Los personajes pertenecen exclusivamente a Stephenie Meyer, yo solo los uso para adaptarlos y divertirme.

La historia original es de O.C


Capítulo 06

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Bella necesitaba sacar los condones de su bolso, porque no iba a quedar satisfecha con un par de dedos después de poner sus ojos, manos y labios en el monstruo en los pantalones de Edward.

—Oh, mierda —dijo él—. No debería haber hecho eso.

Bella se tensó y luego levantó la cabeza para mirarlo. Él se negó a encontrar sus ojos. ¿Era hacer esas cosas con ella en el sofá tan incomodo?

— ¿No deberías haber hecho qué? —dijo ella, su voz teñida con la rabia que comenzaba a sentir.

—No tenía intención de lanzarme sobre ti, Bella, lo juro. Me disculpo.

Edward Cullen se estaba disculpando por un contacto sexual ¿El mundo había acabado sin que ella lo supiera? ¿O realmente estaba disgustado porque fuera ella la que hubiera tenido dos orgasmos alucinantes bajo sus atenciones y no esa lujuriosa Pechugona McGillicutty que indudablemente sabía qué hacer con un pene?

— ¿Por qué no te lanzarías sobre mí? —dijo ella, mentalmente maldiciendo el tono emocional en su voz—. ¿Me encuentras tan desagradable sexualmente?

— ¿Qué? No —dijo, y la apretó contra su costado—. Apenas puedo mantenerme a raya cuando estás en el mismo condado Es sólo que Me gustas, Bella No debería haberte tocado.

— ¿Te gusto, y entonces no deberías tocarme? Edward, eso no tiene absolutamente el menor sentido.

—No duermo con las mujeres que me gustan.

— ¿Por qué no?

—Porque

Éste era un lado de él que ella nunca había visto antes, y no estaba segura de cómo manejar a este tipo. ¿El idiota engreído? Sí, lo entendía. Pero nunca había imaginado que había un corazón bajo la pompa y esplendor de Edward Cullen. Bueno, eso no era exactamente verdad. Había visto su corazón. Lo llevaba como un enorme blanco en el pecho cuando estaba con su niñita. Pero, ¿podría él cuidar de una mujer con el nivel de devoción que le mostraba a Julie?

— ¿Porque qué? —insistió.

—Porque no quiero herir a una mujer que me gusta. No de la forma en que herí a Tanya. Y lo haría. Destrozaría su corazón. No pude evitarlo. Soy esa clase de idiota.

Ella rio entre dientes y se relajó contra él.

— ¿Qué tal si prometo que no me herirías, Edward? Porque aun cuando tú también me gustas, nunca en un millón de años pensaría que una relación seria funcionaría contigo. Sólo quiero estar contigo. Divertirme contigo.

— ¿Tener sexo conmigo?

—Sí, eso también.

— ¿Estás segura?

— ¿Por qué no lo estaría? Es sólo sexo. No tiene que significar nada.

Su cuerpo tenso se relajó.

—Sólo sexo.

—Sí, nada más.

—Bien, entonces estamos exactamente en la misma página.

—Mejor dejas de actuar todo cuidadoso y sensible. No quieres que me enamore de ti, ¿o sí?

—No —dijo él rápidamente—. Ésa sería una mala idea.

—Concuerdo.

— ¿Estás segura de que sólo-sexo no herirá tus sentimientos?

—Segura.

—Todo bien, entonces. —Se sentó y se sacó la camiseta por la cabeza—. Entonces esta ropa necesita irse.

Oh Dios, el hombre era un genio. Sin mencionar hermoso. Luego se arrancó los pantalones y se acomodó en el sofá con ella metida a su lado. Deslizó la camisa prestada de los hombros de ella.

—No necesitarás esto por el resto de la noche.

— ¿Y si tengo frío? —dijo ella con una sonrisa.

—No es una opción.

Ella se sacó el resto de la ropa y se acurrucó contra él con su brazo alrededor de ella. Con la mano libre, él tomó el tazón de frutas, lo puso en su estómago esculpido y comenzó a alimentarla con bocados. Ella permitió que su mano vagara por su cuerpo, preguntándose si estaba soñando, o si realmente estaba desnuda en los brazos de Edward Cullen, supuestamente mirando una película y haciendo su mejor esfuerzo para hacer que esa magnífica polla suya se elevara otra vez.

Cuando tomó el coraje suficiente para pasar la punta de un dedo por el largo de su lánguida polla, él dijo. —Estoy tratando de mirar una película aquí.

Ella sonrió cuando recibió la respuesta apropiada de su quinto miembro y éste comenzó a endurecerse y ensancharse.

—Oh, lo siento —dijo—. ¿Te molesto?

—Estás siendo un poco distractora, señorita Swan.

— ¿Sólo un poco? —Envolvió su mano alrededor de su longitud que se ensanchaba—. Esto luce bastante grande desde mi perspectiva.

Él rió entre dientes, alisó su cabello y la besó en la cabeza.

—Tenemos toda la noche para eso. Quiero decir, si quieres quedarte.

Mierda que sí, quería quedarse.

— ¿Me estás invitando?

—Ya establecimos que no puedes captar las indirectas.

Ella apartó la mirada de la belleza que era su ahora completamente erecta polla y dobló la cabeza para mirarlo a los ojos.

— ¿Bien?

— ¿Pasarás la noche conmigo, Bella?

—Eso depende —dijo ella.

Él frunció el ceño.

— ¿De qué?

Ella le sonrió.

—De cuantas erecciones puedas tener en una noche.

Él devolvió la sonrisa.

— ¿Una no será suficiente?

Le llevaría años satisfacer todas las fantasías que había tenido con él.

—No para lo que tengo en mente.

— ¿Y asumo que se supone que tengo que averiguar qué tienes en mente mediante el ensayo y error?

Y estaba segura de que él iba a atender las fantasías que ella nunca había soñado.

—Normalmente no me gusta que la gente ponga ideas en mi cabeza, pero eso suena como un plan.

—Tres.

Supuso que podía vivir con eso.

—Supongo que me quedaré.

Él besó su frente con ternura.

—Entonces puedes relajarte. No necesitas apresurarte.

Supuso que era verdad, pero lo había deseado por tantos años, que ahora que estaba literalmente en sus garras, no quería malgastar el tiempo. Quizás si pensara que tendrían algo más que una noche juntos, no se sentiría tan desesperada por pasar todo el tiempo con él entre sus muslos.

Edward masticó la fruta y miró las aventuras de un asesino psicópata en serie mientras Bella gentilmente masajeaba la longitud de su polla. Se sorprendió cuando el continuó endureciéndose bajo su contacto persistente. Había asumido incorrectamente que estaba tan duro como podía. Su piel era tan suave. Venas tensas marcaban tortuosos patrones justo bajo la superficie. Hubiera creído que él estaba mayormente poco afectado por su contacto si no fuera por los pequeños golpes en su respiración cada vez que descubría nuevas formas de tocarlo. Cuando ella encerró la cabeza de su polla en un puño relajado y lo acarició rápidamente, su vientre se apretó y su respiración quedó atascada en su garganta.

Ella miró hacia arriba a su rostro y encontró sus ojos cerrados, los labios separados, su expresión tensa. Santo Dios, nunca había visto a un hombre más sexy en su vida. El coño de Bella se hinchó y se humedeció instantáneamente y comenzó a palpitar en protesta por su negligencia.

Él inhaló repentina y profundamente y forzó sus ojos a abrirse. La mirada depredadora en esos ojos hizo temblar su vientre. Él puso el tazón de fruta sobre el piso y luego, en un movimiento repentino, la volteó sobre su espalda y cubrió su cuerpo con el suyo.

—De acuerdo, Bella. Lo entiendo. A diferencia de ti, yo puedo captar una indirecta.

Ella le sonrió.

— ¿Oh? ¿Y qué indirecta era?

—Que quieres ser follada sin sentido.

—Quizás —dijo—. O quizás sólo me gusta la sensación de tu polla en mi mano.

Descendió sobre ella. Vientre contra vientre, pecho contra pecho. Su duro cuerpo la hizo sentir suave, femenina. Los gruesos vellos de sus piernas hacían que las suyas se sintieran lisas, sensuales. La piel de él se sentía fresca donde la tocaba. Probablemente porque ella estaba en llamas.

—Creo que preferirías la sensación de mi polla enterrada profundamente dentro de ti —le susurró él al oído. Le mordisqueó el lóbulo de la oreja y luego dejó caer suaves y succionantes besos a lo largo de un costado de su cuello. Ella gimió y envolvió su cuerpo con los brazos, abriendo las manos sobre su espala baja. Las manos de él descansaron a cada lado de su caja torácica, cada pulgar acariciando la curva externa de un pecho.

La sangre corría a través de su cuerpo mientras su corazón palpitaba cada vez más y más rápido. Su carne se calentó. Quería que cada centímetro del cuerpo de él conociera cada centímetro del suyo. La boca de él se movió hacia el otro lado de su cuello, arrancando un gemido de tormento desde la parte trasera de su garganta. Sólo esa cantidad de contacto hizo que sus pezones se endurecieran contra su pecho musculoso y que su centro doliera y se calentara como lava fundida. Abrió las piernas, abriéndose para él, queriendo justo lo que él acababa de decir que ella buscaba: la sensación de su polla enterrada profundamente dentro de ella.

—Edward —susurró—. Estoy lista para ti.

—Eso está bien —murmuró él, deslizándose hacia abajo. Arrastró su boca sobre cada centímetro de sus hombros, sus clavículas y la depresión entre ellas donde su pulso corría fuera de control. Bajo sus besos, su carne volvía a la vida, cada terminación nerviosa en sintonía con el placer y la necesidad. Los pulgares que aún acariciaban los lados de sus pechos estaban comenzando a volverla loca. Necesitaba esas rítmicas caricias contra sus pezones palpitantes, no los menos sensibles costados de sus pechos. Edward se movió hacia abajo para frotar sus sensuales labios succionantes contra la parte alta de sus pechos. Sus pulgares se acercaron a los pezones, todavía acariciando hacia atrás y adelante, todavía haciéndola extremadamente consciente de cuán duros estaban sus pezones. Probablemente podría cortar diamantes con esas cosas.

—Edward, por favor.

— ¿Por favor, qué? —dijo él contra su esternón.

—Mis pezones.

—Son hermosos —dijo.

Las manos de él se movieron bajo sus pechos, levantándolos, presionándolos juntos. Sus pulgares acariciaron las curvas interiores e inferiores de sus montículos demasiado sensibilizados, y su lengua se metió y salió de entre ellos.

Imposiblemente, sus pezones se pusieron incluso más duros. Su útero se apretó. Oh Dios, si él tan sólo frotaba un pico en ese momento, explotaría.

Todavía sosteniendo sus pechos juntos, ahora masajeando justo bajo sus pezones tirantes con ambos pulgares, Edward movió su boca a su vientre. Ella gimió en protesta.

—Por favor, Edward.

— ¿Por favor, qué?

—Mis pezones están volviéndome loca.

—Eso está bien. —Él frotó los labios sobre cada centímetro de su estómago entre sus costillas y su ombligo.

Cuando él comenzó a mordisquear justo debajo de su ombligo, ella gimió. Los dedos de ella se enterraron en el cuero cabelludo de él, y presionó hacia abajo. Baja, Edward. Abajo. Los pulgares de él rozaron los picos de ambos pechos y su espalda se arqueó. Trató de tirar de su cabeza hacia arriba. Sube, Edward. Arriba. Arriba o abajo, no le importaba, siempre que dejara de enloquecerla con necesidad y que le diera a sus adoloridas y palpitantes partes algo de alivio.

Él continuó bajando, y sus manos se deslizaron de su cabeza. Ella se aferró a los cojines del sofá para evitar tirar desesperadamente de sus pezones. Edward le abrió las piernas ampliamente y le succionó el interior de los muslos. Comenzó a delirar, sus caderas moviéndose involuntariamente, su cabeza lanzándose hacia atrás y adelante, un fluido constante de gemidos y jadeos saliendo de sus labios. La lengua de Edward trazó caóticos patrones a centímetros de su inflamado coño. Dulce, tortuosa agonía. Nunca había necesitado tan desesperadamente ser follada en su vida.

Su lengua rozó su clítoris. Ella se sacudió, su culo elevándose del sofá para colocarse para una fácil penetración. Él lamió el centro de su abertura empapada. Un largo y continuo roce de su lengua. Oh Dios, finalmente, sí. Bella tembló con fuerza, buscando el orgasmo, tan, tan cerca. Si él simplemente su boca se movió al área depilada de su montículo, justo al lado de la estrecha franja de vello en el medio. Él succionó y mordisqueó cada lado, atrayendo su atención al húmedo y dolorido centro de su cuerpo.

—Edward, por favor.

— ¿Tus pezones aún te vuelven loca?

—No, sí Por favor, sólo

Su lengua rozó su clítoris, y su coño se apretó fuertemente.

—Sí, eso. No pares.

—Oh. Creí que estabas lista para mí.

Ella pudo oír la broma en su voz y quiso abofetearlo de frustración.

Desafortunadamente, su mente parecía incapaz de controlar su cuerpo en ese momento.

—Seguiré adelante, entonces —dijo él.

Edward succionó uno de sus labios exteriores en su boca. Dándole placer con mordiscos y lamidas y succiones hasta que el coño de Bella estuvo contrayéndose rítmicamente con la promesa de un orgasmo que simplemente no venía.

La mano de Edward se alejó de su pecho; ella oyó el deslizar de un cajón de madera. Sus dos manos estaban fuera de ella ahora. El crujido de una envoltura alcanzó sus oídos. Él apartó la boca para tomar aire entre los dientes.

—Mierda, estoy duro para ti.

Se movió hacia adelante en el sofá, colocando las caderas entre las piernas de ella. Su rodilla se deslizó debajo de un lado de su culo, levantándola en ángulo. Tenía el otro pie en el piso buscando equilibrio. Fascinada, ella lo miró mientras él tomaba su polla en una mano, abría su coño ampliamente con la otra y luego se deslizaba dentro de ella. Ella explotó instantáneamente, su cuerpo sacudiéndose con duros espasmos de vertiginosa liberación. Gritó su nombre, las manos estirándose hacia él desesperadamente pero incapaces de encontrarlo.

—Realmente estabas lista para mí —dijo él, sacando la pierna de debajo de ella para poder embestir en ella más fácilmente.

Todas las cosas que él le había negado antes, se las dio. Se inclinó sobre ella para succionar sus pezones, la llenó profundamente, frotó contra su clítoris con cada profunda embestida. Ella sollozó mientras su cuerpo peleaba para encontrar una segunda liberación. Una no había sido suficiente para romper toda la tensión que él había creado en su cuerpo.

—Shh —susurró Edward. Su lengua lamió un pezón—. No te dejaré así.

Se levantó y se echó hacia atrás, sus pelotas chocando contra su culo con cada profunda embestida. Movió su mano a su clítoris y lo golpeteó con dos dedos, antes de frotarlo en círculos profundos y masajeantes y luego golpeteando una vez más.

Estaba tocando su cuerpo como un instrumento, y sabía exactamente cómo sacar el mejor sonido de ella. Cuando ella una vez más alcanzó su pico, él apretó su pezón con un duro tirón, sumando a las duras y rítmicas pulsaciones que aferraban su útero, haciendo que su coño apretara su palpitante polla como si tratara de succionarlo hasta dejarlo seco. El placer, a diferencia de cualquier otra cosa en su experiencia, la desgarró.

—Mierda sí, Edward. ¡Sí!

—Eso es, Bella. Acaba con fuerza. Acaba con tanta maldita fuerza.

Ella no tuvo más elección que obedecer y cuando su cuerpo decidió que había sido suficiente, colapsó en una masa temblorosa de carne sin huesos sobre el sofá.

—Santo Dios, santo Dios —dijo entre jadeos. Su cuerpo, cada parte, temblaba.

Trató de abrir los ojos para mirar al hombre responsable de su éxtasis absoluto, pero no podía hacer que sus párpados funcionaran apropiadamente. No había sabido que fuera posible acabar con tanta fuerza.

Él salió de ella y se sentó en el lado opuesto al final del sofá.

¿Qué?

— ¿No vas a terminar? —dijo ella. Su voz sonaba arrastrada, como si hubiera bebido demasiadas margaritas.

—Creo que estoy listo para sumergirme en el jacuzzi. ¿Te importaría unirte?

— ¿El orgasmo de un cerdo dura treinta minutos? —Estaba bastante segura de que él había superado eso.

Él frunció el ceño.

—Uhm, ¿sí?

Ella sonrió.

—Sí.


¿Ustedes si captaron la indirecta? Éstos dos están más que prendidos fuegos.

(^_^)凸

Gracias por sus mensajes, las adoro!

Nos leemos el Domingo 14.

๑۩۞۩๑

#Andre!#