Capítulo tres

Secreto

Se le quedó mirando por largo rato, totalmente serio. Su rostro no expresaba emoción alguna, pero sí sus ojos.

Le miraban con desconfianza, incluso con un dejo de molestia. Entró a la habitación con tranquilidad, dirigiéndose directamente hacia Ryouta, ignorando por completo la presencia de aquel moreno con expresión de mal humor.

-Toma, te traje la revista que me pediste-se la entregó con rapidez, para luego encarar al desconocido- ¿Quién eres?-

-¿Y quién eres tu?- le molestaba, en serio que sí. Aquel enano que apenas tenía presencia le hablaba de una manera totalmente desagradable, y eso lo cabreaba un motón-

-Te lo pregunté yo primero- arrugó el ceño, empezando a molestarse en serio-

Sorprendido ante la extraña y amenazante atmósfera que comenzaba a emanar por parte de esos dos, se apresuró a intervenir.

-Eh… oigan, tranquilos-sonriendo algo nervioso, se interpuso entre los dos. Mirando al recién llegado, agregó-Uhm, él es Aomine Daiki, Kurokocchi-ensanchó la sonrisa-Y bueno, lo encontré en mitad de la tormenta, tal cual como lo ves, así que lo invité a comer algo y a pasar la noche acá, conmigo-

-Eso es peligroso, Kise. No me da buena espina- lo miró desde la cabeza hasta la punta de los pies, dudoso. Tenía algo que no les gustaba, de eso estaba seguro. O quizás, lo que sentía eran celos, puros y simples celos-

Estaba enamorado de Ryouta desde hace años, desde que eran unos mocosos que cazaban lombrices en el barro. Nunca se lo había dicho, principalmente porque no estaba seguro de como reaccionaría el rubio, y también porque sabía que quizás no lo tomaría en serio.

A Kise le iba muy bien con las niñas, demasiado. Bueno, en general le iba bien con todos, incluidos los hombres. Se encariñaba muy rápido con las personas y cambiaba de pareja al menos una vez a la semana, claramente nunca se había enamorado en serio, pero aun así sufría cada vez que le veía con alguien distinto.

Y lo peor de todo, era que casi nunca salía con hombres, ni mucho menos se interesaba por ellos… entonces, ¿por qué con ese moreno sí?

Eso lo ponía de mal humor, se le erizaba la piel.

-Este mocoso está celoso- sonrió jocoso, leyéndole el pensamiento en apenas unos segundos-

Era demasiado obvio, principalmente por la forma en la que miraba al rubio. No sabía por qué, pero le recordaba a alguien… sobre todo por la intensidad de esa mirada.

-¿Qué?-abrió los ojos, sorprendido- ¿Estás celoso Kurokocchi?- se abalanzó sobre él, abrazándolo- No lo estés, mi súper y único mejor amigo serás tu-

Bueno, eso sí que era demasiado.

-No lo estoy, me voy a mi casa-se deshizo de su agarre, mirando con auténtico odio a Daiki-

-¿Eh? ¿Por qué?- hizo un pucherito, realmente triste- No seas así, quédate conmigo-le miró suplicante, deseando realmente que se quedara-

Kuroko era su mejor amigo de toda la vida, su persona favorita del mundo mundial. Lo había conocido durante el jardín de niños, y desde ahí se habían vuelto inseparables.

Se había acercado a él porque siempre estaba solo, y eso lo entristecía. Al ser siempre una persona social y alegre, le chocaba de sobremanera ver a otros con cero capacidad de tratar con los demás, por lo que siempre intentaba integrarlo en su grupo y defenderlo de los otros niños.

Poco a poco descubrió que tenía carácter, y mucho, otra cosa era que no lo demostrara. Se enojaba con facilidad, pero también era muy tierno, al menos así era ante sus ojos.

Agradecía en el alma que aún no encontrara novia, porque no estaba dispuesto a compartirlo con nadie.

Tetsuya era suyo, y solo suyo.

-No quiero, no me agrada-intentó no mirarle a los ojos, porque sabía que, en cuanto lo hiciera, no podría negarle nada-

Rompió a reír, divertido por la escena.

-¿Qué, tienes cinco años?-se acercó a él, burlesco-No tengo interés en tu amigo, así que puedes quedarte tranquilo. Me ofreció ayuda, y punto. La acepté porque no tengo ni jodida idea de donde estoy, ni nada de nada- recordando su reciente amnesia, chistó molesto-Maldita sea, ni siquiera se que hago aquí-

-¿Qué?- olvidando los celos, comenzó a preocuparse- ¿En serio?-

-En serio, así que guárdate tus estúpidos celos y ahórrame los problemas, porque ya tengo unos cuantos de los cuales preocuparme. Aun no me puedo quitar la estúpida sensación de ese psicópata- se estremeció-

-Te sigo diciendo que no vi a nadie, Aominecchi- se dirigió hacia la ventana- Al menos, ya no sigue aquí-

-¿Psicópata?- curioso, se dirigió junto a Kise- ¿De qué hablas?-

-Según Aominecchi, había alguien espiándonos. Lo único que alcanzó a ver fue que era pelirrojo, y que tenía los ojos rojos- se encogió de hombros- No alcancé a verlo, así que no estoy seguro-

-Estaba ahí, sentí su maldita mirada-alzó la voz, un poco desesperado-

Maldita sea, lo había visto, lo había sentido.

¿Por qué no le creía?

Le ponía de pésimo humor la estúpida situación, especialmente porque, desde algún rincón de su mente, reconocía esa mirada.

Tan intensa, tan furiosa.

-Bueno, la verdad es que sí que vi a un pelirrojo cerca de aquí. A unas cuantas cuadras mas al sur… lo llevaba a rastras otro sujeto, los dos eran enormes, todos los miraban-pensativo, agregó- Aunque claro, no sé si es la misma persona-

Se le erizaron los bellos del brazo. No sabía si estaba siendo demasiado paranoico, pero no habían muchos pelirrojos rondando por ahí en Japón, de eso estaba seguro.

En ese momento, algo vibró en su bolsillo.

Sorprendido, quedó mirando durante largo rato aquel pequeño celular de color negro mientras incontables dudas bullían dentro de su mente.

¿Era suyo? ¿Siempre lo tuvo en su bolsillo? ¿Seguía funcionando a pesar de estar empapado?

Pero, mas importante que todo eso, era que esa pequeña carcacha de color negro le iba a brindar respuestas, sobre todo el remitente de la llamada.

Esa persona debía conocerlo, le entregaría respuestas. Fuera quien fuera, se aseguraría de verlo y de encontrar alguna maldita pista de lo que le había ocurrido.

Leyó en voz alta su nombre, preguntándose por qué diablos tenía tal cursilería escrita… lo trataba directamente por su nombre, sin ningún tipo de formalidad.

Taiga.

Y este dichoso Taiga estaba en la subcategoría de contactos que decía "importantes".

-Deberías contestar, lleva rato vibrando-preocupado ante la inactividad de Aomine, Ryouta llamó su atención-

-Ah, sí, sí-

Justo cuando iba a presionar el botón, la llamada se cortó.

-Maldita sea-agobiado, intentó devolver la llamada, pero no tenía saldo suficiente. Desesperado, miró a los otros dos- Dame un teléfono, rápido-

-Toma- mucho mas rápido que su amigo de infancia, Kuroko le dio el suyo-

-Gracias, enano- le revolvió el cabello, agradecido-

-No soy un enano-

"El número no se encuentra disponible, porf…"

-Maldita basura inservible- cortó con rabia, realmente cabreado-No funciona-

-Pero, no es el único número al cual puedes llamar. Revisa tu agenda de contactos- intentando animarlo, Kise le sonrió- Anda, hazlo-

Ignorando por un momento a los demás, se dio cuenta de que era cierto. Todas las respuestas que buscaba las tendrían aquellas personas que tenía en contactos. Pero…

Sentía que se había perdido algo importante, y todo tenía que ver con él.

Con ese tal Taiga.

-Joder-suspiró, intentado controlar las oleadas de ira- Esta mierda tenía que apagarse justo ahora-dirigiendo la mirada hacia su carcelero, agregó-Oye, ¿podrías prestarme un teléfono?-

-Pregúntale a Aka chin cuando regrese. Odio esas cosas, así que no tengo ninguna y tampoco las entiendo- de un solo bocado, se tragó casi la totalidad de sus galletas de animalitos-¿Quieres un poco?-

-No, no quiero. Quiero que me dejes salir de aquí. Te compraré todos los dulces que quieras-

-No, Aka chin me dijo que no-

-Oh por favor, ¿acaso es tu padre?-volteó los ojos, molesto. Respirando profundamente varias veces, llegó a la conclusión de que lo mejor era portarse bien, así lograría obtener mas cosas- ¿Y Aka chin no tiene por ahí un celular? Tengo que llamar a mi familia para avisar que estoy bien-

-Mmmmm, creo que sí- se puso de pie, dirigiéndose hacia la habitación del pelirrojo- No te muevas, o te daré un buen golpe- le miró sombrío, totalmente serio-

-Lo juro-

-¿Lo juras por el dedito meñique? –se acercó a él lo suficiente como para extender su propio dedo, con el fin de cerrar su promesa como hombres serios- Prométemelo-

-Sí… lo prometo- sorprendido por el gesto, entrelazó el dedo meñique con el de ese sujeto tan raro- No voy a escapar-

-Bueno, toma- le dejó el paquete de galletas- Come algunas- y se fue-

Vaya, que sujeto tan raro.

Daba miedo, pero actuaba como un niño pequeño… le caía bien. Por un momento, se esforzó en recordar en dónde diablos había escuchado su nombre, porque estaba seguro de que lo conocía de algún modo, alguien lo había nombrado muchas veces antes.

Murasakibara…

Murasakibara…

No, no había caso, no podía recordar.

-Toma- sorprendiéndole, le pasó un celular- No sé si funciona, pero Aka chin lo utiliza siempre-

-Vale- tomándolo con rapidez, tecleó su número nuevamente, y una mueca de auténtica frustración se instaló en su rostro al descubrir que, gracias a la estúpida y condenada lluvia, casi no había señal-

Lo intentó al menos una quince veces, obteniendo el mismo resultado siempre. Bien, se rendiría por el momento.

Cruzando los dedos para tener suerte, probó llamando a Kazunari.

Y, gracias a Dios, funcionó.

-¿Diga?-

-Kazu, soy yo, Taiga-aliviado, se echó a reír-

-¿QUE COJONES CREES QUE HACES AL REÍRTE COMO IMBÉCIL? ¿ACASO SABES LO PREOCUPADO QUE ME TENÍAS? NO HE PODIDO DORMIR DURANTE HORAS-

Alejó el teléfono celular de manera instintiva bastante asustado, seguro de que había quedado sordo…

Diablos, había olvidado lo monstruosamente letal que podía ser Kazu al enfadarse.

-Tranquilo, no grites, yo…-

-¡NO ME DIGAS QUE ES LO QUE TENGO QUE HACER, MALDITO GORILA!-gritando aun mas, agregó- DIME DONDE MIERDAS ESTÁS, IRÉ A BUSCARTE EN SEGUIDA-respirando agitadamente, intentaba controlar las increíbles ganas de asesinarle- CRÉEME CUANDO TE DIGO QUE, EN CUANTO PONGAS UN PIE EN ESTA CASA, TUS HERIDAS NO VAN A SER NADA EN COMPARACIÓN A LAS QUE TE HARÉ YO-

Tragó saliva con fuerza, asustado.

-Hey, hey, Kazu, escúchame. No te alteres tanto, hazlo por el bebé, no le hace bien que te estreses así-se quedó en silencio, esperando otra tanda de gritos. Sin embargo, estos no llegaron, por lo que continuó- Lamento haberte preocupado, en serio. Pero, tenía que buscarlo, lo he encontrado- carraspeó, un tanto acobardado- Lo único malo es que tenías razón y… bueno, al salir y desobedecer las órdenes del doctor, mis piernas empeoraron. Me desmayé-

-¡¿QUÉ?!-

-Pero, ¡ya estoy bien!-sudando a mares, continuó- Alguien me encontró y ahora estoy descansando en su casa, han ido a buscar a un doctor y ahora sí que le haré caso, apenas pueda moverme regresaré-se mordió la lengua al tener que mentir, pero era necesario-

-Los dos sabemos que eso no ocurrirá, solo volverás si él viene contigo, ¿verdad?- un poco mas calmado, controló los gritos. Sin embargo, el tono de voz que utilizaba seguía dando miedo-

-Lo siento, supongo que tienes razón-

-¿Tanto lo amas?-

-Sí-suspiró, rompiendo a reír resignado- No puedo abandonarlo, lo prometí-

-Está bien, pero por favor, prométeme que vas a cuidarte y a sanar correctamente-

-Lo prometo. También me las arreglaré para ir al nacimiento de mi sobrino-

-Nace en dos semanas-

-Entonces, volveré en dos semanas-

-Mas te vale-

-Te quiero, Kazu. Mándale un abrazo a Midorima, y también pídele perdón, no fue mi intención golpearle tan fuerte-

-Vale, vale-volteó los ojos, agotado-Nos vemos, también te quiero. Apenas puedas dime la dirección de esa casa, quiero ir a visitarte-

-Claro, adiós-un sabor amargo le recorrió la boca. Odiaba mentir, pero era necesario. Lo mas probable, era que en cuanto Kazunari supiera en donde estaba, fuera a buscarle con toda la tropa para confinarlo en la casa, y eso no podía suceder-

-Adiós-cerró los ojos con fuerza, buscando la tan ansiada calma-

Posando ambas manos sobre su barriga, comenzó a respirar profundamente. El contacto directo con su hijo le daba paz, y le tranquilizaba lo suficiente como para no querer matar a nadie.

-¿Taiga está bien?- preocupado, se acercó a Takao, abrazándole-

-Sí, está… bien-abrió los ojos, mirándole- Y para la otra, aprende a tocar la puerta. Al fin había logrado pillarle con la guardia baja-

-Lo siento…-se sonrojó furiosamente, totalmente avergonzado- Es solo que he logrado recordar un poco más, ya sabes, de él-

-¿De Murasakibara?-

-Sí, le gustaba comer dulces, muchos… siempre comíamos juntos antes de ir a dormir-

-Vaya, eso está muy bien, Himuro-

-Lo sé, pero sigo preocupado por Kagami y Aomine-arrugó el ceño- Les pasó lo mismo que a mí, y eso es algo terrible. Bueno, es un alivio que Kagami solamente se golpeara un punto no tan importante de la cabeza y solo sus piernas resultaron heridas, pero Daiki se veía muy mal-

-Taiga lo ha encontrado, lo va a traer de vuelta, no te preocupes-

A pesar de sus palabras de aliento, no se mostraba muy convencido. El accidente de coche que habían vivido esos dos había sido grave, sobre todo porque Daiki se había salvado por poco, al menos eso había escuchado. Por alguna razón, Aomine había ido a parar a otro hospital, y debido a la conmoción ninguno supo en donde diablos estaba.

Aun así, no era difícil imaginar lo que había pasado. Tal y como había ocurrido con Taiga, lo mas probable era que al recordar de pronto el accidente, Daiki había entrado en estado de shock y había salido como loco a buscarlo, sin estar recuperado por completo.

Menudo lío para las enfermeras. El moreno era fuerte, y lo mas probable era que burlara fácilmente a todos y lograra escapar a pesar de no haber sanado bien. No lo había visto, por lo que no sabía la magnitud de sus heridas, pero por lo que le había dicho Taiga, tenía la cabeza llena de sangre.

Suspiró.

Todo era demasiado confuso para él.

Kagami no había querido explicar nada, ni lo que había ocurrido ni por qué había ocurrido. Todo lo que sabía eran simples conjeturas de las frases sueltas que a veces escapaban de sus labios, o de lo que había alcanzado a escuchar de las enfermeras y paramédicos que los habían atendido al llegar la ambulancia.

El resto, solo lo sabían ellos dos…

Sin embargo, eso no era así.

Él único que podía recordarlo todo era Taiga, porque Aomine había olvidado absolutamente todo, especialmente el secreto que ambos compartían.

Y ese era precisamente que iba a casarse con Taiga, justamente el mismo día en el que ocurrió el accidente.