Como odiaba el olor a humo y cenizas…Parpadeó y enfocó su vista desde su posición en un pequeño bote inflable en medio del océano azul. Todavía con su respiración agitada, subía y bajaba los hombros frenéticamente casi ahogada, con el corazón brincando feroz dentro de su pecho. El aire la hería y no sabía si era por la carrera, u otra cosa.
Entre jadeos, acomodó lo mejor que pudo su mojado cuerpo sobre la blanda y plástica superficie, sin proponérselo sus pensamientos empezaron a deslizarse lentamente como murmullos en su psiquis, hasta ir poco a poco ahogándola en sentimientos de culpa infructuosos. Al tornarse gradualmente más "violentos y viscerales. "
Con sutileza respiro profundamente en un claro intento por relajarse o al menos tranquilizarse un poquito, lo que pudiera luego de semejante exterminio abrasador.
Su platicada indiferencia al dolor por esa vez, no había quedado del todo aparte…Su humanidad escapaba en un difuso torbellino de emociones que de a poco iba gestándose en su interior. Sin si quiera formular alguna advertencia como para detenerlo a tiempo.
Después de todo esa era su humanidad, la cual siempre estaría latente en la nipona chica soldado.
Si bien todo aquello lógicamente no tenía más que una definición, la cual era mera consciencia…¡Maldición! Ella no necesitaba jodidos pepes grillos para atosigarla. Un levemente divertido ademán traicionero se escapó por una comisura de sus labios, ascendiendo por sus mejillas. Pronunciando una mueca casi forzosa, la cuál nadie vio.
Se reprendió mentalmente, encerrando sus emociones visiblemente externas aunque nadie fuera a verlas en ese momento. Porque toda esa mierda aun no dejaba de pesar en lo absoluto…
Un enorme barco colmado de personas, majestuoso, bello y elegante…Destruido. Así como así, en segundos, entre las flamas de una bomba mortal, deshaciéndose de tantas vidas con esa total naturalidad casi cínica. La oscura naturalidad de la muerte, a la que para su molestia personal, se estaba acostumbrando.
Esa imagen no podía ser menos surrealista para sus ojos, las flamas del fuego que consumían al barco sobre el agua azul turbulenta, en una especie de cuadro enmarcado por el sol del amanecer, como si estuviese resaltando la falta de tierra, como recordando que todo necesita algo a lo que aferrarse.
Un melancólico mensaje entre líneas, para ella. Apretó sus dedos contra la orilla del bote de plástico inflable.
Exclusivamente para si misma.
Porque estaba cansada de huir…
Sola, sin nada a lo que aferrarse.
Y ahora, perdida en medio del mar, a la deriva acompañada por su inseparable guitarra.
" Los mendigos natos…"
Al principio, toda esa situación no le importó, al menos no demasiado. Solo le restaba seguir con vida y permanecer así, agradecía estar viva. Pero ya iban casi cinco años.
Y de veras, ya nada más quería volver a aquellos tiempos buenos, que nunca fueron perfectos, pero así recordó ser feliz.
Valdría la pena, sí es que aún quedaba algo de su pasado. Lo agarraría con todas sus fuerzas y no lo dejaría ir, jamás…
Los chicos…
Tomó con nostalgia la guitarra que yacía a su lado, con delicadeza poso sus delgados dedos sobre la lisa superficie de las cuerdas, dejando escapar sonidos bajos. Susurrándole al vacío, una canción sin nombre.
Acompañada del murmullo del instrumento, se respaldó en uno de los bordes, mientras se permitía vagar en su mente. Le quedaba algo de tiempo, antes de acercarse a tierra, podía darse el lujo de recorrer perdida un rato en sus recuerdos.
Pensar en ellos, hacía que su alma se sintiera menos pesada, algo cálido que le evocaba una leve exhalación de jubilo, en un corazón algo congelado, que se estaba desnaturalizando de a poco.
Su extraña familia, suya nada más.
Cada uno de los integrantes de la banda, para ella eran como una obra de arte de un estilo diferente y no por eso menos preciada.
Porque, eran tan distintos, llenos de matices contrapuestos. Mas incluso así podían formar un hermoso collage, en el que ella también estaba incluida.
Murdoc, 2D, Russel…
Los quería tanto.
A todos ellos, un ligero suspiró escapo entre sus labios y chocó contra su mascara, apresándolo.
Ni siquiera se imaginaban, por cuanto, cuanto….Había pasado, desde que no pudo volver.
Miró el sol perdiéndose en el ocaso. Otro interminable día de escapes. Más almas muertas que echar en cuenta, a la hora de contar accidentes.
Resignada y alicaída se dejó caer sobre uno de los extremos que cerraban la barca diminuta, extendiendo sus brazos hacia el agua oscura, descansando su vista en lo insondable.
Pasaron los minutos, distraída sentía como su cabello se elevaba con el viento. Un escalofrio de pronto la tomó desprevenida, algo.
Una monumental mancha negra alcanzó a vislumbrarse dentro de los confines de las profundidades del mar. Crecía lentamente, se definía progresivamente mientras subía con un rapidez, haciendo oscilar el agua.
Poseía una cabeza, piernas y brazos, como los de una persona.
"Curioso…"-Pensó la muchacha sin alarmarse por la creciente sombra que venía acercándose.
Pasaron unos minutos hasta que la mancha difusa le quedaban pocos metros, para ascender a superficie. De poco aumentaba la nitidez y la figura se veía más definida, se vio absorta en aquella imagen desconocida, que de pronto la sorprendió por un par detalles que no había notado (aparte de su tamaño monumental)
Piel oscura…Ropa holgada. Ehh, ¿,ropa? ¿Porque un pez se molestaría en llevar ropa?".
Y con esa duda, de súbito fue suspendida violentamente del agua por la cabeza del ser de las profundidades, miró hacia abajo y sorprendida vio exactamente que se trataba de la figura de un ser humano.
Un monumental ser humano…
Además uno conocido…Russel.
Su corazón se aceleró dentro de su pecho, era imposible.
-¡Russel!- Gritó con fuerza, haciendo al hombre levantar la cabeza, buscando la fuente de la voz. Enfocando sus enormes ojos blancos sobre el espacio de su lisa cabeza calva. Abrió sus ojos de forma desmedida, al ver la silueta sobre su cabeza. Cabello morado, piel blanca, ropa con motivos japoneses y de contextura delgada. Algo hizo clic en su mente.
-Oh mi Dios…¿No-odle muchacha, eres tú?ó pasmado, mientras su labios temblaban. La aludida asintió lentamente sin decir palabra, ahogando una enorme sonrisa y un par de lágrimas oscuras traicioneras que descendían por sus mejillas, todo bajo su inexpresiva mascara de Neko.
-¡Demonios!...¿!Sabes cuanto te hemos buscado! Creímos que habías muerto, no puedo creerlo, me alegra tanto.-Lo último fue dicho de forma casi inaudible.
-Russel Yo…También me alegró mucho de verte, denuevo.-Respondió luego de un silencio.
-¿Qué acaso no me dirás donde haz estado de parranda todos estos años?-
-Tengo muchas cosas que contarte Russ...-
Nota final: Siento mucho la demora pero estoy trabada con esta historia pues perdi el norte que la inspiró, tratare de sacarla adelante mas no me comprometo a nada…
Siii al fin hize aparecer a Russel y Noodle, si está algo OCC avisadme por favor.
Dudas, quejas, incoherencias, blasfemias literarias…Tomates, saludillos? Todo se recibe con los brazos abiertos.
