Capítulo cuatro
No me puedo quedar quieto
Sucio.
Todo estaba sucio, lleno de gérmenes.
El tren, los pasamanos, los asientos, las personas, el aire.
Cerró los ojos con fuerza, intentando respirar sin vomitar. Mientras lo hacía a duras penas, se torturaba a sí mismo, culpándose por su mala suerte.
Evitaba por todos los medios tomar ese tipo de transporte, sobre todo por la cantidad de suciedad acumulada, pero ese día no había tenido otra opción, su auto no arrancaba, por lo que tendría que llevarlo a reparación.
Maldita sea.
-Disculpe-intentando llegar a la puerta, una mujer pasó a su lado. Sin embargo, en cuanto el tren comenzó a ralentizar su velocidad perdió el equilibrio, apoyándose en él- Lo siento…-
Una arcada enorme luchó contra su garganta, seguida por otra, y otra, y otra.
Lo había tocado, esa persona lo había tocado….
Comenzó a sentir que la cabeza le daba mil vueltas, comenzaba a ver todo borroso.
-¿Está bien?-preocupada, le tomó por el hombro-¿Necesita ayuda?-
Abrió los ojos de golpe, asqueado.
No, no, no, no.
Los gérmenes, miles de ellos, estaban por todas partes, invadiendo su ropa, su cuerpo, cada centímetro de piel.
-No me toque-apretando los labios con un esfuerzo sobrehumano, le miró suplicante-No me toque…-
Necesitaba desinfectar lo que mas pudiera, ahora ya.
Con las manos temblando, rebuscó desesperado dentro de su bolso el alcohol gel que siempre traía consigo, seguido de toallitas húmedas. En cuanto las encontró, miró hacia al frente, dispuesto a escapar en cuanto las puertas se abrieran.
Se sintió mucho mejor en cuanto respiró aire puro, aliviando de alguna forma el constante mareo. Las arcadas disminuyeron, permitiéndole normalizar los latidos de su corazón y el ritmo de su respiración.
Agradecía en el alma traer otro par de guantes, debía cambiar los suyos, ya contaminados por el contacto con aquella mujer, con el exterior. Pero primero, tenía que limpiar su ropa.
Frotó las toallitas desinfectantes al menos un millón de veces por toda la superficie que creía sucia de manera obsesiva, cada vez mas rápido. Sin embargo, no sentía que aquello funcionara…
Tenía que regresar, pero a pie. No iba a soportar otra ronda de lo que acababa de vivir, sentía que todo su ser estaba contaminado, el pelo, su rostro, sus manos, todo, absolutamente todo.
Lavaría aquella ropa en cuanto terminara de ducharse, eso era seguro. Pero… no podía quedarse tranquilo.
Las manos.
Sentía las manos podridas, a pesar de llevar puesto un par de guantes.
-Tengo que correr a mi hogar-no confiaba en ningún otro baño que no fuera el suyo, el cual estaba exhaustiva e impecablemente limpio-Rápido, rápido- se puso de pie, comenzando a correr bajo la tormenta, totalmente desesperado-
Salir al exterior era difícil, terriblemente difícil.
Todo lo que existía y habitaba el mundo estaba sucio. Pero, no quería quedarse encerrado para siempre… a pesar de sentir que se sofocaba cada vez que ponía un pie fuera de su hogar, sabía que no moriría.
Tenía que ser fuerte, sobrevivir a este mundo lleno de gérmenes.
Entró a la casa totalmente empapado en sudor, agradecido.
Zapatos, chaqueta, guantes, pantalones y calcetines, dentro de una bolsa.
Las prendas y objetos sucios no entraban, así de simple. Por eso, justo al lado de la puerta y dentro del mueble, había un cajón lleno de bolsas. En cuanto dejó todo en orden, entró directamente hacia el baño.
Lo primero que quería hacer era limpiar sus manos.
El contacto con el agua le pareció lo mejor del mundo, luego de unos instantes de disfrutar aquella deliciosa sensación, enjabonó cada centímetro de ellas.
Arrugó el ceño ante el dolor, un poco sorprendido.
Heridas, miles de ellas, repartidas entre sus dedos, en las palmas, en el dorso y, para su asombro, cada una de ellas sangraba.
Vaya, debía ser producto de la constante fricción al lavarlas cada dos minutos durante todo el día, todo el año.
Suspiró, evitando pensar por el momento que tenía un problema, y uno bastante serio…
La dulce melodía del timbre resonó justo en aquel momento, haciendo que pegara un salto.
-¡Ya voy!-aun así, no se apresuró, la limpieza de sus manos era un tema serio, demasiado como para tomarlo a la ligera-
Una vez terminado el proceso de desinfección, se acercó a abrir la puerta al único amigo lo suficientemente paciente y comprensivo como para aguantar todas sus manías.
-Hola, Tetsuya-abrió la puerta, sonriendo-No esperaba que vinieras-
-Te vi correr, por lo que supuse que algo iba mal-sin entrar, esperó a que su amigo preparara todo lo necesario para poder ingresar-Estaba en casa de Ryouta-
-Ah… toma-extendiéndole una bolsa, agregó-¿Y cómo va todo con él?-
-Igual que siempre-se sacó los zapatos, envolviéndolos en la bolsa de plástico que el más alto le había dado, para luego desinfectar sus manos con toallitas húmedas-Ehmm iré a lavarme las manos y conversamos, ¿te parece?-
-Claro- le dejó entrar, sin entrar en contacto con él-
No era nada personal, pero ni siquiera con Kuroko toleraba algún tipo de contacto físico, eso significaba suciedad, gérmenes por doquier.
Se lavó los manos a conciencia, sabiendo lo que ocurriría si no lo hacía: se armaría un alboroto y, quizás, un desmayo. Una vez finalizado, se dirigió a la sala de estar, sentándose en la manta blanca que cuidadosamente había sido puesta para él.
Suspiró, medio divertido, medio cansado.
Se sentía un parásito.
-Siento que soy una bacteria gigante-rompió a reír. Pacientemente, esperó a que el castaño le llevara una taza de té y algo de comida, todo servido en piezas de loza compradas exclusivamente para su uso personal-
-No digas eso, sabes que encanta que vengas-y era verdad, él era su único amigo-Las demás personas me encuentran un bicho raro, un loco-
-Teppei-le miró serio, pero con cariño-Tienes que tratar esto, tu misofobia está empeorando. Se supone que hoy ibas a la universidad, ¿no?-
-Lo intenté, pero mi auto no arrancó y utilicé el tren-nervioso, carraspeó- En serio que lo intenté, pero no pude…-
-Te creo, tranquilo-le sonrió- Este último tiempo lo he estado pensando y… ¿quieres ir a ver a un profesional?-tenso, esperó su respuesta-
¿Un profesional?
-¿Te refieres a… bueno, a un psiquiatra o algo así?-incómodo, desvió la vista-
Sabía que tenía un problema, pero todo sonaba como si fuera un loco, uno muy peligroso que amenazaba el bienestar de la sociedad.
-Sí-tomando un sorbo de té, continuó- Te pueden ayudar, no tengas miedo, te apoyaré en todo el proceso-adivinando sus pensamientos, agregó- Y no es lo que estás pensando, tu no eres eso-
-¿Entonces, que soy?-molesto, le miró son seriedad-
-Mi amigo-serio también, no le despegó la vista de encima-No estás solo en esto, Teppei. Si quieres, te puedo acompañar-
-No lo sé, lo voy a pensar-
-Está bien, dime cuando te sientas listo-suspiró, cansado-
No le importaba cuanto le costara, le ayudaría a vencer aquella enfermedad. Teppei era su amigo, y lo adoraba, esa era la verdad.
Eran compañeros de carrera en la universidad, ambos estudiaban arquitectura. Sin embargo, con suerte intercambiaban palabra. Se habían hecho amigos alrededor del segundo año, principalmente porque no soportaba verlo tan solo.
Le recordaba a él mismo cuando iba en el jardín de niños.
La diferencia era que, según lo que veía, la soledad que rodeaba al grandote no era porque careciera de habilidades sociales, sino porque él mismo prefería estar solo. Tras observarlo unas cuantas veces, se dio cuenta de que evitaba las multitudes, el contacto directo con la gente, con todo lo que estuviese sucio.
No toleraba estar en un aula encerrado todo el tiempo, se sofocaba. Cuando le preguntó la razón, era porque no soportaba respirar el aire que todo el mundo ya había inhalado y devuelto al ambiente. Por eso, siempre se sentaba junto a la ventana, alejado de los demás.
-Te ves algo decaído, ¿todo bien?- preocupado, le sacó de sus pensamientos. Mirándole atentamente, descubrió la razón- ¿Qué hizo ahora?-
-¿Ah?-pegando un salto, le sonrió-
Maldición, Kiyoshi le conocía demasiado bien.
-Tiene un nuevo amigo-suspirando, decidió decirle la verdad-Me da mala espina, a pesar de que no sea una mala persona-
-Bueno, tiene derecho a tener amigos-riendo, le preguntó-¿Y como es?-
-Raro, y alto, y guapo. Por Dios, es exactamente su tipo-cubrió su rostro, exasperado- Se llama Daiki y, bueno, me delató frente a Ryo-molesto, aceró el tono de su voz- Me dijo que no estaba interesado en él, que calmara mis celos-
-Entonces, quédate tranquilo-conociéndolo demasiado bien, agregó-Mira, los dos sabemos que no te quedarás en paz a menos que le digas tus sentimientos y le preguntes directamente. Déjate de perder el tiempo y hazlo-
-No es tan fácil…-cerró los ojos, desalentado- Es un idiota, con suerte se da cuenta. Le he dado mas de diez mil indirectas, pero tiene la cabeza llena de aire y no lo nota-
-Dile directamente, Tetsu. Lo peor que puede pasar, es que estés en la misma situación en la que estás ahora-
-Mmmm- sonrió, malicioso- Te propongo un trato-
-¿Qué?- entrecerró los ojos, cauteloso-
-Le diré acerca de mis sentimientos si prometes tratar tu enfermedad-le miró sin pestañear-
Manteniéndole la mirada, lo pensó de veras. Tras unos segundos de debate interno, decidió aceptar. Después de todo, no tenía nada que perder…
¿Verdad?
….
-Una fractura en el fémur de la pierna derecha, tobillo izquierdo trizado, ligamentos de ambas piernas dañados, contusiones en la parte posterior del cráneo, rasmilladuras y heridas en todo el cuerpo-suspiró- ¿Kagami Taiga, verdad?-le miró con preocupación-
-Sí- respondió con rabia, totalmente cabreado-
-¿Qué estaba haciendo para resultar así de herido?-realmente le preocupaba, era un milagro que el hombre no estuviera gritando de dolor en aquellos momentos. En cuanto éste entró a urgencias en una silla de ruedas seguido por otro muchacho pelirrojo y uno que parecía un gigante, no pudo evitar el asustarse-
-Me caí-
-Le recuerdo que soy doctor, por lo tanto sé el tipo de heridas que provoca una simple caída, no me tome por estúpido-molesto, comenzó a escribir los cuidados que luego entregaría a las enfermeras-
-Mire, lo único que importa es que sepa el estado actual de mis heridas para poder sanarlas, el cómo resulté así de herido, no le importa-tajante, le miró furioso-
No le iba a decir la verdad, punto.
Si lo hacía, no tardarían en hospitalizarlo durante demasiado tiempo, estaba seguro de que oiría las típicas frases estúpidas de "debemos observar la evolución de sus contusiones", "el impacto real de un accidente de tráfico se desata unos días luego del suceso, no inmediatamente", bla bla blá.
Para él, era pura mierda.
No tenía el tiempo de estar en un estúpido hospital, necesitaba ir a ver a Daiki.
Lo extrañaba tanto….
-Bien-enojado, salió de la sala para llamar a sus acompañantes- ¿Señor Akashi y Murasakibara?-
Sentados en la sala de espera, se pusieron de pie en cuanto vieron salir al doctor.
-Somos nosotros-Akashi respondió, serio-
-Pasen por aquí-
Siguiendo sus pasos, se dirigieron hacia la sala en la que se encontraba Kagami. En silencio, esperaron a que el doctor les informara acerca de su estado, y de lo que debían hacer para su recuperación.
-Presenta una fractura en el fémur de la pierna derecha, una trizadura en el tobillo de la izquierda, contusiones, heridas y rasmilladuras-acomodándose en el asiento, comenzó a escribir las recetas- Por fortuna, la fractura es limpia, por lo que sanará correctamente si se le cuida como corresponde, en cuanto al tobillo, las trizaduras jamás sanan en un cien por ciento, por lo que habrá ocasiones en las que sienta un poco de dolor. Debe enyesar ambas piernas, por alrededor de un mes y medio-
-¿UN MES?- sin pretenderlo, pegó un grito- No, eso no es posible-negó con la cabeza, sintiendo que iba a explotar de ira-
De pronto, sintió que le miraban con una furia incluso mas grande que la suya, por lo que se le puso la piel de gallina. Miró en su dirección, encontrándose con los fríos ojos de Akashi.
-Conoce tu lugar, Kagami Taiga-habló con seriedad, apenas levantando el tono de su voz- Te hemos traído aquí, hemos pagado esta consulta, te ayudaremos a comprar todos tus remedios, no tienes ni un solo derecho a exigir algo mas-sin pestañear, agregó- Así que cállate-dirigiendo su mirada hacia el doctor, continuó- ¿Qué mas?-
-Ehhh-sorprendido por la autoridad del muchacho, agregó- Pues, nada. Debe tomar calmantes y desinflamatorios en caso de que sienta dolor de cabeza. Las heridas de su cuerpo ya han sido tratadas, por lo que debe evitar que se mojen en los próximos dos días-
-Muchas gracias, doctor-
-Se le proporcionará una silla de ruedas permanente, si es que usted tiene el dinero necesario-
-Lo tenemos, gracias por su ayuda. Atsushi, ayuda a ese gorila a sentarse en la silla, nos vamos a casa-
-Está bien, Aka chin- tomándolo con delicadeza, hizo lo que Akashi le había pedido-
Cerró los ojos, totalmente desesperado y con el corazón roto.
Un mes… no podía esperar tanto tiempo, como máximo tenía dos semanas. Tenía que hacer algo, pero ya.
Quería verlo, saber que estaba bien. Después de todo, Daiki se había llevado la peor parte de aquel estúpido accidente de coche. Además, tenía la terrible sensación de que algo iba mal… si bien Daiki se veía bien, no era el mismo de antes.
¿Es que acaso seguía enfadado con él?
Bueno, era entendible. Era su culpa que todo hubiera terminado tal y como lo había hecho, el que había comenzado la estúpida pelea había sido él, provocando que perdiera el control del vehículo y que impactara contra aquel camión. Pero, eso solo podía comprobarlo si le veía.
Entonces, se le ocurrió una idea… la solución era sencilla, sencillísima.
¿Cómo no se le había ocurrido antes?
Lo único que tenía que hacer, era llamarle de nuevo y, si no le respondía, ir a esa casa.
Si era posible, esa misma noche.
-Hey, Murasakibara-hablando entre susurros para que Seijuuro no les escuchara, le miró serio-
-¿Qué, Kaga chin?-
-¿Quieres hacer un trato?-
…
-Uuuuf-respirando apenas, intentaba cambiar de posición- Shin chan…-
-¿Qué pasa?- dejando a un lado el libro que leía, se acercó a él, preocupado-
-Es este niño, que no se queda quieto- sonriendo con dificultad, agregó-Es un revoltoso…¡ay!- justo en ese momento, sentía que le hacían puré uno de sus pulmones a punta de patadas- Dame tu mano, antes de que se detenga- con los ojos brillantes, tomó una de sus grandes manos entre las suyas, posándola justo en donde el pequeño revoltoso pateaba sin parar-
Enternecido, sonrió casi al instante, agachándose lo suficiente como para susurrar junto a la panza de Kazunari.
-Hey, ten cuidado, que lastimas a mamá-besando con ternura ahí donde se encontraba su hijo, agregó-Ya quiero conocerte, elegir tu nombre sería mucho mas sencillo si tu mamá no hubiera decidido que tu sexo sea una sorpresa-
-Así es mas emocionante, ¿no crees?-acomodándose mejor para poder respirar con normalidad, le miró con pasión-
Con extrema lentitud, recargó la totalidad de su cuerpo sobre el de su esposo, enredando sus cabellos entre sus dedos.
-Shin chan…-rozando su nariz con la contraria, sonrió con malicia-Himuro ya se ha ido, así que estamos solos-con la mano libre, comenzó a acariciar su pecho, deslizándola bajo su ropa- Podríamos continuar en lo que quedamos…-con la punta de la lengua, comenzó a lamer la superficie de sus labios, tentándolo-
-Está bien-acunando su rostro entre sus manos, se daba por vencido- A decir verdad, también me he quedado con las ganas-besando su cuello, suspiró-Eres condenadamente sexy estando embarazado. Te haría el amor mil veces-
-Shin…-comenzando a besarlo, un calor insoportable se extendió a través de su cuerpo-
Y, para su mala suerte, el teléfono comenzó a sonar.
Era tarde, cerca de las doce de la noche, y jamás recibía una llamada a esas horas si es que no era importante. Así que, aunque planeara mandar todo al diablo, no podía evitar el responder la bendita llamada.
-¡Joder!-separándose de su esposo totalmente molesto, exclamó-¿Es que todos están en contra de que disfrute a mi marido?-estaba que hervía de indignación-¿SABES QUÉ HORA ES?-
Ni siquiera se detuvo para mirar el remitente de la llamada, por lo que no se esforzó ni un poco en utilizar un tono amable.
-Las doce y cinco minutos-evidentemente molesto por tal acogida, intentó controlar el tono de voz para obtener la información que quería-Sé que sonará muy estúpido, pero… ¿podrías decirme quien eres tu exactamente?-
Abrió los ojos desmesuradamente al reconocer su voz, totalmente sorprendido.
-¿Daiki?-pensando a toda máquina, no pudo evitar que una avalancha de preguntas saliera a través de sus labios-¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Taiga está contigo?-
-Estoy bien…-incómodo, no pudo evitar chasquear la lengua- No sé quién demonios es él, estoy en la casa de… un conocido. Mira, la verdad es que….¿puedo ir a tu casa?-
Cerró los ojos, molesto.
Estaba actuando como un total imbécil, pero la verdad es que no sabía cómo explicar la situación a alguien que, para él, era un completo extraño. Cruzó los dedos para que no le mandara a la mierda y accediera a su repentina petición.
-¿No…?-sin poderlo creer, se quedó en blanco- ¿Tu no sabes quién es él?-
Tenía que ser mentira, en serio que sí.
-¿El tal Taiga? Demonios, no. Es por eso que quiero ir a verte, todo el maldito asunto es mucho mas sencillo si te lo explico en persona-
-Entonces ven- no podía comprender el por qué le preguntaba por la dirección... Aomine había pasado semanas enteras allí, junto a Taiga-
-Yo… no recuerdo nada, no sé dónde vives-renuente a continuar, esperó a que le respondiera-¿Me vas a responder, o no?
-C-claro-aun sin poder pensar con claridad, le dio las indicaciones necesarias para llegar a su hogar- Te espero, nos vemos-
-Gracias-colgó, sintiéndose aliviado-
Sin pensárselo dos veces, se preparó para salir. Luego de una maratón de llamadas a cada uno de los contactos que tenía, por fin había uno que le había creído y no lo había dado por loco, por ebrio o por, simplemente, imbécil.
Ese tal Kazunari estaba dentro de los contactos cercanos, por lo que estaba seguro de que obtendría unas cuantas respuestas útiles de toda la situación. Claro que había llamado como un maniático a ese tal Taiga, pero el muy maldito tenía la bendita carcacha apagada.
Pero, eso ya no importaba.
Había alguien que estaba dispuesto a recibirle y, mucho mas importante, a darle respuestas de una vez por todas.
