Capítulo seis

Movimiento nocturno

Miró la hora, cansado.

1:45 AM.

Suspiró, armándose de paciencia. Le dolían los hombros, la espalda, la cabeza. Realmente, ayudar a embalar cajas a última hora no era de su agrado, para nada. Sin embargo, lo hacía.

No le podía negar su ayuda a la que había sido su compañera de habitación por tanto años, cinco para ser exactos. Le entristecía, y mucho, que ésta se fuera… eran amigos. Ella era el tipo de persona que le alegraba la vida, esa era la verdad.

Dicharachera, ruidosa, preocupada.

Como una madre, una muy irresponsable y divertida.

Le desordenaba la casa como un remolino en cuanto llegaba. Le repartía besos por toda la cara, incluido los labios. Sabía exactamente lo que le gustaba comer, lo que no, lo que le pasaba, lo que quería. Era sumamente reconfortante saber que, sin importar la hora o las circunstancias, ella lo esperaba en casa.

Alex había terminado sus estudios, había encontrado trabajo y se marchaba. No recordaba donde, pero se suponía que era muy lejos, al menos lo suficiente como para forzarla a cambiarse de casa.

Tetsuya vuelve a suspirar, un poco triste. La casa era grande, mucho para su gusto, y no le gustaba para nada vivir solo. Además, no le sobraba el dinero, el arriendo de la muchacha era una ayuda monetaria importante, importantísima. Tendría que buscar a otro compañero, imprimir panfletos por la universidad, repartirlos….

Una verdadera molestia.

-No te desinfles, aún nos queda un montón-recogió su largo cabello rubio en una coleta, quitándolo de su cara-

-No puedo creer que hayas recordado hoy, hace tan solo una hora, que debías tener todo empacado para mudarte mañana-arrugó el ceño, contando mentalmente las horas que no dormiría- El camión llega a las 6:00 AM… eres imposible, Alex-

-Pues, tenía otras cosas que hacer, es culpa de la televisión… el maldito partido era muy bueno, hasta casi me dieron ganas de volver a jugar-sonrió, pellizcándole una mejilla- No estés tan triste, Tetsuya-

Sonrió, mirándola con cariño.

Intentaba esconder su tristeza con quejas y mal humor, pero ella siempre sabía leer mas allá. Maldición, la iba a extrañar….

-No puedo evitarlo, te extrañaré un montón y…-no pudo terminar la frase-

Antes de que se diera cuenta, la rubia lo había empujado contra ella, hundiéndolo entre sus grandes pechos con fuerza. Estrujándolo como si de un peluche gigante se tratara, apenas le dejaba respirar.

-Me…. estás… estás…. ahogando….-luchó contra ella, pero no pudo hacer nada, Alex tenía una fuerza increíble-

-Maldición, ya no me quiero ir de aquí-lo apretó aún mas, triste- Yo también te voy a extrañar, eres como mi hermano pequeño, Kuroko. Hoy, si es que alcanzamos, vas a dormir conmigo- le liberó el rostro, acunándolo entre sus manos. Acto seguido, lo llenó de besos-Te- tienes- que- cuidar- mucho- ¿entendiste?- entre cada palabra, le propinaba un sonoro beso-

-A…lex-

-Oh, casi se me olvida-sonriendo con malicia, le propinó un largo beso en los labios-Este va con doble amor para ti- le guiñó un ojo-

Quiso limpiarse la boca con indignación como siempre lo hacía, pero no pudo. Solo por esta vez, lo soportaría y disfrutaría de aquello, después de todo la quería, a ella y a sus locas demostraciones de amor y cariño.

-Te iré a ver, y tu tienes que venir también de vez en cuando-sonriendo, le revolvió los cabellos y la acercó a él, plantándole un beso en los labios- O no te perdonaré-

-¡Tetsu!-emocionada, se le tiró encima, cayendo ambos al suelo- Tenemos que celebrar esto, jamás habías sido tan cariñoso conmigo… vamos a comer algo, lo que sea-emocionada, se acomodó los anteojos-

-¿Ahora? Pero, es tarde y no hemos terminado de embalar ni siquiera la mitad de las cajas…-

-No importa, ya habrá tiempo. Vamos a un servicentro, compramos un par de hamburguesas y unos paquetes con papas fritas y comemos aquí-sin esperar la respuesta del mas pequeño, se puso de pie y se dirigió en busca de su billetera-Anda, vamos-

La miró con paciencia, de pies a cabeza.

No podía creer que esa persona tan alocada y vivaz trabajaría, en un par de días, como una seria enfermera a cargo de un pabellón completo. La imagen de Alex caminando a través de aquellas paredes blancas, deprimentes y tranquilas le hacían arrugar el ceño, le costaba creerlo.

Fue entonces cuando lo recordó.

-Alex-levantándose rápidamente, la siguió- El hospital en donde vas a trabajar… se especializa en el área psiquiátrica, ¿verdad?- tomando al vuelo una chaqueta, salió al frío de la madrugada en compañía de su alocada compañera rubia-

-Sí, ¿por qué?-

-¿Puedes conseguir una hora con el mejor psiquiatra que encuentres? Es para Teppei, lo convencí de que visitara uno-recordando su trato, hizo morros-

No quería declarar sus sentimientos por Kise, sobre todo porque tenía miedo. Se notaba a leguas que el rubio andaba en las nubes por ese moreno gigante, y eso lo desinflaba tanto que ya no tenía ganas de nada, absolutamente nada.

Mucho menos ser rechazado.

-¿Tu amigo con misofobia?-seria, intentó recordar su rostro- Claro, no te preocupes, en cuanto tenga algún dato, te escribo-suspicaz, agregó-¿Y a qué se debe ese cambio? Creí que Kiyoshi jamás iría a ver a un psiquiatra-sonrió, burlesca- ¿Qué le ofreciste a cambio?-

Maldita intuición femenina.

-Eh….-intentó poner su mejor cara de póker, rogando a los cielos para que Alex creyera en su farsa- Nada, ha recapacitado por sí mismo- en cuanto terminó, se quiso morder la lengua por idiota-

Era una excusa pobre, sumamente pobre. Alex era despistada, pero no tonta.

-Mmmm, eres un horrible mentiroso- con cariño, le golpeó el hombro con el puño- Tienes dibujado en toda la cara el nombre "Ryouta"-volteó los ojos, un poco harta del tema- Ya te he dicho lo que tienes que hacer…-apresuró el paso, hambrienta- Vas donde él, le dices lo que sientes, si el cabeza hueca también te quiere, ambos serán felices y asunto terminado. Si no, lo golpeas, lo golpeo, lo olvidas y vamos a cazar hombres-

-Jajajajajajajaja-no pudo evitar romper a reír ante las locuras de la rubia- Suena muy sencillo, pero con lo picosa que eres jamás vas a encontrar a un hombre para ti… ya estás vieja, serás una solterona-

Un golpe realmente fuerte impactó en su estómago, casi quitándole el aire-

-Jamás, pero jamás me digas vieja-le miró enfadada por un minuto, para luego olvidar el asunto- Nadie cumple mis requisitos… le tiene que gustar el basket , la comida en exceso y claro, que me soporte-

-Cosa muy difícil, sobre todo el último requisito- mirándola de manera burlesca, escapó a tiempo de otro golpe- Voy a extrañar esto, Alex…-

-Yo también, pero caeré por tu casa cada tanto tiempo, eso ni lo dudes. Ahora, vamos a comer, que aún nos quedan un montón de cajas por embalar…-abrumada ante todo lo que tenía que hacer, suspiró-

Y él suspiró con ella, sabiendo que al menos por esa noche, ninguno dormiría.

No le gustaba para nada que Kazunari perdiera horas de sueño, en serio. Hacía todo lo posible para que nada le faltara y que todo estuviera en orden, por lo que realmente era una patada en pleno trasero verlo tan estresado, tan cansado.

Entendía todo eso del "amor de hermanos" y demás, pero odiaba ver a su esposo, a su Kazu tan mal por problemas que ni siquiera le pertenecían a él.

-Hey-llamando su atención, revolvió su cabello- Respira-

-Es que, no entiendo nada Shin chan-sin poderlo creer aún, le miró- Daiki no recuerda a Taiga… ¿por qué? ¿Acaso perdió la memoria al igual que Himuro? El doctor dijo que jamás la iba a recuperar, había un 0.000001% de probabilidad de que lo hiciera y, si a Aomine le pasó lo mismo, será muy difícil que recuerde a mi hermano-un dolor terrible le atravesó el pecho- ¿Cómo crees que reaccionará ese idiota? Apenas se preocupa por sí mismo con tal de buscarle, él… él…-comenzó a faltarle el aire-

-Kazunari, cálmate-asustado, se acuclilló a su lado-Si no puedes hacerte cargo de esta situación, lo haré yo. No quiero que arriesgues tu salud ni la del bebé, tanto estrés le hará mal, ya has pasado por mucho en apenas unas horas-tomó sus manos, apretándolas con fuerzas-Respira… así, cálmate-inspiró y expiró lentamente, marcando la respiración de Takao-

-Ya, ya…-siguiendo el ritmo impuesto por Midorima, logró recuperar el aliento-

-¿Mejor?-

-Sí, gracias…deberías ser doctor, la profesión te pega-le miró jocoso, picándolo-

-Ya, dejaré de estudiar derecho y me cambiaré a la carrera de medicina mañana si me prometes que te cuidarás, por favor-preocupado, le besó en la frente-

-Lo prometo, si siento que me va a explotar la cabeza, me tomaré un té y me iré a dormir- estiró el cuello para besarle en los labios dulcemente, sonriendo-Me gusta verte así, tan loquito por mí, por nosotros-se tocó la enorme barriga, contento- Y pensar que al principio no querías ni vernos-

Crispó el rostro ante las palabras de Kazunari, lleno de remordimiento.

Vaya, así que aún no era capaz de olvidarlo….

Se arrepentía desde lo mas profundo de su alma, todos los días, todo el tiempo. No podía creer que fuera tan desalmado, ciego y necio. Realmente, era algo que quería borrar por todos los medios de su memoria y de la de Takao, como fuera.

Al principio, su relación era meramente física, al menos para él. Lo conocía porque sus padres eran amigos, por lo que siempre le vio en las reuniones familiares y en las fiestas aburridas a las cuales siempre estaba obligado a ir.

Y bueno, tenía que admitirlo, el muchacho siempre le llamó la atención.

Por eso, no lo pensó dos veces cuando el moreno se le acercó el día de su cumpleaños número quince, declarando su amor y entregándole todo su ser. Aceptó sin ni siquiera avergonzarse, casi riendo por lo rápido y sencillo que se había vuelto todo.

Se veían poco, pero no porque estuvieran realmente ocupados, sino porque a Shintarou no le interesaba juntarse mas allá de lo necesario. Una o dos veces a la semana bastaba para calmar al cuerpo, teniendo sexo en cada encuentro sin perder un solo minuto en boberías como citas, mimos o cursilerías.

Sabía que le hacía daño, pero en ese entonces no le importaba. Bueno, sí le importaba, pero prefería ignorar las oleadas de culpabilidad pensando en que, estrictamente hablando, jamás le prometió ese tipo de cosas, como recordar el aniversario ni ser delicado. Tampoco era un bruto, pero se contenía de, por ejemplo, ayudarle cuando estaba cansado o abrirle la puerta cuando salían a comer, y eso si es que era considerado y lo invitaba.

Luego de salir casi un año, Takao se fue de viaje con su familia al extranjero por alrededor de dos meses, por lo que casi ni tuvieron contacto durante todo ese tiempo. Con el paso de los días y sin explicación alguna, comenzó a sentirse miserable, casi un insecto.

Le costó cerca de un mes entero descubrir la razón: extrañaba a Kazunari. Al principio creía que extrañaba el sexo, que su malestar era puramente producto de su frustración sexual, nada que una buena y simple masturbación no pudiera solucionar.

Sin embargo, no bastó.

No se satisfacía al completo, sino que todo lo contario. Cada vez que lo hacía, se sentía mas y mas miserable, carente de algo que no sabía identificar. La ansiedad aumentaba a pasos peligrosos con el pasar de los días, empeorando su ya mal humor.

Encontró las respuestas a sus interrogantes cuando, por fin, Takao le llamó.

Fue una conversación corta, cortísima. La señal era pésima y tan solo intercambiaron un par de frases, pero eso bastó para quitarle la venda de los ojos.

Jamás imaginó que, con tan solo escuchar su voz, la aplastante ansiedad y la sensación de vacío desapareciera de su alma, dejándolo tan desarmado que no sabía que hacer ni que decir. El corazón rompió a latir desaforado, doliéndole en cada palpitar.

Tartamudeó algunas frases sueltas, recibiendo las palabras de amor y las bromas del moreno de manera torpe. Sin siquiera darse cuenta, estaba maravillado por la hermosura de su voz, tan suave, tan cálida. Deseó con todas sus fuerzas estar con él, abrazarle sin mas.

Nada de sexo, nada de nada. Tan solo quería estar a su lado, mirarle a los ojos, tomarle de las manos, decirle un te quiero.

No tardó en sonrojarse como un niño, sintiendo un calor insoportable en la cara. Las manos le temblaron y casi se sintió mareado al descubrir la verdad que su cuerpo y corazón le estaban revelando.

Él, Midorima Shintarou, se había enamorado de Takao Kazunari.

Y no fue bonito, para nada. Era lo suficientemente bruto como para asustarse ante la magnitud de aquel sentimiento.

No prestó atención a lo que Kazunari le decía, por lo que no escuchó la "sorpresa" que le tenía que decir cuando regresara. Absorto en sus propios problemas y emociones, terminó la llamada apenas articulando palabra.

Fue por eso que no reaccionó bien ante la noticia.

Cuando Takao le dijo con ojos brillantes que estaba embarazado, no pudo hacer mas que pedirle que se marchara, ojalá para siempre. No estaba listo, ni por asomo.

¿Cómo podía ser padre si ni siquiera estaba listo para comprometerse de verdad con su pareja?

Además, ¿cómo diablos había ocurrido?

Siempre fue cuidadoso en el uso de preservativos…

Acababa de descubrir que estaba enamorado, y ya era responsable de una criatura. Sintió que el mundo se le caía encima, aplastándolo sin piedad.

No estaba listo.

No, no y no.

-No quiero a ese niño, no vuelvas aquí nunca más- casi ni le miró, marchándose del lugar para poder pensar-

No podía creer que dijera esas palabras sin siquiera pestañear… había sido un monstruo. Las lágrimas y las quejas heridas del moreno ni siquiera le llegaron, los nervios y el miedo no le permitían fijarse en nada mas que en él mismo.

Gracias a Dios, aquello duró poco, apenas unos días. La culpabilidad, la sensación de vacío extremo y el dolor no le permitieron vivir ni un solo momento sin recordar el rostro anegado en lágrimas de Kazunari.

Lo quería a su lado, ahora.

Eran las dos de la madrugada cuando tomó la decisión mas importante de su vida. Había pensado en aquella posibilidad durante muchísimo tiempo, pero ya no tenía la necesidad de hacerlo, tanto su cuerpo como su mente le estaban dando la respuesta sin piedad alguna, exigiéndole actuar ahora ya.

Takao era su mitad, su media naranja.

Quería casarse con él, cuanto antes mejor… quería entregarle su amor, ahora desinteresado, humilde y sincero…

Bueno, la verdad fue que no salió como esperaba.

Takao lo mandó a la mierda, sin creer ni una de sus palabras de arrepentimiento y amor.

Le tomó cerca de cuatro meses volver a conquistarlo, y mucho mas para que volviera a creer en él. No lo culpaba, sabía que lo había herido en los mas profundo de su ser, que el shock había sido demasiado grande. Sin embargo, el amor verdadero es paciente, humilde, todo lo soporta y todo lo perdona.

Es tolerante, es sincero.

Se sintió el ser mas bendecido de la tierra en cuanto Kazunari volvió a aceptarle, casándose al mes siguiente. Fue una boda preciosa, llena de amigos, de amor, Takao tenía una panza enorme…

Todo era distinto luego de eso, absolutamente todo. Cada mirada, cada roce, cada beso era mil veces mas fuerte que antes, eran íntimos, melosos, hermosos.

En su noche de bodas y por decisión de ambos, volvieron a tener sexo luego de tanto y tantos meses.

Y fue hermoso.

Por primera vez, Midorima había aprendido lo que era hacer el amor…

Por primera vez en su vida no tenía ni idea de donde poner las manos, mucho menos que hacer con ellas. Sentía una sed terrible de Kazunari, besó cada rincón de su cuerpo, de su barriga abultada.

Se entregó al completo sin esperar nada a cambio, absolutamente nada.

Lo único que esperaba, era borrar aquellos momentos tan dolorosos, aquel ser egoísta que había dañado tanto al amor de su vida. Debido a eso, le decía todos los días que lo amaba hasta el infinito, era atento, considerado, amoroso, exagerado hasta el extremo.

La expresión "eres mi vida" o "moriría si algo te ocurriera" le quedaba pequeña, esa era la verdad. No le importaba si actuaba como el típico papá primerizo o el enamorado hipocondríaco, en serio que le daba igual.

Takao y su bebé eran su vida, su mundo, así de simple. No podía tolerar que le perturbaran o le hicieran daño, cada felicidad, cada tristeza, cada dolor que sufría el moreno lo sufría él multiplicado por mil.

-Te amo-llenó de besos su rostro, triste- Un montón-

-Yo también…-atento, se dio cuenta de todo lo que había desatado en Midorima al pronunciar aquellas palabras, por lo que agregó- Perdón, no quise que recordaras todo eso… aquello quedó atrás, bien atrás-

-Nunca me lo voy a perdonar, jamás-

-Espérame aquí-

No sabía si ayudaría, pero tenía una necesidad enorme de volver a leer los votos con los que se habían entregado mutuamente, aquellos que representaban su amor a la perfección.

-"El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo- le miró a los ojos, sonriéndole y continuando con la lectura- No se alegra de lo injusto, sino que goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo-sin poder evitar el emocionarse, se le quebró la voz-Esta es mi entrega a ti, total y desinteresada"-

Se aclaró la garganta, intentando deshacer el nudo que se le había formado y que le impedía articular palabra alguna.

Vaya, Takao era un regalo del cielo…

-Así que, todo olvidado- le abrazó, hundiendo su rostro en el pecho del mas alto-

-Gracias, de verdad-besó la coronilla de su cabeza, enternecido-

En ese momento, sonó el timbre.

La visita tan esperada, había llegado.