Disclaimer: yo quisiera pero Rumilko todavia no me los regalo, asi que son de ella.
Sale el sol.
Capitulo 7: Un día, un sí.
La alegría, el júbilo y los nervios se podían saborear en el fresco aire de invierno. Los trajes esplendorosos de los invitados complementaban con el engalanado lugar. Mirando fugazmente a todos lados unos ojos chocolate descoloridos vigilaban que nada sospechoso anduviera cerca. Su ágil silueta se encamino hacia los cuartos de atrás del salón.
-Permiso...- anuncio, se adentro a la habitación y observo los ojos dorados petrificados por la indecisión -¿Puedo...- inquirió a uno de los jóvenes que arreglaba sin mucho éxito la corbata del oji-dorado, este la dejo continuar con la labor y los dejo en privacidad -¿Nervioso?- su voz se desprendía con ironía.
-No, un poco ansioso.- esbozo a duras penas una sonrisa. Tomo las manos de la joven y la sentó con él en un sofá. -Quiero saber algo.- explico ante la incomprensión de su gesto -¿Todavía me amas?- soltó veloz y sin pausas. Sus ojos expresaban los deseos de que esa respuesta fuera sincera.
-Inuyasha...- susurro incomoda y se separo de él en contra de su voluntad recibiendo una descarga eléctrica que le resquebrajo el alma -...ya no... no te quiero de esa forma.- cada palabra se le iba clavando como una puñalada en el pecho, los ojos se le volvieron cristalinos y casi sucumbió a la locura de la mentira. -Kikio te ama...- musito con angustia, tragándose sus lagrimas -Vas a ser feliz.- sus labios se curvaron y deposito un beso en la mejilla del joven Taisho.
Con el corazón retorcido en el pecho, respiro profundo y apretó las manos en puños. -Kagome...- mascullo adolorido, los sentimientos por ella se arremolinaban en su cuerpo y desde los últimos meses habían crecido. -Puedo ser feliz con vos.- su respiración se volvió pesada y su rostro serio.
Kagome negó lentamente con la cabeza, el cuerpo la estaba traicionando. Debía correr, alejarse; pero solo se quedaba para ver que las llamas de su primer amor no se habían apagado jamás. -No, no puedo. No quiero.- se acerco a él y lo abrazo con fuerza. -Que seas feliz.- sus manos se separaron lentamente y el rostro de ambos se lleno de agonía. La joven capturo sus últimas fuerzas y salió del cuarto.
-¿Estas bien?- inquirió el muchacho que estaba esperando afuera. Afirmo la mano en su hombro tratando de aflojar su semblante hosco y acongojado.
Inuyasha lo observo desconcertado. -Si, Miroku. Estoy... bien.- su voz vacilo luchando con la tristeza. Respiro hondo y se encamino al altar a esperar a la novia. Apretó una mueca en su rostro y no busco la mirada chocolate, no busco a nadie. Tenía el espíritu hecho un manojo de desolación.
La novia entro reflejando la luminosidad en el blanco vestido. La sonrisa cegaba a los espectadores con su brillo. El paso lento y minuciosamente calculado iba alargando la extenuante espera. Ocupo su lugar en el altar al lado de su futuro esposo y el júbilo se prendió de ambos.
Kagome, escondida entre los invitados, cerró los ojos. Necesitaba perder sus sentidos de esa dura realidad. Deseaba muy dentro suyo ser ella quien vistiera el color blanco, la que tomara la mano del joven Taisho y la que digiera el tan ansiado sí.
-Si, acepto.- articulo la varonil voz, un frio suspenso se deslizo por el aire.
-Si, acepto.- pronuncio la suave voz de Kikio. Kagome abrió los ojos y dejo de escuchar, de percibir la realidad. Sintió como cada ápice de su cuerpo se descomprimía y retorcía de sufrimiento.
Los esposos caminaron por el pasillo, el tormento había finalizado. Los ojos dorados de Inuyasha se cruzaron con el semblante de la joven Higurashi. El rostro de él se lleno de angustia y la muchacha sonrió con ternura, como si eso apaciguara la desgraciada suerte de su romance. El muchacho curvo los labios, entendía que ella le estaba ocultando algo y de una u otra forma lo averiguaría.
El arroz adorno los cabellos de todos en la salida. Las solteras se amontonaron en la parte trasera del auto a recibir el codiciado ramo. Después de que todas las mujeres batallaron para conseguir las flores se dirigieron al aeropuerto.
Kagome quedo a un lado del camino, pensando una y otra vez en el hombre que se acababa de marchar. Apretó sus pensamientos, recuerdos y sentimientos. No comprendía si estaba encerrada en una horrible pesadilla o en la cruda realidad. Se abrazo con fuerza a sí misma. Debía recuperar la cordura y al frialdad, tenía que seguir a los recién casados para continuar su exhaustivo trabajo de cuidar a Inuyasha.
Recompuso el rostro y corrió tras la limusina, con disimulo. Las lágrimas le descorrían el maquillaje y cada paso que daba le descocía el alma. Sabía que ya no había vuelta atrás, que su amor pertenecía a otro ser, que ya solo le quedaba el consuelo de que podía asegurarle la vida que ella nunca iba a poder tener. Soltó un jadeo cuando vio el beso entre ambos amantes. La voluntad se le deshilacho y se ahogo en lágrimas.
N/A: Disculpen el retraso, hoy tampoco iba a publicar porque la verdad tengo el alma por el piso; pero como ya saben la lucha de las ideas es eterna. Reviews bienvenidos...
En homenaje a Nestor Kirchner.
Pd: no lo tomen como mensaje politico, porque no lo es.
