DICERIA
Warning: Angst
No es bonito.
No es agradable.
Espero no ofender a nadie.
Disculpen las molestias.
Pero era necesario.
Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.
Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORN y Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro.
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Cuando el río suena, agua lleva.
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°O° Verdaderamente, el hombre es el rey de los animales, pues su brutalidad supera a la de éstos °O°
...
Decenas de ojos – pequeños, grandes, acuosos, rojos… - furiosos y rabiosos se posaron sobre aquel individuo a la expectativa.
Sus pasos hacían un eco sombrío en aquella destartalada y sucia bodega.
Se detuvieron hasta que fue a pararse frente a ese pequeño ser tirado en el inmundo piso.
A diferencia de todos los presentes, sus ojos pequeños eran brillantes y alegres, aún con esa chispa de inocencia y entusiasmo; incapaz de algo más aparte de respirar dificultosamente, solo gimió pues no podía emitir sonido alguno ya. Pero de algún modo la pequeña criatura quería mostrar su alegría desbordada ante la presencia de aquel sujeto que lo veía desde lo alto. La mirada del moreno era indiferente a primera vista, pero para aquel pequeño ser era más que suficiente. Ya no podía moverse, apenas podía respirar pero quizás con solo la presencia de ese sujeto parecía que se había olvidado del cruel dolor.
Lamió con regodeo su mano cuando el hombre se agacho para estar a su altura. Él le acarició la cabeza con una mano mientras la otra le acariciaba el lomo y el pelaje ensangrentado. Sonrió, ese hombre le sonrió y el pobre animal gimoteó de gusto y movió aún así el lacerado rabo.
Fue la primer muestra de afecto y cariño que alguien le hubiese mostrado en su tortuosa vida. Él era esa persona que tanto había esperado, él era ese amigo que siempre quiso y nunca se había cansado de esperar, incluso hasta al final.
Hibari le susurró algo que solo la criatura pudo escuchar antes que esta jadeara por última vez.
Entonces…
...
...
¡CRACK!
...
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El piadoso y merecedor fin de un sufrimiento martirizado.
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...
°O°O°O°O°O°
Tsuna debía de admitir que había sido una muy esplendida comida a la que había sido invitado. Lástima que no podía decir lo mismo del anfitrión de la residencia donde estaba.
Pero negocios eran negocios. Y no era la primera vez que ocurría algo así.
— Hey, Vongola. He escuchado el rumor que tu travieso guardián ha vuelto a hacer de las suyas — comentaba el tipo mientras terminaba de firmar unos cuantos contratos, los cuales Tsuna le había traído personalmente para dar rápido pase a unos cuantos asuntos pendientes.
— Supongo que te refieres a mi Nube — respondió sin mucho interés ni sorpresa. Si el tipo quería molestarlo, no iba a poder, además tenía el estomago lleno y complacido. Además el rumor de lo que Hibari había hecho en su último trabajo se propago como fuego en la sociedad mafiosa, ya se imaginaba que no tardaría quién trajera –de mal gusto – el tema a tratar por sobre la mesa.
Hibari Kyouya era una bestia sin control que gustaba de la pelea, era la idea general, el rumor, el chisme. Muchos pensaron haber visto todo respecto a la fuerza y los límites de este hombre, pero el evento de hace un par de semanas había dejado a todos con la boca abierta.
El anfitrión soltó un suspiro exageradamente cansino y comprensivo.
— El mundo sigue preguntándose cómo es posible que lidies con ese sujeto, es evidente que sigue sus propias reglas. Aunque eso hace que uno nunca deje de asombrarse como puedes seguir teniéndolo bajo tu mando semejante… ejemplar. Yo que tú me cuidaría las espaldas, Vongola. — Ironizo — Yo diría que le apretarás bien la correa, no vaya a ser que un día te vaya a morder la mano — sonrió presuntuoso.
— Sé que es bastante especial, pero tampoco es la bestia que tilda todo el mundo — comento tratando de encubrir todo el hastío que sentía al hablar de ese tema. — La gente cree lo que quiere creer, no les consta del todo lo que se dice —
— No trates de encubrirlo. Todo mundo sabe lo que es él. Y lo que le ocurrió a ese vulgar grupo de la Toscana lo demuestra. Mira que excederse de tal modo contra esa inapreciable facción con tal saña; te lo digo, el demonio hubiera tenido más piedad de esos pobres diablos que la que tuvo tu guardián. —seguía comentando divertido el anfitrión, ignorando que cierto castaño no le quitaba la vista de encima, observándolo con cuidado.
— Peleas ilegales de perros. — continuó hablando. — Yo sé que no es un negocio de renombre y de baja categoría pero Pft! — resopló con socarronería — ¡No es la gran cosa…! — estuvo a punto de ponerse a reír ante lo inverosímil de la idea.
— ¿No es la gran cosa? —
El sujeto levanto la vista de los papeles instantáneamente al notar algo extraño en el tono de la voz del Decimo al hablar por fin.
Flavio sintió al instante un pavoroso escalofrío al encarar al otro mafioso al otro lado de la mesa. Se veía sereno, pasivo y con una excesiva calma.
Trago saliva. Andar en aguas aparentemente mansas era un peligro y su instinto aletargado le indico que debía irse con cuidado.
— Si. Es decir, hay mejores formas de ganarse el dinero sin ensuciarse tanto las manos y de forma menos repugnante. — le respondió tratando de no tartamudear. — Vamos Vongola, no sé porque tanto revuelo hizo tu guardián por ese corriente negocio, digo… solo eran unos cuantos animales callejeros hasta donde yo sé… ¿no? — Se explicaba con la voz ahogada y tratando de sonreír divertido — Todo mundo cree ahora, y no lo tomes a mal, pero tu Guardián de la Nube utiliza cualquier excusa para hacer de eso una masacre — y le costó trabajo que la sonrisa no le temblara.
Al susodicho Flavio casi le dio un infarto al corazón al ver que tras una incómoda pausa de incomodo silencio entre ambos hombres, de pronto se dibujó de forma muy escalofriante una sonrisa en los labios de Tsunayoshi la cual no se contagió en sus ojos. Fue tan drástica y perturbadora su mueca, como si hubiese si se hubiera formado de repente una grieta en una pared o una mala pincelada en un cuadro. Su sangre se heló.
— Así que… solo se trataban de unos simples animales, ¿Dices? — trato de sonar indulgente el castaño. — Ah, vaya… — se llevo sus dedos a los labios de forma distraída mientras desviaba la vista, pareciendo cavilar en algo. Cuando volvió a dirigir su atención a su acompañante, este olvido respirar de la pura tensión e incluso dio un brinquito en su lugar. — Mi estimado Don, en pos de nuestros buenos tratos le daré un muy buen consejo — le decía en un susurro, con una media sonrisa torcida en su boca y acariciando su labio inferior con su pulgar — Aquí entre nos, le suplico que no vaya a repetir esas mezquinas palabras en frente de mi Guardián de la Nube. Yo tengo un mejor autocontrol que él — se encogió de hombros — Pero de todos modos le sugiero no tiente su suerte — sonrió amablemente — Así que la próxima vez, ante cualquier eventualidad concerniente a él, me temo que no responderé por las consecuencias de sus actos. ¿Entendido? —
El pobre diablo trago saliva, no se había dado cuenta en qué momento la mano con la que sostenía el bolígrafo había comenzando a tiritar.
...
...
...
Tsuna salió de la residencia con paso firme y sin siquiera mirar atrás, con papeles bajo el brazo. Afuera Gokudera ya le esperaba con la limosina. Nora apenas lo vio aparecer y encendió el vehículo.
— ¿Otro desagradable encuentro, Juudaime? — pregunto preocupado Gokudera mientras le abría la puerta.
Tsuna suspiro rendido — La gente sigue hablando del mismo asunto de Hibari. No hay otra cosa de que platicar, me parece — confeso.
— Comprendo —
Tsuna miro curioso a su mano derecha por un instante.
— ¿Ocurre algo, Juudaime? —
— No, nada. — Pausa — Bueno, en verdad me he preguntado por qué no te has quejado, como sueles hacerlo, por todo el caos que causo Hibari en su último encuentro. Sabes la cantidad de problemas que nos causo con demás familias por que ese no era nuestro territorio, sin olvidar los gastos médicos y los problemas con la autoridad. Sin mencionar sobre el 'papeleo' que tengo pendiente aún por revisar. A estas alturas ya estarías blasfemando en su cara por ponerme en tantos aprietos y tanta carga de trabajo — sonreía Tsuna.
Gokudera desvió la vista — Justicia, Juudaime. Yo muy probablemente hubiera hecho lo mismo. —
Tsuna bajo la vista.
— Si, yo también. — Confeso — ¿Sabes? Algunas veces puedo comprender por qué Hibari es tan apático contra el mundo. —
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— ¿Qué es esto? — pregunto alguien rompiendo el silencio mortuorio que precedió aquel triste final. Con su tono burlón y nauseabundo, pregunto a nadie en particular. El lugar se había llenado de un momento a otro con más de una veintena de hombres bien armados y todos con la misma horrible expresión en sus rostros: burla, odio, hastío, indiferencia y apatía.
A su alrededor había jaulas, cadenas y el piso manchado de sangre. Los animales de alrededor los veían con miedo, con odio. Les ladraron y les gruñían en cuanto el primer sujeto hablo, sus fuerzas renovadas tras superar el hambre y peleas sin sentido, algunos cachorros solo se escondían temblorosos. Mostraban los colmillos y sus ojos chispeaban retadores. Curioso. Se dice que estos animales no odian, solo los humanos. Ellos aman, ellos sufren ¿Porqué no odiar? Ellos tenían todo el derecho.
Varios de sus captores azotaron entonces sus barras metálicas espantando a algunos de los animales mientras otros se reanimaban más.
— Pero miren a quién tenemos aquí. ¡Qué honor! El gran Hibari Kyouya del temido Vongola, aquí con nosotros. Realmente es decepcionante. Pensé que quizás para estas alturas, según los rumores, ya habrías acabado con nosotros pero observen. — Señalo individuo con sorna — Aquí está él, aquí entre esta suciedad, tomándose su tiempo para conocer a nuestras mascotas ¿Te interesa la mercancía? — y soltó una carcajada repulsiva que muchos de sus compañeros le siguieron.
— Mira que andar matando perros sin piedad. Entonces es cierto, eres una bestia con una inimaginable sed de sangre, ya nada le satisface. ¿Ahora vas por los animales? — se burlo otro.
— Hibari Kyouya, el mataperros — se burlaba socarronamente un tercero.
Todos los demás reían como idiotas.
La imagen del temible demonio que todos se imaginaban se iba por la borda al ver postrado allí al pelinegro, dándoles la espalda y sin siquiera prestarles atención, acariciando aún con gentileza el cuerpo maltrecho del pobre perro al cuál había le había roto el cuello apenas un momento.
El animal estaba muerto, pero se veía tan pacifico, como si durmiera tranquilamente a pesar de tener su pobre carne destrozada. Hibari ignoraba a estos individuos. No merecerían su atención basura de tan baja categoría, de tan poca valencia, de naturaleza tan repugnante. Él seguía acariciando al cadáver del pobre perro del cual solo recordaba su mirada compungida y aliviada a la vez, al ver que su fin estaba cerca. Era como si quién al final de su existencia, hubiera encontrado por fin aquello que tanto hubiese buscado en toda su vida. Aquel que se despide satisfecho. Dichoso animal en sus últimos momentos.
Hibird estaba inusualmente quietecito en su cabeza, de vez en cuando parecía que hipaba su pequeño cuerpecito ¿Sollozaba? Bien Hibird, bien. Tú eres una criatura muy por encima de estas basuras que no pueden sentir lo mismo que tú, refiriéndose a esos humanos de alrededor.
Kyouya miro a su alrededor a la docena de perros sueltos que hasta hace un rato lo miraban con regocijo, igual de esperanzados, viendo al compañero que ellos merecían tener a que esta horrible suerte. Habían mostrado su sumisión y respeto a su presencia, hasta que llegaron esos sujetos y hablo el asqueroso tipo que no paraba de decir estupideces, entonces los canes aún en su propia dolencia y daño, se volvieron hostiles. Sacaban fuerza de sus decaídos cuerpos para rugirles y gruñirles a esos que tan mal los trataban, que los usaban y disponían peor que basura. Aquellos perros que aún seguían en sus cajas trataban de liberarse, furiosos, lastimados. Los que apenas podían moverse, solo mostraban los dientes. Si un animal puede sentir respeto y simpatía por un humano, también podían sentirse indignados.
Querían justicia, querían venganza, querían libertad.
Querían paz. Querían otra vida. Otra suerte.
De pronto la Nube de Vongola dejo de acariciar al pobre perro que tenía en brazos; lo deposito con cuidado en el mugriento piso y de un instante a otro mientras se ponía de pie, todos los animales en el lugar guardaron silencio y algunos agacharon sumisos la cabeza al reconocer sin miramientos al Alfa supremo.
Demostrando lo inteligentes que eran, supieron que era el momento de callar.
Sin embargo, los otros animales, seguían con sus repugnantes expresiones. Hasta que fue muy tarde y notaron la mirada helada y el aura aplastante que provenían de Hibari.
— Kamikorosu — fue lo último que dijo Hibari justo antes de desencadenar su furia fría.
Qué vino después de eso.
Algo que recordar por muchos años venideros en cualquier sociedad.
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El tiempo sana las heridas. Y helo aquí contemplando los frutos de la espera.
Frente a él yacía uno de los perros rescatados de esa pesadilla. Echadito en su suave camita y aún con vendajes y parches allí donde los necesitaba tras su curación, aparentemente hundido en un apacible sueño. Pero Hibari sabía perfectamente que no era así.
Hibird se acerco a tímidos brinquitos al animal, pero este no respondió de la forma alegre y juguetona que tenía por costumbre los días anteriores.
Su nuevo amiguito, otro de hecho, ya no estaba aquí.
Al igual que varios, tristemente, la criaturita había sucumbido al fin por su triste vida, a pesar de todos los cuidados y cariño que recibían, de las terapias que todavía necesitaban.
Curiosamente varios de los perros habían soportado lo suficiente como para recibir sus curaciones, para ser limpiados, para ser cargados y abrazados, de ser acariciados y mimados, de ver a otros seres humanos viendo por ellos, de ser tratados dignamente. Aparentemente era lo único que esperaban antes de sumirse en un descanso eterno, sin asuntos pendientes en esta vida.
Sin embargo, Hibari sintió unos jalones en su pantalón que lo hicieron desviar su atención al piso, allí donde un par de cachorros felices lo miraban con ansias de querer jugar con él y meneando la cola como si no hubiera un mañana.
Cierto. Aún había cosas por hacer.
Aún había perros que podían y querían recuperarse, que querían experimentar otra vida y tomarían su gran oportunidad.
Tetsu apareció servicial a su lado para entregarle algunos reportes, incluyendo los gastos que aún hacía falta por hacer como por ejemplo: las operaciones, los medicamentos, la comida e incluso prótesis, algunos de ellos necesitaban de estas para poder seguir adelante. Entre los informes se hallaba también el informe médico de aquellas sabandijas responsables de todo esto. Si, no los había matado, seguían con vida… a duras penas en los hospitales donde estaban internados por tiempo indefinido. No los dejaría morir tan fácilmente, no lo merecían.
…
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…
La gente le teme, le huye. Hibari es una bestia que no conoce misericordia y disfruta del dolor que propicia. Es el rumor actual.
Pero a decir verdad, se dice que los únicos animales que pueden odiar, son los humanos. Y Hibari a la vez está lleno de todas esas malas emociones en su ser, alguna que otra de estás motivándolo en su existencia, supo reconocer.
Lo cual contradice aquella mala habladuría entorno a su persona y pocos se han dado la delicadeza de comprender y llegar a una justo juicio. Posiblemente pocos menos consideran la idea que el mayor horror es que en sí, hay peores bestias allá afuera.
Y que en realidad, él está más que dispuesto a traer abajo a esos seres.
La verdad es que él es un ser más compasivo y racional de lo que muchos no le quieren dar crédito, pues tiene también en su ser muchos buenos sentimientos.
Por eso el rumor de esta ocasión es que Hibari Kyouya no es una bestia, las hay peores y de verdad allá afuera…
Tenía que ser dicho.
