DICERIA
Quiero una galleta…
Merezco una~
Xtra Long Chapter
Este peliblanco lo merece.
Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.
Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORN y Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro.
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Cuando el río suena, agua lleva.
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°O° El arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos. °O°
La Dama de Blanco
Para este rumor, hay que partir de una leyenda urbana.
Se dice que en las oscuras calles italianas, cuando las preciosas noches son iluminadas solamente por la Luna Llena, en algún viejo suburbio de la gran ciudad, se puede escuchar una hermosa melodía tocada en piano que es tan bella pero tan, tan triste, que te parte el corazón; como si fuese una corrupta magia, te hace recordar mejores tiempos y otras dichas, que te hunde en la miseria actual como la del abandonado barrio que es ahora ese sitio. Una mala partitura que te deprime.
Muchos dicen que se trata de la presencia de la Dama de Blanco. Una triste mujer que aún llora por el triste final de su amor y la separación de su hijo amado. Ahogada aún en su dolencia porque la vida fue injusta con su bondad y solo puede encontrar consuelo en su música. Desahogando su tristeza, compartiendo y transmitiendo su dolor a todo aquel que escuche su música, quedando hundido en su propio sufrimiento. Como una magia insana y contagiosa que utiliza para no dejar morir el recuerdo de su desafortunado amor y su protesta contra el amargo destino que tuvo. Quejándose aún de su mala vida.
No se supo de donde o con quién había surgido el rumor y de lo rápido que se había propagado. Si bien, incluso la gran mayoría de creyentes en este cuento jamás había escuchado ninguna dulce y triste melodía misteriosa por las noches, o quienes incluso la habían llegado a oír alguna fortuita ocasión, aseveraban que ya tenía muchos años de no volverse a escuchar ese bienaventurado piano, pero la fantasmagórica y errante criatura seguía vigente como siempre en la mente de todos. El hecho es que la figura de blanco, se había convertido en referencia para criticar a todas aquellas desafortunadas mujeres que les iba mal en el amor o como lección para las jóvenes enamoradizas, de no errar sus pasos con quién andaban. Como recordatorio a las jóvenes madres de no descuidar a sus bebés. Había tomado tantos significados tras el tiempo, pero todos anclados en la desfortuna y abandono, toda la desgracia que puede traerte la maternidad, el amor prohibido y el fracaso.
"No vayas a terminar como la Dama de Blanco…" decían las personas. No vayas a terminar estando sola, traicionada y rencorosa, era el significado que le daban las viejas comadronas.
Pero en cuanto a la mafia, con menos dramatismos y sensibilidad o miedo, la Dama de Blanco tenía nombre y origen, cuando menos, lo tuvo mejor dicho. Mientras en la vida pública la Dama de Blanco era referencia de tristeza y amargura, la mafia lo tomaba con burla y desapego. Como algo insignificante y burdo. Hasta con indiferencia.
Lavina había trascendido por su belleza y su talento, pero lo fue más por su abrupto final. No se conocían los detalles pero ni falta hicieron pues justamente dieron origen a jugosos chismes, infundados sobre lo que fue su fatal destino. Eso y que había dado a luz a un hijo sano y fuerte. El morbo y la curiosidad sacando lo mejor de muchas personas, como siempre. ¿Qué había sido de ese retoño? Muchos quisieron saber, al tenerse en cuenta de las habladurías que la preciosa dama se había involucrado con un capo.
Ah, pero eso ella se lo llevo a la tumba.
No faltaban opiniones o respuestas a que tal jovencito andaría por allí, su desconocido destino era tema de conversación cuando no había más que criticar, ni juegos de las Grandes Ligas que ver y aparentemente nada nuevo que contar sobre las excentricidades de Vongola. Así que algunos opinaban, que él hijo perdido de la antigua pianista, podría ser aquel actor famoso de Hollywood tan atractivo y talentoso, pues su edad coincidía con la de aquel niño, sin mencionar de su turbio y escondido pasado que protegía esa celebridad celosamente. Otros aseguraban que era el hijo del Comandante de Policía, quién lo había adoptado; francamente una ironía del destino que a muchos se les antojaba. Otros aludían que era ese prodigioso novicio de la capilla, que con su dulce sonrisa ayudaba a todos en la caridad. Incluso se sospechaba del joven heredero a una familia mafiosa de la Toscana, que se sabía en secreto a voces que era hijo ilegitimo del Don, pero era tan prometedor y sagaz que no importaba mucho su origen. En fin que mil y un sospechosos.
Todo parecía indicar que así seguiría la vida como hasta ahora. El populacho contando aún con el relato de la Dama de Blanco, penando aún tras su muerte y tocando el piano para compartir su desdicha y, dentro de la Mafia, entreteniéndose por el incierto destino que tuvo el hijo de Lavina. Todo para su mera diversión. Hasta que un día se cimbraron los nervios tanto de uno como otro sector, pues se comenzó a decir, para asombro y turbación de muchos, que la Dama de Blanco había vuelto a aparecer tocando esa triste música…
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Estaba temblando de pies a cabeza, y no sabía si era por el frío de perros que hacía a esas horas en la calle o por los nervios que tenía de ser descubierto. Se froto nerviosamente las manos y miraba asustado a todos lados.
— Esto está mal — de pronto dijo el muchachito, quizás 13 o 14 años a lo mucho mientras miraba el vaho de su aliento al hablar.
— No me jodas con eso ahora. Ya estamos aquí. — respondió otro chico de su edad que estaba quitando unas viejas tablas que cerraban una puerta de un viejo y abandonado edificio, en aquella sola y oscura calle italiana, de un barrio de mala muerte que en años muy lejanos destiló vida y glamur. — ¿No que muy valiente? Che, y te quejas del marica de Otto —
— ¡Eh! Qué no he dicho que sea marica, he dicho que es un creído que es otra cosa muy diferente. —
— Si fueras el hijo de papi, actuarias igual que él creyendo que el mundo no te merece — decía mientras lograba arrancar otra tabla y el polvo los hacía toser.
— No es que no crea que el mundo no me merezca — intervino otra voz que los dejos helados — Pero francamente puedo decir que yo no merezco estar aquí justo ahora, cuando menos. —
— ¡Jo-joven Otto! — gimió asustado el chico nervioso.
— ¿Qué haces aquí? — rezongo el otro aún con la madera en las manos.
— Mi trabajo, supervisando a mi gente y evitando que se metan en problemas. ¿A que saben que esta parte de la ciudad está prohibida para varias Familias? Es propiedad de Vongola y está prohibido andar metiéndose donde no les llaman. ¿Qué es lo que buscan de todos modos? — de pronto volteo a ver al más joven de ellos, que era el chico nervioso — ¿Dejar en mal nombre a nuestra Familia por andar invadiendo propiedad privada, Eh, Gio? Porque si los pillan aquí, por ti pensaran mal de nuestra casa — regaño. — Tu padre, como mano derecha del mío, no estará complacido de esto. —
— Déjalo ya, yo lo obligue. — Intervino el otro muchacho — Y deja de estar dándote tus aires, no estás en tu casa para darte esa importancia de señorito y yo no soy uno de sus hombres como para que me digas que o no hacer —
— ¡No! Es mi responsabilidad también — grito de pronto Gio, ofendido — Yo vine por mi propia voluntad, Marco. Lo siento mucho, joven Otto, no fue mi intención pero no pude evitar acompañar a Marco en esto. —
— Y bueno pues, ¿que se traen como para que tengan que hacerlo a estas horas de la noche, con este maldito frío y en terreno prohibido? — pregunto de malas Otto. — Qué a ti he de recordarte que nuevamente te estás metiendo en terreno peligroso. Una cosa es que seas amigo de Gio y otra muy diferente que te creas con derecho de andar inmiscuyéndote en asuntos de la Mafia, Marco — aseveró molesto.
Marco torció la boca y siguió quitando tablas y buscando como entrar entre los agujeros de la fachada. — Como si me importaran sus mugrosos asuntos de la Mafia, esto es personal, solo fue mera coincidencia y por eso le pedí a Gio algo de ayuda —
— ¿Sobre qué? — sonó molesto Otto.
— La dama de Blanco — respondió Gio.
— ¿No me digan que en verdad creen esas patrañas? —
— ¿Tú no? — Pregunto con astucia Marco – Si no mal recuerdo, fuiste tú quién nos contó la historia y él que más empatía le encontró a la desdichada mujer. — arqueó una ceja.
— Cierra la boca. De todos modos ¿Qué tiene que ver eso con este lugar? —
— Bueno pues, creemos que aquí es donde se aparece —
— ¿Qué les hace pensar eso? — pregunto Otto al ver a Gio tras su respuesta.
— Mi abuelo lo dice — respondió Marco ya desde dentro del lugar y asomando la cabeza por el hueco por donde había pasado antes.
— ¿Eh? —
— Porqué aquí es donde ella trabajaba... Ella, Lavina… Mi abuelo me lo contó. —
Otto quedó asombrado ante ese comentario.
— Y… y si hubiese sido así… ¿Qué quieres comprobar al estar aquí? ¿Saber sí es cierto que su alma en pena esta por aquí aún llorando por su triste vida? ¿O qué? —
— ¡NO! ¡Claro que no! — Respondió molesto Marco haciendo brincar y retroceder a Otto — ¡Yo he venido aquí a demostrar todo lo contrario, que esas son solo farsas! Qué todo eso que se cuenta es mentira, yo he venido a desenmascarar al maldito que cree que es divertido haciendo pasar por otro y andar avivando chismes estúpidos sobre gente buena — y con eso, se fue a paso firme entre la penumbra del viejo edificio.
Otto miro desconcertado a Gio en busca de respuestas.
Y resulta que, primeramente, tanto Otto como Gio pertenecían a una modesta pero antigua familia mafiosa de esa parte de Italia. Otto era el siguiente en la línea sucesoria, como hijo único del Don mientras que Gio era el hijo de la mano derecha de tal capo. Ese nexo los hizo relativamente amigos en algún grado de confianza aceptable. Gio le debía respeto a Otto y le tocaba ver por su protección, incluso llego a desarrollar cierta estima por él aun cuando fuera difícil con el pesado carácter que tenía el señorito. Sin embargo, el mejor amigo de Gio era Marco en realidad, un chico que conoció en el Colegio y que con un carácter similar a Otto, eran difíciles de congeniar estos dos poniendo a veces en aprietos al pobre Gio. Entre riñas y juegos se llevaban a sobremanera, que incluso un día, Otto –quién a su vez le habían contado- les explico el origen y significado de la historia de la famosa Dama de Blanco, la versión mafiosa.
Pues si bien era una leyenda urbana a la cual nunca le habían prestado la suficiente atención, una vez conociendo que era basado en una persona real con un verdadero final trágico, les dio de que pensar al trío. Para Otto era especial, pues le recordaba su difunta madre la cual quiso mucho pero perdió a muy joven edad; no es que él pensara que su padre fuera un mal hombre pero su madre mereció un mejor trato al que él le dio en vida. La melancolía de la música de la Dama de Blanco la hacía sentirse mal por su madre, ¿su madre también se sentiría desdichada por su amor?. En cuanto a Marco, bueno él… el asunto fue un parte aguas. Su abuelo, un viejo taciturno y necio, pero de buen corazón, comenzó a desmejorar en su salud. Rara vez tuvo una charla con él, era muy reservado. Y a pesar del terco y rebelde chico a punto de llegar a la adolescencia que era, no podía evitar preocuparse por él. No supo cuando ni como exactamente le comento la historia de Otto sobre la dama de blanco y BAM, por poco fue golpeado por el bastón de su viejito. Estaba enfadado y muy molesto, como si lo hubiera ofendido. Pero sobre todo, indignado y acongojado. Su abuelo no era de tales expresiones y le dolió. Tras la impresión inicial, su abuelo le comento sobre su vida. Las pláticas que nunca habían tenido en toda su vida se habían saldado con esta charla.
Su viejo le confesó que hacía muchos años trabajó en aquel barrio sucio y abandonado de la ciudad donde se decía que se aparecía tal fantasma de blanco, cuando antes era toda una zona importante, lleno de gente rica e importante, con casinos, bares, exclusivos restaurantes y demás. Él era un simple bartender, pero muy bueno en lo que hacía. En su trabajo conoció a gente de toda clase y así fue cómo conoció a la famosa Lavina cuando aún era una jovencita que simplemente un día pidió trabajo allí, alegando saber tocar un poco el piano. Su destreza impresiono a todos y no tardo en convertirse en la estrella principal del lugar. Oh, pobre de ella, su abuelo le confeso que la trato como a otro de sus hijos –pues su abuelo le dijo que Lavina rondaba la edad de algunos de sus tíos en ese entonces -, y de hecho en aquel viejo negocio muchos veían por ella como su pequeña damita, la hija, la hermana, la princesita, todos la querían como si fuesen una gran familia. Así fue como le contó su desafortunado primer y único amor de Lavina, su triste final y el destino de esa criatura que dio a luz.
— Recuerdo cuando vi al crío — le narraba su abuelo — igual a ella, que bendición. Sus ojos… su cabello… Fue una decisión difícil y sorpresiva por parte de ella cuando decidió entregárselo al padre, poco pudimos comprender pero decía ella que era por la seguridad del niño. Nos partió el corazón verlo convertido en otro heredero de la mafia, cubriendo el pequeño desliz del padre y haciéndolo pasar como legitimo. El niño no pudo volver a su madre, ignorante de la verdad y apenas visitado unas cuantas veces por ella. No pudimos hacer nada… —
El chico vio el dolor en sus ojos y la frustración en sus puños. Su abuelo era hosco, pero de gran corazón. Eso debió ser muy triste. Lo oyó suspirar nuevamente.
— Ella parecía conforme con eso. Si no fuera porque la vida de ella se desmorono: dejo de tocar el piano, su salud empeoro y tenía que ver a escondidas a su hijo, desde la distancia. Nuestra pequeña Lavina se le iba la vida poco a poco. Hasta que pues... el accidente...—
— Tuvimos poco contacto con el niño a excepción de las fotos que Lavina tuvo de él. Se veía que era un pequeño desastre, con fuerte carácter. Pero tras el accidente no volvimos a saber de él, de su padre o esa familia. Quizás a excepción que un día el niño desapareció… Habíamos jurado velar por el niño lo mejor que pudiéramos, pero tras su desaparición todos sentimos en verdad la pérdida de Lavina, su hijo era lo único que nos quedaba y nunca supimos más de él. —
— Y después toda esa basura de la Dama de Blanco... ¡No, claro que no! Esa es una blasfemia. Lavina no estaría penando y sufriendo de este modo, no señor. No Lavina. Ella tenía un corazón de oro, no es posible que ella sea tal cosa… No nuestra pequeña Lavina — se lamentaba el anciano.
Desde entonces, su abuelo se había vuelto más reservado y compungido, había decaído incluso en su salud. Marco podía entender por qué, todas las cosas que se decían sobre la Dama de Blanco quizás pudieran ser ciertas pero no le hacían justicia todas esas vejaciones sobre que era un alma en pena, rencorosa y amargada.
Lo peor fue que de un momento a otro los rumores sobre su regreso habían ensimismado más a su abuelo y por ende lo habían sulfurado a él. Fantasma o no, alguien debía de estar haciendo una muy mala broma, manchando la memoria de una buena persona y Marco no podía tolerar ese asunto más, no viendo también a su abuelo ver hecho pedazos la imagen que tenía de la que alguna vez trato como su hija y la que no pudo proteger a ella ni a su bebé.
Así fue como pidió apoyo a Gio en esta noche para desenmascarar al culpable. Eso fue lo que le contó a grandes rasgos Gio a Otto mientras se metían en aquel viejo edificio abandonado en busca de pruebas y capturar al horrible bromista.
— ¿Y qué tal si no es un bromista? ¿Qué tal… si la Dama de Blanco en verdad es eso, una mujer en pena…? — pregunto en voz baja Otto. Aunque no con miedo a lo paranormal, incluso sonaba esperanzado en esa verdad. Otto le dolía pensar que quizás su madre también sufriera tras su muerte por su destino como esposa de un hombre mafioso. Pero imaginar que si la Dama de Blanco era todo menos un alma en pena y rencorosa, era como si su propia madre también no lo fuera.
— Fantasma o no… quiero averiguarlo y decirle esa verdad a mi viejo — respondía en voz baja Marco.
— Oigan… ¿Qué es eso?...— pregunto nervioso de pronto Gio. Los tres guardaron silencio y aguzaron más el oído. Nada.
Absolutamente nada.
Ni el resoplar del aire frío de la noche ni el crujir de la madera, solo sus respiraciones que parecían acelerarse y entonces… una simple y sencilla nota musical que rompió ese silencio y les heló la sangre de lo sorpresivo que fue. Tragaron saliva y trataron de ver de dónde vino ese ruido. Entonces otra tecla de algún piano en ese lugar volvió a sonar. Una dos tres teclas más en acorde…
Marco trago saliva y fue directo a donde venía ese ruido, dándose de tumbos por el lugar con las maderas y la basura regada, la luz de la Luna Llena filtrándose por las ranuras de las tablas tapando las ventanas o por los huecos en el viejo techo a punto de colapsar. Su miedo se transformo en enojo e indignación, listo para pillar al malhechor cuando de pronto... las simples teclas tocadas una a una con lentitud y al azar fueron volviéndose complejas, los sonidos formaron una melodía encantadora que lo hizo detenerse antes de llegar a su meta, más allá de un viejo muro que lo separaba de la sala principal donde debería estar ese piano.
Marco nunca había escuchado o puesto atención a la música de piano, quizás escucho un poco después de el asunto de Lavina y su abuelo. Pero nunca, jamás, había escuchado una melodía tan hermosa y cautivadora. Le sosegaba el alma e incluso había olvidado su enfado y su miedo, se quedo allí clavado en el piso escuchando la bella melodía.
La música de la dama de Blanco se decía, te hacía hundirte en la tristeza para compartir su desdicha con el mundo. Entonces… ¡Está no era la dama de Blanco! No había forma que tal melodía pudiera hundirte en la depresión cuando sentías esa calidez en el pecho. ¿O quizás fuera el caso… que en verdad se tratara de la Dama de Blanco? La verdadera Lavina, la que su abuelo decía que era un alma tan dulce y caritativa. ¡La que no podía desear mal a pesar de su propio dolor!
Gio y Otto llegaron a paso lento con él, también prendados de la beldad de la música en sus oídos. Otto estaba conmovido por decir poco. Reconoció la música como una canción de cuna que su madre le tarareaba por las noches antes de ir a dormir.
Lo que transmitía la música eran las dulces y hermosas emociones de una madre para su hijo. Para el mundo. Otto compartió momentáneamente el enojo de Marco ante la injusticia que el mundo ignorante le hacía a la memoria de Lavina. Sin saber cómo, fue él quien con decisión acorto esa brecha que separaba a los chicos de aquel misterioso pianista, corrió saltando los pocos obstáculos y se asomo por el gran boquete de la roída pared que no los dejaba ver la otra habitación y su corazón se detuvo de la impresión al ver que...
No había nadie.
La luz de Luna Llena iluminaba como un perfecto reflector aquel vació lugar donde yacía un abandonado y polvoriento piano, luciendo como si nadie lo hubiera tocado en muchos años. Ni pisadas, ni huellas o alguna seña de que alguien hubiera estado allí hace solo un segundo… y aún en el aire se mantenía las notas haciendo eco por el lugar.
— Mierda — escucho Otto decir a Marco de pronto y volteo a verlo. Marco estaba congelado en su lugar, pálido y mirando un punto en la nada aparentemente y entonces un THUD, Gio acababa de desmayarse allí.
— ¿Qué? —
— Creo que acabamos de ver a Lavina — fue lo único que respondió como bobo Marco señalando lo que a Otto pareció una sombra blanca perderse entre la pared.
— Mierda… — repitió Otto también a punto de hacerse en sus pantalones.
°O°O°O°O°O°O°
En cuanto a las apuestas sobre quién podía ser el perdido hijo de Lavina, los más osados y descabellados, aseveraban sin fundamento alguno, salvo la simple corazonada, que la mano derecha del respetable Decimo Vongola, Gokudera Hayato, era seguro cuando menos, estar relacionado en algún grado de parentesco con Lavina.
Fue entonces que surgió el curioso rumor de que él, con lo prodigioso e intelectual que era en varias áreas a pesar de su juventud, que incluso podría ser un talentoso músico. Aunque alguien de su talante, con poca paciencia, mal humor, rudos modos, gran y grosera boca, gruñón, de poca sensibilidad y dedos llenos de anillos y cicatrices, reducía a mínima esta descabellada idea. No encuadraba en la imagen del talentoso y sensible pianista que uno esperaba. Pero eso era lo divertido del asunto para todos, era como un mal chiste. Además que nadie estaba en sus cabales para preguntarle de frente al Guardián de la Tormenta, con lo demasiado reclusivo que era ante su propia vida privada y la muy poca paciencia que tenía para tratar de esos temas, incluso dentro de la misma Vongola.
Por eso... seguía siendo un rumor. Aunque algunos descubrieron que no era tan bizarro como se pensaba...
— ¿Y a ustedes qué les pasa? — pregunto extrañado el padre de Otto cuando vio a su hijo y a su amigo, Gio, muy callados y pensativos desde hace unos días. Estaban en una recepción casual con varias familias mafiosas en un ambiente tranquilo, esposas e hijos, algunos amigos cercanos incluso habían asistido a esa celebración, así que los dos críos habían asistido acompañando a sus respectivos padres naturalmente.
— Parece como si se les hubiese aparecido un fantasma — bromeo el padre de Gio tras un sorbo a su bebida. Cuando ambos chicos voltearon a verlo al mismo tiempo como si les hubiera leído la mente, ambos padres se consternaron más — No me jodan ¿qué han estado haciendo? — pregunto contrariado.
— La Dama de Blanco, si… otra vez… — se escucho de repente hablar entre una charla un par de mesas allá, ambos chicos voltearon la cabeza como resorte ante esa mención con tal sincronización que ambos padres se asustaron — Han dicho que ha vuelto a aparecer, la gente dice que la ha vuelto a escuchar… —
— Que miedo… — gimió una dama de compañía. — De niña siempre me habían contado la triste historia de la mujer amargada esa… —
— ¡No fue una mujer amargada! — de pronto grito alguien. Y ese alguien había sido Otto. Para asombro de todos… y de él mismo, para cuando se dio cuenta ya había abierto la boca y tenía la atención de todos en el Salón.
— Otto — llamo su padre serio — Disculpate con… —
— Pero es verdad, la Dama de Blanco no es ninguna mujer desconsolada como dicen — hablo ahora Gio poniéndose de pie también.
— Suficiente, ustedes dos… —
— No, déjelos hablar por favor. Quiero escucharlos. — Intervino una sosegada voz. El padre de Otto solo asintió con respeto y sumisión al ver que se trataba nada más ni nada menos que Vongola Decimo quién había aceptado asistir también a la reunión y la concurrencia había sucumbido al total silencio. Tsuna le dirigió una amable sonrisa al par de chicos que también se habían quedado anonadados al estar en la presencia de tal respetado hombre. — No estoy muy familiarizado con la historia, pero por lo que tengo entendido, ustedes no están de acuerdo con lo que se dice ¿No es así? —
— No, claro que no — se armo de valor Otto. Gio vio con respeto a su amigo al ver sacar esa casta como futuro líder de familia. — Lo que se dice de ella es una gran mentira, es muy cobarde lo que hacen en memoria de aquella persona. ¡Me parece denigrante! ¡N-no es justo! La señorita Lavina no merece tales insultos — protesto
El padre de Otto veía admirado a su hijo. Ni el mismo sería tan franco y valiente frente al joven Vongola, pero su hijo no dudaba en expresarse.
— Oh — Tsuna ladeo su cabeza mientras analizaba al par de chicos frente a él, como sopesando sus palabras — ¿Puedo saber a qué se debe tu opinión? —
— La escuchamos — intervino entonces Gio aunque con menos vehemencia que su amigo — La otra noche, cuando había Luna Llena, oímos el piano… su música… era... era —
— Era una música preciosa… pero no era la clase de música que una persona amargada tocaría. Era… cálida, era como el canto de una madre a su hijo, aquella que siempre te dice que siempre está contigo cuidándote. ¿Qué clase de madre renegaría de sus hijos? – cuestiono Otto, entonces comenzaron los cuchicheos y rumores entre los invitados. — Por lo menos es la impresión que nos dio. Bueno, habría que ser muy idiota como para no darse cuenta al escuchar la música y no entender que quiere transmitir quién la toca… — hubo más rumores incómodos alrededor ante esa ofensa. Tsuna sonrió indulgentemente, divertido por el comentario.
— Si, te comprendo. También yo he creído escucharla. No hay forma en que música tan bella pueda ser tocada por una acongojada alma. — Sonrió — Quizás por fin podrán hacerle justicia a su memoria, como dices. Quizás simplemente, ahora ella ha encontrado una razón para ser feliz, quién sabe. Mi señor — se dirigió Tsuna ahora al padre de Otto — Tiene un hijo muy valiente y honesto, estoy seguro que en un futuro seré yo el honrado en hablar con él nuevamente — Otto se ruborizo y su padre apenas atino a dar las gracias. Tsuna le dio una palmadita al hombro a Gio y una inclinación con la cabeza, también reconociendo su labor. — Oh, cierto — decía antes de retirarse y volteando a verlos — De pura casualidad ¿Ustedes si pudieron ver a la Dama de Blanco? Yo no he sido capaz de verla, solo oírla —
— N-no, me temo que no… —
— Si, una lástima — comento Tsuna. — Con su permiso. Gokudera — llamo entonces y salido de la nada apareció un peliblanco a sus completas órdenes y a su lado como escolta — Es hora de irnos a casa —
Asintió con la cabeza, diciéndole a su jefe que el coche estaba ya esperándolos. Gokudera entonces volteo levemente a despedirse también de Otto y Gio con un breve gesto que fue suficiente para dejar a ambos chicos hechos piedra en su lugar con las bocas abiertas. Se voltearon a ver el uno al otro aún con los ojos como platos.
¿Podría ser qué él…?
— Ne, Gokudera — llamaba Tsuna en cuanto subían en la limosina de regreso a casa.
— Si, Juudaime —
— ¿Tu has visto a la Dama de Blanco? —
— No, no la he visto, Juudaime —
— Me lo imagine — sonrió.
°O°O°O°O°O°
Marco se sentía bastante bien a pesar del frío que seguía haciendo. Estaba sentado en una vieja banca frente a ese viejo edificio y a su lado yacía su abuelo, bien abrigado y con una expresión de bienestar que no tenía tiempo de no verla en él. Esa bendita noche había sido rara rarísima. Pero de algo estaba seguro y es que su abuelo le creería, con eso le bastaba… por ahora. La gente comenzaba a escuchar nuevamente la música de la dama de blanco pero reaccionando ahora a su gentil amor. Tardaría tiempo en desecharse la ridícula idea de su amargura y desdicha. La Dama de Blanco sería un ejemplo de amor maternal y entrega total.
Pero por ahora… Ah, allí estaba. La música comenzaba con su magia que sonaba tan suave pero tan nítida que podía filtrarse por las paredes y escucharse a varias calles, tenía un efecto extraño y fantasmagórico aún así. No era normal su reverberación. Aunque incluso el barrio parecía haberse vuelto más ameno aún con todo y su abandono y oscuridad. Pues un alma gentil y cariñosa se hallaba entre sus calles.
Su abuelo oía la música complacido, incluso cerrando los ojos y evocando buenos recuerdos. Era la primera vez que conseguía sacar a su viejito de la casa y su salud parecía improvisar. Paso un muy largo rato desde que la música dejo de sonar pero ellos dos seguían allí. Marco quería cerrar esa noche especial con algo que haría a su viejo compensar todos esos malos pesares de años atrás.
Ahora se habían ocultado en la oscuridad de una vieja marquesina cercana al famoso edificio. Entonces saliendo de quién sabe dónde, un joven hombre peliblanco con cigarro en mano apareció de entre las sombras. Lo vieron dar una última bocanada a su cigarro, cómo miro de reojo la vieja marquesina del lugar y sonrió sutilmente. Entonces… pareció darse cuenta que era observado. Volteo por donde se hallaban escondidos Marco y su abuelo, escrutando la zona y bajo la luz de luna, sus ojos verdes brillaban bajo esa mata de pelo blanquecino...
Afortunadamente sonó su celular y eso lo distrajo. No tardo en marcharse a paso rápido del lugar sin descubrir a sus vigilantes.
El abuelo de Marco no cabía de la sorpresa y la dicha ¿Podría ser? ¿El hijo de Lavina? Oh, bendito Dios. Su nieto le explico las sospechas que él junto con Otto y Gio tenían respecto a la identidad del guardián de la tormenta de Vongola. Su abuelo parecía haber encontrado consuelo al ver en la clase de hombre se había convertido el pequeño crío y que aparentemente conocía la verdad sobre su madre, haciéndole justicia y derrumbando esas malas habladurías con su música.
— Por cierto — dijo de pronto Gio, apenas un rato después de que se hubiera ido Gokudera del lugar y él y Otto decidieran hacerle una breve visita a Marco y su abuelo — Hay algo que he estado pensado últimamente... Digamos que el Señor Gokudera fue quién empezó con esto recientemente… ¿Entonces quién tocaba antes el piano? — los chicos se miraron extrañados. Buen punto.
De pronto empezó a sonar nuevamente música del recinto para asombro de los tres.
— El señor Gokudera ya no está aquí, se marcho hace rato — murmuro Marco un poco asustado.
— Ay no me jo… — no acabo de decir Otto al ver que se había aparecido una persona de blanco, que lograba verse en la entrada del local, una mujer… era una mujer...
— Mierda — balbuceo Marco como dejavú.
THUD
Gio había vuelto a desmayarse mientras Otto y Marco se quedaron de piedra. Valientemente echaron a correr arrastrando a un inconsciente Gio como almas que llevaba el Diablo.
El abuelo de Marco que seguía en la banca, olvidado por un trío de asustadizos críos, solo sonrió sin inmutarse de la presencia que seguía allí resplandeciendo en la sombra, entonces esa espectral mujer le sonrió.
— ¿Lo ves, Lavina? ¿Lo has visto como yo? Tu hijo es un hombre de bien, un hombre que te recuerda… Ya no hay nada que temer, él está bien. Ya no te preocupes, descansa ya… — susurro él con la voz un poco quebrada.
Lavina le hizo una leve reverencia y regreso al lugar. La música no tardo en sonar, alegre y viva, escuchándose más lejos y más fuerte. Compartiendo su dicha.
La mujer de blanco era una mujer que dio todo por la felicidad de su hijo. Una verdadera y amorosa madre.
Y así es como iba a ser recordada de ahora en adelante.
Aunque esa parte era más fácil de hacer creer que hacer entender a la gente que el Guardián de la Tormenta era un tipo con un alma sensible y de buenos sentimientos capaz de tocar el piano...
Pero era un trabajo que un trío de chicos, una vez hubiesen aceptado las cosas paranormales del mundo y dejar de temblar de miedo, estaban dispuestos a hacer ver al mundo...
Mi primera incursión a historias de... ¿suspenso? No será la última.
Solo me pregunto... ¿Donde deje el humor?
Siguiente: Mukuro o Hibari... Ya les toca a ellos. Aunque quizás primero escriba algo random y repita algún personaje ya mencionado aquí. Y con menos palabras que este LOL
¿Comentarios?
¡Y muchas gracias por sus comentarios 3!
