Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos y divertirme.

La historia original es de O.C


Capítulo 04

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Bella nunca antes había deseado lastimar a un repartidor de pizza, pero cuando Edward se apartó y la privó del calor de su duro cuerpo y del aroma de su deliciosa carne, comenzó a compilar una lista de torturas.

Edward casi la había besado. Casi. Y todavía podía sentir el peso de su mano sobre su pecho. Oh Dios, deseaba a ese hombre. Y durante unos treinta segundos, había pensado que realmente podría tener su deseo cumplido.

Inclinándose contra la isla de la cocina en busca de apoyo, lo vio salir de la habitación para abrir la puerta. ¿Por qué no había sido más agresiva? Simplemente debería haberlo agarrado y besado. Haber dejado perfectamente en claro que lo deseaba.

Como de costumbre, su tendencia a dudar y a analizar las cosas la dejó sin el premio que tanto ansiaba. Necesitaba relajarse. Volverse agresiva. Atacar al hombre como una leona hambrienta de sexo. Sí, claro. Incluso si pudiera encontrar el coraje para lanzar la prudencia a un lado, ese tipo de tácticas no funcionaban con Edward de todos modos.

Con un suspiro, Bella tomó una toalla y comenzó a secar el agua que cubría la cocina. Le mantenía las manos ocupadas para que no comenzara a quitarse la ropa para que pudiera esperarlo, desnuda, al igual que la mujer que él había despachado antes. No se pondría en una posición de ser rechazada por él. Bella se había sentido mal por Jessica (no que hubiese querido que Grandes Tetas Maloney se quedara, ni que no estuviera agradecida de que Edward la hubiese rechazado y la hubiese llevado a casa), pero Bella estaba lo suficientemente desesperada por el hombre para hacer algo como esperarlo desnuda en un jacuzzi, así que se solidarizaba con la mujer.

El aroma de la pizza acompañó a Edward de vuelta a la cocina. Bella tiró el paño de cocina húmedo en el lavaplatos y se volvió para mirarlo, fingiendo que no se sentía incómoda al forzar una sonrisa.

—Huele genial.

Evitando sus ojos, él miró fijamente por encima de su cabeza mientras deslizaba la caja de pizza en la mesada todavía húmeda de la isla. No era muy bueno para ocultar su propia incomodidad.

—Supongo que te decidiste en contra de la piña y las anchoas.

—Sí, tuve eso un par de noches atrás. Se me ocurrió mezclar un poco.

Él se estiró para tomar sus gafas, pero ella las agarró antes de que pudiera poner la mano sobre ellas. De ninguna manera iba a permitirle ocultarse detrás de ellas. No le importaba si lo incomodaba mirarla después de que casi la había besado.

—No hay gafas para ti esta noche —dijo ella, metiéndolas en la parte delantera de su camiseta. La mirada de él cayó sobre su pecho y su camiseta húmeda. Esta vez cuando sus pezones se endurecieron, no fue por el frío. Fue por el calor en sus ojos.

—Uhm. —Él levantó la cabeza de golpe y dio un paso atrás—. Te conseguiré algo seco para que te pongas.

Huyó de la habitación antes de que ella pudiera decirle que estaba más que feliz de vestir una camiseta mojada si eso lo hacía mirarla así. Suspiró, escondió las gafas en un cajón al azar y luego buscó unos platos en los gabinetes. Unos minutos más tarde él regresó con una toalla de baño y una camisa de hombre de franela.

—Pensé que probablemente tendrías frío.

Oh, por supuesto. ¿Así que se suponía que vistiera una gran camisa de franela que la cubría desde el cuello hasta las rodillas mientras se veía obligada a verlo en su ceñida camiseta que se estiraba sobre sus bien definidos músculos cada vez que se movía? ¿Y él esperaba que ella no lo derribara al suelo y pasara las manos por cada centímetro abultado de él? Sus ojos cayeron hasta su entrepierna. Sí, sobre todo quería poner sus manos en ese bulto en particular.

—Gracias —se las arregló para decir.

Se sacó la camiseta por la cabeza y se estiró para tomar la camisa que él sujetaba en su dirección. Él la miró boquiabierto, como si nunca antes hubiese visto a una chica en sujetador. Tan pronto como ella tuvo su camisa en su poder, él se dio la vuelta y miró en la dirección opuesta.

—Bella —dijo sin aliento—. ¿Qué estás haciendo?

Ella sonrió, feliz de que al menos estuviera un poco nervioso.

—Poniéndome tu camisa, así no pesco un resfriado. —Se la abrochó hasta el centro de su pecho y luego se deslizó fuera de sus mojados shorts. Se los arrojó, y lo golpearon en la espalda antes de caer al suelo—. ¿Debería quitarme la ropa interior?

Está positivamente empapada.

— ¡No!

Se mordió el labio para contener la risa. ¿Por qué actuaba tan avergonzado?

Bella imaginaba que las mujeres le lanzaban ropa interior todo el tiempo.

—Estoy decente —le dijo. No que quisiera estarlo.

Él respiró hondo y se volvió hacia ella, como si temiera una caminata a la guillotina. Su mirada se deslizó desde sus pies y por sus piernas desnudas hasta la camisa grande y sin forma que le quedaba como un muumuu.

—Piedad —dijo él por lo bajo. Cerró con fuerza los ojos y se inclinó para recoger sus shorts y camiseta mojados—. Pondré esto en la secadora por ti. —Una vez más huyó de la habitación.

Perpleja, Bella se rascó la cabeza. ¿Cuál demonios era su problema? Ella no era tan poco atractiva, ¿o sí? Durante unos minutos, de hecho había creído que se sentía atraído por ella. Ahora la trataba como si tuviese una enfermedad contagiosa.

Oh, bueno. No iba a permitir que su falta de interés le arruinara la noche. Incluso si él no la deseaba de forma sexual, todavía podrían reírse un rato. Buscó un par de cervezas en el refrigerador, arrojó varias rebanadas de pizza en un plato y tomó el tazón de fruta antes de llevar todo a la sala de estar a la salida de la cocina. Puso todo sobre la mesa de café y se arrodilló delante de los estantes de discos Blu-ray, examinando los títulos en busca de algo que le diera una excusa para enterrar el rostro en el pecho de él. Sólo porque no se sintiera atraído por ella no significaba que ella no pudiera disfrutar de estar cerca de él. ¿Verdad? ¿Muy desesperada, Bella? Dejó escapar un profundo suspiro.

Sobre sus codos y rodillas, se balanceó hacia atrás y hacia adelante con energía nerviosa mientras leía los títulos. No habría sabido que él había entrado en la habitación si no hubiese murmurado "hijo de puta", en voz baja. ¿Cuál era su problema ahora? Sacó un estuche de la estantería y lo arrojó sobre la mesa de café.

— ¿Qué tal esa?

—Bien —dijo él, sin mirarla. Cruzó la habitación hacia la gran otomana al pie de una silla azul de gran tamaño. La abrió y sacó una manta—. Toma asiento.

Cuando ella se sentó en el sofá frente al televisor, él desdobló la manta sobre su regazo y luego llegó incluso a meterla alrededor de sus piernas.

—Eso está mejor —dijo él.

— ¿Qué está mejor?

Él hizo una pausa.

—Pensé que tenías frío.

— ¿En una camisa de franela?

—Tus piernas, quiero decir.

—Estamos en junio.

—El aire acondicionado está encendido.

—Está bien, lo entiendo. Me mantendré toda cubierta —dijo ella con irritación—. Siéntate y come.

Rascándose la parte posterior del cuello, él miró la silla en el lado opuesto de la sala. Si se sentaba ahí, ella iba a darle un puñetazo en la nariz.

—Pon la película —dijo ella y se aflojó la manta para poder alcanzar una rebanada de pizza.

Él obedeció. Ella frunció el ceño. Ni siquiera se habían besado, pero toda la fácil amistad entre ellos se había desvanecido como si él acabara de descubrir que había estado besuqueándose con su prima hermana. Ella hizo una pausa con la pizza colgando de su boca. Oh Dios. Quizás pensaba en ella como una hermana. Repentinamente sintió deseos de echar una rabieta del tamaño de Julie. Edward puso en marcha la película y luego se instaló en el extremo opuesto del sofá de donde Bella estaba envuelta como frijoles en un burrito.

—Uh, no —dijo ella—. Si me estás haciendo mirar una película de terror, entonces te vas a sentar a una distancia en que pueda agarrarte.

Él se acercó un poco más pero no lució muy feliz al respecto. Ella masticó su pizza y bebió un sorbo de cerveza mientras fingía que no se sentía como un patito feo. La sala se oscurecía a medida que el sol se deslizaba por debajo del horizonte. El sonido envolvente y el suspenso pronto tuvieron a Bella tan absorta en la película que no podía apartar la mirada de la pa ntalla panorámica. Ella era la mujer perdida en el bosque. Ella era la mujer que no dejaba de mirar por encima del hombro. El sonido de las hojas crujiendo se hizo más fuerte detrás de ella. Más cerca. Más fuerte. Algo tomó el hombro de Bella. Ella gritó.

Edward estalló a carcajadas.

Ella lo golpeó en el brazo.

—Me diste un susto de muerte. —Su corazón latía fuera de control.

—Oye, tú eras la que quería sentarse a distancia de agarre.

—Para que así pudiera aferrarme a ti cuando tuviera miedo, no para que pudieras asustarme.

La luz azul del televisor lanzaba un misterioso resplandor sobre su sonriente rostro.

—Lo siento.

—No, no es así. —Tomó otro sorbo de su cerveza sólo para descubrir que estaba vacía. Su pizza también había desaparecido en su estómago mientras había estado absorta en la película. Notó que Edward se había terminado todas las rebanadas que había traído de la cocina y ella no quería moverse de su lugar.

Bella tomó el tazón de fruta, colocándolo entre ella y Edward en el sofá. Ambos metieron la mano en el tazón al mismo tiempo, y la parte posterior de la mano de él rozó la de ella. Todo el cuerpo de ella se tensó en respuesta. Él sacó la mano del tazón de un tirón y tomó su cerveza. Cristo, ¿hacía calor aquí o era sólo él? Muy probablemente fuera la maldita manta bajo la que ella estaba sofocándose. Ella la pateó y metió las piernas debajo de su cuerpo, lo cual la acercó más a Edward. Él no pareció darse cuenta, pero su olor la envolvió, mezclándose con el apetecible aroma de las fresas y las naranjas flotando desde el tazón.

La desafortunada mujer en la pantalla del televisor estaba siendo brutalmente asesinada, pero Bella no lo encontró tan aterrador como el aumento de la tensión. La sangre y las tripas no molestaban a los profesores de biología. Sin embargo, la parte de ser perseguida en la oscuridad sí la aterrorizaba. Así que cuando la siguiente mujer desafortunada se encontró siendo perseguida por callejones oscuros en la parte equivocada de la ciudad, Bella se inclinó hacia Edward hasta que su sien se apoyó en su hombro. Él se puso tenso, pero no la apartó.

—Dios, ¿estas mujeres nunca llevan un maldito teléfono celular? —dijo Bella.

A la mujer en la pantalla que estaba entrando a un almacén abandonado, le gritó—. No entres ahí, idiota.

Edward sacó el tazón de fruta de entre sus caderas y lo puso sobre la mesa. Luego hizo una cosa totalmente desconcertante. Pasó un brazo alrededor de ella y la acunó contra su costado. Ahora el corazón de ella definitivamente le golpeteaba. La sangre corría a través de sus oídos, ahogando los gritos de la mujer en la película.

¿Película? ¿Qué película? La conciencia de Bella se centraba exclusivamente en el duro cuerpo masculino presionado contra ella. No tuvo intención de voltear la cabeza y besarle el cuello, pero una vez que hubo cruzado la línea, no hubo vuelta atrás.


Una Bella un poco mas osada, ¿No creen? ¿Aguantará mucho nuestro Ed?

(^_^)凸

Lo sé, es un capítulo corto, pero sepan que actualizo el viernes 05!

Nos leemos pronto divinas!

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๑۩۞۩๑

#Andre!#