Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos y divertirme.

La historia original es de O.C


Capítulo 05

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Cada terminación nerviosa del cuerpo de Edward ya estaba en sintonía con la mujer a su lado, así que cuando sus suaves labios rozaron su cuello, el último vestigio de autocontrol se quebró como una banda de goma tensada al límite.

Había pensado que cubrirla con una gran camisa de franela sin forma mantendría bajo control a sus hormonas en ebullición, pero verla luciendo tan pequeña y femenina en su camisa había desatado una segunda batería de hormonas. La manta que había usado para ocultar sus sexy piernas desnudas no había ayudado a sofocar la lujuria en su ingle. ¿Y ahora? Ahora no había una maldita manera de que fuera capaz de pasar otro momento sin probarla. Cada centímetro de ella. No le importaba si estaba fuera de los límites él estaba en llamas.

Ella jadeó cuando él hábilmente la puso sobre su espalda y cubrió su tentador cuerpecito con el suyo. Él hundió las manos en su cabello y le echó la cabeza hacia atrás. Ella lo miró con sus suaves ojos verdes muy abiertos por la conmoción.

—No deberías haber hecho eso, Bella —dijo—. Solo tengo una cierta cantidad de autocontrol. —Reclamó su boca en un beso profundo y hambriento, sin saber si quería castigarla por ser irresistiblemente inalcanzable, o devorarla entera. Gimió cuando la boca de ella se abrió a la suya. Mierda, era incluso más dulce de lo que imaginaba.

Él arrancó su boca de la de ella y besó y succionó su garganta.

—Edward —susurró ella sin aliento.

La mayoría de las mujeres con las que se acostaba lo llamaban Eddie. Oír su verdadero nombre lo hacía sentirse vulnerable y desequilibrado. Sin embargo, no hizo una maldita cosa para calmar su excitación. En todo caso, alimentó el infierno que ya ardía en su interior. Los dedos de él se enroscaron en la suave franela sobre los hombros de ella. Besarla no había sido suficiente, pero besuqueare, besuquearse era suficiente. Él podía parar allí. No llevarlo más lejos. Podía detenerse antes de destruir su preciada amistad con folladas sin sentido. Podía detenerse. Sus dedos buscaron a tientas los botones de la camisa. Sólo tenía que sentir sus suaves pechos contra sus palmas. Eso era todo. Sostendría sus exuberantes pechos en las manos por un momento y luego se detendría. Edward abrió la camiseta y apoyó el peso en sus codos para poder tomar sus pechos. La espalda de ella se arqueó, presionando los suaves globos más firmemente en sus manos.

—Edward —gimió.

Oh, Dios. No podía permitirle que lo llamara por su nombre así de nuevo, o las endurecidas protuberancias de sus pezones que estaban quemando agujeros a través del sostén y en sus palmas tendrían que ser chupados, lamidos y mordisqueados. Él no iba a llevarlo tan lejos Tenía que detenerse antes. Ella apartó la espalda del sofá y se desabrochó el sujetador.

—Bella —murmuró él. Había querido que sonara como una reprimenda, pero sonó como la caricia de un amante. Mierda.

De acuerdo, masajearía sus pechos desnudos con las manos y luego no iría más allá. Empujó el sujetador flojo para liberar sus pechos. Oh Dios, eran perfectos. Los cubrió con las manos para que la vista de ellos no lo tentara a chuparlos por horas. Ocupó su boca con la de ella, aunque sus pulgares desobedientes insistían en acariciar los tensos capullos hasta que ella comenzó a retorcerse debajo de él, frotando su montículo contra lo que tenía que ser la erección más dura que jamás había experimentado. Las piernas de ella se abrieron, y él se hundió entre sus muslos. Podía sentir el calor fundido de su sexo y no pudo evitar frotar su polla contra su suave carne. Maldita sea. No puedes llevar esto más lejos, Cullen. Tienes que detenerte. Detente ahora. Detente antes de que vayas demasiado lejos.

—Tómame, Edward —gimió ella en su boca.

Su mente decía no, no, no, pero su cuerpo ya se había rendido.

Apartó su boca, poniendo fin a su beso caliente y apoyó su mejilla contra la de ella, tratando de recuperar el aliento.

—No podemos hacer esto, Bella.

— ¿Por qué no?

—Porque porque complicará las cosas.

—No tiene por qué. Es sólo sexo.

Eso era a lo que él estaba acostumbrado, sólo sexo. Sólo-sexo. Pero no con mujeres que le importaban, con la que disfrutaba fuera del dormitorio y de la que había estado inapropiadamente enamorado por años. No, nunca tendría sólo sexo con alguien como Bella. Sólo tenía sólo-sexo con mujeres como Jessica. Lo prefería así. Entonces, ¿por qué estaba tan excitado que esperaba hacer estallar su carga en su muslo en cualquier momento?

—Edward, por favor no me dejes así. Estoy a punto de explotar.

Sí, conocía el sentimiento.

De acuerdo, le daría su alivio al hacerla acabar y luego se detendría. Eso era factible. Seguro.

—Tranquila —le susurró al oído—. Te tengo.

Besó un sendero lento desde la oreja hasta su clavícula. Masajeó ambos pechos en tranquilos círculos, decidiendo que se permitiría el placer de probar sus pezones. Chuparlos. Estaban tan duros. En tanta necesidad de la atención adecuada. Y darles placer la ayudaría a alcanzar el orgasmo. Y entonces, por Dios, pondría un alto a esta locura. Cuando sus labios atrajeron un capullo apretado a su boca, ella se estremeció y se aferró a la parte posterior de su cabeza con ambas manos.

—Edward —susurró—. Sí.

Al oír su nombre, su polla se sacudió y sintió la humedad de su líquido pre-seminal contra su muslo. Meció las caderas, frotándose contra los almohadones del sofá, porque sin importar cuánto quisiera hundir su polla palpitante en su calor húmedo, no iba a llevarlo tan lejos. Necesitaba hacerla acabar rápidamente para que pudiera ir a meneársela en el baño. No podía recordar la última vez que se había masturbado, pero estaba seguro de que recordaba cómo hacerlo.

Él llevó una mano a su montículo y la frotó contra ella, masajeando suavemente su clítoris a través de la ropa interior de satén.

— ¡Edward!

Tenía que dejar de decir su nombre de esa manera. Iba a perder todo el control.

Su polla dolía, en protesta por su incómoda posición atrapada dentro de sus jeans.

Él movió la mano para bajarse la bragueta. Suspiró de alivio cuando su polla se liberó. Mucho mejor. Con su polla de una manera menos dolorosa y distractora, podía recuperar una apariencia de control. Todavía chupando su pezón, pasó la lengua por la carne sensibilizada en su boca y ella se estremeció. Bella se aferró a su cuero cabelludo, con las yemas de sus dedos sosteniéndolo contra su pecho, mientras él movía las manos para bajar lentamente su ropa interior. Ella se zafó de ellas con entusiasmo y él levantó las caderas para que pudiera liberar la prenda de sus piernas. Rápidamente presionó su polla una vez más contra los cojines del sofá para no hacer algo realmente estúpido y embestir dentro de ella.

Dios, podía oler el almizcle de su excitación, sentir el calor de su coño contra su vientre. Si se movía sólo treinta centímetros hacia arriba, podría sumergirse en ese calor acogedor. Y sumergirse en él una y otra vez. Más duro y más rápido. Mierda, tenía que dejar de pensar en el coño cálido y resbaladizo a su disposición. En lugar de hacer lo que su cuerpo exigía y sumergirse en ella, Edward bajó. Le dio un pellizco agudo a su pezón con los dientes antes de chupar un rastro de besos con la boca abierta por su vientre. Si no probaba su sexo pronto, simplemente podría volverse loco. O tal vez ya había perdido la maldita cordura.

Bella abrió las piernas para él, y él gimió ante la vista de su posición sumisa en la penumbra de la luz de la televisión. Extendió sus labios húmedos con dos dedos y luego frotó la lengua contra su clítoris hinchado. Ella gritó y sacudió las caderas mientras todo su cuerpo se tensaba con la liberación.

—Oh Dios, Edward. Voy a acabar. Voy a acabar.

Está bien, la haría acabar. Se había prometido que se detendría después de que ella hubiera terminado, pero mierda, eso había sido tan rápido. ¿Qué, cinco segundos? Eso no contaba como un orgasmo real. La haría acabar de nuevo, con más fuerza esta vez, y luego se encargaría de sí mismo en el baño.

—Tómame, Edward —dijo ella, meciendo las caderas mientras espasmos involuntarios la sacudían—. Por favor. Tómame.

Él deslizó dos dedos dentro de ella y su calor resbaladizo los envolvió, apretándose, tirando de ellos, tratando de llevarlos más profundo. Su polla palpitaba de envidia.

Ella se relajó. Su respiración salía en jadeos trabajosos.

— ¿Tienes un condón? Si no, tengo en mi bolso.

Él no respondió. No iba a llevar esto tan lejos. Besar. Besuquear. Chupar sus tetas. Meterle los dedos. Saborear sus jugos. Bien. ¿Meter su polla en ella hasta que estallara con una liberación tan necesaria? No iba a suceder.

Usó los dedos en la forma que deseaba usar la polla, empujándolos en el túnel de seda con fuerza y rítmicamente. Succionó y lamió su clítoris al mismo tiempo, hasta que sus músculos se tensaron de nuevo y ella comenzó a mecerse contra su rostro.

—Edward —exclamó ella—. Oh Dios. Estoy cerca de nuevo. Tómame ahora. Por favor.

Su polla estaba preparada y lista para bombear. Se movió a su costado, atrayéndola con él mientras se volvía. Continuó hasta ponerse de espaldas, levantándola y poniéndola encima de manera que estuvo de rodillas sobre su rostro.

La posicionó de modo que pudiera succionar su clítoris y deslizar sus dedos dentro y fuera de ella sin tener que usar su otra mano para sostenerla, porque, maldita sea, necesitaba su otra mano en ese momento. Introdujo su crispante polla en el puño, envolviéndose flojamente con la mano y acariciando con el mismo ritmo que estaba usando en su coño dulce y resbaladizo. Se permitió fantasear que no estaba empujando en su mano, sino dentro del cuerpo de ella. Estaba bien pensar en ello, con tal de que no lo hiciera de verdad. ¿Cierto? Sí, estaba bien. Oh Dios, iba a acabar con tanta fuerza. Bella. Bella.

Su coño se apretó alrededor de sus dedos y ella gritó desde algún lugar por encima de su cabeza mientras otro orgasmo estallaba a través de ella. Se acarició a sí mismo más rápido, queriendo unírsele, pero no estaba completamente listo aún.

Arrancó su boca de su clítoris, tratando de recuperar el aliento, tratando de encontrar la liberación, dándose cuenta al mismo tiempo de que su mano no era sustituto para su apretado coño. Y entonces ella hizo algo que nunca esperó. Volvió su rostro hacia el extremo opuesto del sofá y le chupó la cabeza de la polla en su boca.

Está bien. Estaba bien. Él le había dado placer oral. Ella podía hacer lo mismo por él y no sería una violación absoluta de su promesa a sí mismo de no tener sólo -sexo con ella. Oh Dios, su caliente boca tiraba de él a la perfección. Estaba tan excitado que no podía dejar de acariciarse a sí mismo con la mano, así que ella cubrió su mano con las suyas y lo bombeó con fuerza hasta que explotó, su semilla disparándose dentro de su boca mientras encontraba por fin la liberación. No podía ver lo que ella estaba haciendo por tener los ojos en blanco en la parte posterior de su cabeza, y su cabeza echada hacia atrás en éxtasis cegador, pero estaba muy seguro de que estaba tragando lo que tenían que ser cuarenta y cinco litros de semen bombeando fuera de él.

—Oh Dios, Bella —dijo, su voz un jadeo sin aliento—. Bella.

Cuando los palpitantes espasmos de placer disminuyeron por fin, él se relajó en el sofá con una exhalación de aire. La exuberante boca de Bella liberó su polla y se volvió para acurrucarse junto a él en el gran sofá. Ella recostó la cabeza sobre su hombro y la mano sobre su vientre. Él no tenía la energía para poner cualquier distancia apropiada entre ellos. Ah mierda, estaba en problemas.


El caos ha llegado a estos dos. ¿Cambiaran las cosas a partir de este momento?

(^_^)凸

Gracias por cada uno de sus mensajes, adoro leerlas.

Lamento no haber actualizado cuando dije pero tuve unos problemas personales que me superaron.

Nos leemos el Jueves 11!

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#Andre!#