.

.

.

2

Setenta años

.

.

.

—¿Kagham? – preguntó con la voz rota por el sueño. Ningún enano se atrevía a moverse y realizar un sonido que lo alertase. Se sentó con desgana y comenzó a frotarse los ojillos con los puños cerrados — ¿Kughan? – llamó de nuevo, alzando la cabeza y mirando a su alrededor confuso.

Bilbo vio el momento exacto en el que el niño se dio cuenta de que no estaba en su casa. Los ojos se le llenaron de lágrimas y el labio inferior empezó a temblarle.

—¿Undad? – volvió a llamar. Bilbo no entendía ninguna de las palabras que el niño pronunciaba pero por la cara de pánico que tenía supuso que estaba llamando a su familia— ¿Adadinh? – preguntó en un susurro desesperando, estallando en llanto ante el silencio que le contestó.

Bilbo desvió la vista del niño y la pasó por los enanos. Todos tenían la vista fija en el pequeño que berreaba asustado. Hasta Dwalin, el fiero guerrero, parecía asustado. Y Thorin... el inmutable rey enano parecía al borde del colapso.

—Que alguien lo calme – pronunció despacio en voz baja —. Que alguien lo calme antes de que atraiga una horda de trasgos sobre nosotros.

Separándose del grupo, Bifur se acercó al niño con rapidez. Bilbo no estaba seguro de que el extraño enano fuera su mejor baza, pero para su sorpresa levantó al niño con suavidad y comenzó a mecerlo con un sonido rítmico. Kíli seguía llorando, repitiendo una y otra vez la palabra "kagham". Sin alterarse lo más mínimo, el extraño enano rebuscó en su bolsa y movió frente al rostro del niño una pequeña figura tallada.

La atención del niño acabó por centrarse en la figura y aunque siguió llorando un poco más quedo, aceptó el juguete.

Ákmînruk – susurró.

Con un gesto brusco y sin apartar los ojos de la familiar estampa, Thorin atrajo la atención de todos los enanos y retomó el camino hasta el claro.

—¿Es seguro dejarlo con él? – preguntó Bilbo seriamente preocupado por los dos enanos.

Bofur se encogió de hombros, despreocupado.

—Bifur es muy tranquilo en realidad. Fabrica juguetes, ¿sabes? Son muy bonitos. Mientras Kíli no intente apuñalarlo, Bifur se mantendrá tranquilo.

Alterado por la tranquilidad del enano, Bilbo miró una vez más hacia el pequeño y su niñera antes de desaparecer detrás del resto de la compañía. Un niño podía hacer daño sin proponérselo y, por mucho que Bifur, tuviese buena intención, no le parecía del todo seguro.

Respirando profundo, Thorin preguntó:

—¿Alguien puede explicarme qué ha ocurrido? Y de manera clara y lineal, por favor – añadió al oír a Bofur diciendo "puff" otra vez a sus espaldas.

Bilbo se volvió hacia Balin mientras Ori volvía a referir la historia punto por punto.

—Perdonad... ¿qué dijo Kíli?

—¿Os gusta aprender lenguas, señor Bolsón? –Preguntó con educación en respuesta. Sorprendido, Bilbo asintió recordando los días en los que, refugiado en la comodidad de su hogar, estudiaba las lenguas y los mapas a través de los libros – Porque vais a ser el primer no-enano en oír nuestra lengua en muchos siglos.

—Entonces Kíli solo... ¿solo habla lengua enana? – preguntó sorprendido.

—No estoy seguro de la edad que tiene, probablemente comprenda la lengua común. Al menos, la mayor parte. Pero lo que diga, lo dirá en khuzdûl. Es tradición que un familiar les hable desde bebé en la lengua común para que la vayan entendiendo, aunque tardan unos años en ser capaces de producirla. Ya que toda la comunidad les habla en su lengua y estos familiares les contestán a sus preguntas, sin corregirles, no empiezan a hablarla hasta los seis o siete años. Nuestros niños no suelen abandonar su hogar hasta que aprenden la lengua común perfectamente.

Bilbo asintió, comprendiéndolo todo. Y entonces se le ocurrió algo. Lo primero que un niño asustado decía al despertarse en mitad de la noche, la primera persona a la que llamaría si estuviese perdido en un sitio desconocido.

—¿Khalam significa...?

Kagham –corrigió Balin con una sonrisa llena de paciencia. La lengua enana sonaba dura a su oído. Llena de oclusivas y glotales que parecían recordar el sonido de los martillos sobre la piedra – significa "madre" y Kughan, "padre". Me parece, señor Bolsón, que vais a oír más khuzdûl estos días que en lo que le queda de vida.

Bilbo asintió, interesado. Al menos, volvía a pisar terreno conocido. Las lenguas tenían reglas y patrones, eran bastante más sencillas que todo lo que ocurría en su vida en los últimos meses.

Sin embargo, la misión ya resultaba agobiantemente peligrosa sin tener que cuidar de un niño pequeño. Porque si de algo estaba seguro era de que vigilar al pequeño Kíli le iba a tocar a él. Todos parecían tener un rol en la compañía. Todos menos él. Así que probablemente se convirtiese en la "niñera". Él, que los únicos niños que conocía eran los hijos de sus vecinos. Ni siquiera había tenido sobrinos con los que jugar. No tenía ni idea de niños.

Suspiró, volviendo a centrar su atención en los enanos. Thorin había dejado de pasear y observaba las estrellas.

—Supongo que no iríamos muy desencaminados si suponemos que tiene que ver con la chica.

—Una maldición. ¡Es un embrujo! – protestó Dori frotándose las manos nerviosos y echando la mano hasta agarrar a Ori, en un vano intento de asegurarse del estado todavía adulto de su hermano pequeño.

—De eso no cabe duda. La pregunta es dónde está el mago cuando lo necesitamos.

—Debió embrujarlo cuando lo cortó –distraído Fíli alzó la mano hasta rozar el corte que la mujer le había hecho en el cuello. A penas había sangrado, no había sido tan profundo.

—Examinamos el cuchillo y no parece tener nada extraño. Tal vez algún veneno mágico o las palabras que pronunció. Ya sabía yo que no teníamos que haberla ayudado. Si nos hubiéramos quedado al margen, el bebé sería el orco y no nuestro compañero.

Irge, irge... Las palabras de la mujer daban vueltas en su mente.

—Por cómo lo decía no creo que significase otra cosa que "atrás" –añadió el hobbit – Sería lo que yo gritase si estuviese tan asustado como ella –confesó recordando el tono imperativo de la mujer al hablar.

—Sea como sea – interrumpió Dwalin —, no podemos ir a la montaña con él en ese estado, Thorin.

—Al dragón no le hará falta ni cazarlo, bastará con que aspire y volará directamente hasta su estómago. O a sus pulmones. Lo bueno es que cuando expiré saldrá con la misma facilidad.

Todos se volvieron hacia Bofur, imaginando la escena. Por el tamaño y el peso que debía tener, ciertamente podría volar hasta el interior del dragón si este respiraba un tanto fuerte.

—Tal vez debiésemos volver –propuso Balin consiguiendo que todos los enanos protestasen–. Tal vez en Rivendel puedan ayudarle. Ninguno de nosotros tiene ni idea de cómo revertir el embrujo.

—Te has vuelto loco si crees que voy a confiarle la seguridad de mi sobrino a un elfo. Aunque nos ayudase una vez. No me fío de ellos.

Bilbo tenía sus dudas sobre la maldad que podía esconder el corazón de Elrond así como de las posibilidades que había de que el rey elfo hiciese daño a un niño, pero si algo había aprendido era que la mayoría de los enanos odiaban a los elfos y que su cabezonería era incluso mayor que ese sentimiento. Pero, sin Gandalf cerca, era el único que podía encontrar la respuesta al nuevo acertijo. Y, por la acogida que les había prestado, nada hacía suponer que fuese a herir a un pequeño niño enano.

—Pretendes llevarle a Erebor, entonces –concluyó Balin Intentando hacerle ver la locura de la situación.

—Mi hermano se moriría antes de perderse los salones de nuestros antepasados.

—Tu hermano no sabe más de Erebor que algún que otro cuento antes de dormir. Y eso si es capaz de recordarlo. No sabemos si el embrujo también le afectó a la memoria – puntualizó el viejo enano.

Ignorándolos, Thorin fijó su atención en Balin. Lo miró retador y aunque no dudó en afirmar que seguirían para adelante, Bilbo pudo ver la duda y el miedo brillando en la mirada que intercambiaron.

—Continuaremos. Nos dirigiremos a la ciudad de hombres, allí intentaremos reunir información sobre la mujer. Pase lo que pase, seguiremos adelante.Y esperaremos que el mago nos alcance. Estamos lejos de donde cayó la mujer y su cuerpo probablemente fuera arrastrado por la corriente. Fíli, tu estabas cerca de Kíli cuando la examinó, ¿recuerdas algo raro? ¿Algún emblema o signo...?

El enano meditó un segundo antes de contestar.

—No. Era una mujer normal, parecía una mujer normal. Llevaba ropas de montar de cuero sobre la ropa, tenía el pelo corto, sin cicatrices ni emblemas... Como cualquier aldeana de una aldea de hombres.

—¿Alguien recogió el cuchillo?

Nori dio un paso al frente, tendiéndole el cuchillo envuelto. Thorin lo examinó con el gesto torcido. Había algunas marcas en el borde del mango, pero estaban gastadas y parecían simples accidentes.

Decidieron encaminarse a la aldea más cercana. Tal vez allí pudiesen averiguar algo.

Cuando regresaron al campamento, Kíli había dejado de llorar. Alzado por los brazos del enano, palpaba con mucho cuidado el hacha incrustada en la cabeza, siguiendo la forma del oxidado metal con las yemas de los dedos. Bifur se dejaba hacer, meciéndolo con cuidado, con una enternecedora reverencia.

El niño alzó la cabeza al oírles acercarse. A la luz del fuego, Bilbo fue capaz de verlo bien. Era la primera vez que estaba tan cerca de un niño enano. En altura eran parecidos a los niños hobbits, aunque eran más anchos y pesados. Contrariamente a lo que pasaba cuando eran adultos, tenía una cara jovial y alegre libre de todo vello facial.

—¿A qué edad os empieza a crecer la barba? – preguntó con curiosidad.

—A la mayoría, entorno a los diez u once años, aunque algunos ya nacen con una pequeña. A Kíli le tardó un poco más.

Thorin dio un paso al frente y cuando la luz crepitante del fuego lo iluminó, un cambio radical se operó en las facciones del niño. Los ojos se le iluminaron y su pequeña boca se abrió en una gran sonrisa.

Adadinh! –gritó tendiendo los brazos hacia Thorin y echándose hacia delante – Adadinh!

Fíli torció el gesto con una sonrisa resignada. "Supongo que no me reconocerá" susurró para sí mismo. Bilbo memorizó la palabra "adadinh" suponiendo que el significado más probable era "tío". Algunos de los miembros de la compañía parecían incómodos con la presencia del hobbit y, cada vez que el niño repetía la palabra, le lanzaban nerviosas miradas.

Thorin apoyó la mano sobre la cabeza, revolviendo los mechones morenos, haciendo reír al niño, el cual había perdido cualquier rastro de miedo. El enano no sonreía pero el niño parecía habituado al gesto serio del adulto. Con cuidado, Bifur le pasó el peso del niño y se alejó tranquilo mientras Thorin susurraba al pequeño en khuzdûl. Bilbo miró a todos los enanos, atentos a la conversación. Cuando hablaba, las frases de Thorin tenían una entonación ascendente, parecida a la forma de hablar de los hobbits al hacer preguntas. El niño contestaba mecánicamente, con gesto aburrido, mientras giraba entre sus dedos la pequeña figura.

—¿Qué tienes ahí, Kíli? – Preguntó por fin en lengua común, suspirando cansado — ¿Qué te ha dado Bifur?

Ur doh – contestó enseñándole el regalo. Aunque contestaba en su lengua materna, Balin tenía razón y el pequeño parecía entender bastante bien la lengua común.

—¿Bifur te ha regalado un caballo? ¿Y qué le dijiste?

Ákmînruk –contestó volviendo a jugar con el pequeño caballo que Bifur le había regalado, haciéndolo galopar por la frente del enano. Bilbo miró con curiosidad al enano que, algo alejado, observaba al niño. ¿Por qué llevaría juguetes encima? – Urfen kir ku'? — preguntó señalando al grupo.

—Son amigos.

—Ur menu shirumund kir! – chilló emocionado mirando fijamente al Hobbit. Todos los enanos estallaron en carcajadas mientras Thorin le daba una cachetada en el culo llamándole la atención.

—¿Se puede saber quién te enseñó eso? – le riñó con una paternal sonrisa que desentonaba en aquel rostro severo y que hizo rejuvenecer al enano. Por toda respuesta, el pequeño alzo la mano y señaló con toda la seguridad que tenía a Dwalin quien alzó las cejas divertido.

—¿Qué me ha llamado? – preguntó con curiosidad.

—Lampiño –confesó Ori riendo avergonzado. Para los enanos, un pueblo orgulloso de su barba, llamar a alguien "lampiño" debía ser un horrible insulto supuso el mediano.

—Él es un hobbit – el niño lo miró confuso, sin comprender la palabra —. Ur sill burm. Un mediano. Discúlpate por lo que le has llamado.

Birashagumi

—Acepto tus disculpas – aceptó con una sonrisa al ver la educada reverencia del pequeño.

Dándole un beso en la frente que lo hizo reír, Thorin se agachó junto al fuego y tumbó al niño en el sitio donde había estado durmiendo. Lo tapó con cuidado y, dejándole la mano en ademán protector sobre el pecho, esperó paciente mientras el niño seguía hablando de su caballito de madera hasta que poco a poco volvía a quedarse tranquilamente dormido.

—¿Recuerda algo? – preguntó Balin cuando el enano se incorporó tras asegurar la fina manta entorno al cuerpo del pequeño por segunda vez.

—Nada. Recuerda estar en casa con Dís y despertarse aquí. Le he dicho que, como siempre insiste en que quiere venir, lo hemos traído .

—Thorin, ¿qué vamos a hacer?

Esa era la pregunta del millón. ¿Qué hacer? Tenía la esperanza de que Kíli hubiese mantenido sus recuerdos, a pesar de que el hecho de que se despertase en mitad de la noche llamando a su madre era una pista demasiado clara como para mantener la ilusión. Pero su memoria había retrocedido setenta años atrás. Definitivamente, no podían entrar en la Montaña Solitaria con él en ese estado.

—No nos queda más remedio. Tenemos que seguir adelante. No podemos perdernos el día de Durin, es nuestra última oportunidad. No sabemos cuándo se repetirá. Si nos retrasamos quién sabe cuándo podremos volver a intentarlo. Si el mago no llega a tiempo, tendremos que buscar una niñera.

—¿Y si no sobrevivimos? – Preguntó Fíli en voz baja, verbalizando los temores de todos los enanos — Ya no quedan enanos tan al este. Nadie viajará hasta casa. La niñera que contrates no se ocupará de él una vez se le acabe el dinero. ¿Quién se ocupara entonces de él? Es demasiado pequeño como para valerse por sí mismo.

—Sobreviviremos –afirmó con seriedad, aunque a veces algo dentro de él lo dudaba – y encontraremos una cura para tu hermano.

.

.

.

Gracias por leer este segundo capitulo de No tengáis miedo. La historia es un clásico en el fandom, espero llevarla bien y que os guste. He de decir que me he reído mucho escribiendo los diálogos de Kíli, es lo que tiene la formación profesional, que me dan cuatro diccionarios de khuzdûl y me lo paso bomba desarrollando el lenguaje. He dudado hasta el último momento si facilitaros o no las traducciones de los diálogos de Kíli y al final he decidido que no. Partís del mismo conocimiento que Bilbo. De todos modos, si queréis puedo poner la traducción al final de la historia.

Gracias a Spain-Love04, Kagome-Black y Oceans-Lady por sus reviews.

Hasta el siguiente capitulo!

Oceans Lady — A mí me cuesta leer los fics largos por la misma razón, así que, si notas que decae en cualquier momento, no dudes en decírmelo. Me harías un gran favor!