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Niñeras
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Un par de horas antes del amanecer, Bilbo se despertó al sentir un dedo apretándole repetidamente la mejilla. Abrió los ojos, confuso, encontrándose con los dos grandes ojos infantiles observándole muy de cerca. Pestañeó relajado antes de volver a abrirlos asustado. No era una gran idea encontrarse a nadie a menos de treinta centímetros de sí mismo. Cuando fijó la vista en las pupilas del niño, este dio un salto y se alejó asustado.
Bilbo se sentó frotándose el pelo y volvió a guardar a Dardo en su vaina antes de que el pequeño atacante se fijase en la espada. El niño se había sentado sobre sus rodillas y lo miraba con los ojos muy abiertos, entre asustado y sorprendido. Thorin apoyado contra la roca, cerca de donde se suponía que debía estar su sobrino, dormía profundamente. Oín y Gloin pasaban su turno de guardia jugando a las cartas. Lo miraron de reojo y lo saludaron con un gesto vago.
Bilbo sonrió al niño con una sonrisa amistosa que desterró el miedo y acrecentó la curiosidad infantil. Kili se echó hacia adelante, observándole atentamente con el ceño fruncido y los mechones de pelo cayéndole desordenados por delante del rostro.
Alzó la mano y llevo su índice hasta tocar la punta de la nariz del hobbit, que esperó paciente, bajo el intenso reconocimiento infantil.
—Ur sill burm menu shiriumd kir – afirmó en voz baja, volviendo a tocarle la mejilla curioso. Gloin tosió intentando disimular la risa y Bilbo reconoció algunas de las palabras del día anterior. "Sill burm" lo había llamado Thorin al explicarle su naturaleza y él había pronunciado algo parecido a "menu xirmun" al llamarle lampiño. Las consonantes se mezclaban en su oído, pero el niño hablaba despacio pronunciando las palabras con cuidado permitiendole recordarlas. Kili, sin la rígida vigilancia de su tío, era libre de observar aquel extraño ser tan diferente a los enanos que conocía – Ur sill burm or. Adadinh aggîn sanu-natu sill burm elgram, grumbaki et ozirum seleku kir ni urfen din kir. Khagam agrî menu uf. Khakum menú sill burm rukhas kûrd?
Por la ascensión del tono y la mirada curiosa que le lanzó el niño, supuso que le acababa de hacer una pregunta. Aunque no la hubiese entendido. Pero el niño esperaba quieto, observándole fijamente.
—No he entendido nada de lo que has dicho, Kili – confesó mientras Gloin volvía a reírse con fuerza y le daba la razón al niño. Dudaba si preguntar o no el significado de la más que posible impertinencia del niño, pero la expresión de sorpresa del rostro infantil desterró la posible pregunta de su mente.
—Ki-li – pronunció despacio señalándose a sí mismo. – Un Kili –repitió volviendo a señalarse – Kherum uf ûrk? –al ver que el extraño no entendía, volvió a señalarse a sí mismo y a repetir su nombre antes de volver a pronunciar la palabra "kherum" muy despacio.
—¿Cómo me llamo? –entendió por fin el hobbit – Bilbo Bolsón– pronunció con claridad imitando los gestos infantiles. Repitió su nombre antes de pronunciar el suyo tocándole en el pecho.
—Bil...bo – pronunció con dificultad e ilusión, feliz de que entendiese lo que preguntaba – Bilbo Blusón – canturreó feliz.
El niño volvió a hablar relajado y confiado, sacando de entre sus ropas la pequeña figura que Bifur le había regalado y se la mostró pronunciando despacio la palabra "doh". Bilbo admiró el delicado caballo de madera, sorprendido de la artesanía de la que había sido capaz el enano. Bifur con su mirada perdida, sus gruñidos incomprensibles y sus arranques violentos, había resultado un misterioso artista.
El sonoro bostezo de Fili al despertarse atrajo la atención del hobbit pero no del pequeño que seguía hablando feliz. Sentado y mirándoles divertido, el enano rubio sonrió resignado. Poco a poco, el resto de enanos fueron despertando y Bombur comenzó a preparar el desayuno.
—Bilbo, ¿estás entendiendo algo de lo que dice?
—No mucho. Por no decir nada – confesó observándole jugar— ¿Doh significa...?
—Caballo – tradujo saludando con un gesto al pequeño cuando lo miró durante un segundo, pero el niño, al comprobar la familiar raza del nuevo extraño, rápidamente perdió interés.
Mientras los observaba, Fili se rozaba la herida distraído. Thorin los miró sin acercarse y, cuando el niño se dio cuenta, dejó de jugar e intentó correr hacia él pero, tropezando con el largo faldón, cayó hacia adelante. Vestido con la larga camisola que utilizaba cuando era un enano adulto, parecía mucho más pequeño de lo que era en realidad. Él mismo se había remangado con dificultad las mangas, pero las faldas eran otro tema. Fili lo incorporó con cuidado.
Bombur se acercó con el primer cuenco de comida mientras Bofur se apresuraba en repartir el resto. Se lo tendió con una sonrisa oculta bajo su barba rojiza.
El niño le sonrió y, sin coger el cuenco, miró expectante a Thorin quien, tras mirarle un segundo, se volvió a Balin con gesto preocupado. La expresión del niño cambió al momento y, volviéndose hacia el enano pelirrojo, agarró con cuidado el cuenco, intentando no volcar su contenido. Dwalin, suspirando cansado, se sentó en el suelo junto al niño y, quitandole el cuenco de las manos, lo sujetó frente a él.
—Ákmînruk —susurró con un pequeño esbozo de sonrisa que no llegó a brillar con la misma intensidad que la anterior.
Bilbo miró al niño preocupado. Debía estar esperando algún gesto de aprobación de su tío, pero el estoico enano parecía haberse distanciado durante la noche. Ni siquiera, le había dirigido una sola palabra.
Sin embargo, Dwalin, el hosco, le tendía el cuenco con paciencia, mientras, con estudiada lentitud, el pequeño introducía un dedo en la caliente sopa y se lo llevaba a la boca. Volvió a hacerlo, mirando de reojo al enano. Pero el guerrero no reñía, como parecía esperar el niño, solo lo observaba con una mueca distante.
—Como no le riñas –lo interrumpió Fíli —, hará eso hasta que se acabe el cuenco.
—¿Y si se lo llevamos así a tu madre? Seguro que a la pequeña Dís le hace ilusión. Se pasó media vida diciendo que crecíais demasiado rápido –bromeó el enano. Era la primera vez que Bilbo lo oía hacer un chiste desde que lo conocía.
—¿En serio quieres volver a pasar por la fase "¿cuándo vuelve Padre?"? –recordó Fíli con una cansada sonrisa – Creo que tu también aguantaste alguna que otra llorera.
—No... mejor que no – recordó con un mohín. El enano se giró hacia el pequeño y una sola mirada bastó para hacerle reír y agarrar con cuidado la cuchara en un intento de llevarse no mucha más comida a la boca.— Hablando de eso... ¿por qué demonios veníais todos a esconderos a mi casa? No es que yo os ofreciera un hombro en el que llorar, precisamente.
Ori y Fili intercambiaron una mirada y ambos rieron antes de contestar al unísono:
—Nos dabas galletas.
Bilbo observó al enano rubio. Intentaba disimular la preocupación, pero Bilbo veía la palidez que intentaba disimular. No podía ser solo preocupación por su hermano pequeño.
Ponerse en camino con el pequeño Kili supuso toda una odisea para la organizada compañía. Bofur lo había sustituido en las labores de exploración y desaparecía adelante junto con Fili para explorar. El niño, intentaba caminar al lado de Thorin, pero sus cortas piernas no conseguían abarcar la misma distancia que las del enano y la mayor parte de las veces terminaba caminando a la altura de Ori y Bilbo, arrastrando los pies agotado y aburrido. Otras veces, se separaba del grupo, repentinamente atraído por algo novedoso y llamativo, y se detenía a agacharse a observar una flor. El páramo verdoso por el que paseaban debía ser muy diferente al rocoso de las montañas azules.
Cuando algo resultaba excepcionalmente novedoso corría a buscar a Bilbo y lo llevaba de la mano a observar la novedad, hablando rápido e incomprensiblemente para el hobbit.
Ori, amablemente, traducía algunas de las expresiones más comunes, mientras resolvía las dudas que le surgían. El joven enano hablaba emocionado, contento de encontrar a alguien que compartiese su pasión por las lenguas.
Unos tirones a su ropa atrajeron la atención del enano.
—Shulk — pidió sin soltar la ropa. Con una sonrisa, Ori rebuscó en su bolsa pero sacó su odre vacío – Shuuuulk — volvió a insistir el niño.
—¿Tienes agua? —le preguntó al hobbit y este se apresuró a sujetar el odre para que pudiera beber.
—Aquí tienes. Shulk – pronunció con dificultad.
El niño bebió hasta saciarse y le agradeció con una educada reverencia. Bilbo recordaba los modales de los enanos al comer (cada día tenía un recordatorio de ello), sin embargo, parecían tener un estricto código a la hora de presentarse y agradecer.
—Le habéis caído bien –le dijo Nori cuando descansaron al mediodía. El enano miraba como el niño comía torpemente del bol que Fili le sostenía delante. Puede que aceptase jugar con el resto de los enanos, pero cada vez que Bombur preparaba algo de comer, corría a buscar a su tío aunque siempre acababa siendo recogido por otro a pesar de la clara decepción del pequeño—. Nuestros niños suelen ser bastante desconfiados, pero tú le has caído bien.
Pero Nori no era el único sorprendido. Se suponía que los enanos eran malhumorados y tercos, pero todos cuidaban del pequeño con paternalista afecto y no menos preocupación. Oín no dejaba de examinarlo cada poco rato, para comprobar que no seguía volviéndose cada vez más pequeño o que no había ningún otro efecto secundario al embrujo. Y Dwalin se dejaba hacer tranquilamente cuando al niño aburrido le apetecía trenzarle el pelo. Sin embargo, Thorin se mantenía distante. Cuando el niño estaba entretenido, Bilbo lo descubría mirándolo de soslayo, atento a cada uno de sus movimientos. Sin embargo, no dejaba que se produciese ningún acercamiento entre ambos.
—¿Habíais oído hablar alguna vez de un embrujo como este?
Dwalin negó comiéndose el último pedazo de carne de su plato. Balin y Ori se acercaron.
—En toda mi vida oí hablar de un pueblo con semejante poder.
Según conoció Bilbo, pocos enanos eran tan aficionados a los libros como Ori. El joven enano, el más joven de la compañía, había compartido con Kili su poca maña con las armas, con la gran diferencia de que si bien el enano había resultado diestro con el arco y, poco a poco, había ido consiguiendo manejarse con la espada, él no había conseguido encontrar aún su arma ideal, así que se había refugiado en los libros y las historias. Se había convertido en el escriba oficial de la compañía. Incluso enanos como Dwalin, para los que las habilidades militares resultaban fundamentales, lo apreciaba y cuidaba de él como si fuera uno más de sus hermanos. Bilbo estaba seguro de que cualquier enano de los presentes cambiaría su mano derecha por poder ayudar a su amigo. Incluso aunque fuese a través de los cuentos y leyendas.
—¿Habéis guardado el cuchillo? – Preguntó Thorin acercándose mientras Kili jugaba con Bifur, intentando agarrar el hacha de su frente—. Según el mapa hay una ciudad más adelante. Si nos damos prisa, podremos llegar al anochecer.
Recogieron en silencio, enjuagando cada uno su plato. Incluso el pequeño intentó ayudar a Bombur a lavarlo, a pesar de que consiguió tener más agua sobre su ropa que en su plato. Con un suspiro, Dwalin lo llamó con un gesto y el niño corrió hacia él soltando el cuenco. Tropezó varias veces y se cayó de morros frente al enano.
Se levantó y lo miró con el rostro lleno de tierra. Con un suspiro, el malcarado enano se agachó y agarrando la camisola de Kili, se la ató a la altura de la rodilla. Al menos así podría correr sin caerse. Intentando ayudar, Fili le recogió los despeinados mechones en una torpe coleta.
—Adadinh naragul kir kûrd? — preguntó con tristeza cuando Thorin se volvió a alejar de él.
Fili lo miró sorprendido y lo levantó en brazos con facilidad. El niño se dejaba hacer, con la mirada baja y las manos jugando con la camisola. Le dio un suave cabezazo para llamar su atención, pero el niño no alzó la vista.
—Thorin —habló— no está enfadado contigo, Kili. Solo está un poco preocupado. Pero no está enfadado contigo. ¿Lo entiendes?
El niño asintió pero no contestó. Pasandole el niño a Gloin, continuaron avanzando.
Cargando al niño, podían avanzar algo más rápido.. Bofur y Fili habían desaparecido, bastantes metros adelante del grupo, con la esperanza de ver el perfil de la ciudad de hombres en el horizonte. Gloin cargaba con Kili dormido en brazos. La comitiva avanzaba tranquila, sin alterar el plácido sueño del niño.
Con un gesto brusco, Gloin dejó a Kili en el suelo, que despertó confuso.
La quietud del grupo se rompió por el aullido de un huargo y, cuando Bilbo desenvainó, el brillo azulado de Dardo iluminó al grupo.
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Aquí tenéis el tercer capítulo: Niñeras. Gracias por leerlo. En estos capítulos iniciales ha transcurrido bastante poco (este ha sido de transición pura y dura), pero en el siguiente la acción se acelera un poquito. Lo prometo. Y, como siempre, cualquier crítica es bien recibida.
Gracias a Kagome-Black, AliciaMalkavian, Ocean Lady y Spain-Love04 por vuestros reviews.
