Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
Tiempos felices
2
Palabras vacías
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Inspiró profundamente, conteniendo el aire en sus pulmones mientras oía -o al menos fingía hacerlo- al hombre que estaba a su lado.
— ¿Ino? ¿Oíste lo que acabo de decirte?— ella se sobresaltó ligeramente, enfocando la mirada rápidamente en su acompañante.
—Lo siento, ¿podrías repetirlo?
El joven abogado frunció los labios con desaprobación, pero acabó cediendo tras un largo resoplido.
—Nos tocó la juez Senju— dijo, revolviendo los papeles de su maletín— Eso es bueno. Nadie ha aprobado más trámites de divorcio que ella, así que no creo que tengamos inconvenientes.
Ino parpadeó, casi con incredulidad.
¿Así de fácil? ¿Eso sería todo? Tanto dolor, tanto sufrimiento, no estaba justificado.
— ¿Y eso será todo?
El joven volvió a resoplar.
—Casi. Lo más difícil siempre es agilizar los papeles definitivos. Con suerte, y muchos contactos, podremos conseguirlos en un mes. Y eso es decir mucho.
—Un mes…— murmuró, perdiendo la mirada en algún punto de aquella solitaria sala de espera.
—Todo saldrá bien— giró la cabeza al sentir una cálida mano sobre la suya, y alzó la barbilla, enfrentando los penetrantes ojos color ónix de su abogado— En poco tiempo, esto no será más que un mal recuerdo.
Ella siguió contemplándolo con atención.
Un mal recuerdo… ¿Sólo a ese se reducirían más de seis años de amor? Porque si algo hubo en su matrimonio fue, sin duda, eso: amor.
Aún recordaba perfectamente el día en que él había llegado a su vida.
Recordaba la mañana soleada, el aroma a café que siempre reinaba en su casa.
Recordaba lo enfermo que estaba su padre, por lo que, pese a que aquel era su día libre, tuvo que hacerse cargo del negocio familiar. Recordaba haber abordado el autobús 302 y bajado en el paraje Yamanote. Incluso, recordaba haber contado los pasos que tuvo que dar antes de llegar a la florería. Ciento treinta y siete, en total.
Recordaba haber estado sola toda la mañana; que nadie había entrado a la tienda ése día. Nadie, hasta que él apareció.
El tintineo de la campanilla de la entrada aún resonaba en su memoria.
—Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarte?— le había dicho al extraño joven de cabello rojo y apagados ojos verdes que había entrado en su tienda.
Él no lo sabía, pero era su primer cliente del día.
— ¿Ino? ¿Estás bien?— la serena voz de su compañerota regresó a la realidad.
Inspiró profundamente y forzó una de sus mejores sonrisas.
—Necesito ir al baño, ¿me disculpas?— él asintió en silencio, volviendo a revisar sus papeles casi de inmediato.
Ino caminó por uno de los corredores, con aires distraídos. Llegándose hasta los baños del juzgado, abrió el grifo y dejo que el agua corriera mientras contemplaba su reflejo.
Nada había cambiado. Aún era muy joven; su cabello seguía siendo largo y rubio, sus ojos celestes, y su cuerpo también era el mismo, con un poco más de curvas, claro, pero no había mayor diferencia.
Comenzó a preguntarse… si no era ella, ¿qué fue lo que había cambiado entonces?
¿Tal vez él? No. Él siempre fue el mismo; y quizá ése fue su mayor problema.
Suspiró, quitándose los anillos para meter las manos bajo el agua.
Sorpresa, aún conservaba el que él le había dado aquel día de septiembre, tres años atrás.
—Necesito que me ayudes con esos cactus, ¿podrías hacerme ese favor?
Ella le había sonreído como respuesta, sujetando uno de sus cuencos.
—Escarba la tierra, por favor.
Y así lo había hecho, llevándose la sorpresa de su vida el encontrar el pequeño y brillante anillo escondido en la tierra.
—Ino, sé que no es mucho lo que tengo que ofrecerte, pero yo te amo, y si me dejas, quiero intentar hacerte la mujer más feliz sobre la tierra… ¿quieres ser mi esposa?
Nunca se había sentido tan plena, tan completa como en ése momento. Y nunca volvió a experimentar nada parecido.
Intentar… esa era la palabra justa.
Tal vez, Gaara no lo intentó lo suficiente. Tal vez, fue ella quien no intentó que las cosas mejoraran. Tal vez, nunca debió intentar obligarlo a darle aquello que ella más anhelaba. Si él le bastaba para ser feliz, y ella a él, ¿por qué no pudo conformarse con aquello?
Porque no. Porque no había cosa que deseara con tanto fervor como aquello. Porque no quería sentirse vacía por el resto de su vida. Porque, aunque lo amara con locura, amaba más el sueño de formar una familia verdadera. Una como siempre quiso tener, y cómo sabía que él no había tenido.
Diferencias irreconciliables, como había oído decir a su abogado.
Finalmente, se secó las manos y volvió a colocarse los anillos, excepto aquel que la unía a quien ya no era suyo.
Salió por el mismo corredor por el que había llegado, y caminó lentamente hacia la banca que ocupaba su abogado, quien le sonrió tenuemente al verla regresar a su lado.
— ¿Estás bien?— él reiteró su pregunta, volviendo a tomar sus pequeñas manos entre las suyas. Ella contempló el gesto y luego alzó la mirada, sonriendo genuinamente a aquel hombre que conocía desde hacia tanto tiempo. Él dejó de lado sus papeles para evocarse sólo en ella, cosa que Ino le agradeció apretando su mano.
—Sasuke Uchiha…
Ambos se separaron casi de inmediato cuando aquel hombre de cabello gris se acercó a ellos.
—Hatake Kakashi…— contestó el moreno en el mismo tono parsimonioso, sosteniéndole la mirada al mayor, quien, casi de inmediato, se giró hacia ella.
—Ino.
—Kakashi— se saludaron con sus respectivas inclinaciones de cabeza, pero el abogado de inmediato volvió a girarse hacia el joven Uchiha.
—Vaya, en verdad no esperaba encontrarte aquí, Sasuke— comentó, sin malicia alguna— Creí que tú sólo llevaba los asuntos legales de tu padre.
El moreno alzó la barbilla, arrogante.
—Y no te equivocas. Pero mi título me permite encargarme de cosas como éstas también.
—No lo dudo— contestó el mayor, sonriendo—; aun así, un Uchiha jamás da puntada sin hilo— Y sin más se alejó, reuniéndose con la recepcionista para, al parecer, consultarle algo.
Ino miró a Sasuke, pero éste no le devolvió la mirada.
—Sasuke— musitó— No quiero quitarte tu tiempo— dijo con toda sinceridad— De seguro tienes asuntos más importantes que atender y…— el abogado la silenció con un gesto, apresando otra de sus manos entre las suyas, con extrema delicadeza.
—Te dije que iba a ayudarte a superar esto, y pienso cumplir con mi palabra.
Ella asintió, observándolo directamente a los ojos, pero su mirada de inmediato se enfocó en el joven que estaba detrás de su abogado, observándola fijamente.
—Gaara… lo que tú no puedas darme, es porque yo no lo necesito. Te amo, y te amaré por el resto de mis días. ¡¿Cómo te atreves a preguntar cosa semejante?! ¡Por supuesto que me casaré contigo!
Sin quererlo, sus ojos se cristalizaron.
Gaara sólo la contemplaba fijamente desde el otro lado de la habitación, sin hacer o decir nada.
Las rodillas de Ino temblaron, pero ella luchó por mantenerse firme, por más difícil que eso le pareciera.
Ahí estaba, al otro lado de la habitación, el hombre que tiempo atrás había amado, observándola desde la distancia, como si fueran dos simples desconocidos, coincidiendo en un mismo lugar por pura casualidad.
— ¡Tú eres el que no entiende! ¡¿Qué tiene de malo?! ¡Sólo te pido eso, nada más me falta para ser completamente feliz! Por favor, ¡no me lo niegues!
—Dijiste que lo que yo no podía darte, no lo necesitabas.
— ¡Entonces mentí!
— ¡Entonces yo también mentí, porque ya no resisto esto!
Cerró los ojos, y una lágrima silenciosa rodó por su mejilla.
Todo se veía tan distante ahora… tan lejano, pero no por eso menos doloroso.
No tenía sentido llorar, después de todo, ¿qué podría quedar para ellos debajo de las cenizas de lo que fue su matrimonio?
Secó sus ojos, alzando el mentón sin vacilación. Gaara seguía observándola, sin mostrar ninguna alteración en su rostro inexpresivo.
Odiaba eso. Siempre lo había hecho.
— Ino Yamanaka y Sabaku no Gaara.
Ambos se sobresaltaron ligeramente al oír sus respectivos nombres de boca de la recepcionista.
—Es hora, Ino— le dijo Sasuke, dándole espacio para que se pusiera de pie.
—Gaara— Hatake Kakashi hizo lo propio con su cliente, indicándole el camino con una mano.
Ino entró primera en el despacho de la jueza, en donde la mujer ya estaba esperándolos, sentada detrás de una enorme mesa de caoba.
—Siéntese, por favor, señora Sabaku— ella obedeció, y de inmediato, Sasuke se sentó a su lado, susurrándole al oído.
—No digas nada, sólo deja que la jueza hable y da tu opinión sólo si ella te lo pide— Ino asintió, alzando la mirada y notando que, probablemente, el abogado de Gaara estaba diciéndole esas mismas palabras en ése preciso momento.
—Bien, todos hemos sido convocados hoy para le mediación del caso Yamanaka-Sabaku no— comenzó la jueza, entrelazando los dedos debajo del mentón— Abogados, ¿no hay reconciliación posible?
Su pregunta quedó en el aire por varios segundos.
Kakashi miró a Gaara, y él miró a Ino. Sasuke miró a Ino también. Ella bajó la mirada.
—Dijiste que me amarías por siempre. ¿Qué fue lo que pasó?
—Y tú dijiste que intentarías hacerme feliz; te hago la misma pregunta.
—Pues parece que no lo logré.
—Entonces yo tampoco logré cumplir mi parte del trato.
—Aun así, te amo.
—Pero no lo suficiente.
Ino levantó la vista, mirando directamente a los ojos de Gaara.
Sí, lo amaba, y estaba segura de que él la amaba también.
Entonces, ¿por qué todo tenía que ser tan doloroso? ¿Por qué no simplemente podían amarse como cuando eran adolescentes, sin que nada ni nadie más importara?
Ino sabía que ése sentimiento jamás saldría de su pecho, pero a veces, amar no bastaba. A veces, amar hacia daño; era nocivo, cruel.
No había peros ni tal vez para ellos. Lo amaba, pero su amor no era suficiente.
Se acercó a Sasuke, susurrando en su oído. Gaara también lo hizo con Kakashi.
—No la hay, su señoría— dijo al fin el moreno.
—Por parte de mi representado tampoco, señoría— añadió Hatake.
La jueza asintió en consecuencia.
—Entiendo. La primera sesión para definir los términos y condiciones de la separación será el lunes a las 10:30. Se acabó la sesión.
Ino suspiró, sintiéndose confusa de pronto. Sólo fue capaz de sentir la mano de Sasuke tomándola por el brazo, ayudándola a caminar hacia la salida.
—Ya terminó— le dijo su abogado. Ella asintió, casi hiperventilando.
—Necesito aire— dijo mientras tomaba asiento y se abanicaba con una mano— ¿Podrías traerme agua?— él asintió, perdiéndose por una de las puertas laterales.
Ino respiró agitadamente, hasta que una botella de agua mineral se posó frente a su rostro.
—Aún sigues mareándote frente a una situación tensa. Eres en verdad predecible.
Gaara se había sentado a su lado, mirando hacia el frente mientras tendía la botella de agua hacia ella. Su esposa -¿o ahora ex?- aceptó el agua, bebiendo ansiosamente antes de hablar.
—Y tú sigues anticipándote a cada cosa que hago. También eres predecible.
Él sonrió de lado, emitiendo un pequeño silbido. Luego de eso, los dos se quedaron callados durante varios minutos, sólo uno al lado del otro, viendo ir y venir a los distintos empleados del juzgado.
—Y… ¿eso es todo?
Ino lo miró de reojo, encogiéndose de hombros.
Gaara frunció el ceño.
— ¿Esto acabará así, sin más?
Volvió a encogerse de hombros y suspiró.
—Supongo… que los tiempos felices terminaron.
Él chasqueó la lengua contemplando el suelo de parqué.
—Aún te amo— dijo de pronto, manteniendo siempre la vista al frente.
Ella ladeó la cabeza, sin girarse hacia él.
—Yo también. Pero a veces, el amor no basta para que dos personas sean felices…
—Pero a veces sí.
Ella no argumentó nada, y el silencio volvió a reinar entre ellos por un momento.
—Digas lo que digas, siempre seguiré amándote.
Aún sin mirarla, poco a poco extendió su mano sobre la banca, buscando la de ella. Cuando la halló, la apretó con fuerza, esperando que ella repeliera el gesto, pero no lo hizo.
Entrelazaron sus dedos y siguieron mirando hacia el vacío. Sin necesidad de hacer o decir nada. Sin necesidad de palabras vacías.
Se amaban, todo se reducía a eso.
¿O no?
Capítulo 2 terminado.
Sólo falta el epílogo.
Bien, sé que quedan muchas dudas, y que la historia solo da ideas vagas del verdadero conflicto, pero, esa era la intención; creo que no era esencialmente necesario explicar mucho más.
Solo haré UNA aclaración: Gaara NO es estéril, simplemente es de esas personas que no quieren ni se sienten capaces de criar hijos.
En fin, gracias por leer!
H.S.
