo y pasé el resto de la tarde con Yasha

- Estuvo mucho mejor que el mío, lo único que hice fue revisar balances y mas balances y colocar mi firma, nada…

- También llamó Kikyo… - Le interrumpió.

- Kagome…te juro que pedí que no pasaran sus llamadas y que no le admitieran la entrada en…

- Lo sé, no te preocupes, creo que ni supo quién era, no me importa, ella puede llamar todo lo que quiera y plantarse al lado del teléfono; soy yo quien te tengo…

- Mmmm…vámonos – Giró en la cama dejándola bajo él para comenzar a acariciarle el rostro – Alejémonos de todo y de todos, vámonos a vivir a otro lado, donde nadie nos encuentre

- Estas un poquito loco – Sonrió ella por sus ocurrencias.

- Estoy loco por ti, pero estoy lo suficientemente cuerdo como para proponerte eso, es solo cuestión de que me digas que sí y mañana mismo estaremos en algún lugar de este mundo, olvidándonos de todo esto

- Las cosas no son así de sencillas, tenemos empleos que no podemos dejar botados y mucho menos tu siendo el dueño de una compañía, por la que subsisten tantas familias

- Miroku la puede manejar

- Ya deja de pensar en eso, nos vamos a quedar aquí, aunque no digo que se pueda cambiar de opinión, el hecho es que ahora estamos bien aquí…

- Te entiendo…Además no me importa donde este siempre y cuando este contigo

- ¡Sabes bien que eso no es así!, ¿O acaso encontraste algo que lo pruebe? – Preguntó con marcado enfado.

- Claro que no querida, es solo una mera deducción, pero de lo que si estoy seguro es que mantienen una relación y debe ser algo muy importante para que se mantenga tan oculto

- Mínimo es porque no es de ninguna familia…

- Oh no, claro que no es por eso, si algo sé es que eso es lo que menos influye en él – Aseguró.

- Bueno y qué esperas para hacer algo, pero algo que funcione esta vez – Remarcó con sarcasmo.

- Todo a su debido tiempo, primero hay algo que debemos confirmar y para eso te necesito a ti – Se acercó a esta ella y acarició el rostro de la mujer, la cual lo apartó con marcado desagrado – Debes buscar la manera de saber quién es

- De seguro es un hermano o sobrino, no tiene que ser expresamente…

- Su hijo, puedo asegurarlo querida, tú misma me dijiste que en alguna oportunidad hubo un altercado por un niño, aun así necesito pruebas contundentes

- ¡Él no tiene un hijo!, ¡Ese no era su hijo! – Objetó airada – Te vas a dar cuenta de que no es así, no te preocupes voy a buscar la manera de averiguar quién es…

- Bien, entonces cuando vuelvas espero me traigas ese dato…Nos vemos querida…

- ¿Y aquí trabajas tu? – Preguntó el niño mirando por el gran ventanal del cuarto - ¿Y dónde está la oficina de papá?

- Queda en el último piso, que es el de presidencia, este piso es el departamento de diseño, por eso yo trabajo aquí

- ¿Y podemos subir?

- Claro solo que será más tarde, papá está en una reunión ahora, así que nos toca esperar un momentito; porque mejor no bajamos a la cafetería, apuesto a que no comiste nada en el jardín – El día de hoy había decidido ir a la oficina y casualmente la maestra de Yasha no pudo asistir por lo que tuvo que recogerlo y traerlo consigo a la oficina – Ven vamos a ver qué quieres desayunar

- ¿Le subimos algo a papá?

- Claro…

- ¿Toda esta gente trabaja aquí? – Preguntó el pequeño cuando ya se dirigían al ascensor, luego de que comieran en la cafetería.

- Eh…sí, esta es una parte – Contestó Kagome, esperando a que las puertas del elevador se abrieran.

- Creo que mi día acaba de mejorar – Dijo saliendo del ascensor.

- Eh…hola Kouga – Saludó con disimulada cortesía.

- ¿Cómo estás? – Preguntó el hombre de mirada azul.

- Bien gracias… - Respondió a la misma vez que sintió un jaloncito en su mano, ya sabía de quien se trataba – Me tengo que ir, adiós

- Espera, la última vez te fuiste sin…

- Otro día, adiós – Entró en el elevador y las puertas se cerraron de inmediato, una vez adentro del cubículo botó el aire retenido en sus pulmones, los coqueteos de Kouga la incomodaban.

- ¿Quién era ese señor?

- Es un amigo de tu padre – Trató de explicarle exceptuando cosas como de que su padre no se llevaba con Kouga en absoluto.

- ¿Y en que piso es? – El niño miró la pantallita que indicaba los pisos que avanzaba con suprema rapidez, en un instante estuvieron en el último.

- Aquí – Dijo ella caminando con el pequeño hasta el ala de oficina de Inuyasha, una vez frente a su puerta no vio a la secretaria así que simplemente ingreso, el lugar estaba vació – Eh…de seguro aun está en la reunión, esperemos un momento – Yasha asintió y dejó el café que le había subido a su papá sobre el escritorio, cuidando de no desacomodar nada; la oficina de su papá era inmensa y tenía una inmensa silla que daba vueltas, eso era lo más divertido.

- ¿Qué hace un presidente de empresa? – Preguntó el niño mientras daba miraba las plumas tan elegantes que tenía su papá.

- Eh, pues se encarga de que las cosas funcionen en la compañía, sin un presidente todo sería un descontrol – Trató de explicarle Kagome al pequeño; caminó por la estancia un momento, hacía mucho tiempo no entraba en la oficina de Inuyasha, lo había hecho una única vez y nada había cambiado desde eso o al menos no veía nada raro.

- Mira mamá – La llamó el niño mirando unos objetos sobre el escritorio – Eres tú, yo y todos juntos – Le enseñó las fotografías sobre el mueble.

Con algo se sorpresa se acercó hasta los portarretratos para mirarlos un momento, tal vez si había algo nuevo y eso eran las fotos, habían tres en total, una de ella la cual si mal no recordaba había sido tomada en una de sus salidas cuando comenzaban a vivir juntos, la otra era de Yasha, de hace un par de años y la otra era de los tres, un fotógrafo en el parque la había tomado sin su consentimiento y luego se las había ofrecido, aparentemente Inuyasha la había comprado. Sus ojos se llenaron de lágrimas y ella que había llegado a pensar que estaban fuera de su vida, al parecer no era así.

- Llama al ingeniero y dile que el cheque es autorizado… - Hablaba con su secretaria mientras entraba a la oficina.

- ¡Papá! – Corrió el niño hasta lanzarse a los brazos de su padre – Te trajimos café

- Es todo Seiko – Le dijo a su secretaria que se marchó algo sorprendida – Que nadie interrumpa – Agregó con seriedad - ¿Qué haces aquí campeón? – Le sonrió al pequeño que estaba acomodado en sus brazos

- La maestra se enfermó y mamá me trajo a trabajar – Explicó el niño; Inuyasha lo dejó en el suelo y el pequeño corrió nuevamente al amplio escritorio.

- Insistió en venir a verte – Dijo Kagome, tal vez había sido imprudente en traerlo.

- No te preocupes Kagome, no me molesta que ustedes vengan, su presencia nunca lo hace – Le aseguró atrayéndola hacia él para darle un beso.

- ¡Ugh! – Dijo el niño al ver lo que sus padres hacían – No hagan eso.

- Espero que el bebé que viene no sea tan celoso o celosa – Dijo Inuyasha.

- Si sale como el padre, creo que lo será bastante

- Solo un poco – Sonrió.

- ¡Ay ya! – Exclamó el pequeño desde el asiento, adoraba que sus padres estuvieran bien, pero luego empezaban a ponerse muy melosos y eso no le gustaba mucho.

- Bien… - Alejó las manos de la mujer y fue hasta donde su hijo - ¿Y qué te parece la oficina?

- Señorita no puede pasar…son ordenes del señor Taisho… - Trató de detenerla pero prácticamente era imposible - ¡Señorita no puede!

- ¡No me toques! – Se soltó de la mujer e ingresó a la oficina quedándose atónita con la imagen.

- ¡¿Qué demonios haces aquí adentro? – Bramó airado dejando al pequeño de pie de en el suelo, Yasha se quedó estático ante el grito de su padre.

- Señor traté de detenerla pero, usted sabe cómo es… - Habló la secretaria asustada.

- Vuelve a tus cosas Seiko, yo me encargo – Le dijo con la mirada fija en la intrusa - Creo que pregunté algo, ¿Qué haces aquí adentro?, cuando digo que no me interrumpan es porque no quiero a nadie aquí adentro

- Pero… - La mujer estaba atónita mirando a las otras dos personas en la habitación, pero aun más al niño que segundos antes Inuyasha sostenía sobre los hombros con una radiante sonrisa - ¿Quién es…este… - Ni siquiera podía hablar, sin importarle los gritos de Inuyasha se acercó al niño que la miraba sin entender, de igual manera vio como Kagome iba con el niño y lo ponía tras ella - ¡¿Quién es ese…

- Mide bien tus palabras Kikyo – La interrumpió Inuyasha tomándola de la mano y alejándola de Kagome y su hijo – No me hagas enfadar mas

- ¡No me importa!, Dime ahora mismo quien es ese niño – Le reclamó más enfadada que nunca.

- No te debo explicaciones ni a ti ni a nadie y si no quieres ser sacada de aquí por mis hombres, mas te vale que te largues ahora mismo – Su voz sonó letal y fría.

- ¿Es tu hijo?, ¡Tienes un hijo con esta!, te dejaste embaucar por una mujerzu…

- Termina esa palabra y te juro que te arrepentirás – La tomó del brazo y la zamarreó, no quería perder la cordura pero tampoco permitiría que insultaran a su hijo o a Kagome – Ahora mismo te largas de aquí, no estoy para tus escenitas – Casi arrastrando la sacó de la oficina cerrando la puerta tras él – Te lo voy a decir una vez más, no te acercas ni a mi empresa, ni a mi casa y tampoco se te ocurra volver a insultar a Kagome o a mi hijo, porque sí lo es, es mi hijo, mío y de Kagome, así que no te acercas a ellos y no te acercas a mi… ¿Entendido?

- Tus palabritas no sirven conmigo, porque no vamos a decirles que sucedió durante el congreso en Londres, tu hijo estaría interesado en oír la clase de padre que tiene.

- Tus mentiritas ya no te sirven a la próxima no me drogues tanto como para llegar a la inconsciencia, ¿Sorprendida?, sabes que en los hoteles hay cámaras de seguridad, ni tuve oportunidad de entrar por mi propia cuenta a la habitación, fue una buena jugada, solo que omitiste ciertos detalles, mejor suerte a la próxima – Se dio media vuelta para regresar a la oficina – Vete ahora mismo de aquí; Seiko si hay más problemas llama a seguridad y avisa que ella tiene la entrada prohibida a esta compañía – La mujer asintió y el tomó un poco de aire para entrar de nuevo a la oficina; allí Kagome estaba sentada en el sofá lateral con el pequeño sentado en sus piernas.

- Papi… ¿Aun enfadado? – Preguntó el niño sin soltarse de su mamá.

- Claro que no campeón – Le dedicó una sonrisa y fue a sentarse junto a ellos – Es solo que hay personas que te hacen perder el quicio y te descontrolas un poco

- ¿Cómo cuando Myoga se enfada cuando no limpian la piscina? – Preguntó el niño.

- Así mismo – Habló Kagome dejando que el pequeño se olvidara del inconveniente y fuera a encender la laptop – En definitiva hice mal en venir

- Pequeña, tú no hiciste mal en venir, fue…ella – Suspiró cansado, se quitó la corbata y el saco del traje y desabrochó los dos primeros botones, luego se recostó en su regazo – No debes preocuparte, Yasha y tu nunca serán una molestia para mí en ningún lugar, si ustedes son mi vida, ustedes y la niña que viene en camino – Giró su rostro y depositó un beso en el vientre de ella, aun estaba un poco plano, pero en ciertas circunstancias podías ver que comenzaba a abultarse.

- Insistes en que es niña, espero lo sea o ambos se quedaran con los planes de escuadrón de protección – Bromeó Kagome logrando que el sonriera.

Era increíble lo que recién había sucedido, nunca había visto a Inuyasha tan enfadado, estaba segura que lo único que lo detenía de golpear a Kikyo era el hecho de que era una mujer. Aun así no podía evitar sentirse bien, el hecho de que él los hubiera defendido ante cualquier insulto, esa sola acción le dijo mucho.

- Entonces mis sospechas eran ciertas – Dijo mas para sí mismo que la para las otras dos personas presentes.

- ¡¿Es que acaso no me estas escuchando? ¡Es su hijo!, ¡Tuvo un hijo con esa zorra!, ¡Un bastardo! – Bramó airada, las palabras que antes se le prohibieron.

- Ya cálmate querida, no es para tanto, hiciste un buen trabajo ahora puedes dejarme el resto a mí

- ¡Los quiero muertos a ella y a su hijito!

- No eres tu quien lo decide, lo mejor es que vayas a casa cualquier cosa importante te aviso – Posó una mano tras la espalda de ella guiándola hasta la puerta – Prepara a todos… - Dijo al hombre de pie en un rincón de la habitación.

¡Bien hecho Inu!... cuanto no hubiera dado porque algo remotamente parecido hubiera sucedido en la serie. En serio que me hubiera encantado xD. Como vieron ahora entró un nuevo personaje, aun no les diré quién es, quedan muchas mas sorpresas y para saberlas no pueden dejar de leer. Dejen sus comentarios, un abrazo… Besos …Bye…