Dices que nacemos y nacemos de nuevo. Digo que hay un rio que divide a los muertos de los vivos. Lo que si se, es que si nacemos de nuevo, voy a conocerte en otra vida, si hay un rio ¿esperaras en las orillas para que yo vaya a ti, y podamos cruzar juntos?
-Will Herondale, Princesa mecánica
Parabatai
Gabriel sintió como su mundo retumbaba y abría bajo sus pies, la palabra resonaba una y otra y otra vez, aislándolo de cualquier sonido que no fuera la voz del chico de sus sueños "parabatai", no sabia lo que significaba, pero su pecho, ahí donde tenia una extraña marca de nacimiento ardía ferozmente, un peso increíble caía en su corazón y entendía lo que era.
Un recuerdo que no había vivido, mas sin embargo sentía que era de el como lo era su piel llego a su mente impactándole como lo haría un golpe de boxeador sacándole todo el aire.
Era el con una espada en mano y un chico de unos trece años que lo miraba sorprendido, recién desarmado. Ese chico era Jem, Jem con ojos de plata. Gabriel recordó tan nítida la victoria y en ella más que satisfacción había una alegría poco contenida, pero el solo esbozó una sonrisa de medio lado.
Gabriel le sonrió al chico que tenía enfrente.
-No quisiste serlo, tuve que obligarte- dijo al instante jactándose sin saber muy bien porque
-Es justo decir que no te costo demasiado- Jem respondió tratando de recomponerse sin mucho éxito
-Te sueño, casi todas las noches, es raro decirle esto a un chico, aunque seas "bonito"- dijo haciendo una mueca, como si le costara reconocer lo evidente
-¿Me sueñas? Conociéndote, no quiero saber que sueñas- Contesto bromeando tratando de restarle importancia a la situación, cuando todo lo que quería era saltar de alegría y quizá arrojarse a Will
-No siempre lo recuerdo, pero se que soñé contigo, porque despierto con tu nombre en los labios extrañamente feliz, otras veces, la mayoría a decir verdad mi sueño es como una película muda, ya sea que lo vivo o lo veo como tercera persona, mueves tus labios pero no oigo nada y en otras dices tonterías.
Jem se exprimió el cerebro pensando que serian tonterías para el Will actual. Mordió su labio y pensó en las cosas mas importantes que le había dicho, algunas como mundano realmente serian raras, como que sus padres fueron asesinados por un demonio, recordó como un rayo lo que le había dicho cuando pensó que moriría y no pudo evitar sonrojarse, agradecía que su piel ya no fuera tan pálida.
-Explícate Will- dijo en seco, que sea lo que tenga que ser
-Me gusta que me llames así, es como en mis sueños, pero mi nombre es Gabriel, Gabriel Owens- Gabriel se quedo de piedra al escuchar y ver al otro carcajearse hasta casi doblarse y nuevamente viendo lagrimas rodar por sus ojos, pero esta vez, para su tranquilidad de risa- Parece que te he contado un chiste, se que mi ingenio es supremo pero por favor…
-¿Has dicho Gabriel?, esto es el Karma en su máxima expresión- Jem trataba inútilmente dejar de reir
-Mejor ni menciono la viruela demoniaca- dijo casi susurrando, pero noto a Jem mirarlo con los ojos abiertos de par en par- No me mires así, no estoy loco, los demonios existen y sé que tú lo sabes, lo que no entiendo es por qué te la pasas diciendo que la viruela demoniaca no existe.
-¿Lo que tu tratas de decirme es que sueñas conmigo mientras hablamos de viruela demoniaca? Eso Will es tan romántico a niveles desproporcionados- dijo Jem con un tanto de alivio, es mejor eso que otras platicas de esas emotivas
-De cierta forma lo es, sabes no suelo decir esto a… nadie o me enviarían al manicomio pero existen las hadas, ellas me hablaron un poco de ese malestar cuando pregunte, es romántico, si eres un demonio, ya sabes ellos solo tienen sexo por amor- bueno si el ex-peliplata quería sarcasmo, pues se topo con el rey.
-Así que aun frecuentas a Nigel seis dedos-Jem había bromeado sin esperanzas de que Will lo entendiera, pero Will tenia los ojos de par en par con cara de "¿tu como sabes?"- Oh por el Ángel ¿en serio Will?
-Las hadas siempre son muy amables ¿lo sabías? Y su comida es mortal, realmente, perdí tres días de mi vida por comer una frutilla… desperté por Nuevo México.
-Las hadas son peligrosas, mas para un mundano confiado, ellas pudieron haberte matado o algo peor-Jem no pudo evitar el sermón
-Mundano ¿eh? Ellas no me llaman así, a pesar de que lo hacen con otros y otros seres mágicos me llaman así, ellas no lo hacen, quizá por eso y porque son terriblemente hermosas (mas que tu, cabe destacar) me agradan.
-William, nadie es mas hermoso que… no, no puedo, eso seria algo que tu dirías no yo. Son peligrosas, solo aléjate.
Para ese entonces ambos yacían sentados en el césped, Jem tratando de reconquistar los patos y Gabriel a una distancia prudente.
Había mucho que contar, mucho que preguntar pero en un pacto silencioso, se permitieron ese momento, los dos lado a lado, como dos chicos normales a sabiendas que no lo eran, uno sabia que era un cazador de sombras realmente longevo y el otro un chico que veía cosas y soñaba con un tipo que en su vida había visto…pero que amaba.
-Deja de verme, es un poco incomodo-Reclamo Jem rompiendo la tregua
-Tu cabello y tus ojos son diferentes- hora de las cuestiones
-Lo son- hora de la evasión pensó Jem
Will estaba por replicar cuando su celular comenzó a sonar, contesto y Jem supo que se iria, el no quería ¿pero qué podía hacer? ¿Secuestrarlo y llevarlo al instituto? Sonaba total y absolutamente descabellado ¿o no?
-Debo irme- Jem sintió alegría al notar el dolor impreso en la frase- Dame tu numero de celular
-No tengo celular- el sabia lo que era pero jamás había tenido uno entre las manos
-Ahora lo tienes- Will le extendió el suyo- solo si llaman por mi, di que no estoy disponible o que llamen a mi casa
-No puedo aceptarlo y lo sabes, pero puedes llamar al insti…a mi casa
-Hubieras empezado por ahí, anótalo- Jem empezó a teclear sin saber como guardarlo así que acabando de marcar los números se lo devolvió
Se despidieron sin palabras, Gabriel había caminado quizá unos diez metros cuando se giro y corrió sobre sus pasos, se abalanzo contra Jem haciéndolo tambalearse quedando unidos en un abrazo.
-Nos vemos esta noche, ¿conoces Pandemonium?-pregunto Will aun sujetando a Jem
-He escuchado de el, nos vemos esta noche- Jem acariciaba el negro cabello de Will sintiendo la leve curva de sus puntas
El abrazo no se prolongo más y Will con una sonrisa que no le llegaba a los ojos se fue. Jem sentía su corazón latir con una fuerza que no había sentido en ciento treinta años
