Jem sabia de Pandemonium, un lugar donde mundanos y submundos convivían, hace más de un siglo esa organización había sido un dolor de cabeza, un problema, ahora apenas y era tomado a consideración por los cazadores de sombras.

Los jóvenes iban a ese club a bailar, el no estaba muy al corriente de los bailes contemporáneos ni siquiera de la música que sonaba en estos tiempos. Tenía un amplio conocimiento en información actual, pero ella no abarcaba las tendencias de la moda. Ninguna.

Su vestimenta había sido proporcionada por el instituto, un par de pantalones de mezclilla, otro par de camisas blancas, unas cuantas camisetas en blanco y negro, al igual que ropa interior, sus zapatos eran unas botas de combate y había conseguido traer un baúl con sus pertenencias de la época cuando vivía en el instituto de Londres, también le habían dado un equipo con la vestimenta de un cazador, todo negro y con esa tela especial, ya que el suyo era realmente viejo.

Pero no tenía nada que se le denominara elegante como para ir a un baile. Quizá debía ir a alguna tienda departamental pero el no sabia de esas cosas.

Todos sus temores se los exponía a iglesia uno por uno, ver a Will y no saber qué decir, que lo considerara tonto o aburrido por no bailar, nunca había tenido una real borrachera, no sabía cómo divertirse a no ser su música y bueno dudaba que a Will-Gabriel le llamara la atención ¿sería capaz de retenerlo mas allá de cinco minutos? Y él solo podía pensar que no tenia ropa para mezclarse en ese sitio.

Entonces escucho el repicar de unos tacones bajando de la parte superior de la biblioteca, que vergüenza quizá Maryse lo había escuchado, con las dudas de un adolescente y no de un hombre mayor (realmente mayor) que era.

Por fin distinguió la figura, no era Maryse, sino su hija. Isabelle Lightwood lucia amazónica, característica digna de cualquier cazadora, sin embargo ellas, las Lightwood, brillaban en la hostilidad como ninguna. El pelo negro, su porte y osadía también le recordaban a cierta Herondale, no pudo evitar sonreírle.

-¿Sabes? Iglesia es bueno escuchando, pero es realmente deficiente para ayudar- escucho un bufido como protesta- sin embargo yo, creo que algo podría hacer por ti.

-No es necesario, no quiero darle molestias, de verdad señorita light..-Jem se vio interrumpido

-Isabelle por favor, y estas de suerte, sin duda, no puedes caer en mejores manos- dijo con una sonrisa que le crispo los nervios a Jem.

James tuvo un mal presentimiento cuando escucho hablar a Isabelle con un Magnus, rezo al Ángel por que no fuera el brujo que el conocía, ya que la chica le había preguntado algo como "¿recuerdas donde compraste esos fabulosos pantalones morados? No los del animal print no…"

Las compras se hicieron sin mucha demora, Jem se sonrojaba cada dos por tres, no estaba acostumbrado a las miradas lascivas y al parecer estaban muy de moda, mientras Isabelle ni reparaba en los mundanos el no podía evitar observarles. Eran fascinantes, coloridos y escandalosos. No le disgustaban, tanta tranquilidad por más de un siglo había abierto panoramas que antes no contemplaba.

No sabía cómo, ni por qué, pero termino en un salón de belleza, su cabello tenia mechones asimétricos y su piel era más suave que la de un durazno, sus uñas mas pulcras que nunca.

Al llegar Isabelle puso un cambio sobre la cama, y las demás bolsas las aventó a una esquina, Jem no abría nunca jamás combinado esas texturas pero era Isabelle quien sabia de esos negocios, se lo puso con algo de aprehensión y al verse al espejo se sentía como un grabado pornográfico.

Estuvo cerca de una hora sin salir, rebuscando algo más decente y encontró varios cambios con los que se sentiría capaz de salir a la calle, suspiro y al final salió con lo que Isabelle le escogió, no la había hecho perder toda la tarde en nada y el no era del tipo que le hacía desaires a una dama. Sus padres no lo educaron así.

Al bajar se topo con Isabelle en el salón, ella sonrió con suficiencia y supo que hizo lo correcto. Ella lucia despampanante de igual forma, un vestido azul índigo cubría su cuerpo solo lo justo, buena parte de sus piernas quedaba expuesta, sus pantorrillas eran cubiertas por unas botas negras de piel, sus cintas eran cruzadas dándole un aspecto salvaje que corroboraba una chaqueta de cuero en el mismo tono, su látigo enredado en la muñeca derecha y finas dagas adornaban su peinado.

-Acércate aquí, te hare una runa térmica, hace un frio del demonio allá afuera- dijo sacando su estela

-Podría ponerme algo mas abrigador- menciono Jem esperanzado

-¿Y romper el encanto? luces ardiente… un suéter no lo va arruinar, dame tu brazo- dijo Izzy tomando su brazo y trazando las líneas- bien listo, vámonos quede con alguien ahí.


Música cadenciosa, cuerpos sudorosos, bebidas fluorescentes, mundanos y submundos rozándose, coqueteando y riendo sin importar la raza, unos inocentes y otros con el pleno conocimiento, pandemónium era un sitio muy abierto, por lo cual se podía encontrar vampiros y licántropos conviviendo, algunos forzados manteniéndose alejados y otros que les importaba poco o nada el acercamiento o incluso el compartir un tanto de fluidos. Drogas mágicas estaban prohibidas en el sitio, mas sin embargo podías encontrar polvo de hadas y otras sustancias en los tocadores, a veces gratis a veces por unas monedas o algún favor.

Gabriel se comía las uñas a la espera del chico de sus sueños, quizá debió citarlo en un lugar mas tranquilo, llevaba tres tragos rosa a base de vodka, dos verdes con base de tequila y unos azules sabor mora que debía de tener ron, había llegado a abrir prácticamente el club a eso de las nueve, ya eran las once y cuarto.

Si hubiera sido más consciente de su alrededor hubiera notado que varias chicas lo miraban como si fuera comestible, una chiquilla que parecía tener escasos dieciséis, se contoneaba de aquí allá, hasta que se poso frente a el extendió su mano y se presento como Dolly.

Ella era submundo, de sus menos favoritos, una vampiro, su piel cetrina, sus ojos avivados y una sonrisa que permitía ver levemente sus incisivos lo confirmaba. El se iba con cuidado con los hijos de la noche, eran mas que peligrosos, ellos veían a los mundanos como una posible cena, cosa por la cual se alejo de Dolly, alegando que quería aire.

El rumor de cazadores dentro de pandemónium se extendió con más rapidez de lo que haría el fuego en alcohol, Gabriel nunca había visto uno ahí, pero sabía que cuando iban era para cazar algún submundo fuera de la "ley" o demonio. No se les tenía estima en el sitio.

Era una mala noche en pandemónium. Esperaría a Jem en la acera y lo llevaría a otro sitio.

Gabriel sintió un fuerte golpe en el pecho y un tirón en la entre pierna. Era inevitable. Su mente no daba crédito a sus ojos.

Era Jem, su cabello se veía distinto a la mañana, tenía un corte salvaje que hacían que su rostro se viese mas anguloso, la sonrisa a medio extender, sus ojos oscuros, la piel cambiando con las luces del lugar y su vestimenta; unos pantalones ajustadísimos negros, una playera azul oscuro (del color de los ojos de Will) en licra y un leve suéter en color plomo tan fino como la tela de la playera pero ligero como algodón caía asimétrico sobre sus muslos, usaba unos vans también color plomo.

Las pupilas de Will estaban dilatadas y su boca abierta, quizá Isabelle exagero un poco, Jem quería cubrirse a toda costa por lo que se repego un poco a la cazadora de sombras, ella solo le sonrió y le susurro al oído si encontró a quien esperaba, Jem asintió sin querer separarse de su escudo.

Will vio la escena con el ceño fruncido ¿Por qué Jem estaba con esa femme fatale? Sin dar la orden se encontró usando su cuerpo para separarles. Quería matar a la chica pero le sonrió, esas sonrisas medidas que parecían salirle de forma natural a pesar de no serlo.

Isabelle encontró ligeramente conocido al chico, pero decanto, nunca había visto a alguien así de guapo e increíblemente sexy, sonrió ladina y con coquetería extendió su mano. Gabriel a pesar de estar ardiendo por Jem correspondió y jugueteo con ella un poco.

Fueron a la barra y pidieron unos tragos, con dolor Isabelle se separo de ellos y se fue en persecución de una chica lobo, morena y también muy guapa, le grito para llamar su atención, Gabriel pensó que había dicho algo como "Mara".

Bebieron un par de tragos de colores antes de que Gabriel se animara a invitarlo a bailar, y otro par para convencer a Jem. No se podía charlar y los privados eran muy solicitados y nadie los usaba exactamente para hablar, y quizá Jem malentendiera si lo invitaba ahí, aunque Gabriel hubiera amado arrastrar a Jem a los privados y hacerle las cosas más… inapropiadas.

En la pista Jem descubrió que mover su cuerpo al ritmo de esa música era relativamente simple, no había movimientos elaborados, sus caderas se movían por inercia y sus brazos se agitaban y flexionaban con fluidez, lo atiborrado del lugar no permitía a sus piernas explorar pero aun así luchaban por danzar.

Y nada de su desinhibición tenía que ver con los seis vasos de colores que había bebido. O eso creía.

Gabriel tenía la inminente necesidad de ir a atender una necesidad biológica apremiante, no tardaría más de cinco o seis minutos en ir y volver. Hizo menos que ese tiempo.

Aun así al volver un tipo altísimo con una cicatriz en el rostro bailaba nada cristianamente con Jem, lo reconoció como el Dj del lugar, antes lo había visto, eso no impidió que se abalanzara a el y lo empujara con ganas.

Un penetrante aroma le lleno las fosas. Maldición. Ese tipo olía a hombre lobo. Se preparaba para la batalla cuando Jem lo tomo de la mano y empezaron a correr a las puertas.

-Por el Ángel, ese hombre lobo te hubiera partido con la facilidad con la que se parte el pastel- menciono Jem cuando a tres calles de pandemónium pararon

-No soy tan fácil de vencer-le contesto Gabriel aun cabreado

-oh venga Will- trato de calmarle jem

-¡CON UN DEMONIO! ¡SOY GABRIEL!

-¡CIERRA LA BOCA WILLIAM!- le grito Jem igual fuera de casillas

-¡ESTABAS BAILANDO CONUN HOMBRE LOBO EN MI NARIZ!- estallo Gabriel

Jem empezó a reír, sobrio no le causaría risa, pero justo en ese momento le parecía divertidísimo, entre mas reía, Gabriel apretaba sus puños con más fuerza.

-Dime "Gabriel"-recalco el Gabriel sacándole una mueca a Will- ¿Qué te molesto más que estuviera bailando con otro? ¿Qué fuera un submundo?¿o que lo hiciera frente a ti?- Jem no esperaba respuesta

-Que bailaras con otro, que tocaras a otro, que miraras a otro- Will paro en seco tomo el brazo de Jem y lo acorralo contra la pared, los ojos azules de Gabriel refulgían

Jem iba a contestar pero Will sello sus labios con el pulgar y empezó a besar la mejilla del cazador, sus besos viajaron hasta su oreja y luego a su cuello y ahí mordió con un poco se saña, Jem gimió por lo bajo a consecuencia.

-Te gusta rudo ¿he?- volvió a morder- sin licantropía de consecuencia, ¿da puntos extra?

Un golpe de sobriedad le llego como una oleada a Jem y como si Will quemara se alejo de el.

-Will las cosas no son así- dijo Jem mientras cubría la parte de su cuello afectada

Gabriel le miro dolido, Jem pocas veces vio esa mirada con anterioridad. Algo estaba mal, muy mal. Jem llevo su mano hacia la marca que reposaba sobre su hombro mientras Will hacia lo propio para cubrir la marca sobre su pecho.

-Tienes razón las cosas no son de ninguna manera- se dio media vuelta y comenzó a caminar.