Disclaimer: Rumikito de mi corazón, ¿qué te cuesta prestarme a Inu? Es solo un ratito nada mas. Eh, eh, eh? ¿Me lo prestas? -ruega arrodillada, cinco minutos despues se la ve saliendo acompañada de dos hombres altos y en traje negro. Siendo llevada a las rastras- ¡Ya vas a venir ingrata!XD
Sale el sol.
Capítulo VI: Lazos nuevos y viejos.
El modesto hogar no había cambiado en nada. Las mismas flores, el mismo color de las paredes y el mismo aroma a paz. -Mioga, tan juvenil como siempre.- saludo la muchacha de negros cabellos, esbozo una cristalina sonrisa en su rostro.
-Señorita Kagome, pero qué...- el anciano sorprendido interrumpió sus labores con las plantas y se acerco para estrecharla en un afable abrazo que ella correspondió con calidez. -Llega tarde, el joven... bueno él... se va a casar.- comento con la pena carcomiéndole el gesto. La muchacha era muy especial para él y sabia que el menor de los Taisho dejaría hasta a Afrodita por ella.
Negó rápido con la mano y curvo los labios, divertida por el cariño del jardinero. -Se que se va a casar, hasta me invito a la ceremonia.- la alegría no se le fue del rostro, sin embargo en su interior unas lagrimas descorrían su fortaleza. -¿Están adentro?- interrogo rápido antes de que se olvidara su papel de indiferente.
-Si, señorita. Están preparando los arreglos de la boda.- aclaro e hizo pasar a la jovencita. No perdía la esperanza de que los dos volvieran a su antiguo amorío. Nunca mas había visto al joven Taisho tan feliz como cuando estuvo con ella.
-Gracias...- la sinceridad guardada en lo más profundo de su ser había salido sin oponer mucha resistencia. Entro a la sala y sus ojos recayeron en el dorado brillo de otros. Sus mejillas adquirieron un matiz rosado y bajo la vista evitando que su corazón se alterara aun más. -Hola.- pronuncio bajito cerca de Inuyasha.
Rio con el corazón observando la actitud de la chica. -Hola. Vamos que Kikio necesita una "opinión femenina".- la tomo del brazo sin pretender soltarla. La encamino hasta el jardín trasero, que estaba lleno de personas festejando. -Kikio, una opinión femenina.- explico Inuyasha algo irónico. El ambiente era raro, no precisamente tenso ni malo. Era pacifico como si esas dos mujeres se conocieran de toda la vida. Inuyasha se alejo para darles espacio, tampoco le agradaba tener que elegir el color de la decoración. Por el seria todo rojo y punto.
-Me hablo sobre vos.- dijo Kikio entre sonrisas amplias y luminosas. -Te aprecia...- miro con dulzura al ambarino. Su rostro profesaba un amor incondicional. -Vamos...- tomo la mano de Kagome y la llevo hasta un lugar más cómodo para conversar.
-Mmm... de vos no me hablo mucho. Creo que no le di tiempo.- expreso con calma intentando despreocupar a la futura señora Taisho -O supongo que quiso que tengamos algo para hablar. Es que siempre es medio colgado.- ambas soltaron risas cómplices, como si se entendieran de maravilla -Me dijo que necesitabas una opi...- comento en cuanto tomaron asiento bajo el gran cerezo de la casa.
-Si, los colores de los manteles. No distingue entre el marfil y el champan.- murmuro observando a su futuro esposo y le empezó a enseñar los catálogos.
-o-o-o-o-o-o-
Tres jóvenes curvaban los labios sin poder parar sus risas. -"Quien iba a pensar que mi ex-novia y mi futura esposa se iban a llevar tan bien. Esto tiene que ser un sueño."- pensaba Inuyasha que no entendía lo que pasaba, se sentía en una dimensión desconocida.
-Esto si que es raro. ¿No deberíamos odiarnos a muerte?- Kikio detuvo sus risas en seco. Le parecía sumamente raro, ella sabía de su pequeño problemita con los celos y estaba convencida de que sacaría a la chica de su camino.
Kagome empalideció, la joven Nakamura era más perceptiva que le resto de los humanos. No había caído tan fácil en su ingenua actuación de buena niña. -Es que no vine a robarte a Inuyasha.- comento y aguanto el dolor en silencio. Era verdad, hasta deseaba que con ella fuera feliz. -Solo soy una buena amiga. El pasado quedo atrás y no puedo arriesgar las mismas cosas que antes. Ni lastimarlo otra vez.- una nueva bocanada de sinceridad escapo de su cuerpo.
La miro dudosa pero fingiendo creerle, esperaría paciente a dejarle todo claro cuando estuvieran a solas. Mientras tanto la observaría cautelosa. -Bueno estoy cansada. ¿Me llevas a casa?- pidió melosa pegando un beso en la mejilla del chico.
-Si, amor. ¿Te vas sola?- pregunto dirigiéndose a la joven Higurashi. Sus brazos rodeaban la frágil silueta de su novia protegiéndola del frio de la tarde. Vio como los ojos de Kagome oscurecían de tristeza.
-Voy a pedir un taxi.- saludo a la pareja con un beso en la mejilla y corrió a la salida. Ya era demasiado papel de humana por un día. Su corazón iba a quebrarse más de la cuenta si presenciaba una demostración más de amor. Estaba tan descontrolada que hasta sentía celos. Respiro profundo y se perdió en la oscuridad de la noche. -Hora de trabajar.-pronuncio y siguió el automóvil del joven Taisho.
Su mente iba planeando como convencer a Kikio de que ella no era su enemiga. Tenía claro que la franqueza conseguiría su confianza. Aminoro la marcha, ya se encontraba en la casa del objetivo. -Mi reino por su vida humana...- susurro y miro hacia otro lado creyendo que Inuyasha y Kikio necesitarían intimidad. Quedo sorprendida al ver que solo se quedaron dormidos. -Pervertida...- se regaño a sí misma -Si hubiera sido yo ya estaríamos comiéndonos a besos.- suspiro y continuo concentrada en su acecho.
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