Holas… espero que se encuentren muy, venimos de un fin de semana genial, yo vine con las pilas recargadas lista para actualizar; estoy muy contenta con el apoyo que me han dado, los mensajes y todo eso. Gracias por todo y no quedando más que decir les dejo el capítulo de hoy, que está muy interesante.
Cáp. 21: Desesperación
- Vaya no me imagino la reacción de Kikyo – Dijo Miroku sin poder evitar soltar una risita.
- Sabes que no tengo mucha paciencia, ella acabó con la poca que tenía, no iba a permitir que insultara a Yasha o a Kagome
- Sí, pero ahora puedes apostar que media ciudad sabe que tienes un hijo y una mujer
- Eso es lo que me preocupa, no me importaría que el mundo entero lo supiera, pero sabes que hay personas que…
- Claro que lo sé, pero no te preocupes nada les va a suceder
- Eso espero – Suspiró y de nuevo ambos hombres se volcaron a los documentos sobre el escritorio.
-.-.-.-.-.-.-.-
- La verdad que Kikyo se lo tenía bien merecido, que así sepa que Inuyasha ya tiene dueña
- Pero lo hubieras visto – Continuó Kagome – Como le grito a esa mujer y luego simplemente recuperó la compostura en el momento en que estuvimos solos, hasta pensé que algo de ese enfado recaería en nosotros, pero simplemente estaba tan…
- Relajado… - Intervino Sango – No es mucho lo que veo a Inuyasha fuera o en horas de trabajo, pero si te aseguro que es alguien completamente diferente en tu casa, aquí es alguien frío y calculador, un hombre de negocios mientras que en tu casa se le ve relajado y sonriente
- Ahh… - Suspiró dibujando una sonrisa entre sus labios, nunca se vio tan enamorada.
- Kagome… ¿Vamos? – Irrumpió en la oficina de la joven – Hola Sango…
- Señor Taisho – Lo llamó con el debido respeto en horas de oficina.
- Claro, nos vemos Sango – Se despidió de su amiga, tomó su cartera y salió con Inuyasha – No era necesario que fuéramos los dos por Yasha – Le dijo una vez que estuvieron solos en el ascensor.
- Claro que sí, pasamos por Yasha y luego al centro comercial, lo mejor es que vayamos viendo cositas para esta bebita
- No tengo ni dos meses Inuyasha, no podemos comprar cosas sin saber el sexo del bebé – Sonrió Kagome cuando él le acarició el vientre plano, aun ni perdía su figura.
- Déjame soñar
- ¿Y qué hicieron hoy? – Le preguntó Inuyasha a su hijo que caminaba aferrando su manita a la de él.
- Pintamos y jugamos y… - Enumeraba el niño las miles y una cosas que habían hecho el día de hoy.
Así, ensimismados iban, caminaban hacia la salida del jardín en el cual estudiaba Yasha, con el niño agarrado a una mano de su madre y a otra su padre, contándolas las miles de cosas sucedidas en su día de estudio. Inuyasha llevó una mano a su bolsillo buscando las llaves de su auto para sacarle el seguro, antes de que pudiera presionar algún botón un sonido rasgó en el aire, irrumpiendo en la quietud…
- ¡Inuyasha! – Asustada se movió hasta donde él que cayó arrodillado al suelo, el niño estaba a su lado, llamándolo insistentemente - ¡Auxilio!, tranquilo todo va estar bien.
- Cuidado… - Susurró mientras presionaba la herida en su vientre, aun no perdía la conciencia pero comenzaba a marearse.
Varias personas aparecieron al instante, ninguna de ellas eran conocidas por Kagome, pero lo único que quería era salir de allí ahora y aun mas cuando varios disparos se dejaron escuchar nuevamente.
- Súbete…al…carro – Le entregó las llaves no sin antes desactivar el seguro.
- No te separes Yasha – Le dijo Kagome al pequeño que no lloraba, sabía que quería mostrarse valiente en lugar de dar más dificultades; ella ayudó a Inuyasha a levantarse y a caminar hasta el auto, una persona que supuso era de la seguridad de Inuyasha los siguió de cerca, tratando de evitar un nuevo impacto sobre ellos – Vas a estar bien – Susurró tratando mas de convencerse a ella misma, el niño abrió la puerta de atrás y ella dejó a Inuyasha dentro, luego subió a Yasha al asiento del copiloto, ahora restaba que ella subiera al asiento del conductor.
- Señora venga con nosotros – Le dijo el hombre que minutos antes los cubría.
- No, espere yo tengo que ir con Inuyasha – El hombre la alejaba del auto y era claro que no quería llevarla hasta el asiento del conductor - ¡¿Qué hace? ¡Suéltenme!
- ¡Mamá!...
- Kagome… - Susurró sin poderse levantar del asiento.
-.-.-.-.-.-.-.-
- ¿Podemos pasarle? – Preguntó Miroku.
- Están en la mejor parte de la película – Se negó Sango.
- Porque las mujeres insisten ver miles de veces "titanic" ya sabes el final, hasta te apuesto que sabes el dialogo – Adivinó Miroku con una sonrisa que hizo enfadar a Sango.
- Quieres que te saque a dor…
- Interrumpimos la programación para dar una noticia importante; hace pocas horas el reconocido empresario Inuyasha Taisho, salió herido luego de que aparentemente personas no identificadas abrieran fuego contra él, una mujer y un niño pequeño cuando salían de un jardín infantil de la zona, según nuestros contactos el empresario se encuentra en el hospital gravemente herido…
- Demonios – Miroku se levantó de inmediato y comenzó a buscar las llaves de su auto y su teléfono.
- Espérame voy contigo – Sango corrió alcanzándolo cuando subió al auto.
- Myoga ¿Qué pasó? – Preguntó Miroku mientras conducía con rapidez hacia el hospital - ¿Qué?...Pero y entonces…Bien…nos vemos allá
- ¿Qué sucedió? – Preguntó una preocupada Sango.
- Hubo una emboscada a las afueras del jardín de Yasha, le dispararon a Inuyasha, sin darle tiempo a nuestros hombres de reaccionar, Yasha está bien al menos físicamente y…
- ¿Y que mas? – Instó Sango.
- Se llevaron a Kagome…
- Pero…
- No sé nada mas Sango, primero tengo que ver que sucedió con Inuyasha y luego ver que sucedió – Interrumpió a la mujer para que no acabara con sus nervios; conducía con extrema agilidad por lo que en unos minutos llegaron al hospital en el cual atendían a Inuyasha – Señorita estamos buscando al señor Taisho
- En el cuarto piso – Indicó la recepcionista; cuando llegaron al lugar se encontraron en el pasillo con el anciano Myoga y el pequeño niño que estaba sentado con sus piernitas colgando de la silla y la cabeza gacha.
- ¿Cómo esta? – Preguntó al anciano.
- El señor esta en cirugía, aun no nos dicen nada – Comentó el anciano – Los hombres de seguridad están apostados cerca del quirófano
- Yo te espero aquí – Le dijo Sango quien se fue a sentar con el niño.
- ¿Qué demonios sucedió? – Preguntó enfadado al encargado de seguridad.
- Nos tomaron de sorpresa señor, nadie cerca le disparó, estamos seguros que el impacto vino desde algún edificio cercano – Se explicó el hombre.
- ¿Y Kagome?, ¿El edificio cercano se la llevó? – Habló con sarcasmo.
- Estábamos de civil, los agresores también, dos de ellos lograron confundirse entre nosotros, ella logró subir al señor y al niño al carro, pero una camioneta apareció y la subieron a ella; también iban por el niño pero reaccionamos antes de que se acercaran al auto, lamentablemente perdimos a la camioneta
- Escúcheme bien más le vale que la encuentren o usted y todos sus hombres no volverán a conseguir trabajo de nuevo, ¿Me entendió? – Le hubiera gritado si no fuera porque estaba en un hospital.
- Claro que sí señor, me pondré en eso ahora mismo
- Voy a llevar al niño a casa para que descansé, cualquier cosa me avisa – Le avisó el anciano tomando al pequeño de la manita.
- Enviaré a algunos hombres con usted – Dijo Miroku, entendía que el niño debía estar cansado, pronto sería media noche y no sabían nada de Inuyasha, un par de horas luego de que Myoga partiera el cirujano salió con un diagnostico.
- Logramos extraer la bala de su vientre, por suerte no sufrió mayor daño, pero si tendrá que quedarse unas cuantas semanas para estudiar su evolución, en estos momentos esta sedado por lo que no pueden ingresar a verlo, ya le avisaré si algo nuevo sucede – Culminó el doctor para girarse e irse.
- ¿Qué va a suceder con Kagome? – Se atrevió Sango a preguntar, él la miró pero no tenía idea que responder.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Su cabeza le dolía horrores, azotaba punzantemente desde atrás, se sentía como aquella vez del accidente, a excepción de que no le dolía el cuerpo en absoluto; llevó una mano a su cabeza tratando de apartar el molesto dolor mientras abría sus ojos y acomodaba su visión a la molesta luz del día, aparentemente los primeros síntomas del embarazo comenzaban a salir, primero dolores de cabeza y nauseas, esa era la peor parte. Cuando pudo ver claramente se encontró en una hermosa habitación, amplia y bellísimamente decorada, una gran cama, hermosos muebles de fino roble, ventanales inmensos con hermosas cortinas y una chimenea a un lado; el problema era que esa no era su habitación, ¿Dónde estaba?... En ese instante recordó lo sucedido, la serie de disparos a la salida del jardín de su hijo, un Inuyasha herido, ella subiéndolos al auto y un hombre que la subió a una camioneta, luego de eso un golpe en su cabeza y todo se volvió oscuro. Asustada se levantó con rapidez y corrió hasta una puerta lateral encontrándola con llave, tenía que salir de ahí.
- ¡Sáquenme de aquí! – Vociferó mientras golpeaba la puerta - ¡Sáquenme! – Miró a todos lados y fue hasta los ventanales, descorrió las cortinas topándose con el incandescente sol, abrió las ventanas y se asomó, para su desgracia estaba demasiado alto desde su lugar hasta el piso, debía estar como a tres plantas de distancia, si saltaba de la única manera que saldría de ese lugar sería muerta; supo que estaba en una mansión y aparentemente en medio de la nada, pues lo único que alcanzaba a ver eran árboles, rendida volvió hacia la cama, quería llorar pero no podía darse ese gusto ahora, pero como no hacerlo si no sabía dónde estaba y mucho menos si Inuyasha y su hijo estaban bien.
Ya era medio día cuando sintió que comenzaban a abrir la puerta, con agilidad Kagome se puso de pie, lista para enfrentar a quien viniera; una mujer hizo aparición, sostenía una bandeja con comida la cual dejó sobre un buró lateral, luego simplemente se dispuso a salir.
- ¿Quién es usted? – Preguntó desde su puesto, la mujer no respondió nada, simplemente abrió la puerta – Oiga espere – Se movió hasta donde ella que ya salía de la habitación antes de alcanzarla un gran hombre vestido de negro se interpuso en su camino, la hizo retroceder y nuevamente cerró; sus ojos se llenaron de lágrimas que esta vez no pudo contener, ¿Qué iba a hacer?, tenía que salir de ahí pero no sabía cómo lo lograría – Inuyasha…
-.-.-.-.-.-.-.-.-
- ¡Quítenme todo esto! – Se levantó de la cama y comenzó a quitarse las jeringas conectadas a su cuerpo, de inmediato varios enfermeros ingresaron a la habitación.
- ¡Señor tranquilícese! – Le hablaba el doctor mientras él y otras personas trataban de regresarlo a la cama – ¡Acaba de sufrir una gran herida debe reposar!
- Suéltenme – Se movió entre los hombres que lo tenían inmovilizado, algunos enfermeros y otros de seguridad.
- ¿Qué sucede? – Ingresó Miroku a la habitación junto con Sango.
- Enfermera tráigame un sedante – Pidió el doctor sin responder la pregunta hecha.
- ¡Suéltenme ahora mismo!, ¡Tengo que ir con Kagome!... ¡Déjenme!
- Señor debe tranquilizarse – Dijo el doctor una vez más, en unos segundos una asustada enfermera se acercó al hombre y comenzó a acercar la jeringa al brazo hasta que se la pudo aplicar, finalmente los hombres que sostenían pudieron ejercer menos fuerza y dejarlo sobre la cama.
- ¿Qué demonios fue eso? – Preguntó Miroku al doctor - ¿Por qué lo inyectó?
- ¿Qué acaso no vio como se enloqueció?, se levantó de la cama y se desprendió todos los catéteres que tenía, si se sigue comportando así lo vamos a mantener sedado – Advirtió el doctor mientras volvía a regular los aparatos a los que Inuyasha estaba conectado – Ahora retírense por favor
- ¿Qué vamos a hacer? – Habló Sango una vez que estuvieron fuera de la habitación.
- No lo sé, aun no podemos localizar a Kagome e Inuyasha va terminar matándose si tiene otro ataque de estos
Abrió sus ojos y analizó la blanca habitación a su alrededor, tenía que salir de ahí, pero su cuerpo le pesaba demasiado aun, sabía que estaba sedado, desde hace un par de horas lo estaba, y cada tanto venían a verificar que el nivel del sedante no disminuyera, todo por evitar que él se descontrolara una vez más.
- ¿Cómo estás? – Preguntó Miroku luego de que ingresara a la habitación.
- Necesito salir de aquí Miroku – Le pidió o más bien le rogó.
- Te dispararon en el vientre, tienes suerte de que estés vivo – Le recordó – Estas en recuperación, debes esperar al menos unas semanas mas
- ¿Qué pasó con Kagome? – No rememoraba mucho de lo sucedido, porque perdió la conciencia mientras estaba en su auto, pero si recordaba que Yasha decía que se la llevaban - ¿Dónde está mi hijo?
- Yasha está bien, esta en tu casa con Myoga, Souta y la madre de Kagome, ha querido venir pero no le permiten ingresar – Explicó Miroku – Y Kagome…no sabemos donde están, en medio de la confusión la montaron a una camioneta, pero no te preocupes tengo a expertos trabajando en su búsqueda – Aseguró Miroku.
- Los mismos expertos que dejaron que se la llevasen – Masculló con sarcasmo.
- Eso solo fue un error, ellos estaban enfocados en el cuidado de Yasha y Kagome, nunca los pusimos a tu cuidado, en cuanto te atacaron quedaron sorprendidos
- Tienes que sacarme de aquí Miroku, quiero que adelanten mi salida – Esta vez no lo pidió sino que lo ordenó.
- Veré que puedo hacer, pero apenas te operaron ayer, no creo que lo permitan
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Cuánto tiempo la tendrían encerrada, no estaba muy segura cuanto tenía allí, pero suponía que casi dos semanas, dos semanas, en las cuales no había hecho mucho y no había averiguado nada, a las únicas personas que veía era a la mujer que le dejaba las tres comidas del día y al hombre que la custodiaba afuera de la habitación, aún no sabía que o quien la tenía allí y nadie se veía interesado en decírselo. Y para el colmo de males, los primeros síntomas del embarazo comenzaban a llegar, vomitaba en las mañanas o ante la presencia de algunos platillos que le dejaban en las comidas, le daban mareos y se sentía demasiado débil.
- No ha comido – Habló la mujer que venía a recoger los platos pasado el mediodía para venir a dejar unos nuevos.
- No tengo hambre, me siento mal – Aseguró Kagome tirada en la cama, ya sabía lo que venía le dejarían ambos platos para que lo comiera todo y ella no podría más que tirarlos por el excusado.
- Debes comerte todo – Ordenó la mujer dejándola una vez más sola en la habitación.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
- Quiero que llames a toda cadena televisiva, revista, prensa de cualquier tipo, quiero anuncios por todos lados, que anuncien que doy la suma que se pida por información acerca de Kagome
- Los agentes dicen que eso no es lo mas…
- Ellos no me pueden decir nada, esos mismos inútiles dejaron que se llevaran a Kagome, así que se ahorren sus consejos – Tomó la camiseta sobre la cama y se la puso, por fin hoy se marchaba del odioso hospital, él mismo se encargaría de encontrar a Kagome.
- Yo también pienso que no debemos alertar a la persona que la tenga, eso haría que se la llevaran más lejos y eso dificultaría encontrarla; mira sé que estas preocupado, todos lo estamos pero debes actuar con cabeza fría, no debemos sobre alertar a nadie.
- No entiendes Miroku, ella está sola, sin nadie que la defienda, no sé porque cosas puede estar pasando, yo siempre le dije que la cuidaría y ahora…
- Tranquilo la vamos a encontrar – Posó una mano en el hombro de su amigo, no podía decir que entendía por lo que pasaba, pues perder a la persona que amas debía ser algo demasiado fuerte tanto que ahora no podía imaginarlo – Por lo pronto vamos a la mansión, Yasha te está esperando
Yasha; por estar pensando en el mismo y sumiéndose en su propia tristeza se había olvidado de su propio hijo, no sabía como estaba, aunque Miroku siempre le dijo que estaba bien, recibiendo clases en la casa y al cuidado de Myoga, también sabía que la madre y el hermano de Kagome estaban en la mansión por seguridad de ambos.
El salir del hospital fue una verdadera odisea, miles de medios de comunicación esperaban afuera buscando la propia declaración del empresario sobre el incidente, por eso en lugar de ir al auto que los esperaba afuera, tuvieron que esperar por el helicóptero privado que los llevara hasta el helipuerto de la mansión.
- ¿Cómo se encuentra señor? – Preguntó Myoga una vez que ingresó en la mansión.
- Estoy bien Myoga, ¿Dónde está mi hijo? – Preguntó ya comenzando a subir las escaleras.
- Esta en la habitación con la maestra de turno - Le informó Myoga.
- Yasha… - La maestra al verlo llegar simplemente salió.
El niño estaba sentado en un pequeño escritorio con algunos libros abiertos y se dedicaba a colorear insistentemente algunos dibujos, tan ensimismado estaba que ni siquiera corrió hasta donde él como siempre lo hacía.
- Yasha, ven – Le tomó la manita y el niño le obedeció caminando con él hasta sentarse en la cama.
- ¿Cómo estás? – Le preguntó Yasha mirándolo con algo de timidez.
- Bien, me siento mejor – Tomó al pequeño y lo sentó en sus piernas - ¿Y tú?
- Muy bien, no me pasó nada, tus hombres llegaron y nos sacaron de ahí – Comentó el pequeño con simpleza – Otros se llevaron a mamá, mi tío Souta y Miroku dicen que ella salió de emergencia del país – La mirada dorada del pequeño se posó en la de su padre – Yo sé que la secuestraron pero todos niegan que sea así… ¿Por qué?
- Tal vez no te quieren preocupar
- No les dije nada, porque sé que están tratando de encontrar a mi mamá y porque tú estabas en el hospital, no quería que pensaran que sería otra carga más
- Nunca lo serás – Abrazó al pequeño que ocultó su rostro en el pecho de su padre y pasó sus manitas de igual manera alrededor de él – Y tienes razón secuestraron a tu madre, pero no te preocupes la vamos a encontrar.
- ¿Tu y yo? – Preguntó el niño.
- Tú y yo
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
- Levántese – Sacudió con suavidad a la mujer sobre la cama.
- ¿Qué pasa? – Preguntó sin poderse levantar de la cama, últimamente estaba demasiado débil, así que prefería quedarse en cama, con miedo de perder al bebé.
- El señor la quiere ver – Dijo la mujer.
El señor, era obvio que era la persona que la tenía allí, finalmente se encontraría cara a cara con su secuestrador, era el momento de las respuestas.
- Vamos… - Se levantó pesadamente de la cama dispuesta a ponerse en pie.
- No, no aun, se va a encontrar con el señor a la hora de la cena, dentro de un momento le van a traer algo de ropa, cámbiese y esté lista para las ocho, por el momento coma algo – Dejó una nueva bandeja sobre el buró y salió.
Kagome se acercó a la comida, si algo no podía negar, era el hecho de que le servían excelente comida, pero también había empezado a detectar que esta tenía un sabor extraño, era claro que la estaban drogando, por lo que aun si se estuviera muriendo de hambre, no comía todo lo que le daban por miedo a que la droga afectara al bebé, pero tampoco dejaba de comer por lo mismo; era eso lo que la tenia debilitada. Un par de horas después, al momento en que llegaron a recoger los platos ya vacíos por lo poco que comió y el resto que se fue al excusado, la mujer de siempre llegó con un par de cajas que dejó sobre la cama.
- Tomé una ducha y use las prendas que hay en las cajas, el señor llamó para confirmar que llegaba a cenar – Le dijo la mujer para salir una vez más.
Una vez que la mujer salió, abrió las cajas, adentro encontró un vestido de cóctel, color esmeralda, sacó la prenda de la caja y la extendió sobre la cama, era un vestido bonito que hasta se hubiera alegrado de verlo, pero no era el momento preciso para alegrarse, la otra caja contenía un par de zapatos color plata, aparte de eso habían algunas otras prendas.
- Que considerado – Murmuró con ironía al ver las otras prendas, lo demás eran prendas casuales, cosa que le decía que no tenían planeado dejarla ir pronto.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
- Aun no sabe nada… ¡Aun no sabe nada! – Bramó levantándose de su asiento – Han pasado semanas y cada día de ellas me han dicho que pronto la encontraran… ¡¿Cuándo demonios será eso? – Tomó al hombre de la solapa del traje, lo hubiera azotado contra la pared si su amigo no lo hubiera detenido.
- Inuyasha cálmate – Le pidió Miroku alejándolo de el otro hombre que se encontraba pálido.
- ¡Lárgate! Y si vas a volver será mejor que me traigas noticias – Le advirtió al hombre que asintió asustado.
- Estas cosas no son sencillas Inuyasha, además el pobre hombre solo venía a traer noticias.
- ¡¿Qué noticias?... Lo sentimos señor Taisho no tenemos ¡Nada!, ¡No vienen decir nada!
- Entiendo que estés alterado pero no ganas nada…
- No entiendes claro que no lo haces Miroku, ¡Nadie entiende!, ¡Lo único que dicen es que pronto la encontraran, que no me preocupe!, ¡Pero muéstrame donde esta!... ¡Maldita sea muéstra…
- ¡Contrólate Inuyasha! – Lo tomó de los hombros y lo sacudió - ¡Todos estamos preocupados a todos nos importa Kagome!, ¡Su madre y hermano están mal! ¡Todos lo estamos, no eres el único!... ¡Tu hijo lo está!...Debes calmarte Inuyasha, no puedes controlar las cosas con gritos, eso no la traerá
- Lo siento… - Se soltó de Miroku y salió de su estudio; caminó con lentitud hasta la tercera planta, quería ir a su habitación y soltar el nudo que estaba en su pecho, había soportado todo, pensaba que solo a él le dolía pero se olvidó de la familia de Kagome, hasta del dolor que podía tener su hijo, el no era el único pero ese dolor le estaba lacerando hasta el alma y pedía salir a gritos de su garganta.
Una vez en la tercera planta no pudo siquiera llegar a su habitación, un par de lágrimas salieron de sus ojos y mientras estas caían por su rostro él se deslizaba por la pared, hasta quedar sentado en el suelo.
- ¿Papá? – Preguntó el pequeño saliendo de su habitación.
- Lo siento Yasha, debí cuidar más a tu madre – Se limpió las lagrimas que habían caído en sus mejillas y trataba a la vez de soportarlas pero estas salían sin dar tregua, el niño se sentó a su lado y le tomó la mano.
- No fue tu culpa papá – Aseguró el pequeño brindándole una sonrisa – Sé que darías la vida por mamá si pudieras…Y ella está bien… Sabes porque lo sé… He soñado con ella, me dice que pronto vendrá que sea valiente pero… - La voz del pequeño se quebró y una pequeña lágrima cayó sobre la mano de su padre que aun aferraba entre una suya – Es muy difícil…sé que todos están tristes y…quiero ser fuerte pero… - Inuyasha abrazó al pequeño que comenzó a sollozar – ¿Está mal si lloro? – Preguntó entre lágrimas.
- No lo está – Aseguró Inuyasha dejando que esta vez las lágrimas cayeran a la par de su hijo.
- Quiero a mi mamá... ¿Quién la tiene?
Esa noche no pudo más que quedarse con hijo, lloró a la par con él y lo hizo una vez más cuando él se durmió; ya no lloraría mas, esta vez el mismo encontraría a Kagome.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Ataviada con el vestido estaba sentada a la mesa, esperando por el que era el señor, el hombre que la tenía ahí.
- Buenas noches – Saludó cruzando las puertas de la habitación – Lamento llegar tarde…
Kagome lo miró detenidamente, ojos negros al igual que los cabellos, pero no tenía idea de quién era, no recordaba haberlo visto en su vida.
- ¿Quién es usted? – Le interrogó.
- Mucho gusto, mi nombre es Naraku – Dijo el hombre con una sonrisa, se acercó hasta ella y depositó un beso en el dorso de su mano.
- No estoy para sus modales, exijo que me diga ahora mismo por qué me tiene aquí
- Vaya tienes un temperamento demasiado…atractivo – Le sonrió – Pero antes de responder a tus preguntas vamos a cenar…si no, regresas a tu habitación con más dudas que antes…
Rendida ante las condiciones del hombre, no le quedó más que quedarse durante toda la cena, que incluyó, entrada, plato fuerte y postre, por suerte nada sabía extraño, estaba segura de que su bebé no soportaría tanta droga o lo que sea que le echaran a su comida.
- ¿Una copa? – Le ofreció el hombre.
- No gracias no…tomo – Iba a decir que no podía pero eso sería dejarse en evidencia – Porque mejor no me aclara todo esto que está pasando
- ¿Qué no te queda claro?, estas en esta mansión porque así se requiere
- ¿Para qué? – Continuó Kagome - ¿Para quedarse con la compañía de Inuyasha?
- Muy bien dicho, eres alguien muy inteligente – La felicitó el hombre acercándose a ella, quien se levantó de inmediato de la silla del comedor – No te preocupes…no haré nada… nada que no quieras – Se acercó hasta ella acorralándola contra la mesa.
- Déjeme… ¡Déjeme!
- Con Inuyasha no tienes problemas, hasta tienen un hijo – Le dijo el hombro mientras la apretaba contra él.
- ¡Suélteme!...No me to…
- Suéltala ahora mismo – Se escuchó la potente voz que hizo que de inmediato Kagome quedara libre.
- Lo lamento mucho señor – Habló Naraku, lo que provocó sorpresa en Kagome que de inmediato miró al dueño de la voz.
- Nadie toca la mujer de un Taisho…Que eso nunca se te olvide Naraku…
¡Oh!... Adivinen quien fue el "salvador" de Kagome, lancen sus apuestas chicas xD. En definitiva que Inu tiene una suerte inmensa, salen de un lío para caer en otro, eso es simplemente culpa del destino. Ahora si quieren saber que persona es la que apareció y sucederá con Kagome, nos leemos la otra semana…
Espero les haya gustado, dejen sus comentarios (No me maten), nos vemos pronto (trataré)… Besos… abrazos… Bye…
