Bueeno pues aquí el segundo capítulo, espero les guste c:
Muchas gracias a Mary-chan por el Review, me hizo mucho ilusión recibirlo (:
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Había bajado ya la colina y las primeras casas se lograban ver, como también las primeras miradas curiosas que se asomaban por las ventanas. Sentía el peso de ellas en su espalda pero como siempre, las ignoraba. Desde siempre fue el centro de las miradas acusadoras y curiosas de grandes y chicos, pero de hace ya mucho tiempo que no les hacía caso alguno, pero aun recordaba su inocencia de niña de 7 años, su felicidad, su despreocupación, y su tristeza al momento que insultaron a su familia.
-Mira, mira es la niña de los pirata –dijo un pequeño niño de no mas de 8 años apuntando a una pequeña Yoko confundida, mientras le daba codazos a su compañero –Mi mami dice que son todos unos monstruos
-Mi mami dice que no me tengo que acercar a ella…–dijo el mas pequeño, y ambos salieron corriendo mientras reían de ella
A Yoko no le importo mucho, ya que su inocencia la llevaba a creer que le temían por la grandeza de sus padres, y de su hermano Hiromi, y claro está, de ella y de Rob, les temían a todos y preferían huir antes que enfrentarse a su furia, y con aquel alentador pensamiento siguió caminando con una gran sonrisa para ver si encontraba algún valiente que quisiera ser su compañero de aventuras, pero entonces escucho unas estruendosas risas tras de ella.
-Mira, mira la niña estúpida no se da cuenta que la acaban de insultar –Yoko se volteo y descubrió un grupo de tres muchachos de unos 12 años, y el que parecía el líder era quien había hablado, un muchacho alto y flacucho, de cabellos castaños y ojos negros, que llevaba un gran palo con él –Oye tu, niña estúpida –se acerco a su rostro y le mostró una desagradable sonrisa –¿Es cierto que tu padre es maldito monstruo asesino?
-No es un maldito monstruo asesino-dijo algo molesta por el insulto a Zoro –es un pirata –dijo con su habitual sonrisa inocente, que borro en el momento que escucho las estruendosas risas de aquellos niños
-Pues yo escuche que mato a muchos marines ¿Sabes? – esta vez se alejo un poco de Yoko y se volteo a sus compañeros –Y ¿Sabes que mas?, mi padre era un marine-se volteo y la miro con completo odio, y sin que ella pudiera reaccionar llevaba ya aquel palo de antes hacía su rostro y en último instante pudo ver que algo en su punta brillaba…
Abrió los ojos rápidamente e inconscientemente se llevo su mano a su ojo derecho donde dos cicatriz cruzaba su ojo, y sonrió con nostalgia, ya que no odiaba la cicatriz, sino mas bien como se la había ganado. Pero estaba segura que ahora ese torpe muchacho no sería capaz de hacerle nada, levanto su puño a la altura de la cabeza, sonrió y continuo su camino al mercado del pueblo más que animada.
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Ya había comprado todo lo necesario en el mercado para hacer una cena exquisita para ella y Hiromi, el también comía bastante así que tuvo que comprar comida para un arsenal, aunque tenía mas que claro que finalmente quien terminaría comiendo mas de los tres sería ella, mientras que Hiromi y Rob la mirarían raro. Pero no le importaba por que mientras mas feliz estaba, más comía. Se rió ante su propia aclaración.
Como ya había terminado todas las compras decidió marcharse a casa y ponerse a cocinar algo, pero fue entonces cuando vio una pequeña tienda de todo tipo de armas, que por alguna extraña razón no había visto antes, y en la vitrina se veían diferentes tipos de katanas, sus ojos se iluminaran tanto que parecía desprender estrellas por ellos, y sin poder contenerse corrió hasta la tienda.
Por dentro se veía un poco mas pequeña de lo que era debida a que estaba repleta de todo tipo de armas, espadas de todo tipo, hachas, martillos gigantes e incluso armas de fuego, pero como era obvio Yoko se dirigió directamente hacia las katanas. Comenzó a ver todas con gran admiración, pero hubo una que llamo poderosamente su atención, era una espada color azul mar, con un color escarlata en la empuñadura, muy similar a su cabello, y si uno veía concentrado el filo de la espada podía ver claramente las olas del mar. Era una espada excepcional, pero algo le altero levemente, no tenía funda donde guardarla.
No pudo seguir pensando en por qué no tenía funda, cuando una voz masculina le habla por detrás, muy cerca de su oreja, los cabellos de su nuca se pusieron de punta.
-Así que te interesa esta esplendida katana ¿eh?, tienes un gran gusto
Volteo rápidamente, encontrándose con un hombre alto un par de años mayor que ella, vestido con una pequeña camisa roja que llevaba abierta, dejando ver su muy bien trabajo cuerpo, tenía unos pantalones largos, con unas sandalias muy simples en sus pies, su cabello era café oscuro, y sus ojos eran la segunda cosa que le recordaba al mar, no solo por su color si no también por su profundidad.
Yoko simplemente se quedo mirándolo, estupefacta por que alguien se había atrevido a hablarle, y no con la intención de fastidiarla, y eso lo sabía por la brillante sonrisa que llevaba en su rostro.
-S…si, es una gran espada –se atrevió a responder le, sin dejar de lado su cautela, ya que esta situación por algún razón le daba mala espina
-Apuesto a que se la regalaras a tu novio, ¿Me equivoco? –la mira a los ojos, interesado en su respuesta
Ella debió simplemente darse la media vuelta y marcharse, ya que hace mucho aprendió a no relacionarse con la gente de este pueblo, pero lo que había dicho, le había molestado y no permitiría que ningún desconocido la menospreciara por ser una mujer.
-¿Qué acaso una mujer no puede saber ocupar una katana también? – le respondió enarcando una ceja
-Que va, es solo que no muchas mujeres se interesan en las luchas –llevo su vista hasta la espada
-Bueno, en ese caso soy diferente, mira tu que novedad –dijo irónica, él la vio sin ninguna expresión concreta en su rostro y eso, por alguna razón le molesto enormemente, pero sabía que no se tenía que meter en problemas así que no le hizo caso y simplemente dijo –De todas formas no tengo como pagarla así que no sirve de nada interesarme en ella, y ahora si me disculpas ya me tengo que ir
Ella ya comenzaba a irse cuando escucho que aquel desconocida le hablaba al dormido vendedor de la tienda.
-Oye viejo, quisiera llevarme esta –dijo señalando la espada
-¿Estas seguro? –bostezo abiertamente y se acercó a ellos –esa espada es muy antigua, e incluso está incompleta y además ni siquiera tiene filo, tengo otras que tal vez te interesen mas
Yoko que estuvo a punto de detenerlo, pero se quedo pasmada al escuchar que la espada no tenía filo, como era posible que una espada no tuviera filo si las espadas fueron creadas para cortar.
-No importa, la quiero igual –le sonrió de la misma forma que antes había echo, aquella sonrisa que le molestaba a ella –Son 150 berries ¿No?
-Que va, que te la dejo a 100 ya que solo sirve de decoración –dijo a la vez que le pasaba la katana en la manos
-¡Muchas gracias viejo! –metió su mano en uno de los bolsillos, pero en vez de sacar dinero, saco su mano vacía y se la coloco en el rostro del señor el cual desconcertado cayo el suelo
Yoko no se entero de nada hasta que ya estaba metida en todo el lio, él castaño la había tomado de la mano sacándola corriendo de la tienda y llevándola por diferentes callejuelas por las que ella nunca había andado, solo se detuvieron cuando ella espabiló y se dio cuenta de lo que hacía, soltó su mano bruscamente y se paró en seco. Él paro a unos metros de distancia y y coloco sus manos en sus rodillas recuperando el aliento a la vez que reía por lo que acaba de suceder.
-¿Es que acaso estás loco? –él le contesto con una risa mientras se acercaba a ella
-Mi nombre es Taishi, pero solo dime Tai –le extendió su mano libre a modo saludo –Un placer
...
Todavía no podía creer todo lo que había sucedido, esta mañana había bajado al pueblo para así comprar algo de comida para ella, Hiromi y Rob, planeaba ir y volver sin causar alboroto alguno, pero su error fue entrar a aquella tienda ya que desde ese momento todo salió mal. Se había visto envuelta en un robo de una espada que ni siquiera podía cortar, y para colmo al ser vista como implicada en el robo ya no podría volver a esa tienda nunca mas a menos que quisiera que la encarcelaran, lo cual no quería, luego con toda la conmoción y con la gran maratón que se dio al huir de la tienda con aquel Tai, se olvido de las bolsas en donde llevaba la carne, así que simplemente cocino todos los acompañamientos que le habían quedado, pero sin la carne su comida se veía pobre.
Se lanzo a la silla deprimida por el gran fracaso de cena que había conseguido, apoyo sus brazos en la mesa, se recostó sobre ellos, y sin darse cuenta cayó rendida a un profundo sueño mientras observaba la dichosa espada frente a ella.
No supo que había sucumbido al su cansancio si no hasta que una muy familiar voz le hablo muy cerca y con una pizca de gracia.
-Oye, que la mesa no es un lugar para dormir, mira que no quiero comer con toda tu baba en la mesa –Yoko abrió levemente sus ojos y enfoco su vista en el hombre que estaba frente a ella, era alto, fornido, con el cabello verde y con ojos azul oscuro, vestía con una camiseta gris, bastante simple, unos pantalones negro largos, unas botas bajas color negro, muy parecidas a las suyas, pero mas grandes y toscas, y llevaba una cinturón a tono con su cabello del cual colgaban 2 espadas -¿Te quedaras así todo el día o al menos saludaras?
-¡Hiromi! –grito Yoko al darse cuenta de a quien tenía en frente, lanzándose estrepitosamente a su cuello para abrazarlo
-¿Qué tal, hermanita? –dijo este acariciándole fraternalmente su coronilla -¿Pero que esto? –dijo en tono sorprendido y separándose de Yoko -¿Cambiaste tu dieta de solo carne?
Él la miraba divertido, pero para ella aquel momento tan agradable se había vuelto denso, ya que había recordado como en solo unos minutos había perdido toda la carne que había comprado, cómo se había convertido en ladrona y como consiguió una espada que ni siquiera tenía filo.
-Lo mas seguro es que se le olvido en alguna callejuela, con lo despistada que es
Volteo como un resorte hacía la puerta principal al escuchar la voz de quien la estaba fastidiando y casi cae al suelo por la sorpresa de encontrarse con un hombre alto, con cabellos verdes y cortos, con una cicatriz en uno de sus ojos, el cual estaba cerrado, con su típica vestimenta verde que dejaba ver su pecho surcado por una gran cicatriz y con sus tres espadas colgadas a un lado, llevaba los brazos cruzados, con una postura rígida, pero en su cara se podía ver una leve sonrisa de lado.
-Zo…Zoro… -avanzo unos cuantos pasos torpemente –¡Zoro! –grito a la vez que se lanzaba para abrazarlo a la altura de su cintura y se aferraba a él con fuerza
Zoro abrió su ojo bueno, sorprendido por el recibimiento y sin saber como reaccionar, ya que no estaba muy acostumbrado a tales demostraciones de afecto, y menos cuando se había pasado los últimos 6 meses solamente con Hiromi y entrenando arduamente, pero finalmente cedió ante al abrazo de la muchacha y le dio un par de palmaditas en la coronilla a la vez que sonreía abiertamente.
