Konnichiwa! Minna-san n_n
Primero que nada, me quiero disculpar por la tardía actualización; en realidad no pensaba actualizar hasta re-editar, pero siguiendo el consejo de una amiga por el msn, me ánime a seguir con el fic; y ... me ánime a escribir otro UlquiRuki ¿qué tal?
Bueno, sin más; gracias por sus reviews (que por ellos continuó escribiendo :D), gracias por leer y esperar la continuación de este fic; gracias ^^
Disclaimer: Bleach no me pertenece, es de Tite Kubo-sama
Aclaraciones: La letra de molde es el presente, la cursiva son los recuerdos de Ulquiorra, y la cursiva en negrita es el recuerdo del recuerdo; espero haberlo escrito bien, y no confundirlos; sino, me dicen u_u y lo arreglaré n-n
Capítulo anterior...
― Llegué, pero no estabas; esa misma noche fui asesinada ― aclaró evitando que se le partiera la voz; las orbes verdes se abrieron en sorpresa; se levantó de aquel lugar presuroso, salió, cerró la puerta detrás de él, sin decir comentario alguno; una vez en su habitación la confesión de ella retumbaba en su mente.
Él se sentó en el frió piso, llevo sé sus manos al pecho.
― No siento nada, esto es odio; sólo odio…― se repitió.
Aquel ser de Hueco Mundo pensaba que la shinigami mentía, o que aquel sentir de su pecho, aquella emoción tan lejana era una falacia, algo surgido del momento, pues él Ulquiorra Cifer; únicamente sentía una emoción negativa que buscaba venganza.
Mientras que en el cuarto de la muchacha, la suave voz de ella se escuchó en aquellas cuatro paredes.
― Ulquiorra…
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Los dos entes permanecían en silencio bajo las cuatro paredes de su habitación; el Arrancar negando racionalmente las palabras de ella, no era posible que Rukia acudiese al encuentro, pues cuando él fue no había nadie; él recordaba perfectamente todo.
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Como todas las tardes después de formar un lazo de confianza, el hijo del Fudai Daimyo caminaba hacia el bosque; una vez llegó, se sentó sobre el pasto, recargado en un troco, contemplando aquel lago de varios metros en el que vio por vez primera la desnudez de aquella chica que le robaba el sueño.
Aún recuerda aquel día, poco después de conocerla…
Él fue a aquel lugar por palabras de Hisana, y efectivamente encontró ahí a Rukia, pero no como esperaba, sino que la joven estaba nadando libre, jovial, sin tapujos al pensarse sola. Sus masculinas mejillas se sonrojaron al verla salir del lago de espaldas a él. Luego él aclaro su garganta, ella volteó, abrió sus orbes, se vistió con rapidez, luego se acercó a él y le soltó un puñetazo.
Ulquiorra sonrió al recordar aquella experiencia, murmurando.
— Siempre a la defensiva—. Las horas pasaban, ese día se suponía ambos iban a encontrarse, para después desposarse; para así poder vivir juntos. Esa había sido la promesa entre ambos. El oji-verde volvió a recordar el día en que se prometieron. Ese día…
Ambos se habían entregado mutuamente, ambos se hallaban plenos.
Él la aprisionó en sus brazos, la miró a los ojos y le dijo; "se mi esposa". Ella sonrió asintiendo, respondiendo; "ya soy tuya".
Ambos soltaron una mueca de felicidad, rozando sus labios; luego ella propuso:
"Ulquiorra… el lunes próximo habrá una visita de un monje del Shinto, sé que no es de tu religión, pero… ¿quisieras desposarte conmigo ese día?". Él chico la beso, susurrándole "Si".
Entonces ambos acordaron de verse el domingo, un día antes de la boda, para planear su vida y saber que cada quién arreglaría sus asuntos con sus familiares para empezar una vida juntos.
"¿Lo prometes…?" inquirió ella dudosa. El afirmó; "Lo juro".
Nuevamente sonrió, se sentía tonto riendo solo, pero era feliz, ¿qué más podía hacer? Aunque empezaba a dudar de la palabra de ella; pues el sol estaba por ocultarse. Él llevaba toda la mañana y la tarde esperándola, y ella no llegaba. "¿se habrá arrepentido?" pensaba con angustia. En eso llegó un hombre. Uno que alguna vez vio juntó al hombre que acosaba a Rukia. Ulquiorra le miró sin emoción, el soltó una carcajada burlesca.
— No la esperes, no vendrá—. Dijo seguro, mofándose.
— No sé de qué hablas—. Refutó con frialdad sin apartar su mirada.
— Ella se fue con el jefe, su hermana estaba grave y a cambio de ayudarla; se marchó con el jefe por voluntad propia; ella no vendrá. Te ha engañado, como el mocoso que eres—. Terminó aquel sujeto. Ulquiorra apretó sus puños, eso era mentira, ella no lo dejaría; y sí quería ayuda con Hisana, se la hubiese pedido a él, no a quién ella decía: odiaba.
— Mientes…— siseó, intentando encontrar falsedad en las palabras de aquel hombre, más sólo miró una sonrisa de seguridad.
— Ella no es tuya, las mujeres son así. Se entregan esperando conseguir algo, luego te dejan cuando encuentran algo o alguien mejor. No te sientas mal chico—. Sin más, ni esperar reclamos; aquel hombre se marchó, dejándolo solo…
Ulquiorra perdió el brillo de sus ojos, dos lagrimas surcaron su rostro; pero desaparecieron al caer al pasto; su sonrisa desapareció de su faz; el vacio le quedó después de sentir que su corazón se quebraba al pensarse engañado. Viró sus pasos por donde vino, y se perdió en la lejanía y los arbustos del bosque.
La noche cayó, y el regresó al castillo feudal sin decir palabra, su padre y madre le observaron preocupados, mas él no dijo nada, desde ese momento parecía que su espíritu se había perdido; únicamente se asomaba de vez en vez a la calle por medio de la ventana, esperando que ella fuese a verlo; o en ocasiones visitaba la cabaña vacía. Ella... Rukia le había dejado… la prueba estaba en las telarañas de la choza que se acrecentaban con el paso del tiempo, le poca fe que tenía, las pocas emociones que le quedaban se marchitaron como la flor en otoño, muriendo por dentro.
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Regresando al presente, en su habitación, se hallaba el Arrancar.
"Es mentira, ella no fue; es un engaño, ella… no pudo haber muerto" pensaba el Espada al remembrar aquel día. Lo que dijo ella no tenía lógica, él estuvo ahí, y no llego nadie; de eso estaba seguro.
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En la otra habitación, ella miraba perdidamente la pared que separaba su cuarto del de aquel ser de ojos verdes, ella había ido al encuentro; ¿por qué él no le creía? ¿por qué no la espero lo suficiente? qué pasó para que él le preguntará: ¿por qué no llegaste?. Rukia suspiró frustrada, no entendía nada, y lo peor, se sentía rechazada; seguramente él la odiaba, primero lo olvida y cuando ella lo recuerda descubre que él la odia, y que no la quiere cerca.
— Hubiera sido mejor no haber recordado…—. Se dijo así misma, acomodándose en el futon para volver a dormir.
/***/
El sol apenas salía, pero Rukia ya había madrugado, tenía unas leves ojeras en sus ojos; no había podido dormir bien. Tocó la puerta de Grimmjow, este bufó molesto, pero se levantó de inmediato al escuchar la palabra desayuno. Él no comía, pero no estaba de más probar algo que no fuese almas ¿no?. Luego la pequeña shinigami se dirigió a la habitación de Ulquiorra, aspiró aire profundamente y cuando se dispuso a tocar, la puerta se abrió, aquellos verdes inexpresivos le miraron con frialdad, ella bajo su mirada.
— El desayuno está listo—. La shinigami se giró y sin esperar la respuesta del moreno, se fue con Grimmjow, quien le exigía llevarlo de inmediato a dónde fuese que iban a comer. El Cuarta Espada caminó siguiendo a la morena. En ese momento apareció uno de los capitanes de escuadrón; Kuchiki Byakuya.
— Rukia, una vez coman, diríjanse con Ukitake-Taicho—. Pronunció cual hielo, ella hizo una reverencia, respondiendo con respeto un "si".
— Tsk. No es para tanto ser capitán—. Gruñó Jeaguerjaques ante la actitud del Kuchiki, ella sonrió sincera.
— Es mi nii-sama, lo respeto, quiero, admiro y temo— respondió continuando su camino.
Minutos después de que Byakuya se fuera, entró el shinigami sustituto alegre, pero mirando para todos lados.
— Yo! Rukia—. Gritó sonriente.
— Ichigo…— sonrió, olvidando su pena de la noche, llevándose dos miradas molestas, una verde y una azul— ¿qué haces aquí tan temprano?
— Jeje, Kenpachi me anda persiguiendo para una pelea, entonces me escabullí antes de que se despierte, así que vine a verte y de paso— se tocó el estómago— me gustaría comer algo.
La Kuchiki sonrió.
— Claro, ven; el día de hoy me dijeron hicieron sushi, ramen, y tofu frito con arroz.
— Genial. Por cierto Rukia…—. Kurosaki caminaba a lado de la morena, el peli azul unos pasos atrás, y el oji-verde más atrás; pero los shinigamis hacían caso omiso de los dos a sus espaldas; o al menos eso pensaban los Espada, pero la pequeña sentía dos miradas sobre su ser, en especial una más profunda, como si con eso quisiera llamarla o reclamarle algo, pero intentó calmarse.
— ¿Qué?
— Eh… bueno; ya que estamos aquí, y hace tiempo que no pasamos un rato juntos, ¿podrías acompañarme a entrenar un rato?—. La chica abrió sus ojos cual plato, gritando y señalando acusadoramente a su amigo.
— ¡¿Qué? ¡¿Estás loco? No podemos, estamos en alerta, y tú quieres jugar un rato.
— Es entrenamiento, no jugar
— No. Tú eres más fuerte que yo. Y aunque hiera mi orgullo decirlo, tengo que aceptar que no soy rival para ti, lo siento Ichigo—. Terminó la conversación con eso.
— Mn. ¿Entonces una cita? Quiero destensarme antes de la batalla—. Comentó casual; ninguno de los tres varones pasó por alto el sonrojo de la chica que se pudo apreciar cuando ella se alejó abruptamente de su amigo el peli naranja.
— ¡No!—. Dijo tajante.
— Ok
— Bien, ya llegamos—. Señaló una puerta color caoba, la abrió y ahí se vierón los platillos mencionados por la shinigami; ni Ichigo ni Jeaguerjaques esperaron palabra alguna, pues ya se hallaban sentados de rodillas sobre los cojines rojos frente a la mesa corta, y los dos degustaban igualmente la comida; hasta que sus miradas chocaron debido a que su objetivo fue uno mismo.
— Ese ootoro es mío/esa cosa rosa es mía—. Dijeron al unísono; Kurosaki sonrió altanero.
— ¡Ja! Ni siquiera sabes cómo se llama, además… pensé que ustedes no comían.
— Bueno, es verdad, pero… eso no te importa, imbécil, dame esa cosa rosa u ootoro o cómo se llame— ordenó elevando un poco su reiatsu.
— No, es mío—. Ambos peleaban por la comida, cuando de la nada una fina mano tomó el pequeño rollo de sushi y se lo comió lentamente, después los dos la miraron sorprendidos y sus reiatsus desaparecieron.
— Era mío—. Protestaron acorde; la morena sonrió, sus ojos violetas miraban con regocijo la escena.
— Jeje, ¿sorprendidos? Al final fue mío, así no se pelearan por algo tan absurdo—. Los dos gruñeron, y continuaron su comida, no sin algunas protestas o peleas infantiles por algo de la mesa.
Rukia se sentó, Ulquiorra le imitó, colocándose a su costado; ella le pasó un plato de arroz, él estaba por rechazarlo, pero un pensamiento cruzó su mente.
"La odio…, pero sí de verdad llegó aquella vez ¿por qué no la ví?; únicamente quiero saber por qué esta mujer me dejo, sólo eso; además la puedo usar para el plan de Aizen-sama, no es amor; es venganza".
Él aceptó el pequeño tazón, ella sonrió, pasándole los palillos, y colocándole un plato de tofu frito y algo de sushi.
— Aunque no coman, ni sientan, pueden probar, creo… —. El Espada no dijo nada, sólo empezó a comer, aunque la comida no le sabía a nada; pasaba por su boca, la masticaba, pero nada. En ese momento observó que la oji-violeta dejaba su plato de arroz para tomar algo de tofu, pero había un grano de arroz cerca de la comisura de sus labios; él no fue consiente, pero su pálida mano tocó la mejilla de la chica, tomó el grano de arroz y se lo llevó a los labios, luego lo saboreo con su boca; ignorando el sonrojo de ella.
"Dulce…, es extraño que tenga sabor. ¿Por qué?"
Kurosaki, y Jeaguerjaques terminaron sus alimentos sin notar el "pequeño incidente" pues se hallaban peleando por cualquier cosa. Después de eso, el peli-naranja se fue decepcionado de no acompañar a la chica a su escuadrón, pues tenía que reportarse nuevamente con Yamato-Taichou.
/***/
Los tres entes llegaron a la oficina de Ukitake-Taichou, entraron después de que Rukia pidiera el permiso; ahí los recibió un peli-blanco sonriente.
— Buenos días. Lamento hacerlos venir temprano, pero tengo bastante papeleo que atender y no podré cuidar de ninguno de ustedes— dirigiendo su mirada a los espadas, después a la Kuchiki— así que Rukia los cuidará los próximos días, o semanas, espero se lleven bien los tres; sólo pido el favor de que no se paseen mucho por la mansión Kuchiki, Byakuya-Taichou anda algo arisco; y también les quería decir que tienen un permiso especial para visitar cualquier parte del Seireitei, o el Rukongai; siempre y cuando prometan estar tranquilos, y a Kuchiki Rukia le daremos esto—. Ukitake le entrega una caja, ella alza una ceja—. Es un comunicador, adaptado para funcionar en el seireitei, en vez de las mariposas del infierno; cualquier cosa, me hablas con ese artefacto llamado "celular" e iré sí hay alguna emergencia o en su defecto enviaré a alguien.
— Hai… gracias Ukitake-Taichou—. Asentía medio confundida la fémina, el capitán sonrió.
— Pueden retirarse—. Los tres se marcharon del escuadrón, caminando a la residencía.
— ¡Oye! ¿No nos están subestimando? ¿salir a cualquier lado? ¿están locos?—. Refunfuñaba el peli-azul.
— Eso mismo pienso, con excepción de lo de "locos"; pero sí lo dice mi Taichou, entonces es una orden que seguiré—. Afirmó con confianza, agregando— Bien ¿a dónde quieren ir? Íbamos a la mansión, pero podemos ir a otro lado.
— Un lugar tranquilo—. Finalmente hablaba el de hebras negras; ella le observó unos segundos; al sentir algo en su pecho, frunció el ceño para calmarse.
— Bien; síganme—. Así los tres entes caminaron por los pasillos del Seireitei, luego viraron por varias esquinas, después pasaron por un monte con varias escaleras; parecía interminable, posteriormente al llegar a la cima de aquel cerro, ella les mostró un hermoso paisaje de árboles frondosos, varias flores, y sobre todo, un agradable silencio; únicamente se escuchaba el viento, sus respiraciones y nada más.
— ¡Wow! Es diferente a lo que esperaba. Eres buena guía enclenque— felicitó con voz ronca el oji-azul.
— No soy una enclenque, Arrancar
— Ya, no te enojes; es tranquilo; me gusta.
— Hm.
Por su parte Ulquiorra observaba el paisaje, en verdad era hermoso y tranquilo; pero lo que le pareció más cautivante, fue aquella shinigami de ojos violetas, tez clara y hebras oscuras; su cabello juguetón meciendose con el viento, y esa serenidad que se veía reflejada en su rostro al cerrar sus parpados y cubrir esas violetas por ojos para disfrutar del viento fugaz.
¿Bien? Creo que me quedó regular; ahora, me gustaría preguntar a mis lectoras (es). ¿La historía les parece lenta o creen que tiene buen ritmo a va rápido?
Espero me puedan responder, para mejorarla, gracias ^^
Gracias por sus reviews a:
Minako: ¡Hola! Una gran y sincera disculpa por la tardía actualización; de verdad perdón. Gracias por tu review n-n (me hizo feliz). Cuidate. Saludos.
Valeria: ¡Hola! Muchas gracias por tus reviews (los que respondó y los que luego no puedo responder, de verdad gracias; cada uno de ellos es importante para mi ^^). Disculpa la tardanza, leí tu comentario en otro fic, y dije: "ya actualiza, saca tiempo e inspiración y actualiza". Así que aquí está el otro capítulo, espero te haya gustado. Saludos, y un abrazo.
...
Sí pueden, dejen un review a esta autora, que luego anda en las nubes, y la ánimaran mucho a seguir con el fic ^-^
Cuidense.
Felices fiestas.
Ja ne! ;D
