¡Hola!... Espero que estén muy bien, que hayan tenido un día excelente, que les haya ido de lo lindo hoy. El día de hoy es jueves, eso significa actualización, he escrito toda la tarde como una loca… Y ahora terminé las actualizaciones de los fics. Antes que nada permítanme darles las gracias por el apoyo que me han dado en esta historia, ¡Muchas gracias a todas!. Y ahora si les dejo la actualización…

Cáp. 23: Rescate.

- Cálmate un momento y analicemos la situación

- ¿Qué vamos a analizar Miroku?, es mi padre quien la tiene, el muy maldito… Pero te juro que lo voy a desenterrar donde quiera que este metido

- Si quieres mi consejo debemos actuar con cautela, él no debe saber que ya nos enteramos que tiene a Kagome

- Lo sé, déjame pensar que hacer… ¿Y si le pido ayuda? – Dijo Inuyasha – Puedo ir hasta donde sea que este y rogarle por ayuda para encontrar a Kagome…Le armaré los teatritos que él adora

- Creo que es buena idea… ¿Puedes localizarlo?

- Claro que puedo, la última vez que hablé con él fue cuando mi madre murió, llamó a decirme que si me sentía muy fracasado para continuar que lo llamara – Comentó con cierto sarcasmo, habían sido esas palabras las que lo habían alentado a salir adelante, para restregarle en el rostro que no lo necesitaba en absoluto – Creo que Myoga sabe el numero para contactarlo

- El bebé está en perfecto estado – Informó el doctor guardando el estetoscopio en su maletín - ¿Algo mas señor Taisho?

- No nada más, mi hijo le pagara por sus servicios afuera – Le dijo el señor a lo que el médico obedeció y salió con el joven hombre.

- Gracias por traer a un doctor – Le dijo Kagome sentándose más cómodamente en la cama.

- No soy un inhumano, sé que las mujeres en estas condiciones necesitan más atención – El señor fue y se sentó a su lado – Además ese bebé que se está gestando es mi nieto

- Entonces reconoce que Inuyasha es su hijo – Acarició su vientre abultado y lo miró.

- Tiene mi apellido, de la misma manera que Sesshomaru y Yasha lo tienen – En cuanto el pronunció el nombre de su hijo enfocó su mirada en él atónita – Sé el nombre del niño…

- ¿Cómo es que esta tan enterado de la vida de Inuyasha?, sabe cuando nos conocimos y detalles de los que yo casi ni me acordaba – Se puso de pie y miró por la ventana analizando un poco todo alrededor.

- Sí, sé mucho de Inuyasha, tienes que saber todo de tu enemigo…

- ¿En serio piensa que Inuyasha es su enemigo? – Le preguntó Kagome – Inuyasha no habla mucho de usted pero las veces que lo hace siempre se refiere a usted como su padre, con respeto total, ¿Puede imaginarse que sucederá si Inuyasha se entera quien me tiene secuestrada?

- Pues lo más posible es que me busque por cielo y tierra, cuando me encuentre vendrá hasta aquí y pondrá mi casa patas arriba hasta encontrarte y tenerte segura, cuando eso esté listo nos matara a todos

- Papá…Inuyasha al teléfono – Le informó Sesshomaru asomándose por la puerta, sorprendiendo a Kagome.

- Eso si yo no lo mato primero… - Sentenció para luego irse.

- Usted dijo que…

- Sí pero el poder de la familia nos da más honor… ¿No lo sabías? – Le dijo antes de salir de la habitación.

- Es un… - Se guardó la maldición para ella misma, y más porque una punzada fue a su vientre y se tuvo que sentar – Inuyasha…

- Por lo que más quieras… Ayúdame – Le imploró a un paso de arrodillársele – Sé que Naraku la tiene pero no sé donde…

- Dame una razón por la cual deba ayudarte… - Le pidió el hombre sin inmutarse – Porque yo no la veo – Tomó el vaso de whisky y le dio un sorbo.

- ¡¿Qué más quieres que haga? Estoy aquí humillándome por tu ayuda, como tanto lo quisiste por años

- Yo nunca lo quise Inuyasha…Sabes que voy a ayudarte a encontrar a Naraku, aprovecharé que estoy en el país y voy a ayudarte a encontrar a tu mujer – Aseguró el señor comenzando a levantarse – Y si me hubieras buscado desde hace años nada de esto te estuviera sucediendo – Sentenció antes de salir definitivamente del establecimiento.

- Claro que no padre – Arrastró la última palabra y luego tomó su celular – Ya salió… - Dejó pago lo que se tomaron y salió para subirse en su auto.

- Buenas noches señorita – Le dijo la mujer saliendo con las bandejas de la cena.

- Buenas noches Kagura – Se arropó en la cama y luego la puerta se cerró, con llave nuevamente.

Cuando la mujer se hubo alejado del pasillo se levantó de la cama con agilidad, fue hasta los ventanales, descorrió las cortinas y abrió. Sabía que lo que iba a hacer era algo arriesgado pero no podía quedarse encerrada ahí toda la vida; con ayuda de una butaca quitó las cortinas de la barra que las sostenían, sacó la larga vara por la ventana hasta la contigua a menos de un metro y la corrió hasta abrirla, pero eso era lo fácil, lo difícil sería pasar hasta la otra habitación, colgando de los ventanales y llevando consigo una barriga de cuatro meses. Dándose fuerza mental se paró en la cornisa aferrándose con fuerza al vidrió, se soltó de una mano y la paso a la otra, luego hizo lo mismo con un pie, finalmente se empujó hasta que estuvo de pie en la ventana contigua.

- Tranquila… - Se dijo a sí misma en el momento en que una punzada fue enviada a su vientre; cuando tomó un poco de aire se coló en la otra habitación.

Era una habitación aparentemente de huéspedes, por suerte no había nadie de eso ya estaba segura, había buscado la manera de salir durante mucho tiempo. Aun así se fue con calma, fue hasta la puerta y la abrió, todo el pasillo estaba en penumbras, así era que lo necesitaba.

- Estamos listos señor, las cámaras han sido desviadas – Avisó un hombre vestido de completo negro – Pueden ingresar…

- Yo voy… - Dijo Inuyasha acercándose a los hombres.

- No es lo mejor Inuyasha, quedemos aquí y esperemos – Le pidió Miroku.

- Es mi mujer y me bebé quienes están ahí, quiero ir y lo voy a hacer – Aseguró Inuyasha a lo que Miroku ni nadie podía objetar.

- Está bien, señor Taisho aquí tiene un comunicador en caso de seguridad y ¿Sabe manejar armas? – Preguntó el hombre a lo que el asintió, había aprendido por su seguridad.

- Bien señores vamos – Los hombres que iban a entrar no eran muchos, eran los necesarios para sacar a Kagome y atrapar a los culpables, eran los mejores y de eso se había encargado el mismo Inuyasha.

- Kagome… - Como lo había prometido iba a rescatarla el mismo.

- ¿Crees que sepa que somos nosotros quien la tenemos? – Preguntó el joven hombre dándole un sorbo a su trago.

- No lo sé Sesshomaru, pero me inclino más por un no, conocemos a Inuyasha y el no se humillaría ante nadie y mucho menos ante mí, además nadie aparte de nosotros o Naraku conoce esa alianza – Aseguró el señor a su hijo.

- Bueno y como se supones que vas a ayudar a Inuyasha, sin entregarle a Kagome y evitando que el idiota de Naraku abra la boca

- No lo sé Sesshomaru – Respondió con algo de enfado – Mejor dame ideas en lugar de más dudas, por el momento lo voy a entretener con cualquier cosa, ahora déjame solo – Le ordenó a su hijo que obedeció sin chistar, tragándose la ira que afloraba cada vez que recibía una orden de su padre, hasta en algunas ocasiones pensaba en tirar todo al suelo y mostrarle a su padre que podía ser independiente, como el maldito de Inuyasha siempre lo había sido.

- ¡Señor Sesshomaru! – Corrió el hombre hasta donde él.

- ¿Qué sucede? – Preguntó a un paso de entrar a su habitación.

- La mujer escapó – Soltó el hombre de inmediato.

- ¿Qué?, ¿Cómo que escapó? – Movió al hombre a un lado y corrió hasta el final del pasillo, donde era la habitación de ella.

- Escuché un ruido, no le presté mucha atención pero luego decidí entrar y ella ya no estaba, salió por la ventana – Explicó el hombre con rapidez.

- ¿Y qué haces aquí? – Le regañó Sesshomaru – Avísale a mi padre y alerta a todos que la encuentren…

Se encogió mas entre los abrigos en el momento en que sintió varios pasos corriendo cerca del armario en que se ocultaba, oía puertas abrirse y cerrarse con fuerza, era claro que ya sabían que había escapado y lo único que hacía era rezar mentalmente y consolar su bebito que estaba más inquieto que ella misma. En cuanto el ruido desapareció, se dio el valor para salir, entreabrió la puerta y dio un vistazo alrededor, tenía que ser muy sigilosa, había alcanzado a bajar hasta la segunda planta pero estaba segura que la primera debería estar minada de personas. Así que caminó con lentitud alerta a cualquier sonido del cual ocultarse, pero para su bien todo estaba calmado en esa parte pero escuchaba claramente voces en la primera planta.

- ¡¿Cómo fue que escapó? – Bramó airado - ¿Qué clase de incompetentes tengo trabajando aquí?... ¡¿Y qué hacen ustedes ahí parados?...¡Vayan a buscarla! – Ordenó envuelto en furia.

- Gritando no consigues nada papá, además ella no logrará salir de aquí, esta casa tiene demasiada seguridad en cada una de sus esquinas – Aseguró Sesshomaru siguiendo a su padre hasta el estudio – Y espero que con esto tomes mi consejo de salir del país con ella

- Eres un Taisho pero no piensas como uno…

- ¿Y cuál es tu idea? – Preguntó con algo de ironía – Porque no es por ser pesimista pero tarde o temprano van a encontrar nuestros lazos con Naraku y por lo tanto darán con nosotros así que lo mejor es sería sacar a esa mujer del país

- Haber hijo si la sacamos del país para Inuyasha sería más fácil encontrarla, tenerla cerca de él mismo sería algo que nunca vería venir – Se explicó el hombre, no estando dispuesto a escuchar algo más de su hijo – Mejor llama a Naraku y dile que venga ahora mismo.

- Claro… - Dio media vuelta y salió.

Miró a todos lados del pasillo buscando el cual la llevaría a la puerta trasera, todas éstas mansiones tenían una; unos pasos se dejaron oír muy cerca y con rapidez abrió una habitación y se metió ahí, dio un vistazo desde la puerta entreabierta y se encontró con Sesshomaru que caminaba a paso raudo y enfadado, soltó el aire retenido en sus pulmones una vez que ya no escuchó nada más y de nuevo salió; una vez llegó al final del pasillo se encontró con la cocina y la codiciada puerta trasera, aumentó el paso y como ya esperaba la puerta tenia llave, así que con urgencia revisó todas las alacenas y cajones que hubieran en la cocina, en algún lugar tenía que haber una llave de repuesto, pero ésta estaba más oculta de lo se imaginó.

- Ahh…gracias – Susurró en cuanto dio una llave colgada en un ganchito dentro de una alacena; de nuevo corrió hasta la puerta y antes de poder girar la cerradura fue atrapada desde atrás.

- Tardan mucho – Salió del auto buscando algo de aire, estaba muy nervioso - ¿Cree que haya problemas?

- Si los hubiera ya estuviéramos enterados, no se preocupe, son pocos hombres pero todos son los mejores – Aseguró el hombre frente a la computadora.

- Pero es que no se han comunicado, puede que los hayan descubierto y ahora estén…

- Ellos no son de hablar cada cinco segundos, solo se comunicaran si hay problemas, de lo contrario no sabremos nada hasta que todo esté controlado y el resto de los hombres pueda entrar

- Bien… - Suspiró y volvió a entrar en la camioneta, no podía evitar estar nervioso.

¡No!, no podía ser que ahora que salía la atraparan, unas manos cubrieron su boca para evitar cualquier grito y la cargaron por encima del vientre hasta encerrarla dentro de la misma habitación que minutos antes ella se misma se ocultara. Se revolvió entre los brazos de la persona, hasta que un aroma y una voz fueron percibidos por ella.

- Tranquila… - Susurró en su oído y luego la liberó para dejarla tras él.

- Inu…

- Shhh – Puso un dedo en sus labios y ella guardo silencio, posteriormente un par de pasos se dejaron escuchar – Vámonos… - Enlazó su mano con la de la joven y salió finalmente de la casa, afuera alguien los esperaba.

- Ya la tenemos con nosotros – Habló el hombre por el comunicador en cuanto vio a Inuyasha en compañía de la mujer – Es hora…

- Naraku no está – Informó Sesshomaru ingresando a la oficina.

- ¿Y ahora donde se metió éste… ¡¿Qué sucedió? – Bramó en cuanto la luz se fue.

- Esto no es normal – Susurró Sesshomaru tanteando algo en su saco.

Varios pasos se dejaron escuchar cerca de la entrada del estudio, Sesshomaru fue hasta donde se padre que ya estaba de pie, ambos listos para lo que llegara, la puerta fue abierta de improvisto y tres hombres vestidos de negros ingresaron en la habitación dispuestos con armas y listos para lo que siguiera…

- ¿Ya la tienen? – Preguntó Miroku al hombre que se encargaba de la comunicación y que escuchaba atentamente lo que se le decía por los audífonos.

- Rescataron a la señorita y…

- ¡Escapó! ¿Pero cómo? – Preguntó Inuyasha.

- Estas casas tienen salidas secretas de emergencia, túneles a los que no podemos tener acceso – Explicó el hombre encargado – Pero no se preocupe Señor Taisho que vamos a dar con el paradero de ambas personas.

- ¿Dos?

- Encontramos dos vasos usados así que suponemos que alguien más estaba con su padre…

- Sesshomaru – Gruñó ante el nombre - ¿Dónde está Kagome?

- Nuestro equipo médico la está revisando en esa camioneta de allá – Apuntó el hombre a un lado.

- ¿Cómo esta? – Preguntó Inuyasha acercándose a la enfermera que revisaba a su Kagome.

- El bebé y ella están en perfecto estado, además ella nos dice que le venían haciendo chequeos médicos desde hace dos meses, a primera vista todo está bien – Aseguró la mujer, dejándolos luego solos.

- ¿Segura? – Se acercó hasta a ella acunando su rostro entre sus manos; Kagome asintió y posó sus manos sobre las de él, dejando que el calor la atravesara y que su corazón volviera a latir con rapidez - ¿Estás bien?

- Todo bien – Se soltó para pasar sus manos por la cintura de él y esconder su rostro en su cuello – Estaba tan preocupada, no sabía que había pasado contigo o con Yasha y…

- Tranquila mi amor, todos estamos bien

- Vamos a casa – Pidió ella.

- ¡Mami! – Se soltó de su abuela para ir corriendo hasta ella que atravesaba la puerta en compañía de su padre – Mami…Sabia que estabas bien – Kagome se inclinó a su altura con cuidado y lo abrazó con los ojos inundados de lágrimas, al paso que iba pensó que no lo vería nunca más - ¿Verdad que estás bien? – Preguntó Yasha con las mejillas mojadas por sus lágrimas.

- Claro que lo estoy cariño – Kagome se levantó con ayuda de Inuyasha quien luego cargó al pequeño.

Posteriormente se fueron acercando su madre y su hermano y por supuesto Sango que, todos esa noche descansarían tranquilos en sus camas, sabiendo que un infierno finalmente había terminado…

- ¿Por qué no duermes? – Le preguntó Kagome girándose hacia él dejando a su pequeño hijo dormido al otro lado de la cama.

- Kagome… - Le acarició el rostro con delicadeza y depositó un beso en su frente – No quiero atormentarte con esto… ¿Pero sabes quién te tenía? – Tenía cierta esperanza de estar equivocado.

- Quisiera que no fuera cierto, pero sí lo es – Le aseguró Kagome; Inuyasha se sentó en la cama tomando un poco de aire y ella lo acompañó – Tu padre quiere la compañía y pensó que tu se la darías porque nos tenía – Ella se refería a ella y al bebé que se gestaba.

- Y lo hubiera hecho – La miró fijamente, el no hubiera titubeado para entregarle la compañía – No hay nada más importante que tu o que mis hijos, yo no lo hubiera dudado mi amor – Cerró sus brazos alrededor de ella recostándola en su pecho, acariciando su vientre de cuatro meses – Estaba tan desesperado Kagome, pensé que jamás te tendría de nuevo conmigo, te busqué por cielo y tierra, quise matar al imbécil de Naraku cuando supe que te tenía, pero luego me encontré con que era mi padre quien te tenía

- Cuando me enteré me sorprendí, jamás hablabas mucho de tu padre, pensé que solo era distancia lo que afectaba su relación, nunca me imaginé que las cosas fueran hasta allá – Comentó Kagome dejándose recostar en la cama, aun entre los brazos de Inuyasha – El sabe mucho de ti, sabe de toda tu vida, de nosotros, de Yasha, es más sabia de el bebé cuando casi nadie lo sabia

- Ahhh… ¿Pero no te hizo nada verdad? – Le preguntó como por enésima vez esa noche.

- No, ellos se portaron con mucho respeto ante mí y me cuidaron cuando Naraku inten… - Se interrumpió ella misma cuando vio la mirada de Inuyasha ensombrecerse.

- ¿Cuándo Naraku qué? – La instó a continuar – No me digas que ese…

- No, no; el no logró hacerme nada, no me tocó ni un pelo Inuyasha – Aseguró Kagome – Tu hermano y tu padre lo mantuvieron alejado de mi en todo momento

- Más le vale a ese imbécil – Tomó un poco de aire y se calmó – Me alegra tenerte finalmente conmigo mi amor – Sonrió y la abrazó dejando el vientre en medio de los dos, ya estaba acostumbrado a esa pequeña separación, con Yasha la había vivido – A ti y a esta pequeñita – Se inclinó y depositó un beso en el vientre.

- Sabia que irías por nosotras – Una sonrisa se dibujó en su rostro al aceptar que era una bebita lo que esperaban.

- Bueno y por qué no me esperaste donde te tenían en lugar de buscar la salida tu misma – Le reprochó con levedad.

- Pues pensaba en ayudarte, no iba a quedarme ahí toda la vida, tenía demasiada incertidumbre acerca de lo que había sucedido ese día contigo y con Yasha…

- Yasha me ayudó mucho, fue como mi pilar en medio de todo esto, trataba de estar con la mente despejada por él – Aseguró mirando al pequeño que dormía con tranquilidad y una sonrisa en sus labios – Pero ya no pensemos mas en eso, debes estar cansada así que a dormir

- No tengo sueño, eso era único que hacía en esa casa, ¿Sabes que quiero? – Acercó su rostro hasta el de él hasta lograr rozar sus labios con los de él – Dame un beso…

- Con gusto – Rozó sus labios con calma mientras acariciaba su rostro con delicadeza – Te amo…

- También yo…

- ¿Me van a dejar dormir? – El pequeño se sentó en la cama y los miró con los ojitos adormilados – Hablan mucho…

- Jajajaja…Lo sentimos – Dijo Inuyasha girándose hasta el niño que caía de nuevo en la almohada – Puedes dormirte campeón – Acarició los cabellos negros como los de Kagome y lo arropó con su manta – Buenas noches a los tres…

- Buenas noches – Ella se recostó en su pecho con levedad para dejarse caer dormida, finalmente podría estar tranquila con Inuyasha y su hijo.

- ¡Ese idiota de Inuyasha nos engañó! – Golpeó la mesa enfadado derramando parte del líquido que había en el vaso sobre ella.

- Confiaste en que Inuyasha estaba rendido ante tu poder para encontrarla a ella, no sabías que lo único que hacía era buscar la manera de llegar a donde la teníamos… - Habló Sesshomaru sin inmutarse ante el genio de su padre – Acéptalo padre, Inuyasha fue mucho más inteligente que tu

- Y eres feliz restregándomelo en la cara – Lo miró con enfado – ¿Por qué no mejor no piensas que hacer?

- No fui yo quien arruinó las cosas papá, tú te dejaste convencer por quien según tú no pensaba como un Taisho, así que arréglalo

- No eres más que un mocoso para darme órdenes Sesshomaru… ¡Ven aquí! – Le gritó en cuanto le vio dar media vuelta y marcharse - ¡Sesshomaru! – Él sin inmutarse por los gritos salió cerrando la puerta tras él, justo en el momento en que el vaso de licor de su padre se quebró contra esta - ¡Me las vas a pagar Inuyasha!

La botella de whisky fue a parar a la chimenea, encendiendo las brasas doradas como los ojos del que la arrojaba, ambas miradas se fundían contrastando las doradas brasas del fuego con las frías pupilas doradas del hombre, el veneno emanaba de él, nadie engañaba a un Taisho, ni mucho menos un bastardo…

- Me las vas a pagar…

- Estaré esperando por ti – Susurró mirando por el ventanal la luna reflejada en el cielo, dio un vistazo al lecho donde su hijo y Kagome descansaban – Esperaré por ti padre…

¡Inu se enojo!... ¡Yo lo contento!... xD… Bueno ahora que a Kagome la rescataron es más complicado, jajajaja xD. Finalmente Kag está bien y la familia Taisho vuelve a estar completa. Espero les haya gustado, dejen sus comentarios, les mando un abrazo un beso… Y nos vemos pronto chicas. Feliz fin de semana!