Disclaimer: Inuyasha de Rumiko, la historia mia. Si, si de esta retorcida cabeza. XD
Sale el sol.
Capítulo IV: Humana una vez más.
Sus labios se deslizaban con ansias sobre él. Su cuerpo robusto le devolvía el calor que le había robado la separación. Las prendas sobraban en ese encuentro mientras los deseos de unirse al otro corrían líquidos entre ellos. Los besos levantaban cada vez más la temperatura y el olor a oxido y sal llego a su olfato. Se separo de él asustada y lo observo justo de donde brotaba el aroma. -Estas lastimado.- pronuncio casi desahuciada, se iba a retorcer de dolor si algo malo le pasaba al joven Taisho.
-Voy a estar bien.- intento calmarla, sus doradas orbes estaban cargadas de fuego. Se acerco a ella intentando besarla.
-No, estás perdiendo demasiada sangre.- se alejo otro poco buscando su ropa. Lo iba a llevar a un hospital a la fuerza de ser necesario.
-Voy a estar bien, amor. Soy igual que vos.- pronuncio meloso y con la voz grave y ronca.
Kagome se quedo con la mandíbula desencajada, no podía entender lo que había dicho. Atemorizada salto de su cama y grito a todo pulmón. Seco sus lagrimas bruscamente y se relajo al notar la oscuridad de su recamara. -Fue un sueño...- recostó la cabeza en la almohada y el aroma a perfume francés penetro en su sistema.
Los cabellos de Kagura se enredaron en las manos de Kagome. La arrojo de espaldas contra el colchón y le apretó el cuello sin dejarla respirar. -¡¿Qué le van a hacer?- su rostro se bañaba en lagrimas mientras apretaba los dientes. Soltó su agarre al notar que no le iba a poder contestar.
La mujer de rojizas orbes recupero el aliento, sobo su cuello, casi perdía la vida. -No sé, pero Naraco tiene planeado algo grande. Algo en él le parece interesante.- explico, mirándola de lejos por temor a ser atacada nuevamente.
-¿Por qué me avisas?- las saladas gotas corroían su alma. El único ser que merecía paz parecía que nunca la iba a encontrar.
-Es importante para vos.- respondió con seriedad, sentía que algo de la pena de la joven se transmitía a ella.
-Si se entera te van a matar.- informo sombría sin observarla, era difícil controlar sus emociones cuando tenía espectadores
-Yo no dije nada.- susurro Kagura y salió como una sombra por la ventana agitando las cortinas blancas.
-o-o-o-o-o-
La avenida estaba atestada de vehículos. Había estacionado en frente del café, cerró la puerta del automóvil y se dio el "lujo" de dar dos míseros pasos. -¡Lindo auto!- una sutil mezcla de niñez y alegría lo saludaron de lejos.
Volteo hasta encontrarse con la pequeña dueña de la voz, enfundada en unos pantalones demasiados ajustados como para dejar algo a la imaginación. -¡Hola!- instantáneamente se le plasmo una gran sonrisa en el rostro -¿Qué haces por acá?- inquirió cuando se le acerco lo suficiente.
-Vine a tomar algo de café- los semblantes de los dos tenían mas luz que cualquiera de los transeúntes, como si ambos fueran el sol personal del otro.
-Yo también, vamos que te invito.- contento por la hermosa coincidencia la encamino al local -Pensé que hoy volvías a Italia.- comento con cierto regocijo interno de su cercanía -Un cappuccino y un express negro, por favor.- pidió a un camarero y volvió la vista a ella con gesto petulante.
-Te acordaste.- articulo con sorpresa y admiración. No la había olvidado después de todo. Su corazón saltaba de alegría y no podía evitar el sonrojo en sus mejillas. -Mmm... Iba a ir a Italia pero tuve un pequeño cambio de planes. Lo más probable es que me vaya después de tu casamiento.- aclaro con la sonrisa insoslayable. Sabía que debía evitar darle alas al asunto; pero era inevitable sentir esa sensación de humanidad cerca de él.
Inuyasha ineludiblemente enterneció su gesto. -Me parece bien, así vas a conocer mejor a Kikio.- y una sonrisa mas adorno su semblante. Hacía tiempo que no era tan feliz y que no sonreía tanto.
Kagome tomo su mano en busca de aliento y miro el oro en sus ojos. -Gracias por permitirme estar en tu vida una vez más.- los dos sufrieron la agonía de lo que significaban esas palabras. Por un segundo quisieron estrechar la distancia entre sus labios. El sonido del celular los saco de su deseo casi vital.
-"Hablemos. Onigumo"- la pantalla la desconecto del instante humano que iba a tener, de aquello que se había negado hacia tanto tiempo.
-Tengo que atender esto.- dijo molesta consigo misma, solo había llevado problemas hasta él. Se levanto y dejo el dinero en la mesa. Un torbellino de tristeza la asediaba otra vez.
-Vení a casa mañana.- pronuncio rápido -¿Te acordas donde es?- inquirió cuando obtuvo su completa atención. El aire no quería entrar en él, su imagen lo ahogaba.
-Si, nos vemos mañana.- sonrió, saludo con la mano y se fugo por la puerta.
N/A: disculpeeeeeeeeeeen el retraso. Es que el lunes estaba muuy viciosa y ayer era uuufff, bueno tenia que interrumpir él. ¿Cómo puede ser que él me haga romper mi marca de cara dura? ¿Es que soy tan manable ante su simple presencia? Mmmm... pensandolo bien si, esta todo dicho cuando me hace saltar el corazon en un millon de palpitaciones y las piernas me quedan de gelatina. En fin no me hagan caso, quede muy mal de ayer.
Les dejo un beso y como siempre: los reviews no molestan. Hasta la semana que viene!
