Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos y divertirme.
La historia original es de O.C
Capítulo 03
.
.
.
.
Edward cubrió la distancia hacia su patio trasero en largas y enojadas zancadas. No podía creer que Jessica hubiese tenido la audacia de "tomar prestado" su auto sin preguntarle. ¿Y luego pensaba que él estaría lo suficiente feliz con eso para follarla?
No esta noche. Quizás nunca más. Por supuesto, si ella no hubiera tomado su auto, entonces Bella no lo habría traído a casa y él no estaría anticipando una noche con una de las pocas personas que le permitían bajar la guardia.
Un rastro de prendas descartadas comenzaba en la esquina trasera de la casa y continuaba hacia el jacuzzi, el cual estaba rodeado en tres lados por una valla de cedro que proporcionaba privacidad. Mientras continuaba alrededor de la casa, recogió las ropas, una sexy prenda a la vez. Medias con encaje aquí. Una tanga negra de satén allí. Edward dejó caer toda la ropa sobre la cerámica del patio al pie de las escaleras del jacuzzi.
Jessica estaba justo donde había dicho que estaría. Tenía una copa de vino en una mano, su cabello color castaño apilado en la parte superior de la cabeza, los ojos cerrados y los hermosos pechos desnudos flotando sobre la superficie del agua.
Tenía un fantástico par de tetas. Sí, él lo notaba. No había un hombre heterosexual vivo que no la encontrara sexualmente tentadora. Y si Bella no hubiera accedido a quedarse, Edward sin duda se habría sacado la ropa para unirse a Jessica. Pero Bella estaba aquí y por extraño que pareciera, él prefería pasar la noche provocándola que follando a la diosa del sexo del jacuzzi hasta que no pudiera moverse. Se aclaró la garganta, y los sensuales ojos marrones de Jessica se abrieron. Una sonrisa "invitante" se extendió en sus exuberantes labios.
—Ahí estás, amante —dijo— Estaba comenzando a lamentar no haberte esperado en el estacionamiento, pero llevabas horas retrasado y estaba toda acalorada y sudorosa—. Hizo un puchero.— No porque tú me pusieras así.— Tomó un sorbo de su vino. La botella verde estaba asentada en un enfriador de polietileno detrás de ella— Te gustaría un trago?
—Tengo compañía, Jessica. Tienes que vestirte e irte.
— ¿Compañía? ¿Qué clase de compañía?
Él se esforzó para encontrar la mejor manera de describir a Bella. ¿Amiga? ¿Familia? ¿Antiguo enamoramiento? — Compañía femenina.
—Yo no tengo problema con que se nos una, Edward. ¿Es sexy? —Jessica emitió una risita ronca— Sabes cuánto me gustan las mujeres.
Mientras que normalmente hubiera pensado que era una genial idea, no creía que Bella estuviese interesada en un trío con una mujer que no conocía. Edward amaba flirtear con Bella, bromear, pero ella estaba fuera de los límites. No tenía intención de dormir con ella alguna vez. Lo cual le hacía preguntarse por qué prefería pasar la noche con ella en lugar de disfrutar de las tetas y el culo en su jacuzzi. Probablemente porque todavía estaba recuperándose de esa loca chica en Tulsa. ¿Cuál había sido su nombre? Mikki. Maldita sea, la mujer había tratado de desgastar su pene hasta un muñón.
—No, Jessica, vine aquí a decirte que te vayas. No puedes simplemente tomar mi auto sin pedir permiso. Tienes suerte de que no llame a la policía y haga que te arresten por robar un auto.
— ¿Esperabas que te esperara en el estacionamientos por horas?
— ¿Por qué me estabas esperando? En primer lugar, no te lo pedí.
—Ahora estás siendo simplemente un idiota.
Le habían dicho cosas peores. — ¿Cómo conseguiste mis llaves?
—Las dejaste en mi casa. ¿Recuerdas?
—No
—Estabas demasiado ebrio para conducir, así que Jane te llevó a casa y al día siguiente viniste y recogiste tu auto. Yo no estaba en casa, así que debes haber usado tu set de repuesto.
Mientras que recordaba poco de su noche ebria con Jessica y Jane, sí recordaba despertar con Jane en su cama y después recoger su auto la mañana siguiente. Había olvidado completamente pedirle sus llaves extras a Jessica. Sunrise había regresado a la gira el día siguiente, y recuperar sus llaves no había sido una prioridad.
—Eso fue hace más de un mes. ¿Las has tenido todo este tiempo?
Ella sonrió. — Y no creas que la idea de tomar tu auto para dar un paseo cada noche no cruzó por mi mente. Sin embargo, no lo hice. Hasta esta noche. Y no lo habría hecho esta noche si no te hubieras demorado tanto…
Y él no se hubiera demorado tanto si el guitarrista principal de su banda no fuera semejante imbécil desconsiderado. El cumpleaños de Julie no había sido el único evento importante que él se había perdido por culpa de Seth. Se había perdido el nacimiento de Julie porque había estado acompañando el inconsciente culo de Seth al hospital. En aquellos días Seth había tenido una tendencia a las sobredosis de heroína. Mientras que esperaba en la sala de emergencia que Seth fuera revivido, se había perdido la llamada de que Tanya había entrado en trabajo de parto prematuro. Para cuando recibió el mensaje, Julie ya había nacido en un hospital diferente, en otro estado, tres semanas antes, pero sana. Nunca perdonaría a Seth por hacerle perder el primer aliento de su hija. Nunca. Especialmente dado a que el idiota ni siquiera entendía por qué Edward estaba tan enojado con él. Quizás algún día Edward renunciaría a Seth y le permitiría destruirse solo, pero el tipo era un desastre caminante y Edward se sentía responsable por él. Si alguien no vigilaba a Seth, muy probablemente terminara muerto. Tanto como el tipo lo molestaba, Edward no quería eso. Habían pasado por mucho juntos. Y no todo había sido malo. De hecho, Seth había sido el que le había dado a Edward un sueño que perseguir. Antes de que Seth convenciese a Edward de que podía cantar, Edward había estado en el camino rápido a trabajar en alguna fabrica de haber tenido suerte.
— ¿Por qué no le preguntas a tu compañía femenina si le gustaría unírsenos? —dijo Jessica— Estoy tan cómoda y de humor. Parece una pena desperdiciar un coño tan caliente y jugoso por ti.— Sus dedos se movieron para acariciar su pezón— Podemos llamar a Jane si tu compañía es demasiado tímida para hacerlo con nosotros.
Jessica y Jane lo mantendrían despierto y funcionando toda la noche. No podía decir que no estuviera tentado. Pero no aceptó.
—Te llamare un taxi mientras te vistes —dijo
Se volvió para entrar a la casa, y una copa de vino pasó junto a él, estrellándose en las baldosas a sus pies.
— ¡Maldito idiota!
—Asegúrate de limpiar los vidrios rotos antes de irte. Tendré al taxi esperándote en la entrada.
Él empezó a subir los escalones para entrar a la casa a través de una puerta en la cocina.
—Espera, Edward. Lo siento— exclamó Jessica. El agua salpicó cuando salió del jacuzzi. Húmedos pies aterrizaron en el entablado de cedro.
Edward no cometió el error de volverse. Entró en la casa. Bella estaba espiando por la ventana de la cocina.
—Sé que no es de mi incumbencia— dijo—. Pero tu caliente y desnuda amiga parece un poco preocupada.
Él rió—. Heredé el gen de enojar a las mujeres de mi padre.
—Debes ser un homocigoto dominante por ese rasgo.
—Eh
Ella rió y alisó su sedoso cabello cobrizo con una mano.
—Lo siento. Broma de profesora de biología.
A Edward nunca le había gustado la escuela, pero respetaba a los profesores. Las chicas listas lo intimidaban un poco. No que lo admitiría frente a una chica lista. Especialmente no una chica lista inteligente y sexy como Bella.
— ¿Qué tal el trabajo? —preguntó, cerrando la puerta detrás de él y poniéndole el cerrojo.
—Oh, es genial. Especialmente en junio, julio y agosto.
Él rió entre dientes. —Todas esas vacaciones serían una ventaja. Sabes, esos son los meses en los que trabajo más.
—Como si pavonearse una hora al día sobre un escenario fuera trabajo. Por favoooor. —Ella puso los ojos en blanco.
Él se enderezó y frunció el ceño. —No me pavoneo.
—Sí lo haces— Sonrió— Pero es increíblemente sexy, así que nunca pares.
Él rió. Era refrescante flirtear con una mujer que no pensaba que se suponía que tenía que caer sobre su polla como una vagina busca misiles.
—Déjame llamar un taxi para Jessica, y después ordenaré pizza.
Bella asintió hacia la ventana que daba para el patio trasero. —Creo que ya se fue.
El corazón de Edward se hundió.
— ¡Mierda! Todavía tiene mis llaves.
Corrió a través de la casa y abrió de un tirón la puerta delantera. Parada junto a la puerta del conductor de su auto, Jessica le tiró uno de sus tacones.
— ¡Imbécil!
Él fácilmente esquivó su proyectil y corrió por la entrada. Jessica abrió la puerta y estaba entrando al auto antes de que él la alcanzara. Tiró de ella contra él y cerró la puerta con el pie. Un desastre evitado. Otro iniciado. Jessica lo golpeó en el pecho con fuerza sorprendente.
—No me toques. No me toques.
Él soltó su asidero en un brazo, y ella colapsó contra su pecho, sollozando incontrolablemente. Mierda. Hoy estaba de suerte haciendo llorar a las mujeres, y tenía una debilidad patológica con las lágrimas. Doble mierda. Envolvió a Jessica en un abrazo flojo y le acarició la espalda.
—No llores.
—Tú tú, tú tú piensas que soy fea —chillón ella.
— ¿Qué? No. No creo que seas fea en absoluto. Eres hermosa. Perfecta.
— Entonces p por por ¿por qué no te acostarás conmigo?
Él se mordió el labio para no reír. Sonaba absolutamente ridícula.
—Te lo dije, tengo otros planes.
— Vas vas vas a acostarte con ellaaaaa.
No tenía intenciones de acostarse con Bella. Le gustaba demasiado como para follarla.
—Eso no es de tu incumbencia
Jessica se aferró a él.
—No me pidas que me vaya. Por favor. Necesito estar contigo.
—No va a suceder esta noche, Jessica. Quizás en otro momento.
Ella se alejó y levantó la mirada hacia él. Su nariz estaba roja, y rayas negras corrían por cada mejilla.
— ¿Es porque tomé tu auto? ¿Estás enojado conmigo?
Era mucho más complicado que eso, pero tomó la salida fácil.
—Sí. Y si no te vas ahora, me enojaré tanto que no te volveré a llamar.
Ella lloriqueó.
Él buscó su rostro.
—No estás molesta porque tienes sentimientos por mí, ¿verdad? —Porque él ya no iba por los sentimientos. No desde su estropeado matrimonio. Y Jessica lo sabía. Por eso que se acostaba con ella regularmente. El sexo casual era la única manera en que funcionaba, y él había pensado que Jessica estaba de acuerdo.
Jessica se secó las lágrimas con el dorso de sus muñecas y dijo—. Por supuesto que no. Solo quería tener sexo. He estado cachonda todo el día pensando en tu polla grande y gruesa.
De alguna manera, él se las arregló para no poner los ojos en blanco.
—Eso es lo que dices, pero estás actuando celosa.
Jessica retrocedió un paso, enderezó la espalda y volvió a ser la mujer segura de sí misma que él conocía muy bien.
—No celosa, Edward. Envidiosa. Realmente estaba esperando ser follada hasta perder el sentido esta noche. Nadie tiene tu resistencia, nene.
Bueno, su polla estaba esperando una noche de descanso.
— ¿Al menos me llevarías a casa? —preguntó—. Jane todavía no salió del trabajo. Me dejó en el estacionamiento para que te esperara. Por eso tomé tu auto.
Él echó un vistazo hacia la casa sobre el hombro. Llevar a Jessica disminuiría su tiempo con Bella, pero sólo era un viaje de diez minutos y le tomaría más tiempo conseguir un taxi.
—Sí, de acuerdo. Sólo dame un minuto.
Edward recogió el descartado zapato de Jessica en su camino a la casa. Bella estaba parada en el vestíbulo con los brazos cruzados sobre su pecho y luciendo muy incómoda.
—Debería irme —dijo.
—Por favor, no. Sólo voy a darle un aventón a su casa. Puedes venir si quieres.
—Tu auto sólo tiene dos asientos, Edward.
¿Edward? Ella era una de las pocas personas que lo llamaban por su nombre sin que le molestase, así que el hecho de que lo usara activó todo tipo alarmas. Edward masajeó su frente. Realmente estaba jodiendo las cosas.
—Cierto.
—Pensé que ibas a llamarle un taxi.
—Tomará más tiempo conseguir un taxi que yo la lleve a casa. No vive lejos.
Bella se encogió de hombros. —Como sea. Entiendo. Quizás haremos esto en otra ocasión.
Edward se quitó las gafas de sol y la miró a los ojos, esperando que ella pudiera ver la sinceridad en su expresión.
—No quiero que te vayas, Bella. Quiero que ella se vaya.
Lo sorprendió al sonrojarse y bajar la mirada.
—De acuerdo. —Respiró profundo y luego le sonrió—. Ordenaré pizza mientras vas. Espero que te gusten las anchoas y la piña.
—Me gustan casi tanto como *Magnolias de Acero.
Ella se rió y le palmeó el pecho. Su corazón saltó, y su polla decidió que ya no quería una noche libre. Abajo, chico. Sexy o no, Bella estaba fuera de los límites.
—Anda, lleva a la "Nena Desnuda" a casa. Yo te cubro.
Él luchó contra la urgencia de besar sus labios que sonreían suavemente y, en su lugar, se volvió a poner las gafas.
—Me apresuraré. —Había beneficios en tener un auto que pasaba de cero a cien en menos de cuatro segundos.
Para cuando cerró la puerta delantera detrás de él, Jessica ya estaba esperando en el auto. Él entró y dejó caer el zapato sobre su regazo.
—Lo lamento si te disgusté —dijo ella. Se inclinó y le besó el cuello. Su mano se deslizó sobre su muslo y hacia su entrepierna—. ¿Me perdonas?
—Sí. Lo que sea.
Encendió el auto y su motor silencioso y eléctrico motor ronroneó. Había tenido autos más grandes y ruidosos en el pasado, pero de hecho le gustaba el calmado poder de su Tesla. Era rápido, como cualquier otro auto deportivo, pero el motor era casi silencioso y se desplazaba perfectamente, tomando el manejo de sus manos y poniéndolo en el control del auto. Principalmente amaba este auto porque le hacía sentir que estaba conduciendo un vehículo del futuro y porque nunca tenía que llenarlo con gasolina. Sin embargo, tendría que cargarlo cuando llegase a casa. La batería estaba baja.
—Te lo compensaré. —La mano de Jessica se deslizó hasta su entrepierna—. ¿Preferirías que te la chupe o que lo haga con la mano?
—Ahora mismo no me interesa —dijo él, pero su polla ya hinchada lo convertía en un mentiroso. Algunas veces su libido era una desventaja.
—Ya veo —dijo ella y lanzó una risa ronca—. Yo me ocuparé de ti. Flaca Plana no tiene por qué enterarse.
— ¿Flaca plana?
—La cosita bonita que tienes esperado en casa.
— ¿La viste?
—Tiene una tendencia a mirar cosas, a través de las ventanas, que no son de su incumbencia.
—Bueno. Estoy seguro de que te agradecerá por ponerme duro. Sigue haciendo lo que estás haciendo y estaré listo para follarla tan pronto como entre por la puerta. —Se imaginó que eso sería más efectivo para hacer que Jessica dejara de acariciarlo que si se le pedía que se detuviera. Ella apartó la mano de su entrepierna de un tirón y puso distancia entre ellos en el reducido espacio del auto apoyándose contra la puerta del pasajero y cruzando los brazos sobre su amplio busto.
—Realmente eres un imbécil. —Intentó perforar un agujero en el tablero con la mirada.
—Y tú no sabes cómo aceptar un no por respuesta.
—No comprendo porque debería. Siempre la pasamos bien en la cama.
Y eso era lo único que tenían en común. Los neumáticos chirriaron cuando entró al camino de entrada. Se detuvo frente a la puerta del garaje de ella. Cuando ella continuó fulminando su tablero con la mirada y no hizo ningún movimiento para salir del coche, él se inclinó sobre ella y abrió la puerta.
— ¿Ni siquiera vas a salir del auto?
—No, tengo una tremenda erección en este momento y estoy ansioso por volver junto a Flaca Plana. —Lo cual era verdad, pero las dos afirmaciones no estaban conectadas. No que Bella y tremendas erecciones no fueran de la mano. Él simplemente quería estar con ella por razones distintas a las que estaban pasando en sus pantalones.
—Espero que tu polla se caiga —dijo Jessica y salió trastabillando del auto con un zapato en el pie y otro en la mano.
Él rió entre dientes.
—No, no lo esperas. En ese caso no serías capaz de follarlo.
Ella le gruñó y luego cerró la puerta de un golpe. Sonriendo, él la saludó con la mano, sacó el auto del camino de la entrada y se dirigió a casa. Otra cosa buena de tener un rápido coche deportivo era que cuando una mujer rencorosa le lanzaba un zapato, no le atinaba.
Edward se sintió aliviado al ver el auto de Bella todavía en su camino de entrada cuando regresó. Había esperado que ella se hubiera ido. Podía entender por qué se sentiría lo suficientemente incómoda para marcharse. ¿Qué mujer quería pasar el rato con un tipo que llegaba a casa para encontrarse mujeres desnudas que no había invitado metidas en su jacuzzi? Bella probablemente pensaba que era el hombre más fácil sobre el planeta. Y quizás sí era un contendiente para el top diez de cazadores de coños de todos los tiempos, pero no pensaba con la polla. Él sólo quería mantenerla feliz dándole lo que quería. Era una decisión completamente consciente de su parte. No tenía problemas diciéndole que no a una mujer. Al igual que una mujer jamás debería tener problemas en decirle que no. Fácil llegan, fácil se van. Pero mayormente, fáciles acabadas.
Edward se detuvo en su garaje y conectó el coche al cargador antes de entrar a la casa a través del vestidor. Podía oír a Bella cantando en la cocina tan pronto como entró. Estaba chillando la canción de los ochenta *"Walking on Sunshine" completamente desafinada. Sonrió y siguió su voz hasta la cocina. La observó desde la puerta. Ella tenía auriculares en sus oídos y como no era consciente de su presencia, le regaló un pequeño baile antes de sacar la fruta fresca del refrigerador.
Hizo unos pasos de baile de lado hacia el fregadero y lavó uvas, fresas y manzanas antes de arrojarlas en un recipiente y abrir varios cajones hasta encontrar un cuchillo.
Mientras cantaba el animado coro, su lindo culito se movió de lado a lado. Era mucho mejor bailando de lo que era cantando.
—Whoa-o. —Edward no pudo evitar unírsele.
Bella se volvió de repente, el cuchillo en la mano. Su rostro enrojeció al instante, y se arrancó los auriculares.
— ¿Cuándo regresaste? —preguntó.
—Baje el cuchillo, señorita, y hablaremos.
Ella miró su mano, que sostenía el cuchillo como un arma, y luego lo dejó caer sobre el oscuro granito de la isla de la cocina.
—Oh Dios, ¿cuánto has estado parado ahí?
—Lo suficiente como para saber que cantas agudo. Muy agudo.
—No se suponía que escucharas eso. Imaginé que pasaría al menos una hora antes de que regresaras.
Su ceño se arrugó.
—Te dije que me apresuraría.
—Sí, pero no pensaba en ti como un hombre de un minuto.
— ¿Qué?
—Oh, vamos, Edward, sé por qué querías llevarla a casa. No soy tonta.
— ¿Crees que quería estar a solas con ella?
—Bueno, ¿no es así?
—No. Quería estar a solas contigo.
Ella lo miró con los ojos bien abiertos y el puño sobre el corazón, aparentemente sin habla.
Edward rodeó la mesada de la isla y sacó una toalla para secar la fruta que estaba en el recipiente del fregadero. La señora de la limpieza siempre llenaba su refrigerador con fruta fresca porque sabía cuánto la deseaba cuando fuera que estuviera en casa. Se metió una uva a la boca y le lanzó a Bella una deliciosa manzana dorada. Él cantó la primera línea del estribillo de "Walking on Sunshine".
—Whoa-oh —cantó Bella.
Él repitió su línea.
—Whoa-oh-oh —coreo ella incluso con más entusiasmo.
Entonaron la siguiente línea juntos, sonriéndose el uno al otro como un par de hienas dementes.
Edward arrancó uvas de sus tallos y las arrojó dentro del recipiente mientras Bella cortaba los corazones de diversas variedades de manzanas, rojas, amarillas, verdes, y las cortaba en rodajas. Ella se contentó con cantar la voz acompañante mientras trabajaban.
Él se preguntó qué dirían sus fans si lo escucharan cantando una canción pop de chicas. Su banda era conocida por crear metal que derretía rostros, pero lo estaba pasando tan bien tonteando con Bella, que arriesgaría cualquier protesta pública.
A continuación, Bella comenzó con un par de naranjas, mientras él le quitaba las hojas a las fresas. Tenían suficiente fruta en el recipiente para diez personas para cuando terminaron y habían cantado el estribillo de la misma canción al menos veinte veces, pero Edward se resistía a terminar con la camaradería entre ellos y revisó el refrigerador buscando fruta que pudieran haber pasado por alto. No tenía oportunidad de hacer este tipo de cosas a menudo. Especialmente no con una mujer. Tenía una reputación que defender, pero con Bella, podía dejarse llevar y simplemente ser él mismo sin preocuparse por lo que ella pensara sobre él. Siempre había sido así entre ellos. Incluso cuando había estado comprometido y casado con su hermana, si él había querido divertirse un rato, había buscado la despreocupada compañía de Bella.
Algo helado lo golpeó en la nuca. Gritó y giró rápidamente sólo para ser golpeado en el rostro por un chorro de agua. Blandiendo el rociador de agua del fregadero de la isla, Bella se rió a carcajadas y lo roció en el oído.
—Mierda, está frío —protestó él, cubriéndose el oído con una mano y sacándose el líquido.
Ella puso cara de cachorrito triste, su labio inferior sobresaliendo en un mohín.
—Oh, pobre bebé —dijo, y luego lo roció la base del cuello.
—Tú —gruñó él, aunque no podía borrar la sonrisa de su rostro.
Riendo alegremente, Bella corrió alrededor de la isla y cuando la mesada estuvo entre ellos, se volvió y lo roció de nuevo.
Él rodeó la mesada en una carrera. Ella chilló y se deslizó lejos de su alcance, lanzando agua en todas direcciones. El líquido helado le dio en el brazo. A pesar de quedar empapado, él no dio marcha atrás, ni siquiera cuando la tuvo atrapada contra sí mismo y ella dirigió un continuo chorro de agua hacia abajo por los vientres de ambos.
—Está frío —chilló ella y soltó la boquilla.
Edward le arrebató el rociador de la mano.
—Tienes toda la maldita razón de que está frío. —Él la sostuvo apretadamente con un brazo y le roció agua sobre la camiseta. Lo cual atrajo su atención hacia sus pechos ahora empapados, la transparente camiseta rosa pálido y los duros pezones.
La reacción de su cuerpo fue instantánea. Su cerebro estaba unos segundos detrás.
Ella gritó.
—Frío, frío, frío. ¡Edward! ¡Detente!
Él dejó caer la manguera y ahuecó la invitante suculencia de un pecho en la mano. Su pulgar rozó el pezón endurecido, y ella se estremeció. No había suficiente agua fría en el océano Ártico para enfriar la ardiente lujuria que inundaba su ingle.
Bella necesitaba abofetearlo, y pronto, o él iba a hacer algo de lo que se arrepentirían. Levantó la mano y en lugar de darle una fuerte palmada en la mejilla, le quitó las gafas de sol y las arrojó sobre la mesada.
Sus ojos se encontraron. Él no podía apartar la mirada. Ella se acercó más. O él se acercó más. No estaba seguro de quién de los dos lo había hecho. No importaba. Todo lo que sabía era que tenía que probar sus labios. Había soñado con besarla tantas veces. Se preguntó si sabría tan dulce como parecía.
Su corazón golpeó con más y más fuerza mientras se inclinaba hacia adelante. No se había sentido tan aturdido desde su primer beso en la secundaria. Sus labios estaban a un cabello de distancia cuando el timbre de la puerta sonó y les regresó sus sentidos.
—Lo siento —dijo él y se apartó.
Sin importar lo mucho que la deseara, Isabella Swan no estaba a su alcance.
Sí, había que decirle eso a su polla.
.
.
.
.
.
.
*Magnolias de Acero: comedia de fama mundial con una emotiva historia.
*Walking On Sunshine: es una canción de Katrina & The Waves. Pueden encontrar la letra en . ?letra=837144
凸(^_^)凸
Si, me adelante al capítulo que debería subir mañana, pero es un regalito de Pascuas!
Como siempre gracias por sus reviews!
Nos leemos en martes! No chillen que les anticipe el capítulo! XD
๑۩۞۩๑
#Andre!#
