DICERIA
No me había dado cuenta que es la primera vez que una historia mía alcanza y rebasa la publicación de 10 capítulos. ¡Fiesta!
*cough cough*
Como sea. Espero que todos hayan pasado una amena temporada navideña y un buen inicio de año. No puedo desear más, soy un Grinch D:
Pero por eso traigo un capí larguiducho.
Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.
Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORN y Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro.
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Cuando el río suena, agua lleva.
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°O° La familia es un complemento nuestro, complemento mayor que nosotros, anterior a nosotros y que nos sobrevivirá con lo mejor de nosotros. °O°
...
Entraban tras los cortes comerciales y se escuchaba el incesante aplaudir de la gente asistente en el Foro de televisión, se dio la señal y las cámaras enfocaron al simpático set de uno de los programas de televisión más famosos en Norteamérica.
— ¡Bienvenidos de nuevo a todos nuestros televidentes! — saludo jovialmente una de las dos conductoras al dar inicio a otra sección del programa, con evidente placer y emoción.
— Por fin ha llegado la entrevista que tanto les hemos prometido, y es un placer para mi compañera y a mí, el presentarles nada más ni nada menos que a este astro del deporte. Señoras y señores, con ustedes ¡Takeshi 'El Samurái' Yamamoto! — anunciaba con pasión la otra conductora, mientras la audiencia rompía en aplausos y vítores en cuanto apareció en escena, el famoso nipón con su famosa y perfecta sonrisa.
Tras lograr apaciguar al jubiloso público tras un rato, y que incluso una de las conductoras por fin parecía lograr respirar y hablar al mismo tiempo sin ahogarse (por sentirse abrumada por semejante sex appeal del moreno japonés), se dieron los habituales saludos, chascarrillos y breves agradecimientos.
— Acaba de terminar la temporada y como todos hemos visto, un nuevo récord de bateo impuesto por ti, Takeshi-san — parloteaba una de las conductoras, un tanto exaltada y sin notar su mal logrado acento japonés en el –san que agrego al final de su nombre — Sin lugar a dudas, no hay quién pueda detenerte. ¿Son ciertos esos rumores que varios equipos están ofreciéndote cuantiosos contratos para final del próximo año? — preguntaba con mórbida curiosidad, fuera de profesionalismo.
— Pero, tenemos entendido que tu actual equipo te ha renovado el contrato para otros tres años con una sustancial mejoría económica ¿No es así? — comentaba la otra conductora, mandando una mirada de reproche a su compañera de trabajo por no comportarse debidamente con su invitado.
— Si, así es. Es cierto que son muy generosos los demás equipos en tenerme en tanta consideración, pero mi actual equipo es quién me abrió las puertas y me dieron la oportunidad de jugar, me han apoyado desde el inicio y les debo tanto. Además los considero muy valiosos para mi todos los muchachos y no los cambiaría por nada —
— ¡Vaya! Todo parece ir viento en popa, Takeshi-san — volvía a repetir su garrafal pronunciación la misma conductora acompañada de una sonrisa melosa, que más bien se antojaba depredadora. — Con una brillante carrera a futuro, incontables patrocinadores, dinero a manos llenas, popularidad y aceptación del público por tu intachable reputación, se podría decir que tienes cubiertas todas las bases en tu vida — jugaba con las palabras — Sin olvidar esa cara tan bonita… — decía melosamente.
— ¡Cierto, cierto! Entonces...¿qué es lo que sigue ahora en tu vida, Takeshi? — pregunto de pronto la otra conductora antes que su descarada colega siguiera coqueteando descaradamente con el invitado. — ¿Qué viene ahora? Es cierto que has alcanzado tus metas y prácticamente gozas de éxito en muchos aspectos de tu vida, pero tratándose de ti, muchos aseguramos que aún habrá cosas por luchar o cosas que quieras alcanzar ¿Hay algo más que desees? —
Yamamoto pareció reflexionar un momento — Pues tengo salud, amigos maravillosos, el apoyo del equipo y hago lo que más me gusta, realmente no creo pedir o anhelar algo más — sonreía indulgente y rascándose la barbilla, causando a más de una mujer en el foro suspirar de felicidad.
— Bueno, uno nunca ha podido dejado de pensar sobre cierto aspecto de tu vida, Takeshi-san, la única base no cubierta en tu vida y la que el jugador clave parece estar abandonado en la banca —
— ¿Oh, sí? ¿Cuál es? — rió curioso.
— ¡En el ámbito del amor! — casi chilló emocionada la conductora, la cual fue acompañada por los gritos y suspiros de la audiencia femenina — No es que no nos moleste que sigas siendo uno de los miembros del Top 5 de solteros más deseables internacionalmente, ¡pero la gente y tus admiradoras necesitamos saber si hay oportunidad de ocupar un lugar en tu corazón! —
Al ver que al parecer el invitado no captaba la idea, la otra conductora salió a su rescate, nuevamente — Lo que trata de decir mi compañera, es… ¿Cómo es posible que un hombre de tu porte, se siga manteniendo libre de cualquier relación o compromiso? Se te ha visto con una que otra actriz o modelo, incluso empresarias, pero jamás has llegado a nada serio, ni siquiera a anunciar alguna relación formal. Esto si bien hace feliz a tus fans que aún no has decidido sentar cabeza al comprometerte, no podemos evitar pensar si tienes en mente en algún momento… ¿Cómo decirlo? A futuro, Takeshi Yamamoto tiene en mente... ¿Formar una familia? —
Entonces, Yamamoto Takeshi, 'El Samurái', por primera vez desde que inicio la entrevista (de hecho, desde hacía un buen tiempo, siendo francos) parpadeo confundido ante la pregunta al ser tomado con la guardia baja y sin realmente saber que responder o como actuar por un instante.
¿Formar una familia?
. . .
¿Formar una familia?
Esas mismas palabras se repetía un hombre peliblanco, justo al otro lado del gran charco que era el Atlántico, quién había desviado su atención de la importante documentación que tenía entre las manos y justo ahora tenía sus ojos verdes clavados en la pantalla plana de su oficina, donde se veía el mismo programa televisivo. Gokudera Hayato, Guardián de la Tormenta, también se había quedado por un instante en blanco al escuchar esas palabras.
Debido a la diferencia de horarios entre Italia y EU, era ya noche y seguía trabajando en algunos informes en su oficina mientras checaba al mismo tiempo que su idiota colega no metiera la pata en televisión, escuchando a medias el programa que veía por televisión satelital. Claro, hasta que también escucho esa misma pregunta. Igual que Yamamoto, por un segundo se quedo viendo al vacío, hundido en sus propias respuestas, olvidando en estar pendiente en la respuesta que debería dar Yamamoto.
¿Formar una familia?
¿Ellos?
¿Hombres de la Mafia?
¿Con demasiadas obligaciones en las manos y peligro acechando por encima del hombro?
¡¿Pero que clase de pregunta era esa?!
Peor aún... ¿Qué responder?
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Cuando el nuevo Don de Vongola llegó y tomó por asalto al mundo de la mafia y a las autoridades internacionales… No, mejor dicho, cuando la Décima Generación arribo a Italia y tomó posesión de su cargo, como le correspondía, sucedieron infinidad de cosas que rompieron la norma.
Estos chiquillos, como solían refunfuñar los capos mayores y demás ofendidos, aquellos que despreciaban a base de envidia e ignorancia a la joven generación, decían que esos críos eran demasiado blandos, demasiado amables, con demasiado corazón y con demasiadas buenas intenciones.
Demasiado, demasiado, demasiado…
No sabían cómo tratar con ellos, porque no eran de la misma calaña que gran parte de los del bajo mundo. Si bien mantenían ese porte, orgullo y distinción del que siempre han gozado los líderes, de gente importante y poderosa, aún así para medio mundo, Sawada Tsunayoshi era demasiado buena gente.
El lado humano que mostraban ellos era tan desconcertante, que hacía desconfiar a unos y flaquear a otros.
Esto… esto que mostraban no era la mafia, no como la que conocían.
No como la que debería ser, la de sus inicios, no la que se torció en el largo camino.
Pero más que ellos fueran buena gente, que en verdad tuvieran corazones y ese lado humano del cual muchos se habían desprendido o habían dejado de lado en este oscuro mundo, lo que más le jodía a sus detractores y sorprendía a sus seguidores, era que tenían demasiado poder como para tirarlos de la nube en la que parecían estar flotando y destruir esa bendita aura de serenidad que los rodeaba.
Hasta cierto punto parecían inalcanzables, a otro magnánimo nivel, que no parecían personas normales. Bueno, no eran personas normales con todas sus excentricidades y lujos, demás rarezas y extrañezas.
En esa chocante burbujita de niños buenos. Ese bendito y odioso pensamiento fue muy compartido y odiado en sus inicios, cuando el mundo trataba de acostumbrarse a ese caos con patas, presencia y poder que eran Decimo y sus Guardianes. Pero fue un palmo de narices descubrir que a pesar de ser aún muy humanos, muy amables y con mucho corazón y sensibilidad, Tsunayoshi y los suyos también conocían otras terribles emociones y sensaciones, tan viles y mundanas como cualquier otro hijo de vecino.
Los niños con cara bonita, bajo ese amigable exterior (de algunos, que hay que aclarar) ya estaba bien curtidos en las malas jugadas del destino y a la crueldad del mundo. Conocían el sufrimiento, el miedo, el estrés, la desesperanza, la furia y resentimiento contra su prójimo.
El mundo por lo general no sabía cómo ni cuándo ellos tuvieron tal crecimiento y madurez tan rápido, siendo ellos aún tan jóvenes y bastantes ajenos al mundo mafioso hasta hacía tan poco.
Pronto se comprendió que eso los hacía mucho más temibles. Su humanidad los hacía fieros a proteger a los débiles, desprotegidos, acosados y a aquellos que eran su familia. Conocían las desdichas propias y ajenas y por tanto, hacían todo aquello en su poder para evitar esas desgracias.
Mientras unos creían eso, algunos aún trataban de darle lógica a su filosofía, otros simplemente aún lo negaban y pocos lo entendían, pero aún así existía un entendimiento en común para el mundo y era: Vongola no involucraba inocentes. No quería ver sufrir a los suyos.
Si bien muchos lo hacían por interés o conveniencia, pocos como Vongola lo hacían genuinamente por la noción de ayudar y proteger.
Entre que fuera una u otra cosa, todo esa indagación llevaba a otra razón mucho más encantadora y divertida. Que muchos no podían dejar de pensar y aventurarse a suponer.
Vongola era poderoso para protegerse a sí mismo y a los suyos, a quién lo necesitara, de hecho. Era muy receloso en ese aspecto.
Por eso para gran parte de la gente les era de curiosidad extrema si era tanta su preocupación por evitar sufrimientos o males innecesarios, ¿qué tanto serían capaces de hacer para evitarlos?
Incluso de… ¿no enamorarse?
Bueno, quizás en un mundo como en el que ellos vivían, enamorarse era algo tan etéreo y platónico, una mera idealización, dado el hecho que muchos matrimonios era arreglados, negociados o forzados.
Pero era una odiosa espinita la idea de que Vongola no aceptará tales términos con toda esa nobleza que despilfarraban. Era claro con quién quisieran pasar su tiempo y dedicación, a alguien especial, ciertamente era poner a dicha persona en el ojo del huracán.
Ser un punto vulnerable para algún miembro de la familia era un riesgo a todas luces. Vongola tenía demasiados enemigos. Algunos sabían usar la cabeza, otros no, y dejarles expuesto un punto sensible, tal y como comprometería una pareja sentimental, era como llevarse una pistola a la cabeza.
Muchos tenían entendido, por lo menos la gran mayoría, es que ninguno de ellos tenía intención de enamorarse o comprometerse ni casarse.
Tenían demasiado corazón como para exponer a un ser amado las penurias que conllevaría relacionarse con un importante y poderoso mafioso.
Porqué ellos eran niños buenos, amables y demasiado sacrificados, como siquiera pensar en su propia felicidad ¿Verdad?
Por eso era un mero rumor que todos ellos estaban consagrados a su trabajo y a su posición, poco importándoles el formar sus propias familias. De todos modos, como hombres (la mayoría de ellos), la idea de tener descendencia propia era algo no muy arraigado como lo sería en una mujer.
Claro, que la verdad pocos podían imaginarse que las cosas eran muy diferentes.
No es que alguien fuera a creer que tales individuos en verdad estuvieran interesados… ¿en tener su propia familia?
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Yamamoto se había quedado absorto por la pregunta e incapaz de responder, por un breve momento cayó en el set de grabación un tenso silencio, lo que hacía que toda fémina se mordiera las uñas de la pura angustia. Entonces el simpático y guapo moreno parpadeo rápidamente nuevamente como saliendo de un trance y en sus labios se formo una mueca alegre inmediatamente.
— Por supuesto ¿Por qué no? — respondió con total jovialidad, sugestión y convicción, acompañada de esa estremecedora y coqueta sonrisa que robaba suspiros, aquella similar a la del gato tras haberse comido el canario.
Pausa y entonces.
— ¡..POR..DIOS ! — trataba de decir la descarada conductora evitando, nuevamente, hiperventilar — ¿Es eso cierto? —
Takeshi ladeo la cabeza en un gesto adorable — No es mi prioridad por ahora, estoy con las manos llenas y con sus debidas complicaciones y riesgos pero… Es una ilusión, en lo personal. —
— ¡Vaya declaración, aquí en su programa, señoras y señores, ustedes lo han escuchado de boca del mismo Samurái! Nadie tenía idea de este aspecto tuyo. En ese caso, Takeshi ¿Será posible que ya exista alguien en mente? —
Ladeo su cabeza hacia el otro lado — Mm. Quizás —
— ¿Quiere decir que llegara el día en que El Samurái Yamamoto sentará cabeza? — rió la conductora — sabemos que eres hijo único, así que ¿Familia grande o pequeña? —
— Jaja, Aún no lo decido, no me corresponde solo a mí —
— Hay que admitir que será una pintoresca imagen el verte rodeado con tu o tus futuros retoños. ¡Mundo, prepárate! Pequeños y adorables pelinegros tomarán por asalto a todos —
— Pelirrojos — interrumpió el japones.
— ¿Perdón? —
— Que serán pelirrojos —
— ¿Cómo? ¿Porqué? —
Él se encogió de hombros — No sé… Me llama la atención, es un bonito color — sonrió inocentemente. Una sonrisa que hubiera hecho sentirse a Reborn.
— ¡Oh! ¿Nos quieres decir algo con eso Takeshi? Porque a menos que en tu familia haya ascendencia con ese peculiar color de cabello, la única opción que tendrías para tales resultados sería... ¡Que ella fuera pelirroja! —
Entonces los rumores que a este beisbolista profesional le llamaran la atención las pelirrojas ¿Era cierto?
— Oh pero… Pero hasta donde yo sé, debido al gen recesivo que poseen, es raro el caso de tener descendencia pelirroja ¿No es así? — pregunto consternada la chica.
— ¿En serio? Oh, bueno. Maa maa pero no se pierde nada con intentarlo , ¿no? Entonces supongo que habrá que intentarlo — hizo una pausa que causo que todas aguantaran la respiración — ... y mucho... — respondió muy quitado de la pena.
Entonces se escucharon los gemidos de sorpresa y exaltación, algunos chillidos de emoción, gruñidos y el parloteo incesante de todos aquellos que no podían creer lo que habían escuchado, no faltaba quién se había abochornado y quién se había desmayado. Todas las feminas pelirrojas del lugar se pusieron eufóricas mientras muchas castañas y pelinegras, rubias incluso, se veían decepcionadas o molestas.
Tardo un rato en regresar a la calma el set de grabación y continuara el programa sin más revelaciones demoledoras. También la gente tardo un rato en darse cuenta que una de las conductoras, la coqueta, estaba tirada en el piso por qué se había desmayado desde que que Yamamoto hizo su abierta declaración sobre los pelirrojos.
Nadie podría culparla, la pobre, demasiada emoción para ella y su corazón. Y a esta pelirroja (pintado, ya se veían aparecer las raíces negras en su cuero cabelludo, pero no por eso se sentía excluida por Yamamoto) curiosamente fue ignorada el resto del show tanto por el invitado y la otra conductora.
Cabía señalar que a partir de esa fecha, hubo una escases de tintes para cabello de todas las variaciones del rojo posibles y la gran demanda por este producto, dentro y fuera del país. Sin olvidar mencionar la cantidad de búsqueda de pelirrojos en los arboles genealógicos de muchas esperanzadas mujeres jóvenes y no tan jóvenes.
...
Gokudera chasqueó la lengua. El freak del beis y su estúpida respuesta. Se paso una mano por su melena y soltó un suspiro. De pronto escucho una risa y ahora el peliblanco frunció el ceño.
— ¿Qué es tan gracioso? – siseó de mala gana. La sonrisa de Shamal se ensancho pícaramente y el guardián se vio muy tentado de clavarle su bolígrafo en una parte noble y dolorosa de aquel odioso sujeto. El cretino aún no se largaba de su oficina desde hacía un buen rato y por más que lo ignorará o lo insultará nada más no se iba.
— Nada, nada — pero Gokudera solo seguía fulminándolo con la mirada en esperanzas de prenderlo en fuego. — ¿Qué? ¿No me puedo reír por lo atinado del comentario de tu amigo? Tch. Deberías dejar ser tan gruñón y ver el lado bueno de las cosas como él. — y la mirada del peliblanco se volvió asesina — Vale, ya. Que si sigues mirándome así capaz que te vas a provocar que un ojo te explote o quizás los dos; y entonces no serás capaz de admirar a tus propios retoños ¿eh? ¿También pelirrojos... o castaños quizás? — bromeaba el doctor.
La furia e irritación de la mirada de Hayato fue suplantada rápidamente por reproche.
— A eso has venido ¿no? — hablo por fin el peliblanco mientras regresaba a leer sus documentos.
— Yep. No me lo pude creer cuando lo escuche y vine inmediatamente a corroborarlo por mi propia cuenta —
— Debí de habérmelo imaginado — respondió de mala gana.
— ¿Entonces? —
— ¿Entonces qué? —
— ¡Oh, vamos chico! ¿Es cierto o no eso que se dice por allí? —
— ¿Si te respondo por fin dejarás de joderme? —
— ¡De aquí hasta mañana! —
— Tch —
— Ok, ok. No volverás a saber de mí hasta cuando te de una gripa, o cuando te mueras, lo primero que pase, palabra. ¿Entonces? —
Gokudera tardo un instante en responder — Sí —
Shamal abrió sus ojos tanto como su boca ante la afirmación, tardo unos instantes en asimilar la respuesta y después se puso a reir — ¡No puedo creerlo! ¿Tú? ¡No puede ser! Debe de ser un chiste, no, espera... Debió haber sido una orden del chico Sawada ¿no? ¡Porque de otro modo no veo como! —
Gokudera estampo las hojas que tenía sobre el su escritorio de muy mala gana y volvió a mal mirar a Shamal con evidente enfado e indignación.
— No seas imbécil, ¡Decimo jamás me ordenaría semejante cosa! —
Shamal le dedico una mirada especulativa — Pues permitir que La signora armonia, la casamentera del mundo de la mafia, te entreviste para buscar posibles candidatas para ser tu futura esposa, no es algo que tu hubieras buscado ¿o me equivoco? Tú, el responsable y ocupado mano derecha de Decimo Vongola... Es difícil de creer. — asevero.
Gokudera chasqueo la lengua y arrugo la nariz — Decimo no me ordeno nada, fue solo una petición como amigos — Shamal arqueó una ceja ante el comentario y su antiguo discípulo tardo en responder — Gracias a Decimo estoy aquí… Tengo un hogar, tengo amigos, tengo otra oportunidad para vivir, me saco de mi soledad y soy capaz de proteger y ayudar a muchos otros, mi vida tiene sentido y poseo un lugar al cual pertenecer. Ha hecho tanto por mí... — pauso — que no hay modo alguno en el que yo no le escuche, así sea la más mínima petición. —
— Incluso… ¿comprometerte con alguien a quién no quieras? —
El ojiverde gruño — ¡No seas idiota! — espeto — El hecho que deje que esa tipa me entreviste no significa que voy a aceptar algún compromiso. Además, esa mujer ha estado muy insistente con querer entrevistar a Decimo y todos los demás inútiles ultimamente, y sabes que a esa no se le puede decir no. Solo lo hago para apaciguarla un rato y deje de joder un tiempo. —
— Ooooooooooh ¿Eso significa que el pequeño Gokudera aún no busca sentar cabeza por fin? Pobre Lavina, supongo que la habría hecho muy feliz verte casado y hacerla abuela de un montón de críos tuyos — meneaba la cabeza decepcionado
— N-No es como si ya hubiera rechazado esa idea, es solo que aún no estoy preparado y aún estoy muy ocupado como para esas cosas — trataba de sonar normal el chico, aunque si uno prestaba atención podía ver sus rojas orejas bajo el pelo blanco — Por Tsuna estoy aquí, y nunca ha dejado de preocuparse de mí o todos los demás, de hecho, y el negarme algo como tener una pareja o enclaustrarme para siempre, es algo que no lo hará feliz a él tampoco. — seguía hablando el guardián sin darse cuenta de la afable y comprensiva sonrisa que tenía Shamal en su cara — No es un sueño muy descabellado, después de todo, como él dice —
Shamal suspiro complacido.
...
...
Quizás la idea de tenerlos como mártires era demasiado exagerada. Es cierto que Vongola no toleraría ni fomentaría sufrimiento alguno, todo aquello que pudiera ser evitado lo mayormente posible.
Que sacrificarían cosas importantes en su vida para la protección de otros.
Pero…
Pero, la posibilidad de tener una pareja, formar una familia y a la vez mantener su misión en la vida, su posición dentro de Vongola, era una de esas grandes excepciones en sus propias reglas que no estaban dispuestos a ofrendar.
Tenían derecho a ser egoístas, también.
Tenían derecho a ser felices.
Todo lo que tenían les había costado mucho. Por ende, conocían sus propias limitaciones y alcances.
Si ellos se decidían a proteger a ese ser amado, como a todo lo demás, tomando en cuenta que no estarían solos, cada Guardián y el mismo Decimo, estaban dispuestos a correr el riesgo.
De todos modos era un hecho para ellos, que aquellas personas que ya estaban con ellos, conocían su situación y los peligros diarios, no tenía que ser diferente con su pareja. Era la decisión de cada Guardián el comprometerse (algún día), pero era una decisión de dos, pues la otra persona debía de saber a qué se metía y no quedar en la oscura ignorancia, solo por que el otro creyera que era por su bien.
Una relación cimentada en la decisión de ambos, no tomada por solo uno de ellos lo que debía ser su destino. Apoyándose uno al otro. Esa era la idea de cada uno, por eso no descartaban su propia felicidad en tener su pequeña otra gran familia.
Y así aunque cada uno de ellos tuviera que pasar lista con La Señora Armonía, la bendita casamentera, no iba a implicar que también fueran a permitir que ella decidiera su pareja. Después de todo ella no era infalible, toda su experiencia algunas veces no era suficiente y el caso ejemplar de Dino les era un recordatorio grande que ellos mismos tenían que tomar sus propias decisiones y no depender de otros.
Ahora solo quedaba una cuestión:
Los Vongola no es que no tuvieran el valor y la ilusión para formar su propia familia, ni encontrar a ese indicado en su vida… Lo que les faltaba era el coraje para confesarse, comprometerse y dejar por fin la excusa de "Aún estoy muy ocupado" como para sentar cabeza.
Si, seguían siendo unos chicos tímidos en el fondo.
Admitamoslo, usualmente esta la idea de que estos jóvenes no quieren exponer a nadie más a los peligros que viven como mafia, sacrificándose a ser eternos solteros. Pero tienen derecho a ser felices ¿o no?
Posteriormente explicare más sobre el caso de Dino y la Señora Armonía aparecerá después.
Por ahora es todo, dulces sueños :D
