Disclaimer: Rumiko es la unica afortunada, ella es dueña de todo y no quiere compartir a Inu conmigo. Ufa... (pose de caprichosa total)XD.

Sale el sol.

Capítulo I: dos caminos.

Sus ojos dorados destellaban al sol rojizo de la tarde, tomo el último sorbo de café y dio un vistazo por las ventanas. Estiro los músculos de sus brazos sin levantarse de su asiento y suspiro. -Unos meses más y pierdo mi libertad.- pensó en voz alta y sonrió al mirar la foto de su prometida. La piel nívea contrastaba con el negro cortinado de cabello y los ojos chocolate opaco. Las líneas de su rostro eran casi perfectas, entremezcladas en un sobrio equilibrio. Las cejas enmarcaban sus ojos calculadores y daban pie de inicio a una pequeña nariz respingada. La atención del muchacho se desvió a sus labios rosados, suaves y amables. Un sabor dulce se deslizo por su boca.

Busco la suavidad de su aliento, después de semejante confesión de sus sentimientos. Llego hasta ella y presiono con ligereza sus labios. La calidez de su roce no tenía comparación en este mundo, trataba de hallar alguien en su memoria que lo besara igual; pero no había tal imagen grabada en él. Ella tenía una inocencia, ingenuidad e inexperiencia que hacían más sutilmente deseable ese encuentro.

Volvió la concentración a su rostro. Líneas puras, algo infantiles, las mejillas suavemente sonrojadas, su cabello negro matizándose con el sol en el punto más alto del cielo. Podía notar su nerviosismo en sus brillantes ojos chocolate, que lo observaban con cierta admiración y deslumbramiento.

Sacudió sus pensamientos, esa chica no era su prometida. Habían pasado cuatro largos años desde su último encuentro. -Mi primera novia.- sonrió con amargura. El ácido del doloroso recuerdo se desparramo por su cuerpo. Era inexorable el daño que le hacía sacar a relucir lo que ella había significado para él en esa etapa de su vida. La esperanza de que el amor existía se la había devuelto lentamente, pero también se la había arrebatado en un abrir y cerrar de ojos. Tenso la mandíbula intentando recuperar la compostura, eso ya era pasado. Él era feliz y se iba a casar con la mujer ideal, que todo hombre desearía.

-Inuyasha, vamos que se nos hace tarde.- aviso un joven de azules ojos. Sin meterse en la oficina. Al notar que el susodicho no presto atención, ingreso y le dio un golpe en la nuca. -Ahora que tengo tu atención...- Inuyasha lo observaba con tanto odio que parecía que lo iba a matar -...vamos a llegar tarde a la reunión.- sonrió estúpidamente a la mirada asesina de su amigo.

Suspiro rendido, por más que lo matara a golpes no le iba a sacar lo idiota. Necesita que Miroku naciera otra vez y tal vez con suerte se le arreglaría. -Está bien, vamos.- se levanto de la silla giratoria y salieron de la oficina.

-o-o-o-o-o-

El vestido calaba su cintura con tal naturalidad que parecía una segunda piel. El suave bronceado de su cuerpo resaltaba con el blanco color de sus ropas. El cabello negro caía sobre su espalda descubierta enrulándose con gracia en las puntas. La sonrisa en su rostro destellaba como pequeños diamantes. Ningún hombre podía apartar la mirada de su angelical rostro y su atrevido escote. Sin embargo ella no le daba ninguna importancia.

-Mmm... riquísimo- sonrió con plenitud para sus amistades. El trago de alcohol empezaba a hacer estragos con su cordura. Choco su copa con la de su amiga. Se veía calmada y alegre, pero su interior estaba hecho una tormenta. Rebozaba de alegría, se sentía feliz de volver a pertenecer a algo tan habitual como una reunión de ex-compañeros de secundaria.

-¡Hay que bailar!- hablo una muchacha a su oído con la voz más alta que pudo. El lugar estaba atestado de gente y la música era muy fuerte como para que se escuchara hasta la luna.

-¡Me parece que vienen a buscarte para eso!- respondió y señalo a las espaldas de la chica, que no entendió a que se refería -¡Miroku viene a buscarte, Sango!- explico y la mencionada se sonrió. Tomo de un solo sorbo su trago y se encamino hacia él para arrebatarle un beso.

Se dio la vuelta, considerando que una mirada curiosa menos les daría más privacidad. Sus dedos acariciaron el filo de la copa de cristal con dejadez y poca importancia, como si tratara de perder el tiempo. Apretó los labios en una fina línea, se sentía un poco mareada. El ruido empezaba a aturdirla.

-¡Hola!- una voz ronca y tersa se escurrió entre todo el alboroto hasta sus oídos. Se dio la vuelta, atónita, quería creer que estaba en una pesadilla o que era alguien más a quien le pertenecía aquel estremecedor arrullo.

Su rostro entristeció, el aire no entro a sus pulmones y el corazón casi renuncio a su constante golpeteo. El solo hecho verlo era suficiente para tirar abajo las paredes que resguardaban sus recuerdos con él. -Inuyasha...- susurro casi al borde del llanto.

Inuyasha se acerco a ella con pesadez como si algo tirara de sus zapatos con más fuerza de la habitual. Su boca se torció en un gesto casi de sopor, de descompostura e incomodidad. -¡Hola Kagome!- dijo casi en contra de su voluntad y tenso la mandíbula.

-¡Hola!- respondió con falsa alegría. Lo miro de lleno a las doradas orbes buscando respuestas a preguntas que no tenia. Tanto había pasado entre ellos, tiempo fundamentalmente. En el tiempo siempre hay hechos que para bien o para mal marcan la vida, entre todos esos hechos había uno principal. Uno que había marcado la bifurcación entre dos corazones que parecían tener todo para estar juntos.

El joven de dorados ojos bufo molesto y con desagrado, como si la muchacha le provocara malestar y se retiro de su lado, muy lejos de su vista. Él ya había marcado un camino muy alejado del suyo, durante esos largos cuatro años que no estuvo a su lado.