Nada de esto es mío, solo lo tomo prestado de JK Rowling para amenizar las largas noches de invierno.

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Charlie y yo tenemos el mismo pelo crespo de color rojo vivo, pero ahí acaba nuestro parecido físico. Yo lo admiro: capitán de quidditch en el colegio, su trabajo es interesante, y en las reuniones sociales Charlie siempre reune a un variopinto auditorio que se reía con ganas de sus anécdotas.

Sin embargo, Charlie no había dudado en irse a vivir a la otra punta de Europa, dejando atrás familia y amigos. De un día para otro, hizo el baúl y salió de estampida. No es que no mantuviera contacto con la familia, les hablaba con frecuencia. Pero el día a día de su vida estaba lejos de ellos.

Yo no me imaginaba a mí mismo haciendo algo así. Claro que había sido satisfactorio cumplir la mayoría de edad y poder desobedecer a mi madre para tomar la poción multijugos y suplantar a Harry en su huida de Privet Drive. Pero no tenía dudas de que acudir a La Madriguera para una comilona dominical bajo la mirada de la matriarca tendría un hueco en mi organizador de tareas hasta el fin de mis días.

Por eso, aunque esperaba que algunas cosas cambiaran en el futuro, no quería pensar ni en un minuto de mi vida en el que no estuvieran Hermione y Harry. Esperaba que ellos pensaran lo mismo.

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-Bill, ¿qué dice exactamente la ley de Gamp sobre la comida?

-¿Perdón?

-Lo que quiero decir es: ¿tú cocinas?

-Claro. En Egipto vivía solo, así que tuve que ponerme varita a la obra. Hago un tagine de primera, y el hechizo del kefta es muy simple. Conocer un par de encantamientos culinarios es una cuestión de supervivencia para un mago soltero.

-Creo que yo también debería probar.

-¿El qué?

-Aprender a cocinar. Me pongo de mal humor cuando no como bien, y Hermione estaba harta de mis quejas. Además, a ella no se le dan demasiado bien los encantamientos culinarios. No me explico cómo mamá podía tener siempre la comida a punto.

-Fleur cocina divinamente, pero solo esos platillos franceses, y no sé cómo, pero siempre acabo encontrando queso en el plato. Si quieres un buen asado Weasley, tendrás que aprender a hacerlo tú mismo, hermanito. No te vas a quebrar por intentarlo, y de paso te enseñaré una receta ideal para una cena romántica.-

-¿Tendré que usar delantal?

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Hermione había tratado de detenerme, de impedir que me desapareciera. A ella le importaba, lo quería, estaba seguro. Pero no tanto como para irse conmigo, y dejar a Harry solo con su misión. No tanto como para olvidarse de que nuestro amigo lo necesitaba, de que estaba asustado y de que no podía dejarlo solo. Abandonar era de cobardes.

Hermione no me ama ciegamente, no como para no darse cuenta de cuando me equivoco, y estaba bien que así fuera. Ella me había perdonado muchos, muchos errores a lo largo de los años. Y aun así, sigue queriendo estar a mi lado, porque de alguna manera, ella puede ver en mí algo admirable, algo honesto y magnífico que poca gente más ve. Porque aparte de mis errores, había tenido aciertos. Y ella no amaba a un Ron hueco, de cartón piedra, del que se hubiera prendado siendo niña, sino a un Ronald de carne y hueso que, en el balance general, incluyendo gruñidos, resoplidos y risas francas, acertaba más veces de las que erraba.

Así que, aunque esta vez la hubiera pifiado bien, yo sabía (esperaba, anhelaba) que si mis actos volvían a ser los que correspondían a un Gryffindor de buena casta, ella podría perdonarme. Y seguirme queriendo. Porque mis actos hablarían por mí.

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-Me dijo que no era el momento.

-¿Y lo era?

-¡Y yo qué sé! En aquel momento me pareció una buena idea,… allí, en mitad de ninguna parte, sin nada que hacer, Harry estaba dormido, nosotros llevábamos un rato hablando de la misión, dándole vueltas a lo mismo. Yo solo quise cambiar de tema.

-¡Y vaya si cambiaste! ¿A quién se le ocurre besar a una chica así, en frío?

-Justo por eso, porque hacía frío. Pensé que si me arrimaba un poco y la abrazaba, lo demás vendría solo.

-"Lo demás vendría solo"… Ron, creí que Fred y George te habían enseñado algo sobre chicas.

-Pero, ¿por qué no era el momento? No había otra cosa que hacer.

-Creo que Hermione se refería a que prefiere acabar de salvar el mundo antes de echarse novio. Es una chica ordenada.

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Pasaba mucho tiempo mirando las fotos situadas sobre la chimenea de El Refugio. Un día me detuve especialmente en una foto de la familia de Fleur: el padre, orondo y satisfecho, sentado en un sillón tapizado de Damasco y sosteniendo en sus rodillas a Gabrielle, algo más pequeña que cuando la había conocido en Hogwarts. A un lado, Fleur, ya deslumbrante y coqueta, y al otro lado, elegantemente vestida y apoyada en el sillón con desenvoltura, su madre. La señora Delacour de la foto repetía constantemente un movimiento de cabeza, que al girar hacia su derecha, le permitía dirigir a su familia una mirada que indicaba absoluta satisfacción por lo que estaba viendo.

Me sorprendí al reconocer ese mismo gesto y esa misma mirada en Fleur, dirigida a Bill. Un gesto lleno de amor, también de orgullo, y tal vez una pizca de vanidad. Solo al final Fleur había cambiado el rictus de su cara, velándose por el miedo al escuchar las noticias que mi hermano traía de Gringotts.

Recordé haber escuchado decir en algun momento a tío Bilius que todas las mujeres acaban pareciéndose a sus madres… ese comentario había sido parte de un chiste que no repetiría ni muerto delante de Molly Weasley, pero a la postre, me parecía que podía haber algo de verdad en él. De hecho, a veces el ceño fruncido de Ginny me producía los mismos escalofríos que recibir un vociferador de mi madre.

Me propuse empezar a tratar asiduamente a la madre de Hermione. Quizá si me aprendía los gestos y cambios de humor de la señora Granger, podría empezar a descifrarla a ella.

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-Esta mañana he visto a papá, en el Ministerio. Me ha dicho que Ginny no va a volver a Hogwarts después de Navidad.

-¿Por qué?

-Después del robo de la espada de Gryffindor, los Carrow la acosan. Mamá teme que tomen represalias en ella por causa tuya, mía o de papá.

-¡Hijos de …! Van a dejar Hogwarts vacío.

-Bueno, teniendo en cuenta lo que hizo Ginny, mucho le han aguantado.

-Desde luego, menuda movida ha organizado ahí dentro. Creo que los Carrow respirarán tranquilos por haberse librado de semejante furia desatada. Cuando Ginny se enfada le pasa como a mamá, se convierte en un volcán a punto de explotar.

-No sólo cuando está furiosa Ginny es de temer, es una bruja de muchos y variados recursos. Estoy seguro de que Harry no podrá olvidarse de ella tan fácilmente… y por cierto, ¿qué vas a decirle cuando se entere de que los abandonaste?

-¡Socorro!

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Cuando Harry me llevó, estando en primer curso, frente al espejo de Oesed, me ví a mí mismo como Premio Anual y capitán de quidditch. La realidad había sido más modesta, pero mis sensaciones al recibir la insignia de prefecto o conseguir el puesto de guardián habían sido genuinamente triunfales, sin discusión.

En realidad, no podía quejarme de cómo me iban las cosas. Salvo por el pequeño detalle de tener que destruir a quién-tú-sabes antes de que él nos matara, mi vida era bastante satisfactoria: tenía familia, amigos, ilusiones y me veía capaz de materializarlas. Solo tenía que sobrevivir.

Tal vez si me concentraba en esa idea, dejaría de tener esos celos absurdos de Harry, y podría culminar la misión, y declararme a Hermione. Por ese orden.

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-Pero, ¿de verdad crees que a Harry le gusta Hermione?

-¡No! Estoy seguro de que no, pero a veces él… no sé cómo explicártelo, ni yo mismo lo tengo claro, pero a veces es como si tuviera celos, o envidia, como si no le gustara que Hermione y yo habláramos, o estuviéramos solos.

-Seguramente tienes razón. Ten en cuenta que esa "misión" vuestra…. Harry lleva todas las esperanzas del mundo mágico sobre sus hombros, y si vosotros dos empezáis a salir y decidís que lo queréis sacar de en medio…

-¡Nosotros no haríamos eso!

-Te voy a contar una cosa: cuando estaba en sexto curso, empecé a salir con una compañera de clase, Patty Brown. ¿Sabes a quién le sentó fatal?

-¿Al resto de chicas de tu clase?

-Sí, a ellas también. Pero sobre todo a Percy. Él estaba en segundo, y se pasaba el día pegado a mí, me imitaba en todo, no hacía más que presumir con los demás de su hermano el prefecto…

-Un coñazo.

-Un poco sí; sin embargo, yo se lo permitía, no me importaba que me siguiera como un perrillo faldero para que no se sintiera solo. Claro, hasta que quise estar más tiempo a solas con Patty, y se lo dije. Se lo tomó fatal, se pasó días llorando y se chivó a mamá. Yo me enfadé, claro. Pero luego he pensado muchas veces que para Percy debió ser una traición y un desprecio imperdonables que su hermano prefiriera estar con una chica antes que con él.

-Percy es imbécil y ni Harry ni yo nos parecemos a él.

-Aparte de ser un imbécil, Percy es tu hermano, un Gryffindor y quien cuidó de ti cuando llegaste a Hogwarts. A pesar de todo, sigue siendo un Weasley, y por mucho que lo haya intentado, hay lazos que no se pueden borrar.

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Sabía que lo que había hecho no tenía nombre. Bueno, sí lo tenía. Traición se le venía a la cabeza a menudo. Cobardía también sonaba bastante, y todos los demás sinónimos eran igualmente horribles.

Conseguir que olvidaran y perdonaran iba a ser difícil esta vez. Para compensarlos por el abandono, tenía que hacer una entrada espectacular. Algo así como llegar con los tres horrocruxes colgados del brazo y las instrucciones manuscritas de Dumbledore para destruirlos. Unas cervezas de mantequilla y pastel de melaza también ayudarían. Con menos de eso, igual lo mandaban a paseo.

Ya solo tenía que encontrarlos. Sería más difícil que encontrar una snitch en Gringotts, pero en algun lugar habría una señal, una flecha marcando el camino. Solo necesitaba una señal, una luz…

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Y bueno, se acabó: la terapia Weasley fue efectiva, y ya sabemos lo que pasó después.

He disfrutado mucho escribiendo este fic, porque hacía siglos que ni escribía ni publicaba nada, me ha dado gusto volver a maquinar... el bueno de Arthur Weasley me dió el comienzo, y lo demás fue saliendo poco a poco.

Muchas gracias a los tímidos lectores que se han acercado a la historia, y muchas gracias más si alguien se anima a hacerme el regalo de un review.

¡Volveré!