Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos y divertirme.
La historia original es de O.C
Capítulo 02
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Bella probablemente no debería haber observado el momento privado de Edward con su hija por la ventana, pero no pudo evitarlo. Había querido abrir la ventana y oír su hermosa voz, pero Tanya había estado caminando por la habitación, llamándolo por cada nombre insultante que se le podía ocurrir, y él no necesitaba oírlo. Bella entendía por qué Tanya odiaba a Edward. La había herido al engañarla con otra mujer. Bueno, varias mujeres. Bella no esperaba que Tanya lo perdonara pero, ¿tratar de mantenerlo alejado de su hija? Eso no estaba bien. Especialmente cuando era tan obvio que se adoraban mutuamente. Él necesitaba a esa pequeñita en su vida. Y a pesar de lo que Tanya pensaba, Julie necesitaba a su padre.
Bella salió al escalón del frente y cerró la puerta detrás de ella. Esperaba que su mamá convenciera a su hermana para que dejara que Julie usara su tiara. Edward había hecho un trabajo maravilloso escogiendo algo que a Julie le encantaría. Obviamente, conocía bien a su hija y había pensado bastante para elegir el regalo.
—Una vez que Tanya se calme, dejará que Julie la use —dijo Bella. Desearía que él no se hubiera puesto de nuevo sus gafas de sol. Tenía los ojos verdes más hermosos. Y su cabello cobrizo corto, tez mas bien pálida y gruesas pestañas negras lo hacían aún más apuesto. Ella tenía cada centímetro de su hermoso rostro memorizado; labios sexy, nariz recta, frente alta, mandíbula fuerte, mentón tenaz.
Había deseado a Edward Cullen por tanto tiempo, que no podía recordar una época en que los pensamientos acerca de él no habían revoloteado por su cabeza constantemente.
—Yo no estaría tan seguro —dijo.
— ¿Cómo va la gira? —preguntó ella. Charla sin importancia para mantenerlo cerca por tanto tiempo como fuera posible. Si Tanya se enteraba de que Bella estaba aquí afuera hablando con él, tendría un infarto. Ése era el problema de estar enamorada del ex-marido de su hermanastra mayor. No había manera de hacer que funcionara sin que alguien saliera lastimado o se volviera loco.
Edward sonrió ligeramente.
—Va muy bien. La música es lo único que va bien para mí.
Él levantó la vista hacia la gran casa de ladrillo de estilo georgiano. Ya no se podía oír gritar a Julie. Quizás Tanya ya había cedido.
—¿No tienes un concierto esta noche? —Ella sabía perfectamente bien que no lo tenían. Compraba entradas cada vez que Sunrise tocaba en Austin. Se mantenía al tanto del calendario de gira de la banda, ya que la segunda mejor cosa después de pasar el rato con Edward Cullen era verlo actuar en el escenario. Si Bella no se hubiera dado cuenta de que él iba a estar en la ciudad hoy, no se habría molestado en tener una enorme pelea con Tanya por no haberlo invitado a la fiesta de Julie. En lugar de hacer lo que Bella le había sugerido, Tanya convenientemente había olvidado decirle algo. Así que en aras de la felicidad de su sobrina, Bella se había entrometido. No le contó a Tanya que le había enviado a Edward un mensaje de texto sobre la fiesta. Aunque a veces se sentía obligada a meter la nariz en los asuntos de los demás, no tenía deseos de morir.
Edward sacudió la cabeza.
—Estaremos en San Antonio mañana, así que decidimos pasar la noche en casa. El viaje entre aquí y allá no es malo.
Ella asintió en comprensión y miró hacia el camino de entrada en busca de su auto deportivo eléctrico y sexy como el pecado. No había un *Tesla Roadster a la vista.
— ¿Dónde está tu auto?
—Alguien lo robó.
Ella lo miró boquiabierta ante su indiferencia.
— ¿Alguien se lo robó?
—Sí. —Él se encogió de hombros—. Puede ser reemplazado.
—Entonces, ¿cómo llegaste hasta aquí?
—Jasper me dejó aquí. Sólo iba a llamar a un taxi para que me llevara a casa.
Saldré de aquí en unos minutos.
—Yo te llevaré —se ofreció ella con demasiado entusiasmo. Tenía que ser cuidadosa, o él se daría cuenta de lo mucho que lo deseaba. No quería que las cosas fueran incómodas entre ellos. A él tenía que serle imposible olvidar que ella era la hermana de la mujer que hacía de su vida un infierno.
—No es necesario. Deberías volver a la fiesta.
—Se acabó. Todos los niños se han ido. Sólo estaba ayudando a limpiar.
—Oh.
—Eso me dará una gran excusa para salvarme de lavar glaseado rosa de las paredes.
Él sonrió, y ella se derritió. Era como si el hombre tuviera alguna habilidad mágica para quitarle los huesos.
—Está bien —dijo él—. Siempre que te ayude.
—Iré a buscar mi bolso y llaves. —Entró rápidamente a la casa y encontró a su madre en la mecedora sosteniendo a Julie. La princesita del cumpleaños estaba usando su nueva tiara y estaba profundamente dormida con el pulgar en la boca. Bella se derritió. Julie debía haber heredado esa magia de su padre. Dios, amaba a la niña.
—Tengo que irme —susurró Bella a su madre.
Ella asintió con la cabeza.
—Se lo haré saber a Tanya. De nuevo está molesta con Edward.
—Siempre está molesta con Edward. —Bella se inclinó para besar la mejilla de su madre y luego la sien de su sobrina antes de tomar su bolso y salir corriendo de nuevo hacia el exterior.
Encontró a Edward donde lo había dejado. Estaba mirando la casa como si estuviera en trance. Se preguntó en qué estaba pensando detrás de esas oscuras gafas de sol.
—Julie ya se ha dormido —le dijo—. Y usando su tiara.
Edward dejó salir un profundo suspiro.
—No me gusta cuando Tanya me salta encima de esa manera, pero realmente odio cuando lo hace frente a Julie. Tú hermana probablemente habla mal de mí todo el tiempo.
Bella no quería confirmar sus sospechas. Aunque nunca habían sido exactamente cercanas, Tanya era su hermanastra mayor. Pero aun así, Edward tenía razón. Tanya sí hablaba mal de él todo el tiempo. Ésa era la razón principal por la que Julie estaba confundida sobre el papel que su padre jugaba en su vida. Edward podía hacer el esfuerzo de ver a su hija más a menudo, pero la cantidad de basura que tenía que recibir de Tanya cada vez que aparecía habría alejado a la mayoría de los hombres.
—Julie te ama —dijo Bella, destrabando las puertas de su auto con el botón de su llavero—. Eso es todo lo que importa.
—Sólo espero que no cambie de opinión.
—No tienes que preocuparte por eso.
Bella abrió el maletero, y él se inclinó hacia ella para poner su bolso en el interior. Cuando ella sintió el aroma picante de la colonia de él, sus rodillas se debilitaron. Le tomó cada pizca de su fuerza de voluntad no enterrar el rostro en su cuello e inhalar. Deseó no estar tan atraída por él. Su total masculinidad le hacía tan difícil comportarse.
Cuando Edward no se apartó inmediatamente, Bella arrastró su mirada por su cuerpo. Su metro ochenta y tres de músculos duros y sus anchos hombros abrumaban completamente sus sentidos. Por un momento, pensó que él estaba inclinándose hacia ella con la intención de besarla, pero como no podía ver sus ojos a través de las gafas oscuras, no podía saber a ciencia cierta si siquiera la estaba mirando. Le arrancó las desconcertantes gafas de su nariz.
—No sé por qué siempre llevas estas malditas cosas —dijo, doblándolas y metiéndolas en el cuello de la camiseta blanca de él. Obligó a sus manos a no explorar los definidos músculos de su pecho cortados de manera distractora bajo su camiseta. El hombre era precioso. Perfecto. Y a ella le gustaba. Siempre lo había hecho. No podía evitarlo.
—Porque sí.
Ella apartó la mirada apreciativa del cuerpo de Edward y lo miró a los ojos. Sí sabía por qué él siempre usaba gafas de sol. Tenía ojos expresivos que rápidamente hacían que una persona se diera cuenta de que no era el hijo de puta cruel y narcisista que pretendía ser. Y por eso lo quería. No porque fuera el hombre más extremadamente hermoso que jamás había caminado sobre la tierra, sino porque sentía. Profundamente. Y esos bonitos ojos verdes suyos revelaban todo lo que él trataba de ocultar.
—¿Has comido? —preguntó ella—. Te llevaré. Yo invito.
—Estaba pensando en simplemente quedarme en casa. Quizás pedir una pizza. Comer frente al televisor. Tomar una cerveza. Hacer un buen entrenamiento seguido de natación. Luego me voy sentar en el jacuzzi y vegetaré.
Sonaba como si fuera a estar ocupado sudando, mojándose y estando potencialmente desnudo por la mayor parte de la noche. Qué calentura. De repente, Bella necesitaba un cambio de ropa interior.
—Oh.
—Sin embargo, no me importaría un poco de compañía. —Antes de que él pudiera alejarse, ella había captado su expresión triste. Ah Dios, se sentía solo. No estaba segura de cómo un hombre que estaba rodeado por una multitud perpetua podía jamás sentirse solo, pero a pesar de que esos labios besables podían mentir, esos expresivos ojos verdes no.
Bella cerró el maletero.
— ¿Yo cuento como compañía? —preguntó.
— ¿No puedes captar una indirecta? —dijo él con una sonrisa. Se subió al auto y cerró la puerta.
¿Una indirecta? ¿Qué quiso decir? ¿Qué quería pasar más tiempo con ella? Ojalá.
Bella era la hermana inteligente, extravagante. Tanya era la hermana ardiente que todos los chicos deseaban. Edward incluido. Bella había asumido el atractivo de Tanya, y su propia falta del mismo, después de la cuarta vez que había sido botada para que su novio pudiera perseguir a Tanya. No les importaba que Tanya no estuviera interesada en alguien que no tuviera una gorda billetera.
Bella se puso al volante de su Toyota de precio razonable, cerró la puerta y se abrochó el cinturón de seguridad.
— ¿Necesitabas detenerte en algún lugar antes de que te deje en casa? —preguntó ella.
—Realmente no puedes captar una indirecta.
Él se echó a reír, y el sonido rico y profundo hizo temblar el vientre de Bella.
—Digamos, Bella, ¿quieres pasar el rato conmigo y comer un poco de pizza y beber una cerveza? ¿Ver una película?
— ¿Qué tipo de película?
—No me importa. —Sus ojos se abrieron como si fuera golpeado por una horrible revelación—. Sólo que no películas de chicas.
Él corazón de ella golpeaba como un martillo neumático, pero de alguna manera se las arregló para parecer relajada y arrancar el auto.
—No lo sé, Edward. Soy bastante quisquillosa con las películas que veo. Tengo una política de sólo películas de chicas.
—Supongo que tendremos que mirar golf en su lugar. No miro películas de chicas.
¿Golf? Festival de ronquidos. Aunque si estaba con Edward, no podía imaginar que siquiera el golf televisado fuera aburrido.
—Bueno, en ese caso... supongo que puedo tolerar un poco de testosterona. Yo, sin embargo, trazo la línea en películas con efectos de sonido de pelea y puñetazos.
Él sonrió, y la temperatura ambiente dentro del auto aumentó al menos diez grados.
—Película de terror sangrienta será.
Ella rió con inquietud. Era una cobarde certificada cuando se trataba de películas de terror.
—Por supuesto. Siempre que no te importe que me aferre a ti con terror y oculte mi rostro en tu pecho. —No pudo evitar que su mirada vagara a ese pecho grande y musculoso. Sí, lucía perfecto para ocultar el rostro de una. También perfecto para acariciar. Y lamer. Besar. Acariciar. Chupar. Masajear. Mordisquear.
—Eso no me importaría en absoluto —dijo él.
Sus ojos se alzaron para encontrarse con los de él. Espera sólo un segundo.
— ¿Estás coqueteando conmigo, Edward?
—Pensé que eso era obvio.
Oh diablos, sí.
—No estoy segura de sí debería estar a solas contigo. Podrías intentar seducirme.
Él rió entre dientes.
—Podría ser.
Sabía que le estaba tomando el pelo, pero eso no impidió que partes en sus pantalones se prepararan a sí mismas para una invasión bienvenida.
—Supongo que tendré que correr el riesgo —dijo ella, como si su corazón no estuviera a punto de salir de su pecho de un golpe—. Me has provocado un poderoso antojo de pizza. Y una cerveza fría.
Ella arrancó el coche y lo puso en movimiento.
—Y de enterrar mi rostro en tu pecho —añadió.
Él rió.
—Te puedo conectar con los tres.
Sus nudillos rozaron el costado de su pierna, y ella casi saltó fuera de su piel.
Alabó su sabia decisión de vestir shorts esa mañana.
—Oye, gracias por hacerme saber de la fiesta de Julie.
— ¡No hay problema! —chilló ella.
El pulgar de Edward frotó un pequeño parche de piel justo por encima de la rodilla.
La ropa interior de Bella iba a necesitar un equipo de buceo si se mojaba más.
—Desearía haber llegado antes —dijo él—. Seth parece pensar que es el único de la banda que tiene una vida. Realmente me canso de hacer que vea más allá de sí mismo.
Bella se arriesgó a darle una mirada. Él estaba mirando el lugar donde su pulgar estaba encendiendo las terminaciones nerviosas de su piel, pero no parecía estar viendo lo que estaba haciendo.
—No te perdiste mucho. Diez niños odiosos gritando, manos pegajosas cubiertas de glaseado rosa, unos pocos berrinches, y un dolor de estómago que terminó mal en la piscina para niños.
— ¿Julie pidió un deseo y sopló sus velas?
Bella sonrió, luchando contra el impulso de acariciar su cabello oscuro.
Adoraba que la mayor debilidad del hombre fuera una niña de catorce kilos que amaba el helado de fresa.
—Sí. Las apagó todas en un solo intento. Es ventosa como su padre.
Él se echó a reír y quitó su mano de su rodilla de un tirón como si acabara de darse cuenta de que seguía tocándola.
—Ése probablemente no sea un buen rasgo para heredar.
—Claro que lo es. Es parte de lo que te hace un cantante increíble. —Ella apartó la vista de la carretera y lo encontró mirando fijamente el tablero de instrumentos.
La agitación en sus bonitos ojos esmeraldas le rompió el corazón—. Sabes, grabé a Julie soplando las velas con mi teléfono celular.
Él se enderezó, y una sonrisa suavizó sus duras facciones.
— ¿En serio?
—Saca el teléfono de mi bolso y puedes verlo.
Él le frunció el ceño a su bolso, que estaba aplastado entre los asientos delanteros.
—Hay pocas cosas que no tocaré. El bolso de una mujer es una de ellas.
—¿Por qué? —preguntó ella—. ¿Temes encontrar un tampón allí o algo así?
—Desde que vi la película Mary Poppins de niño, he sido cauteloso con los bolsos de las mujeres. No sé si tienen un perchero allí, un cocodrilo o una motosierra.
—No —dijo ella—. No hay motosierras. Tampoco hay tampones. —Sólo para dejar perfectamente en claro que no era su momento del mes. En caso de que él quisiera echarle un vistazo a toda la humedad caliente y palpitante que estaba teniendo lugar en sus shorts.
Él rió entre dientes y metió una mano vacilante en su bolso. Su grito sobresaltado hizo que Bella pisara el freno. La bocina del auto detrás de ellos resonó.
—Oh, es sólo tu billetera —dijo él—. Pensé que era un cocodrilo.
Ella le dio repetidas palmadas en el brazo.
—Me asustaste completamente.
Él le dio un empujón en el costado, y ella se retorció, la fricción contra el asiento atrayendo su atención ante cuán inadecuadamente excitada estaba. Otra bocina sonó mientras ella se desviaba hacia el carril contrario. Le sorprendía que aún no hubiera golpeado un poste de teléfono. Era extremadamente difícil concentrarse en la carretera con Edward Cullen sentado junto a ella, oliendo tan increíblemente como lucía. Sólo podía imaginar lo bien que se sentía. Maldita sea, estaba caliente.
Tenía que encontrar el tiempo para tener citas con más frecuencia.
Edward ubicó su teléfono celular y movió su dedo sobre la pantalla.
—Hmmmm —murmuró—. ¿Qué es esto? ¿Una cinta de sexo protagonizada por Isabella Swan?
— ¿Qué? —Ella intentó agarrar su teléfono, sabiendo perfectamente bien que no había ningún vídeo sexual de ella guardado en él—. Pensé que lo había borrado.
—Oooh —dijo él, sosteniendo el teléfono acunado en ambas manos—. Quiero ver esto.
Una interpretación desafinada de "Feliz Cumpleaños Julie" salió de los pequeños altavoces de su teléfono. Edward miró la pantalla completamente hipnotizado y si Bella no estaba equivocada, con los ojos levemente nublados. Sonrió. Puro cuento. El hombre era puro cuento.
—Pide un deseo, Julie —dijo la voz de Tanya desde el altavoz del teléfono.
— ¿Cómo Aladino? —preguntó Julie.
—Date prisa, las velas están goteando.
—Desearía ser una princesa. Una verdadera princesa de verdad. —Hubo una pausa y luego todos aplaudieron.
—Ves, hiciste su deseo realidad sin siquiera saberlo —dijo Bella.
—Esta niña va a ser mi muerte —dijo Edward. Repitió el vídeo. Dos veces.
La mano de ella se cernía sobre el muslo de él. Quería tocarlo con tantas ganas pero finalmente no pudo encontrar el coraje para hacerlo y así que, en su lugar, jugueteó con el aire acondicionado. Se preguntó fugazmente si necesitaba reparación. Estaba extrañamente sobrecalentada aunque las rejillas de ventilación estaban dirigidas hacia ella y soplaban aire a toda potencia.
—Podría enviarte vídeos de ella, si quieres.
Tomó el camino que conducía hacia la casa de Edward, pensando que debería haber conducido como su abuelo; como si tratara de hacer una carrera con un caracol. El viaje había sido demasiado corto. Redujo la velocidad hasta que su pie dejó el acelerador y literalmente rodaron la longitud de la última cuadra.
—Soy su niñera a menudo, sabes. Ella piensa que su tía Bell's es bastante genial. —Y alguien tenía que cuidar de la niña cuando Tanya iba de compras. Tanya amaba gastar el dinero de Edward. Abordaba la tarea como si compitiera en un evento olímpico.
— ¿Harías eso por mí? —dijo Edward, girando en su asiento e inclinándose en su campo de visión para poder mirarla a los ojos.
—Sí, por supuesto que lo haría. Debería haberlo pensado antes.
—Gracias, Bella. Eres un verdadero amor.
Ella controló una mueca. No quería que él pensara en ella como una chica agradable y olvidable. Aquella en la que los tipos siempre parecían pensar como su amiga. Su camarada. No quería ser llamada un verdadero amor. No después de que Edward había coqueteado con ella tan brevemente momentos antes y la había hecho creer que su deseo más querido podía hacerse realidad.
Bella se volvió hacia el camino de entrada de Edward y se deslizó hasta detenerse detrás de su auto.
—Um, ¿Edward? —dijo—. ¿No es ése tu auto?
Él no le respondió, sólo abrió la puerta rápidamente y saltó del auto. Estaba abrazando el brillante capot negro del roadster antes de que ella pudiera soltar el cinturón de seguridad. Salió y fue a pararse junto a él.
—Pensé que habías dicho que había sido robado.
—Pensé que sí.
—Entonces, ¿cómo llegó hasta aquí?
—No tengo idea.
Bella notó el trozo de papel rosado pegado debajo de un limpiaparabrisas. Lo liberó y leyó la nota en voz alta.
—Edward, sé que no te importará que haya tomado prestado tu auto para llegar antes que tú a la casa. Estaré en el jacuzzi esperando para agitar tu mundo, semental.
Está firmado por Jessica. Y puntuó la i con un corazón. Qué bonito. —Bella fingió no estar afectada por la nota, pero realmente había estado esperando con ansias pasar la noche con él. Desafortunadamente, otra mujer le había ganado. Y a diferencia de Bella, Jessica probablemente tenía la confianza en sí misma, el bello rostro y el cuerpo sexy que usualmente atraía a alguien como Edward.
—Maldita Jessica —gritó Edward—. Me preguntaba dónde había dejado mi juego de llaves de repuesto.
Probablemente en su falda la última vez que ella había estado en su jacuzzi.
—Supongo que me iré a casa —dijo Bella—. Me alegra que recuperaras tu auto Fue bueno ver
Edward se movió para pararse en el camino de Bella. No estaba segura de cómo se las había arreglado para atraparla tan fácilmente entre un precioso trozo de metal y un precioso cantante de metal, pero llamó su atención. Con la espalda apoyada contra el costado del auto, intentó recuperar la cordura. No era bueno. Su corazón tronaba fuera de control mientras lentamente levantaba la vista para mirarlo a los ojos.
—Tú te quedas —dijo él—. Yo te invité. Ella se va. Nadie la invitó.
—Quizás no quiero
Edward le tocó la mejilla, y el aliento quedó atascado en su garganta.
—Te quedas.
Ella no podía apartar la mirada de sus intensos ojos verdes.
—Me quedo —dijo obedientemente.
Él sonrió torcidamente, sacó las gafas de sol del cuello de su camiseta y se las puso. Ella se quedó mirando la cruz alrededor de su cuello.
— ¿Quieres esperar aquí afuera mientras le llamo un taxi o prefieres esperar en la casa? —preguntó él—. Seguramente causará una escena.
—Um.
—Podrías ir a la sala de estar y escoger una película para ver o buscar comida en la cocina. No me tomará mucho tiempo deshacerme de ella.
—Bueno, está bien. ¿Tienes la película Magnolias de acero? —Ella mantuvo su cara de póquer firmemente en su lugar mientras parpadeaba en dirección a él—. Ha pasado mucho tiempo desde que la vi.
Él se echó a reír.
—Pensé que habíamos acordado que nada de películas de chicas.
Bella resopló como si estuviera muy molesta por sus demandas, cuando en realidad sólo quería molestarlo. No podía culpar a Jessica por invitarse a una noche en un jacuzzi con este hombre, pero Bella estaba tan contenta de que Edward estuviera haciendo que la mujer se fuera.
—Supongo que lo hicimos.
Él metió el dedo índice bajo la barbilla de ella y acarició la piel justo debajo de sus labios con el pulgar.
—Te besaría —dijo—. Pero no quiero que Jessica piense que estoy luciendo una erección por ella.
¿Qué?
¿Realmente acababa de decir eso? No era posible que lo dijera de verdad.
Demasiado estupefacta para formar una respuesta, Bella lo miró boquiabierta.
Él se echó a reír.
—Qué expresión tan invaluable.
Le apretó el hombro, y sus piernas comenzaron a temblar incontrolablemente.
—Te veré adentro.
—Uh huh. —Puede que ella dijera eso con la boca llena de babas.
Edward se volvió y corrió hacia la puerta, abriéndola y dejándola así para que ella pudiera entrar. Luego se dirigió a grandes pasos hacia el camino por el lado de la casa que llevaba a la piscina y al jacuzzi en la parte trasera.
Fue todo lo que Bella podía hacer para evitar deslizarse hasta el suelo en un charco de lujuria.
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*Tesla Roadster es un automóvil deportivo totalmente eléctrico, y fue el primer modelo producido por Tesla Motors, un fabricante de automóviles eléctricos.
Una Bella enamorada, y un Edward juguetón. ¿Cómo seguirán las cosas entre éstos dos?
凸(^_^)凸
Gracias por sus reviews mis amores!
Nos leemos el Lunes 01 de Marzo!
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๑۩۞۩๑
#Andre!#
