Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
Para Ellie.
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Tiempos felices
Epílogo
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— ¡Shin, no!— gruñó el hombre pelirrojo.
El niño rubio dejó de tocar las flores de aquella sospechosa planta, limpiándose las manos en la ropa.
—A ver, ven— Gaara sacó un pañuelo de su bolsillo y limpió sus diminutas manos— No queremos que tu mamá se enfade, ¿no?— el niño sonrió— Eso sería catastrófico.
Al lado de Gaara, Kankurō lanzó una sonora carcajada mientras se sostenía el estómago.
— ¡Vaya, hermanito!— exclamó, palmeando la espalda de Gaara— Que bien se te da eso de cuidar niños…— su hermano le dirigió una mirada de reojo, volviendo la atención de inmediato hacia el pequeño de cabellos rubios y ojos verdes que corría de un lado a otro— Y pensar que tú y Temari quieren que también me consiga uno de 'esos'— ironizó, señalando al pequeño Shin con el mentón. Gaara frunció él ceño.
—No hables de él como si fuera un perro— lo reprendió severamente— Recuerda que eres su tío y debes dar el ej…
—Sí, sí, ya entendí— lo interrumpió— ¡Oye, monstruo! ¡Ven aquí!— el niño se detuvo, acercándose a su tío— Que tal si dejas de recoger basura y te quedas quieto, y el tío Kankurō te da ésta reluciente moneda…— los ojos del pequeño centellaron de emoción al ver la brillante moneda que su tío le ofrecía— ¿Qué me dices? ¿Hacemos un trato?— él asintió, sin despegar los ojos del objeto metálico en ningún momento— Bien, amiguito. Ve a correr por ahí— le dio la moneda y el pequeño comenzó a retozar alegremente por todo el parque, corriendo hacia el arenero para sentarse en silencio mientras seguía contemplando su flamante moneda— Creo que criar mascotas humanas no es tan difícil— el mayor de los hermanos sonrió, desencajando mucho más a Gaara.
— ¡Kankurō!
— ¡¿Qué?! De acuerdo, ya cierro la boca.
Gaara negó en silencio, regresando la vista hacia el libro que sostenía sobre su regazo, alzando la cabeza de tanto en tanto para vigilar al niño.
— ¿Crees que deberíamos ponerle una correa al pequeñín?— preguntó Kankurō, curioso. Su hermano rodó los ojos.
—Eres un imbécil.
— ¡Oye! Yo sólo busco soluciones, señor amargado— exclamó.
—Ajá— Gaara volvió a bajar la mirada hacia su lectura y pretendió ignorar a su acompañante. El otro desvió la vista hacia la calle, guardando silencio un momento antes de volver a hablar:
—Tengo que regresar a la oficina. Los veo en casa de Temari y Sai esta noche.
Asintió con la cabeza, sin molestarse en alzar la mirada nuevamente. De pronto, una pequeña gota mojó la página de su libro; y solo entonces Gaara levantó la cabeza, observando como los pequeños copos de nieve caían lentamente, comenzando a cubrir todo a su paso.
— ¡Adoro la nieve! ¿Tú no?
—Creo que prefiero los climas cálidos.
Sonrió de lado casi sin poder evitarlo.
Eran tan diferentes…
Suspiró y volvió a dirigir la mirada hacia el arenero, comprobando que Shin estuviera seguro. Mantuvo la vista fija en él durante varios minutos. Su cabello rubio brillaba como oro bajo un tenue rayo de sol, y su pálida piel lucía casi tan blanca como la nieve, al igual que la suya.
Tan abstraído estaba contemplando al niño que no se percató de la persona que se había acercado a él por la espalda.
— ¿Gaara?
No pudo evitar sobresaltarse, pero de inmediato se le paralizó el corazón al reconocer su voz. Giró muy lentamente la cabeza, encontrándose con un brillante par de ojos celestes mirándolo.
—Ino…
Dejó el libro a un lado y se puso de pie, sin dejar de observarla. Lucía igual que aquella vez… tan serena, tan frágil… tan hermosa… como si su belleza no hubiera sufrido transformación alguna después de 5 largos años. Su largo y brillante cabello rubio seguía peinado de la misma y su mirada azulina parecía centellar.
Su primer impulso después de la sorpresa inicial fue acortar la distancia y abrazarla, pero se contuvo.
— ¿Cómo estás?— no hubiera querido decir eso, pero fue lo único que salió de su garganta.
Ino le sonrió, y Gaara se permitió perderse en aquel simple y hermoso gesto. Su sonrisa era clara, tan hermosa como la recordaba; como lo había sido siempre.
—Bien, yo…no sabía que vivías en la ciudad.
Él parpadeó varias veces antes de contestar.
—Me mudé hace poco. Con mi familia…
—Ah… ¿y cómo estás tú?
—Bien también…— respondió casi automáticamente; después de eso, un incómodo silencio se prolongó entre ambos, hasta que Gaara volvió a hablar, algo indeciso— Es… Es extraño volver a encontrarnos aquí, ¿no crees?
Ella alzó la cabeza y observó a su alrededor, abriendo los ojos con verdadera sorpresa.
Y rió. Rió con esa risa que Gaara creyó que sólo había existido en sus sueños.
—No lo había notado…— dijo Ino, risueña— Sí; sí es algo extraño encontrarnos en el mismo lugar donde fue nuestra primera cita...
Otro silencio incómodo.
Él volvió a mirarla fijamente, y sus aburridos ojos verdes se llenaron de emociones. Sintió el peso del mundo sobre sus hombros, tal y como había sucedido aquel día. No podía evitarlo. Aún seguía sintiéndose culpable por lo que había pasado; por no haber mirado a Ino a los ojos y haberle dicho a tiempo cuanto la admiraba, cuanto la necesitaba, cuanto la amaba… Sentimientos contradictorios bullían en su interior.
Volvió a mirarla fijamente. Quería decírselo; decirle todo y quitárselo del pecho. Quería creer que el tiempo podía curarlo todo y que sus errores podían ser perdonados.
Quería creer, aunque solo fuera por un momento, que nada había cambiado.
Tenía miles de cosas que decirle, pero Ino fue más rápida:
—Bueno, fue lindo volver a verte…— le sonrió por última vez; ya no con aquel amor incondicional que le demostraba años atrás; más bien, le sonrió como si fuera alguien más, un viejo amigo al cual se encontraba casualmente en la calle.
Eso bastó para que el peso sobre sus hombros aumentara.
Ino volteó y comenzó a alejarse ante la atenta mirada de Gaara. Él sólo la contempló, incapaz de hacer o decir cualquier cosa, cuando de pronto, una oleada de valentía lo invadió. No estaba dispuesto a dejarla ir. No de nuevo. Deseaba besarla una vez mas, rodearla con sus brazos y esa vez jamás dejarla marchar…
Se adelantó para alcanzarla, pero cuando estuvo apunto de lograrlo sintió como si algo se quebrara en su interior… un niño se aferraba con fuerza a la mano de Ino; un pequeño, con sus mismos ojos azules, su mismo cabello. Y junto al pequeño estaba un hombre joven, de porte elegante y ligeramente desdeñoso, esperando por ella con otro pequeño en brazos.
Gaara dejó de respirar. Nuevamente, un sinfín de sentimientos lo invadieron; tristeza, reproche, enojo, y una inmensa agonía lo asfixiaba… Sin embargo, Ino volteó una última vez hacia él, sosteniendo al niño con sus mismos ojos en brazos, para despedirse con gesto; un simple ademán, pero él ya no estaba prestándole atención a ella, pues el hombre que la acompañaba posó sus profundos ojos negros sobre su persona, y Gaara le sostuvo la mirada. Lo recordaba; ¿cómo no hacerlo? Sabía que él también lo había reconocido, lo supo por su gesto cargado de superioridad y triunfo. Y, por un segundo, intercambiaron miradas desafiantes, hasta que Gaara desvió el rostro, compungido.
Lo entendía todo.
Ella volvió a acercarse, con el niño en brazos y una radiante sonrisa en los labios.
—Éste es mi hijo mayor, Itachi— dijo. Gaara sólo la contempló como si nada de eso fuera real— Y ellos son Sasuke, mi esposo, y nuestro hijo pequeño, Inoichi.
—Ah…
El mundo se derrumbó a sus pies. ¿Qué podría decirle ahora?
Había imaginado ese momento durante años, imaginando un millón de posibles escenarios, pero ninguno parecido a ése.
¿Acaso era tan grande su soberbia que jamás le hubiera permitido imaginar que Ino reharía su vida? Tal vez así era.
—Ho-Hola— musitó débilmente, con una voz que no era la suya. El hijo de Ino lo contempló con el pequeño ceño ligeramente fruncido, al igual que su padre.
Gaara nunca había sido un cobarde, pero tenía lo único que deseaba en ese momento era salir corriendo de aquella escena. Desaparecer y seguir siendo sólo un mal recuerdo en la memoria de aquella mujer que tanto lo había amado. Una oleada de alivio lo invadió cuando sintió algo vibrando en el bolsillo de su chaqueta. Le hizo una seña a Ino y atendió su teléfono.
— ¿Diga? Ah, claro. Estamos en el parque. Iremos enseguida; no te preocupes… sí, también yo. Adiós.
Tras cortar esa llamada, la realidad volvió a golpearlo. Aun así, pretendió que Ino y su familia no estaban allí y se giró hacia el arenero.
— ¡Shin! ¡Tu madre quiere que regresemos!— gritó. El pequeño se puso en pie y corrió hacia él de inmediato, escondiéndose detrás de sus piernas para observar a los desconocidos.
Gaara alzó la mirada una vez más y encontró a Ino mirándolo a él y a Shin, dichosa, hasta que se oyó un ligero sollozo infantil.
—Ino— gruñó Sasuke Uchiha, moviendo al bebé de cabello oscuro que sostenía entre sus brazos para calmar su llanto. Ella lo miró y asintió.
—Debemos regresar a casa— le dijo antes de caminar hacia su familia, dejar a su hijo mayor en el suelo y volver a caminar hacia Gaara, abrazándolo con fuerza— Me alegro de que hayas podido rehacer tu vida— le dijo, antes de romper el abrazo y echarle una rápida mirada a su propia familia— Así como yo hice con la mía…
Gaara asintió, más confundido que satisfecho.
— ¿Sabes qué? Me gustaría tener muchos hijos…
— ¿Por qué? Sabes lo que pienso al respecto, Ino.
—Pero sabes que adoro a los niños…; además, así podríamos tener una verdadera familia… ¿no lo crees?
—No los necesitamos… yo soy feliz teniéndote solo a ti.
—Pero algún día querrás tenerlos…es decir, ¿no te da miedo sentirte solo?
—No mientras tú estés conmigo.
Por un segundo se perdió en un recuerdo lejano. En aquellos tiempos felices que tan distantes veía ahora.
— Tío Gaara, ¿estás bien?— La suave voz de Shin lo regresó bruscamente a la realidad— ¿Estás triste?
Gaara cerró los ojos y negó con la cabeza. Sus ojos estaban húmedos, pero ninguna lágrima caería de ellos. ¿De qué serviría llorar?
Miró a su pequeño sobrino y sonrió mientras le removía el cabello.
—Estoy bien, Shin.
—Pero te ves muy triste— insistió el niño.
Gaara volvió a sonreírle y tomó su pequeña mano con la suya.
— Pasará. No debes preocuparte… Ahora vamos a tu casa. Tus padres están esperándonos.
—Está bien. Cuando lleguemos, le diré a mamá que te prepare galletas de chocolate, así tu tristeza se irá más rápido— dijo, rodeándolo con sus pequeños brazos por la cintura.
Gaara sonrió.
Tal vez no había rehecho su vida, pues jamás había encontrado a otra mujer como Ino. Tal vez jamás fuera a tener una familia propia, pero le alcanzaba con el amor de su pequeño sobrino y sus hermanos.
Tal vez los tiempos felices jamás regresarían, pero eso no era importante, porque, aunque él no fuera parte, Ino al fin tenía lo que siempre había querido.
Ya nada más importaba.
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Fin
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Qué les pareció? Un tanto pesimista para mi gusto, y tal vez de un mensaje poco esperanzador para algunos pero fue así como me lo imaginé.
Espero sus review!
Gracias por leer!
Besos,
H.S.
