Tara

-Deberíamos volver.-Dijo Tara, sin apartar la vista de los caminantes, eran docenas, unos cincuenta si no fallaban sus cálculos, todos alrededor del supermercado, tirados por el suelo casi inertes.-¿Están muertos?-Había preguntado Alice al ver el primero, pero Harold había sido tajante entonces.-Todos están muertos.¿Te van a morder? Si no te acercas mucho, ni haces ruido, no. Llevan meses sin comer, están débiles, pero cualquier estímulo les hará levantarse…

-¿Acaso no me escuchaste?-Dijo el gordo en voz baja, casi un susurro, hablar en medio de los zombies era como hablar de homosexualidad en la iglesia.-Alisha.-Pensó. Harold siguió hablando.-¿Acaso quieres enfadar a las arpías?

-Más razón para volver. Hablas demasiado mal de Rowan y las demás…Estoy empezando a preocuparme por mi hermana.

-Deberías.

-¿Si son tan malvadas, porque no las abandonáis y punto? Rowan podría oponer resistencia…Pero tanto Coleman como McLeod son solo viejas. Entre los tres y mi hermana podríamos acabar con tanto miedo…Sam también podría ayudar y…

-¡Cállate!-Gritó esta vez Harold, sin recordar donde se encontraban.

Giraron la cabeza, miraron a todos lados, pero por suerte, solo dos caminantes hicieron el amago de levantarse.

-Ni una puta palabra, ¿entendido?-Dijo el hombre serio, sacando el bate de su mochila.-Y ahora vamos a acabar con esto.

A escasos metros se encontraba la puerta del supermercado, era de cristal, pero hacía tiempo que este estaba roto, incluso la vegetación había empezado a devorar lo que antes había sido cemento, creando grietas desde donde las raíces de los árboles sacaban la cabeza.

-Ha pasado mucho tiempo.-Comprendió. ¿Tres años? O quizás menos, lo único claro era que la naturaleza volvía a mandar sobre la Tierra, y sin la explotación de los bosques ni la contaminación de la civilización, pronto su planeta volvería a su esplendor.

Piso los cristales del suelo y junto a sus compañeros, entraron en la tienda, solo con la iluminación que les proporcionaba las velas que se habían llevado del campamento.

-Ya sabéis lo que toca.-Harold abrió su mochila y comenzó a llenarla con chicles y patatas de bolsa.-Hay que coger todo lo que sea útil. Todo. Y cuidado con los caminantes, no piséis a uno y lo despertéis, o moriremos todos.

El gordo siguió su camino por el pasillo del centro, mientras que Alice iba por el de la izquierda. A Tara le tocó el de la derecha, que consistía básicamente en bebidas y alimentos frescos, que ya estaban incomestibles, por lo que solo pudo llenar dos de las tres bolsas, con toda la bebida que pudo.

Un suave viento golpeó en la cara de Tara, apagando la vela que tenía en su mano, dejándola a oscuras entre caminantes.

-Mierda.-Pensó, al tiempo que buscaba en sus bolsillos un mechero o algo que pudiera usar para encender de nuevo la vela. Nada.

Comenzó a caminar hacía atrás, con paso torpe y desorientado, por donde había pasado, pero perdió el equilibrio al tercer paso entre la oscuridad, y se cayó hacía la derecha, golpeando una estantería. ¿O era la izquierda? Todo parecía haberse vuelto del revés entre la oscuridad que teñía sus ojos. No podía gritar, ni tampoco moverse, la estantería le había caído encima sobre la espalda. Y el sonido de la madera al tocar el suelo había despertado a los caminantes; no los veía, no los olía, pero el tintineo de los dientes al chocar y el sonido producido por la pegajosa piel de los muertos la avisaban de que su final estaba cerca. Giró la cabeza de lado a lado, e intento levantar el pesado mueble, pero todo era inútil. Y un rugido sonó encima de ella.

Levantó la cabeza, pero seguía viendo la noche, la oscuridad.

Lo último que escuchó fue el sonido de la muerte.


Sam

La suave brisa invernal acechaba al campamento que habían montado alrededor del autobús. Junto a la pequeña hoguera, los abuelos y abuelas cantaban canciones olvidadas, las mujeres hablaban entre carcajadas, y los dos hombres, borrachos, peleaban por decidir quien se acostaría con Rowan antes.

Pese estar al borde del invierno, y en medio de la muerte, el pequeño grupo parecía haber olvidado todo lo que ocurría a su alrededor. Había sido un gran día, dos de los tres grupos habían vuelto sanos, y con grandes noticias. Primero habían sido Gabe y Rowan, con suficiente combustible para hacer varios viajes, y luego Jeannette y Jose, con noticias aún mejores.

-Vació.-Con solo una palabra, la afro americana había definido la carretera por la que debían de viajar con el autobús.-Muy pocos caminantes, una docena en kilómetros, el problema son los coches, la autopista esta bastante llena de coches y furgonetas abandonados, que impiden el paso. Deberíamos ir mañana a abrir el camino y así darle tiempo a los demás a volver.

Los dos hombres se habían ofrecido, también Rowan.

Pero Sam seguía pensando en Tara, ella seguía sin dar señales de vida. Y su hermana tampoco. Desde su conversación, solo había visto a la joven deambular por el campamento, sin rumbo aparente, tampoco había probado bocado, y se había marchado a descansar cuando aún no había anochecido del todo.

Algo le olía mal.

-¡Sam!-Gritó una voz a lo lejos.-Únete a nosotras, ven.-La voz era de Eileen, que con un gesto con la mano derecha, invitó al rubio a unirse a ellas.

Saltó de encima del autobús y camino hacía donde se encontraban las chicas. Estaba la Doctora Stevens, que sin la bata blanca, parecía algo más delgada, a su lado tenía a Rowan, con el pelo moreno suelto, y con una ropa algo ajustada, que dejaba ver sus cuervas. Era muy bonita. Finalmente estaban Jeannette, vestida con un camisón blanco y Eileen, con su hijo entre los brazos.

-¿Cuántos años tiene?-Preguntó a la chica rubia.

- Pronto hará 2 años.-Sonrió.-Ya dice algunas palabras, y ya ha dejado la leche materna. Es una guerrera.-Dijo levantando a su niña sobre su cabeza. La niña comenzó a reír y Eileen le dio un beso en la mejilla.-Es lo mejor que me ha pasado en la vida.-Sonrió.

-Es preciosa. ¿Cual es su nombre?

-Aún no tiene nombre.-Dijo, algo entristecida.-Mi marido no quería ponerle nombre hasta que fuera lo suficiente mayor por si…-El rostro cálido y alegre de Eileen se fue esfumando.

-Entiendo.-Dijo Sam, colocándole un brazo sobre el hombro.-Tranquila, no le pasará nada.

La chica le sonrió y Sam se dirigió a las demás.

-¿Y de que hablabais?

- De nuestro pasado.-Dijo la Doctora.-De cómo era nuestra vida antes de toda esta mierda.

- Yo era policía en mi pueblo.- Comentó Rowan.- Mi padre era el jefe, lo acaban de asignar a ese puesto cuando todo empezó. Llevamos a toda la gente del pueblo a la comisaría y los encerramos allí, esperando para actuar, lo teníamos todo bajo control, y yo y un par de hombres salimos a limpiar las calles, pero alguien de los que estaban en la comisaría estaba infectado. Nadie lo sabía. Cuando volvimos, todos, incluido mi padre, eran zombies. Los dejamos encerrados y los tres empezamos a viajar por el bosque, hasta que encontramos Woodbury.

-Siento lo de tu padre.-Dijo Sam, colocando su mano sobre la de Rowan.-Seguro que era un buen hombre.

-Gracias.-Dijo ella sonriendo. Sus dientes eran blancos como la nieve que pronto llegaría a los bosques de Atlanta.-Bueno, me toca a mi, ¿no? Por donde empezar…Cuando empezó esto, estaba en la universidad, y se podría decir que hasta hace poco no he sabido lo que realmente había aquí fuera. Mi universidad fue uno de los refugios que el ejército utilizó para refugiar a la gente, estábamos protegidos, bien alimentados, y sin riesgos. Era perfecto. Conocí a una chica, Ana, ella…fue mi pareja durante todo este tiempo. Era una estudiante de intercambio, con la que casi no había tenido contacto durante el curso, pero con todo esto del Apocalipsis empezamos hablar…Y surgió. El problema llegó con las Gracias Verdes.

-¿Quiénes?-Quiso saber la Doctora.- ¿Quiénes son las Gracias Verdes?

- Un grupo de gente que, podríamos decir, no le gusta los métodos del ejército, y se niegan a seguir sus órdenes. Cuando me encontraba entre el ejercito, mataban más Insectos que Caminantes. Los ''Insectos'' son la gente de las Gracias Verdes, en el ejercito les llamaban Cucarachas o Termitas, decían que se alimentaban de insectos y que dormían en hormigueros gigantes que producían con su propia mierda. Necesitaban más gente para hacer frente a las Gracias Verdes, y decidieron darle un arma a todos los del refugio. Mis amigos, Ana y yo decidimos escapar, no estábamos de acuerdo con matar a gente viva habiendo muertos por las calles, pero solo ella y yo logramos escapar, los demás fueron masacrados por el ejercito.-De repente todos sus recuerdos volvieron a Sam de repente, e hizo lo que pudo para contener las lágrimas.- Ella y yo logramos encontrar un refugio después de meses en el bosque y…

-¡Caminantes!-Sollozó una mujer de alta edad. Las chicas y Sam giraron sus cabezas hacía la gran hoguera, donde los más mayores gritaban y corrían tan rápido como podían. Tras sus pasos aparecieron tres caminantes, que con paso lento y torpe, asechaban a los abuelos.

-Yo me encargo.-Dijo Sam sacando del bolsillo la pistola.

-No.-Dijo Rowan colocando su mano sobre la pistola. Se adelantó al rubio y se acercó al primero de los walkers, al que derribó de un puñetazo, se le acercó un segundo al que agarró del cuello y con el puñal le atravesó la cabeza. El último de los tres caminantes se acercó a ella, pero sin éxito, siendo atravesado también por Rowan. Finalmente remató al que aún yacía en el suelo.

-Rowan parece fuerte.-Dijo Sam.

-Sí, y lo es más.-Dijo Eileen asombrada.

-Ella es como Gabe o Jose, sabe cazar y matar.-Apuntó la Doctora.-Si tuviera polla sería perfecta.

Las tres chicas rieron y Sam esbozó una sonrisa.


Alice

El supermercado estaba peor de lo esperado. En cada esquina un caminante acurrucado en el suelo, casi sin aliento, ni movimientos. Pero cualquier paso en falso no despertaría a uno, sino a todos. Alice sacó la pistola y la recargó. Cuando Tara se separó de ellos, por el pasillo de la derecha, ella hizo el amago de marchar por el de la izquierda, pero pronto se reunió con Harold.

-¿Crees que es de confianza?-Había dicho al reencontrarse con el hombre.-Digo Tara, parece inteligente, pero…

-No lo sabemos ninguno de los dos.-Suspiró.-Pero no parece de la gente de nuestro…''tipo'', ya me entiendes.

-Perdona.-Alice se sintió ofendida por las palabras de Harold.-Será de tu tipo. Yo estaba enferma.

-¿A caso eso te hace menos cobarde que nosotros? Solo somos personas que queremos vivir, y haremos lo que haga falta para cumplir nuestro objetivo.-Harold le sonrió.-Y ahora sigamos con esto.

-¿Y si ella no acepta nuestras maneras? Ya me entiendes, como somos…

-McLeod se encargará de ella si es así. Ya lo intentó hacer en la prisión. Si no hubiera sido por el Gobernador y esa asquerosa enfermedad ahora sería nuestra. Puedes estar tranquila, Alice, a mi lado, al lado de McLeod, Rowan y los demás, nunca perderás.

El hombretón agarró con fuerza a Alice y la llevó hacía su boca, pero antes de que Harold logrará sus labios, un fuerte aire apagó las velas de la pareja.

-¿Qué ha pasado?-Dijo Alice sin soltarse de los brazos de Harold.

-¡Viene de allá arriba!-Harold indicó con el dedo un gran agujero en el techo, por el que salía un hilo de luz provocado por la luna.-Fíjate, donde la luz, parece que un helicóptero es el que esta creando tanto viento. ¿Lo ves?

-¡Debemos salir de aquí, o el sonido los despertará. ¿Dónde estará Tara?-Las palabras salían débiles de la boca de la pareja, que se comunicaban casi a oscuras.

La oscuridad se acabó cuando Harold encendió una linterna, que iluminaba menos que las velas, pero al menos les permitía verse las caras.

-Debemos de salir de aquí sin hacer el menor de…

Y el sonido de la madera al tocar el suelo interrumpió a Harold

-¿Qué ha sido eso?-Gritó Alice, sin temor a despertar a los walkers.

-Imagino que Tara, y ahora corre.-Harold comenzó a caminar, pero un caminante, que yacía en el suelo, le agarró la pierna.-¡Mierda!-Gritó. Sacó la pistola con dificultades y disparo tres balas contra el caminante, hasta acertar en la cabeza.

-Debemos ayudar a Tara.-Dijo sin quitar la vista del hombre. La arma la llevaba en la mano derecha, preparada para disparar.

-¿Estás loca? Moriremos.-Golpeó a otro caminante que ya estaba de pie con el bate y luego remató a otros dos con las balas.

Los dos llegaron a la puerta, pero Alice no se frenó y siguió corriendo por el pasillo.

-¿No te acuerdas de nuestro lema?-Harold la seguía desde detrás, maldiciéndola por dentro.- Tu misma lo dijiste, no confías en ella. Maldita seas Alice, nos matarán a todos.

-¡Te dije que no soy como vosotros! Y no pienso abandonar a alguien inocente por miedo a morir yo.

Alice dejo de oír los pasos de Harold a su espalda.-Ha huido.-Comprendió.-Siempre huyen.

Al final del pasillo encontró a la mujer tendida en el suelo, debajo de una gran estantería, y sobre ella un walker.

-¿Se la esta comiendo? He llegado tarde.-Se dijo así misma, mientras se acercaba con paso lento para ver de cerca la escena.

-Ayúdame por favor.-Dijo Tara, debajo de la estantería. Sobre ella se encontraba el walker, que golpeaba la madera de la estantería para lograr romperla y hacerse un festín.

-¿Estas bien?-Dijo, feliz, con una gran sonrisa en la cara.

-Todo lo bien que se puede estar debajo de una estantería y un caminante. Sácame de aquí, por favor.

Alice disparó al caminante y intentó levantar la estantería sin éxito.

-Es demasiado pesada y no puedo levan…

-¡Atrás!-Grito Tara.

Un walker saltó sobre Alice y empezó a luchar contra ella. Los dos se debatieron hasta que el walker dirigió su mirada al hombro, y lanzó un mordisco a este, mordiendo el aire gracias al movimiento de ella. Consiguió separarse del walker pero otro salió de entre las sombras y la agarró por detrás, haciendo que la linterna cayera al suelo y volviera a reinar la oscuridad.

Intentó coger la pistola del bolsillo pero tenía las manos ocupadas con los dos caminantes. Estuvo a punto de rendirse y dejarse morder cuando un disparo hizo que el de su espalda dejara de combatir con ella. El otro cayó pocos segundos después.

Al recoger la linterna del suelo y recogerla vio la cara arrugada y redonda de Harold, sonriente, con la pistola en la mano.

El gordo levantó con su ayuda la estantería y por fin los tres estaban preparados para escapar


Acá acaba otro capítulo, este aún más largo que los demás. ¿Que decir? Primeramente, este es el capítulo clave por toda la información que se da. Segundo, espero que se haya entendido lo que le pasa a Tara. Choca contra un estante, pero de esos que tienen como un fondo máximo, por lo que el walker esta encima de este fondo, que esta dilimitado por madera, que es donde esta éste golpeando.

Además, he usado diferentes momentos de la cronología para este capítulo. En vez de hacer el de Alice y Tara a la vez, he decidido poner en medio el de Sam para darle más emoción a la historia. Puedo entender que el de Sam haya sido algo ''soso'' en comparación con la trama en el supermercado, pero es de más importancia, se da MUCHA información.

Finalmente, dar gracias a los que habeis llegado hasta aqui, y en especial a Hotarubi. Un saludo a todos!