SIGO VIVO! ¿No es increíble? Pero bueno, un nuevo episodio sobre la muerte, a continuación…

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5. El sepulcro blanco

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"Había una mesa de mármol que presidía la escena…Hagrid había depositado el cadáver con extremo cuidado sobre le mesa…"

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Snape caminaba rápido por los caminos del colegio. Sin pensar, entró en los patios buscando la tumba de Dumbledore. No sabía porque iba, no tenía nada que hacer allí pues tenía el retrato en su despaño, y nunca había creído en visitar tumbas sin vida en cementerios. Pero allí estaba, apurado para llegar frente al blanco monumento.

Finalmente logró llegar hasta la cima de la colina, donde solitario se alzaba el mausoleo. Lleno de flores de colores alrededor, y con una placa nueva sobre el camino, la tumba parecía demasiado inmaterial. Se acercó a un más en la oscuridad, hasta estar lo suficientemente cerca como para leer las tarjetas que sujetaban los pétalos.

"Estamos con usted" "Fieles a Dumbledore" "El señor oscuro caerá"… Esos eran solo algunos de los mensajes que dejaron allí, sin saber Snape como había logrado esquivar todas las defensas del castillo. En ese momento quiso quemar todo, si Voldemort lo veía seguro que caería; pero no podía, el no podía acabar con aquella esperanza que el mismo debía guardar para levantarse cada día y fingir ante los mortifagos.

Tomó entre sus manos una rosa especialmente colorida, era rojo sangre. Se quedó viendo allí cuanto se habían arriesgado para intentar mantener viva la ilusión de la victoria, algo que en las noches de sueños ni el era capaz de hacer. Con ella entre sus manos, quedó allí viendo el tiempo.

- ¿Muy hermoso, verdad? -le habló una voz desde su espalda.

Severus ni siquiera volteó. No parecía escucharlo. La sombra lentamente se acercó hasta salir de la espesura del bosque y quedar junto a Snape, parado en el claro, con al luna creciente bañando su mirada. El joven de pelos rubios estaba parado allí, con los ojos rojos, delgado y pálido.

- No debería estar aquí. -le recordó Snape con voz seria sin apartar la vista de la tumba.

- Usted tampoco.

Ninguno respondió nada. Draco parecía sumido en la culpa; desde hace meses que intentaba escapar de la locura y el dolor de aquella guerra, pero poco a poco se veía arrastrado por los errores de su padre, y la agonía de su madre. Era como Severus, sufriendo contra toda su voluntad.

- ¿Funcionará? -le preguntó el joven.

- No lo se. -respondió el pelinegro, al tiempo que dejaba la flor donde estaba.- Pero tenemos que confiar en así será. Es la esperanza de librarse de todo esto.

Draco no contestó, dejándose llevar por la luna otoñal. Simplemente quería desaparecer. Con el tiempo, justo cuando la luna estaba en su cernid, el joven regresó al castillo sin hablar con nadie, sin decir otra palabra. Severus se quedó allí hasta el amanecer, contemplado la tumba inmaculadamente blanca.

Si. Tenía que funcionar. Todo ese plan debía salvarlos. Porque el estaba cansado de sufrir, el mundo estaba cansado de la locura del señor oscuro. Aquel plan debía funcionar, porque era su última esperanza de paz, su esperanza de borrar la culpa por la muerte de Lily.

Sin decir nada, también se fue. Sabiendo lo que tenía que hacer: su última jugada desesperada para ayudar a Harry Potter…